Librería Miguel Miranda
Los libros también guardan nuestra memoria.
En la calle Lope de Vega, 19, en pleno corazón de Madrid, se encuentra una de esas librerías que merece la pena descubrir, la librería Miguel Miranda, una de las más bonitas y con más historia de la ciudad.
Su historia comienza en 1949, cuando Miguel Miranda Vicente fundó la librería en la calle del Prado, junto al Ateneo de Madrid. Aquel primer establecimiento terminó convirtiéndose en un lugar de tertulias y encuentros entre académicos, escritores, catedráticos y personas de lo más variopinto. Porque las librerías, cuando tienen alma, acaban siendo también lugares de conversación, de intercambio de ideas y de encuentros inesperados. Más tarde, el negocio se trasladó a la calle Lope de Vega y, desde 1980, cuenta también con una librería en la calle San Pedro. Hoy es Miguel Miranda Barrientos, nieto del fundador, quien continúa al frente del negocio familiar.
Tres generaciones unidas por algo que va mucho más allá de una actividad comercial, el amor por los libros y por lo que representan.
¿Qué lleva a una persona a dedicar su vida a los libros antiguos?
Me gusta pensar que nace de una pasión, de esa fascinación que sentimos algunos lectores cuando tenemos entre las manos un libro y nos preguntamos por las vidas que habrá acompañado, por las manos que habrán pasado sus páginas o por los lugares en los que habrá sido leído. Un libro antiguo conserva su texto, pero también parece guardar algo de quienes lo han tenido antes que nosotros, ¿os habéis encontrado trocitos de papel, entradas, recibos o calendarios de bolsillo? Yo sí. No podemos conocer esas historias, pero ese misterio es el que lo hace tan atractivo.
Desde la psicología, los objetos también pueden entenderse como portadores de recuerdos, emociones y significados personales. No nos vinculamos a las cosas por su utilidad, sino por lo que representan para nosotros. Una fotografía, una carta, un libro heredado… pueden convertirse en una forma de mantener cerca una época, una persona o una parte de nuestra propia historia.
Estas librerías tienen un encanto especial. En ellas, el tiempo no parece avanzar de la misma manera. Conviven distintas épocas, autores que todavía tienen mucho que decir y obras que esperan a que alguien vuelva a reparar en ellas. Cada libro ofrece la posibilidad de un nuevo encuentro: con una idea, con una historia o incluso con una parte de nosotros mismos que desconocíamos.
Me pregunto cuántas joyas habrán pasado por las manos de la familia Miranda desde aquel 1949. Cuántos lectores habrán encontrado allí una obra que llevaban años buscando y cuántas conversaciones habrán comenzado alrededor de un título, una edición o un autor.
La librería Miguel Miranda pertenece, además, a AILA, la asociación ibérica de libreros anticuarios, y a ILAB, la Liga Internacional de Libreros Anticuarios. Una forma de reconocer su vinculación con el mundo del libro antiguo y con una tradición que merece seguir teniendo su espacio en nuestras ciudades.
Si os gusta perderos entre estanterías, descubrir ediciones que ya no se encuentran fácilmente o simplemente disfrutar de esos lugares que conservan una personalidad propia, os animo a acercaros a la calle Lope de Vega. No hace falta ir con una búsqueda concreta ni saber de antemano qué libro queremos llevarnos. Lo mejor de entrar en una librería es no saber qué vamos a encontrar.
Y vosotros, ¿sois de los que buscáis un título concreto o de los que disfrutáis recorriendo las librerías sin rumbo, esperando que algún libro os elija?
Nos leemos entre libros.
¡Feliz librería!













Comentarios
Publicar un comentario