Abandono

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Dos en menos de una semana...




Zeta es una explosión pura y dura de literatura levantada sobre un misticismo sucio que busca conocer cuáles son nuestros males más profundos y qué somos como sociedad. Su escritura es mágica y, a la vez, sublime y terrible. Su universo gótico y existencial se encuentra lleno de símbolos, lleno de seres sobrenaturales, lleno de electrodomésticos que hablan. Es un libro disolvente, personal, inasumible, ácido y negro. Un Manuel Vilas rebelde, pleno de fantasía y de humor que nos interna en su primera literatura a través de un libro escrito por un Kafka triturado por el pop.




Nota 

Llegué al 20%, me gusta el estilo literario de Manuel Vilas, pero...  dicen que un pero anula lo anterior,  espero que no, pero estoy saturada de tanta decadencia de aquella época de los ochenta y tanta pincelada, aquí y allá, de la guerra civil española. En otro momento 

"De dónde has sacado esa sensibilidad. ¿Quién, con diecisiete años, puede soportar el mundo de los adultos y no volverse un psicótico, y no agarrarse como moluscos a un disco, a una música, a una pared helada?"

"Deberíamos matarnos, porque ahora ya no creemos ni en Dios. Solo somos pobres. La guerra, qué guerra, si todo estaba boca abajo"

Tengo más obras leídas de Manuel Vilas, os dejo enlaces, Odesa y Alegría





¿Puede refugiarse el alma en una barra de pan? ¿O tener la forma de una guitarra eléctrica llamada Sirena en manos de un joven pescador?Desde la antigüedad, la búsqueda más intensa del ser humano es la del lugar donde habita el alma. He aquí una respuesta actual, sencilla, irónica y sorprendente a ese gran enigma histórico. El resultado de un duro viaje de ida y vuelta a las entrañas.




Notas

Un gran autor, pero que me pilla torcida, y digo, más de lo mismo. Para otro momento.

Y se comió el pan  como hizo mi padre, la posguerra fue dura, "¡Has hecho bien  hijo, has hecho bien!"

"Tira más el pelo de un coño que una estrecha..."  No lo había escuchado nunca. 


Otra lectura del autor La tierra oculta





Conclusión 

No rechazo a Manuel Rivas ni a Manuel Vilas ni sus escrituras; estoy saturada del momento al que vuelven una y otra vez.

En Zeta hay elementos que sí me funcionan, la escritura desbordada, el humor negro, lo fantástico, los objetos que adquieren vida, esa mezcla de misticismo y absurdo. El problema aparece cuando esos momentos vuelven a encontrarse con la decadencia, la posguerra, la Guerra Civil, la pobreza, el padre, la memoria familiar y esa España devastada. Y vengo leyendo bastante sobre determinados aspectos de nuestra historia y de la condición humana, así que me produce sensación de repetición.

Me duele abandonar. Sé que abandonar un libro que no me está funcionando, en este momento, no significa abandonar al autor. Puedo reconocer que ambos autores tiene una voz literaria muy poderosa y, al mismo tiempo, admitir que ahora mismo no quiero permanecer dentro de ese mundo decadente. Son dos libros que elegí en un momento equivocado.

Son frases muy potentes las que he apuntado, exageración, humor oscuro, desesperanza, pensamiento llevado al límite. El problema no esta en la potencia de la escritura, sino en que esa potencia me está llevando otra vez a un lugar emocional en el que ahora no quieres estar.

Abandonar a un autor también es una forma de seguir leyéndolo. No todo autor que admiramos tiene que acompañarnos en todos nuestros momentos.


Dice el refrán, no hay dos sin tres, vamos al último descartes y bien avanzada la novela. 




Si pudieras viajar en el tiempo, ¿qué momento de tu pasado cambiarías?

Una original y conmovedora novela sobre un padre dispuesto a renunciar a todo para recuperar lo que más quiere

Teresa cumple años dos veces cada año: una con mamá y otra con papá; una en Madrid y otra en Benidorm. Cosas de tener padres divorciados. En Madrid siempre es lo pasa mejor, con sus amigas del colegio, pero este año en Benidorm le espera una sorpresa: su padre, Daniel, la llevará a bucear. Y ese día en la Cala de los Amarillos, con Teresa sonriendo en el agua, pasará algo que lo cambiará todo.

En Abril o nunca acompañamos a Daniel tras ese día clave, y recorremos con él una crisis de los cuarenta marcada por la culpa, la posibilidad de un nuevo amor, la amistad en la madurez, la noche hortera de Benidorm, los foros de internet y sus teorías conspiranoicas y, una y otra vez, ese día en la Cala de los Amarillos que vuelve como una obsesión: la de viajar en el tiempo para cambiar el pasado.

Juan Gómez Bárcena demuestra nuevamente que es un «un extraordinario constructor de novelas y uno de los narradores españoles más talentosos de su generación» (Juan Marqués, La Lectura) con su historia más humana, en la que hace un tierno retrato de la paternidad, explora la masculinidad tradicional y las consecuencias del trauma, e invita al lector a dejarse sorprender por un originalísimo y audaz juego literario.




