Contenta

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Contenta de Santiago Lorenzo

Editorial Blackie Books

Contenta, de Santiago Lorenzo 

Fecha de publicación: 7 de octubre de 2026


Sinopsis 

Un ayuntamiento contrata a Cecilia para que grabe un vídeo de promoción turística sobre el municipio. Nada más llegar, la mujer se encuentra con que el pueblo es horroroso de feo. No hay nada que se pueda sacar. Debe rellenar cuarenta y cinco minutos de reportaje.

En el amor le va mejor. Se ha echado un novio que se llama Josito con el que se entiende muy bien.

O sea que, pese a las dificultades, Cecilia está contenta. Y así nos la describe Santiago Lorenzo, con su originalísima prosa y desde sus inesperados puntos de vista, que ya pusieron a prueba la capacidad de sorpresa del lector en Los millones (2010), Los huerfanitos (2012), Las ganas (2014), Los asquerosos (2018) y Tostonazo (2022).




Este avance editorial llegó a mis manos de una manera inesperada. El otro día fui a la librería a comprar un libro y la librera de Sanz y Torres me regaló Contenta, el nuevo libro de Santiago Lorenzo. Leí Tostonazo, reconozco que reencontrarme con la escritura de Lorenzo me resultó muy grato. Son 34 páginas, así que esto no pretende ser todavía una reseña, sino una primera impresión.

La protagonista es Cecilia Pérez Pacheco, contratada por un ayuntamiento para realizar un vídeo de promoción turística de un municipio que, para su desgracia, resulta ser horroroso. El problema es que tiene que conseguir llenar cuarenta y cinco minutos de reportaje donde no hay nada que contar. Me gusta la manera de mirar de Santiago Lorenzo.

Tiene una forma muy particular de describir las cosas, de encontrar una comparación inesperada y llevarla hasta un lugar en el que resulta imposible no sonreír. Por ejemplo, cuando describe una vegetación que parece colocada expresamente para que, al editar las imágenes turísticas del pueblo, no pareciera que se estaba faltando al respeto al espectador desprevenido. Es una forma de humor muy suya, sencilla, pero construida con una precisión enorme. Ya de su otra novela quedé encantada en cómo presenta a los personajes con unas pocas palabras. Del padre dice que «tenía el suceso como norma de vida». No necesita explicar demasiado más.

Lorenzo puede introducir una pequeña observación sobre cómo ha cambiado nuestra sociedad sin detener la narración. En estas primeras páginas aparece, por ejemplo, el cambio en los hábitos de consumo a partir de 2005, dejamos de reparar televisores, zapatos o prendas de vestir para sustituirlos por otros nuevos. Una transformación económica y social importante aparece integrada en la historia, casi de pasada. Eso es algo que agradezco mucho en una novela, que las ideas estén ahí, pero que el autor no necesite subrayarlas.

Por ahora, Contenta me parece un muy buen reencuentro con Santiago Lorenzo. Solo llevo 34 páginas, pero ya tengo esa sensación que pocas veces se consigue, querer seguir leyendo no tanto para saber qué va a pasar, sino para descubrir cómo va a contar lo siguiente.

Un avance editorial que me ha llegado de una manera inesperada y que, de momento, me ha dejado muy contenta. Y sí, creo que este es de esos libros en los que conviene leer despacio, porque debajo del humor hay muchas pequeñas observaciones sobre la vida cotidiana.


¡Feliz lectura! 






Notas de las 34 primeras páginas 

"Flora que parecía puesta por el Creador para cuando alguien editará unas tomas sobre la foresta del pueblo pareciera que estaba faltando el respeto al espectador desprevenido", me gusta.

"Y es que el pueblo de cada uno es el pueblo de cada uno"

Cecilia Pérez Pacheco.

Me gusta como narra, me gusta su humor "Como al principio nadie le asistía, se creía que el tema consistía en saltar al otro lado del foso de arena y en llegar adonde el cemento ", salto de longitud. 

