Una casa para mi madre
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Una casa para mi madre de María Albarral
Editorial: Plaza & Janes
Idioma: Castellano
Número de páginas: 288
Fecha de lanzamiento: 17/09/2026
Sinopsis
De vender imitaciones en la playa a desfilar para firmas de lujo: el testimonio de un joven que vino en patera y ha acabado siendo uno de los modelos más cotizados.
Nací sin fecha. Sin cumpleaños. Crecí sin mi verdadera madre. Me criaron unas mujeres que no me querían. Me alimenté de las sobras de mi hermano enfermo. Me encadenaron en una escuela coránica. A los nueve años me fui de casa. Viví en la calle. A los dieciocho decidí subir a un cayuco. Diez días en el Atlántico sin apenas agua ni comida, al borde de la muerte. En España comenzó otra odisea. Trabajé de mantero, recogí aceitunas, fregué platos. Aprendí español viendo vídeos de YouTube. Y entonces, sin esperarlo, la vida me abrió una puerta. Una mañana de verano, en una playa de Marbella, un fotógrafo me preguntó: "Perdona, ¿eres modelo?". Aquellas tres palabras lo cambiarían todo para siempre. La primera sesión de fotos desató la magia y una de ellas fue seleccionada por la revista Vogue Italia. Hoy, es la portada de este libro. Ahora desfilo para marcas que solía falsificar siendo mantero. Ahora salgo en revistas que hace pocos años ni siquiera conocía. Ahora puedo construirle una casa a mi madre.
CONCLUSIÓN
Una casa para mi madre es, ante todo, el testimonio de una infancia atravesada por el abandono, el hambre, la violencia y la exclusión, pero también por una extraordinaria capacidad de supervivencia. La historia de Cheikh resulta difícil de leer, un niño que crece sin una verdadera protección familiar, que pasa hambre, que es encerrado y encadenado en una escuela coránica, que aprende a sobrevivir mendigando y que, años después, emprende un viaje en cayuco hacia Europa sin saber qué encontrará al otro lado. Que termine convertido en modelo internacional y pueda construir una casa para su madre hace que su historia tenga algo de excepcional, por eso creo que debemos tener cuidado con convertirla en una representación de todos los jóvenes que emigran.
Porque Cheikh no es la norma, es Cheikh. Su historia merece ser contada sin convertir su éxito individual en una promesa colectiva ni utilizarlo para construir una imagen idealizada de la emigración. Del mismo modo que tampoco podemos reducir a quienes llegan a Europa a los estereotipos de delincuente, violador o terrorista. La realidad es mucho más incómoda y compleja: hay personas, circunstancias, países de origen, responsabilidades familiares, estructuras económicas, decisiones políticas y, sobre todo, enormes desigualdades.
Sin embargo, la segunda parte me ha generado más rechazo. No tanto por lo que cuenta Cheikh como por la manera en que la autora interviene en el relato. Cuando el sufrimiento pertenece al protagonista, pero el narrador comienza a ocupar demasiado espacio con sus propias lágrimas, su angustia o su necesidad de desahogarse, existe el riesgo de desplazar el centro de gravedad de la historia. El dolor deja de estar en quien lo ha vivido y empieza a utilizarse también para mostrar la sensibilidad de quien lo escucha.
Y aquí aparece otra cuestión que para mí es todavía más problemática, la mirada desigual sobre los personajes. Me cuesta aceptar que el padre pueda ser presentado con tanta indulgencia como «un buen hombre» cuando estamos hablando de un niño abandonado a unas circunstancias que el propio padre conocía o, como mínimo, formaban parte de su entorno, mientras que la primera esposa aparece descrita de una manera mucho más dura y estigmatizante. Después de todo lo que el libro explica sobre la posición de las mujeres, la desigualdad dentro del matrimonio y las consecuencias de un divorcio para una mujer, esperaba una mirada más crítica hacia esas estructuras y no una reproducción tan sencilla de determinados juicios.
También me ha interesado poco la insistencia en determinadas lecturas políticas. No necesito que el libro me diga qué conclusión debo sacar, porque el testimonio de Cheikh es fuerte, prefiero que se expongan los hechos, se dé contexto y se permita al lector pensar. Comparar la emigración actual con la emigración española del pasado puede ser pertinente, pero una comparación rigurosa exige contar también las diferencias: las condiciones legales, los derechos políticos, la posibilidad de llevar a la familia, el acceso a la vivienda o la consideración de aquellos trabajadores como mano de obra temporal. No basta con decir «nosotros también emigramos».
