Ismael, el que fue marinero de Juan Farias
Hi
Edita #EVEREST
Sinopsis
Mira donde es una aldea
cerca del mar, arriba, al noroeste, donde se acaba el Mundo. Allí vive un
joven, de buena familia, que entabla amistad con Ismael, un viejo marinero ya
retirado; éste vive de los recuerdos de alta mar y de los amores perdidos, y
del orujo claro y seco...
Impresiones
Juan Farias, un maestro de
las pocas palabras, de las verdades absolutas. «No cuentes las miserias de
nadie... y menos sin estar borracho». Esta es, quizás, la lección más grande
del libro. El silencio como respeto. Contar el dolor ajeno en frío es soberbia;
hacerlo bajo el efecto del orujo es, tal vez, una forma de piedad. Lectura
juvenil, pero con miga, con calibre existencial, como me dijeron cuando
supieron que tenía esta lectura entre manos por avatares del destino, recomiéndame
un libro y te doy otro. A Juan Farias se le llamaba a veces el "Hemingway
gallego", no por la épica, sino por la economía del lenguaje, ya me diréis
si es acertada esta descripción. No adorna el dolor, tampoco se recrea. No te
da todos los detalles, rellénalo tú, proyecta, ¿sabéis lo que es el TAT? Es una
prueba proyectiva, usando esa misma idea, rellenemos lo que no nos cuentan de
Ismael, es muy curioso las motivaciones y conflictos internos de cada uno de
nosotros, inventando la historia, revela aspectos.
«La bruja vivía de mendigar
en otras parroquias… Su hija también mendigaba por las ferias, caminos y
salidas de los oficios y, al atardecer, por las siete tabernas. Con todo, la
miseria no era capaz de quitarle lo que tenía de bonita, igual que una buena
limosna no le daba alegría», me gustó mucho esta frase, cruda y
melancólica, resume la miseria, la tragedia humana en pocas palabras. En una frase
tan sencilla, hay tanto, una apatía existencial, ni una moneda le devuelve la
alegría, tristeza en estado puro.
«—Dice mi madre que
pidas lo que haga falta.
—Tener treinta años
menos —dijo Ismael», el único problema que no tiene solución es el tiempo. Ismael
está en ese punto donde ya no quiere cosas, quiere posibilidades, y esas solo
las da la juventud.
«—No cuentes las
miserias de nadie, rapaz, no lo hagas nunca y menos sin estar borracho», esta
frase es la ley del silencio elevada a categoría ética. Ismael está
dictando una lección de supervivencia social y respeto.
«Siempre he dicho lo
mismo, siempre termino encerrándome en esa habitación, con mis soldados de
plomo, mi espada de madera, la espada de papá y todo lo que ya no me importa.
Si no digo no, o si, cuando debería decirlo, cuando deseo decirlo, si no lo
hago, voy y me encierro», evasión psicológica pura y dura, qué dolorosa
esta habitación de soldados de plomo. Me hace pensar en cuántas veces nos
encerramos en nuestros propios "cuartos de trastos" mentales por no
habernos atrevido a decir una palabra a tiempo. El silencio que guardamos
frente a los demás se convierte en el ruido que nos persigue cuando estamos
solos. El personaje se encierra con lo que no le importa porque lo que sí le
importa se ha quedado fuera, sin decir.
Enero empezó con un manual
para gobernar Estados, El príncipe de Maquiavelo y termina con un manual
para ser humano, no contar las miserias ajenas. Ismael le enseña al rapaz que
el silencio es una forma de respeto. Me quedo con esta ética, si vas a hablar
de lo que duele, que sea porque el vino te ha quitado la guardia, no porque tu
sobriedad sea soberbia.
¡Feliz lectura!
Autor
Juan Farias nació en
Serantes (A Coruña) en 1953 y falleció en Madrid en 2011. Estudió náutica y
trabajó en la marina mercante. Comenzó a escribir para niños y jóvenes, y
descubrió que le atraía tanto como navegar. Está considerado uno de los autores
españoles más importantes de Literatura Infantil. En 1980, recibió el Premio
Nacional de Literatura. Sus obras han sido incluidas en las listas de honor de
la CCEI (Comisión Católica Española de la Infancia). Su temática gira,
normalmente, en torno a aspectos de la vida cotidiana, con un lenguaje sencillo
y a la vez poético.







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