Notas

Enfadada. Lo tenia todo lo que me gusta, un tema fuerte, una historia desgarradora de superación, o no, porque también me servía, y se va por divagaciones que me sacan una y otra vez de la historia y del drama de ese padre divorciado que se niega a aceptar la muerte de su hija, Teresa. La Primera vez que leo a Juan Gómez Bárcenas.

El divorcio sin custodia compartida, cada encuentro con los hijos es como empezar de cero, "De pronto hay trenzas donde antes había melena, y hay jerséis nuevos, y hay partes de un bañador que no sabías que tu hija necesitaba, y palabras que Daniel nunca habría imaginado en boca de Teresa".

"Siempre contesta con monosílabos, porque los niños no están hechos para las respuestas,  sino para las preguntas"

"¿Estaba pensando en el dinero cuando escogió la tarta de cumpleaños de su hija?", me parece la escena retrospectiva más dura de las muchas que hace y el castigo que infringe. Una escena terrible y potente.

"Daniel sabe muy bien que no hay nada tan fácil como ser feliz en retrospectiva", otra idea y reflexión bárbara, el pasado nos parece mejor porque limamos las aristas. 

Daniel usa a Natalia para vivir en el pasado, un lugar donde Teresa no ha muerto, negación, ella desconoce que su hija murió aquél día,  él está cómodo. "Ojalá no tuviera que mentir también en eso...".

Y muestra la vulnerabilidad del hombre que se abre de nuevo a la vida, "Sintió también vergüenza. No tanto de su desnudez, como del hecho de tener cuarenta y tres años y seguir teniendo miedo de las cosas que uno teme a los diecisiete".

"¿Sabiendo lo que sé ahora o con lo sabía entonces?", volverías a un punto concreto de tu pasado, volvería pero como dice Mario, cometería errores diferentes.


Conclusión 

Me voy enfadada de esta novela, y por eso me da más rabia abandonarla. Tenía muchos de los ingredientes que busco en una historia, una pérdida terrible, un padre incapaz de aceptar la muerte de su hija, la culpa, la negación, la paternidad después del divorcio y esa pregunta imposible sobre qué cambiaríamos si pudiéramos regresar al pasado.

Hay momentos potentes. La escena de la tarta me parece devastadora; la idea de que «no hay nada tan fácil como ser feliz en retrospectiva» es magnífica, y también me interesa mucho esa vulnerabilidad de Daniel, un hombre de cuarenta y tres años que descubre que sigue teniendo miedo de las mismas cosas que temía a los diecisiete. Pero una y otra vez la novela se aleja de ese núcleo que a mí me interesaba tanto. Las divagaciones, los cambios de dirección y algunos juegos narrativos me sacaban de la historia y, sobre todo, del dolor de ese padre y cuando una novela tiene un conflicto emocional que me parece tan poderoso, necesito que lo demás contribuya a profundizarlo, no que me aparte de él.

Es la primera vez que leo a Juan Gómez Bárcena y, aunque he encontrado páginas que me han parecido excelentes, esta vez no ha funcionado conmigo. Otro descarte, sí. Pero uno de esos que duelen un poco más porque intuía el libro que podría haber sido para mí.





¡Feliz lectura! 



PD.

Yo no abandono una novela en cuanto deja de gustarte; intento averiguar qué está ocurriendo entre el libro y yo. No digo «me aburre», me pregunto qué me aburre, qué se repite, qué parte sí funciona, qué parte me distancia y si el problema está en el libro, en el momento lector o en la acumulación de lecturas anteriores.

Y en Zeta eso está bastante claro. No es que no entienda ese mundo, al contrario, lo reconozco demasiado bien. Lo mismo con Ella, maldita alma. 

Lo que cuentan ambas novela me resulta familiar, la barra de pan, el padre, la posguerra, las conversaciones sobre la guerra, los años ochenta, las drogas, el cambio político... son elementos que tienen una resonancia personal. Por eso me producen esa saturación. 

Dos autores que me gustan pueden encontrarme en un momento en que aquello que escriben ya no me aporta una experiencia nueva, esto no convierte sus libros en malos libros ni mi lectura en una lectura superficial. De hecho, me diferencio respecto a ese «abandono porque es un tostón» que tanto me molesta leer en reseñas de Goodreads, o esa otra, «No me llega» o «es un rollo». Ese es el comienzo de hacerse las siguientes preguntas: ¿Por qué no me llega? ¿Porque no comprendo el mundo que plantea? ¿Porque no empatizo con los personajes? ¿Porque el estilo me expulsa? ¿Porque el tema me resulta repetitivo? ¿Porque estoy saturada de ese asunto? ¿Porque esperaba otra cosa? ¿Porque el libro no consigue transformar aquello que cuenta? ¿O porque hoy no estoy en disposición de leerlo?

Estas preguntas nos permiten abandonar sin traicionarnos como lectoras o lectores, habéis ido más allá, habéis llegado al por qué. Esa es la diferencia entre abandonar un libro y dejar de leerlo sin haberlo pensado. 


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