Por eso, mi valoración final queda dividida. Como testimonio, me ha interesado muchísimo. Como libro construido alrededor de ese testimonio, me ha generado bastantes reservas. Hay una historia que merecía ser contada y que, en mi opinión, es mucho más poderosa cuando se escucha la voz de Cheikh que cuando la autora intenta conducir emocional o ideológicamente al lector.
Me quedo, sobre todo, con una pregunta que aparece detrás de muchas de sus páginas, ¿cómo puede una sociedad llegar a normalizar que un niño pase hambre, sea encadenado o tenga que mendigar para comer? Esa es para mí la cuestión importante.
No hace falta idealizar la emigración para defender la dignidad de quien emigra. Ni demonizarla para reconocer que existen problemas reales. Entre ambos extremos está la complejidad. Y ahí es donde me habría gustado que permaneciera el libro.
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Notas
Lo primero, no se puede generalizar, y aunque luego usaré otra idea es lo primero que quiero marcar, no todos los que vienen son asesino, violadores y terroristas, ni todo lo contrario, aquí está la complejidad de la situación, una situación donde la infraestructura requiere de mucho más que buena voluntad.
La infancia de nuestro protagonista, su testimonio, es desgarrador, para solucionar estas situación se tendrían que unir los países y colaborar juntos, la pregunta ¿sería posible? Hijo de madre divorciada, leeremos las consecuencias de esto, señala a los hijos, no la volvían a aceptar en la casa de sus padres, porque se les deshonraba, no quedaba más remedio que buscar otro marido; el hombre puede tener infinidad de esposas, pero ella no puede tener cuatro maridos sin que la cuelguen el sambenito. La madre se divorcia y el hijo no la pertenece, se queda con el padre y sus restantes esposas e hijos. "Cuando hay necesidad se sacaba las garras para alimenta a las crías. Mi problema es que nadie las sacaba por mí". Sufrió de marginación por ser el hijo de una divorciada. "Mi padre tiene cuatro mujeres y es un hombre respetado, y mi madre, con cuatro esposos, una prostituta".
Y a la escuela, lo peor de esta escuela, "en la daara no nos alimentaban y, si estabas inmovilizado y encerrado, tampoco podías salir y, por lo tanto, no comías", si te escapabas, que tras leer sus vivencias no me extraña nada, te podían encadenar o encerrar sin alimentarte, estamos hablando de niños de seis o siete años, había que aprender el Corán, era obligatorio.
Fatumata, la primera esposa de su padre, y la que creía su madre. Era virgen cuando llegó al matrimonio, algo muy importante, llegar pura al matrimonio es una señal de respeto al marido. Su primer hijo, varón, lo mejor que le puede suceder a una esposa, nació con parálisis cerebral, ¿sabéis lo que significa?
"Tal y como me imaginaba la tercera separación tuvo consecuencias". El odio se tramite a los hijos, "Mis mediohermanos fueron los encargados de difundir por la escuela mi situación...".
"Los turistas son otro punto fuerte. Si veíamos un blanco, nos acercábamos como locos a pedirle dinero. Teníamos que ablandarles el corazón... pensábamos que todos ellos eran millonarios y no podíamos entender como no empezaban a soltar billetes y nos dejaban allí pasando tantísima hambre", habrá que pensarse un poquito más lo de tirar la comida o prendas de un solo uso.
"A las niñas pobres o huérfanas las casan o las prostituyen desde muy pequeñas y no es habitual encontrarlas pidiendo en las calles", ¿cuántas niñas vienen en pateras? El problema de este comercio de prostitución es solo uno, el hombre, el varón, para que nadie me malinterprete, ¿qué hay dentro de esas cabezas al abusar de niñas indefensas?
La historia de Ada, al morir el marido heredó la casa, las otras esposas se fueron con sus respectivos hijos. Todas volvieron a casarse menos ella, "Dios ha querido que yo pueda vivir sin la necesidad de hombre".
Y en la playa de Tenerife, la Cruz Roja, ¿cuántos sois socios?
Llevo un 32%, sobra decir cuando una lectura me gusta, no es por su narrativa, sino por el testimonio.
Cheink habla bien de los centros de menores, y dice, "... la convivencia, dejándonos claro que los enfrentamientos y las peleas estaban totalmente prohibidos", y empezó a recibir clases.
Y aquí viene la mentira, cuando llegó a España y aquellos compatriotas no viven tan bien como habían asegurado, cómo se para esta bola de nieve, "¿dónde estaban esos trajes que se ponían para venir a África? ¿Los comparan solo para visitarnos? ¿Y los coches?", ¿por qué mienten al llegar a sus pueblos?
