El cartero de Neruda

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El cartero de Neruda de Antonio Skármeta 

Editorial: Alfaguara 




Sinopsis 


Mario Jiménez, un joven pescador, decide convertirse en cartero en Isla Negra. Su único destinatario es Pablo Neruda, el poeta al que admira y con quien sueña establecer una relación que vaya más allá de la entrega de cartas y el pago de las propinas. Poco a poco, entre ambos surge una amistad peculiar en la que la poesía, el amor y la política se entremezclan. Mientras Mario intenta abrirse camino en su vida sentimental, el contexto político chileno va adquiriendo un peso cada vez mayor en la historia.





Mi opinión 


«No sabré yo que cuando los hombres se calientan, hasta el hígado se les pone poético»


El humor es uno de los puntos fuertes de El cartero de Neruda. Antonio Skármeta juega con la poesía, el deseo y las contradicciones de sus personajes, y lo hace con una ironía que me ha resultado divertida. Mario consigue lo que buscaba, pero su relación sentimental se complica cuando entra en escena la futura suegra. Y, claro, cuando las cosas se tuercen, hasta el pobre Neruda acaba cargando con las culpas. 😅


«Una cosa es que yo te haya regalado un par de mis libros, y otra bien distinta es que te haya autorizado a plagiarlos»


Hay frases que resumen muy bien ese juego entre la admiración por el poeta y el intento de apropiarse de su voz. Mario quiere acercarse a la poesía, encontrar sus propias palabras y utilizarlas para conquistar a la mujer que desea. La novela se divierte con esa frontera entre la inspiración y la imitación, aunque en ocasiones lo hace de una manera demasiado insistente para mi gusto.


«Si alguna vez obedecer le había resultado intratable, ahora solo anhelaba la esclavitud»


«Yo no me casé para que me dijeras las mismas huevas que me decía mi papá»





El libro tiene un humor peculiar, irreverente y por momentos muy divertido. Mi principal reparo está en la abundancia de metáforas. Entiendo que la poesía constituye el centro de la historia, pero tanta imagen y tanto juego verbal terminan por cargarme. A veces, la metáfora parece ocupar más espacio del que necesita la propia escena.

También me queda una duda que va más allá de mis preferencias estilísticas. Me gustan los datos históricos, me interesa la voz de Neruda, su impaciencia y ese gusto por la soledad que se le atribuye. Por eso, cuando una novela incorpora a una figura histórica tan conocida, me pregunto hasta qué punto la ficción nace de una necesidad narrativa y hasta qué punto el nombre del personaje contribuye a atraer lectores.

No se trata de exigir que una novela sea una biografía ni de negar al escritor la libertad de imaginar. La cuestión es otra: ¿habría despertado el mismo interés esta historia si el poeta no se llamara Pablo Neruda? ¿Qué aporta su presencia a la novela, más allá del reconocimiento inmediato que provoca su nombre? No tengo una respuesta definitiva. Y tampoco quiero confundir la recreación literaria con la reconstrucción histórica: una novela puede tomar prestados personajes y circunstancias reales sin pretender documentarlos fielmente. Pero, cuando conozco y me interesa la figura histórica, busco algo más que su utilización como personaje.

Me quedo con el humor, con algunas frases ingeniosas y con esa relación tan peculiar entre el joven cartero y el poeta. Sin embargo, el exceso de metáforas ha pesado en mi lectura y no he terminado de encontrar el equilibrio entre la historia y el despliegue verbal.

¡Feliz lectura! 

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Sobre el autor 





Antonio Skármeta (1940-2024) fue un escritor, guionista y director chileno. Escribió y dirigió Ardiente paciencia, película de 1983 que posteriormente convirtió en novela. La obra, publicada también con el título El cartero de Neruda, alcanzó una amplia difusión internacional y fue adaptada al cine, al teatro y a la ópera.



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