Forma de describir personaje, "Tenía el suceso como norma de vida".

Una forma curiosa e inteligente de meter sin exceso una información que cambió el devenir de muchos, 2005, cambiaron los hábitos de consumo,  "Progresivamente se impuso la idea de que la reparación más conveniente para una tele estropeada consistía en tirarla a la basura y en comprarse otra nueva", y así con zapateros, costureras y un largo etcétera. 

Apuntada queda, muy grato reencuentro, llegará a las librerías 7/10/2026. Toca esperar que llegue a la biblioteca, si llega.

De este autor he leído Tostonazos





Se llama Santiago Lorenzo. Los astros se alinearon para que naciera un buen día de 1964 en Portugalete, Vizcaya, España, Europa, la Tierra. el Universo. Primero miró, luego observó, después filmó y ahora escribe. En todas esas etapas vivió y en ninguna hizo lo que hacen los actores: actuar. Denle una goma de borrar Milan y unas tijeras y les creará un mundo. Aunque hace tiempo que con un teclado hace lo mismo y mejor. Este artista pretecnológico de pulsaciones lentas (quizás por su corazón grande) vive a caballo (o a autobús de varios caballos) entre Madrid y un taller que ha elegido en una aldea de Segovia que podría servir para ejemplificar la recurrente expresión «alejado del mundanal ruido».

No siempre fue así. Estudió imagen y guión en la Universidad Complutense y dirección escénica en la RESAD de la capital del reino. Siempre tuvo claro que ante problemas reales, sólo sirven las soluciones imaginarias, así que en ese año constelación que fue 1992 creó la productora El Lápiz de la Factoría, con la que dirigió cortometrajes como Bru, Es asunto mío o el aplaudido Manualidades. Porque además de eso, al artista artesano Lorenzo siempre le gustó construir maquetas imposibles trabajadas con las manos: una cómoda con cajones que se abren por los dos lados, puertas por donde sólo podría pasar el Hombre más Delgado del Mundo y teatritos donde los Madelman son los protagonistas. Si no gozara del don de la escritura, podría haberse empleado en cualquier oficio antiguo: sereno, porque tranquilo lo es un rato, o jefe de estación ferroviaria, porque los trenes portátiles le gustan más que a un hombre alegre una pandereta. En 1995, produjo Caracol, col, col, que le valió pisar con calma la alfombra roja de los Premios Goya, que ganó en la categoría a Mejor Corto de Animación. Cuatro años después se empeñó en estrenar Mamá es boba, la historia palentina de un niño algo alelado, pero a la vez muy lúcido, acosado en el colegio  (la película fue una de las primeras en abordar el tema del bullying) y con unos padres que, a su pesar, le provocan una vergüenza tremenda. La película pasará a la historia como uno de los filmes de culto de la comedia agridulce y podría servir como mito fundacional del post-humor que busca la risa helada e incómoda. Con ella fue nominado, para su sorpresa, al Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Londres. En 2001 abrió, junto a Mer García Navas, Lana S.A., un taller dedicado al diseño de escenografía y decorados con el que hicieron tanto muñequitos de plastilina para el anuncio del euro como la catedral que aparece en una de las entregas de Torrente. En 2007 estrenó Un buen día lo tiene cualquiera, donde volvía a elevar una historia de una persona para explicar un problema colectivo: la incapacidad, afectiva e inmobiliaria, para encontrar un sitio en el mundo (o un piso en la ciudad, para el caso).

Harto de los tejemanejes del mundo del cine, decidió cederle sus ideas a esto de la literatura y desde 2010 ha publicado las novelas Los millones, Los Huerfanitos, Las Ganas, Los Asquerosos y Tostonazo. También ha seguido hablando con voz grave, lanzando chanzas coheteras y fumando un pitillo a cada hora en punto con tiros cortos. Ha hecho, en definitiva, muchas cosas, pero su mayor temor continúa siendo caerse a la ría desde lo alto del puente colgante de Portugalete, patrimonio de la Humanidad desde 2006.

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