"No te tortures con eso y no te pongas a ver las diferencias entre tu situación y la de ellos porque al final el que acaba sufriendo eres tú", es inevitable pensar en los que se quedaron atrás, en su madre y en sus hermanas pasando hambre y dificultades.
El choque cultural es tremendo, no por la religión, como dice la autora, no por las costumbres, sino el abismo económico, unos tiran la comida porque se sienten saciados y otros se mueren de hambre.
"Tiene tan interiorizado el maltrato o la mendicidad que no los percibe como un aspecto importante a tratar".
Reconozco que esta segunda parte me gusta menos, sobre todo cuando la autora hace referencia a ideales políticos, está muy manoseada el marco de extremaderecha, no le saludo, hay maleducados en todos las ideologías, a mí, blanca y española, me sucedió lo mismo en un ascensor con otros individuos de la política. Contemos la historia de este joven sin manipular, que cada cuál saque sus conclusiones.
"¿Quién no tiene un abuelo o un tío que se fue a Francia o Alemania?", Suiza, y en qué condiciones ibas, y qué sucedía si no acatabas sus normas, reglas o leyes, ¿podían votar? ¿Podían comprar una vivienda en propiedad? Contemos todo si vamos a comparar. Entre las décadas de 1960 y 1990, cientos de miles de españoles emigraron a Suiza en busca de un futuro económico. Sin embargo, el marco legal y social suizo de la época trataba a los trabajadores extranjeros bajo la premisa de la rotación laboral, eran considerados fuerza de trabajo temporal, no futuros ciudadanos. Sin derecho al voto ni participación política. Los trabajadores españoles no tenían ningún tipo de derecho político. No podían votar en elecciones ni referéndums cantonales ni federales, ni postularse a cargos públicos, a pesar de contribuir al sostenimiento económico e impositivo del país. Sigamos, quizás todo esto sea mentira, y mis familiares narren cuentos chinos, bajo la legislación suiza (a través de regulaciones históricas como la Lex Furgler y la Lex Koller), los trabajadores extranjeros con permisos temporales o de residencia limitada tenían prohibida la adquisición de bienes inmuebles. Estaban relegados al mercado de alquiler, a menudo en alojamientos precarios o barracones proporcionados por las propias empresas. Pero sigamos, veamos porque se quedó mi primo en España al cargo de su abuela. La norma más dura del Permiso A de temporero era la prohibición expresa de llevar a la familia. El trabajador debía permanecer en Suiza un máximo de 9 meses al año, regresar a España durante al menos 3 meses, y tenía prohibido instalarse con su cónyuge o sus hijos. Bueno, cuando me hacen esa pregunta, ¿a caso los españoles no emigramos? Sí, pero...
Buscad los "niños del armario" (les enfants du placard), miles de hijos, sobre todo italianos, algunos españoles, fueron llevados a Suiza de manera clandestina. Al no tener existencia legal, estos niños no podían ir a la escuela, no podían jugar en la calle ni hacer ruido durante el día para no ser descubiertos por vecinos o inspectores, pasando largas jornadas escondidos dentro de las casas o los armarios cuando las autoridades realizaban controles.
"¡No escuchéis solo a una de las partes. ¡Mirad aquí! Cheikh no es la excepción, es la norma", no estoy de acuerdo, no todos los chicos que vengan del Senegal tendrán la suerte de Cheikh, no todos tendrán su nobleza, porque esta es una idea romántica, poco realista. Contemos su historia sin más.
Evidentemente, por mucho que diga que se juegan la vida en la patera, viendo sus logros, pocos le harán caso, Paba murió, pero él logró lo que todo niños senegalés sueña.
"Había tantos que podías observar cómo se hacían invisibles... Es tan usual tener a os niños mendigando que se han convertido en parte del mobiliario urbano" "¿Quién va a proporcionar cobijo a los treinta mil talibés que hay en Saint Louis? ¿Cómo se combate una situación que está tan normalizada?", esta es la verdadera cuestión, este es el problema, la raíz.
La Escuela de Rehenes.
Y aquí viene lo peor, me he sentido tan asqueada, que vamos al lío. Conoce al padre del muchacho, que le recibe con un abrazo, y dice de él, "Se ve que es un buen hombre", el padre, el padre, voy a ponerlo muchas veces, un padre que permitía que su hijo sufriera, y no me vale que se diga, no lo sabía, ¿no conoce las tradiciones de su cultura? ¿No se enteraba de las escapadas de su hijo para mendigar comida? En grande EL PADRE, pero ahora viene lo mejor, como describe a la primera mujer de este hombre, nos ha explicado la situación de las mujeres, por qué la cultura vale para él pero no para ella, por qué la escritora es más cruel con ella que con él. ¿POR QUÉ? Tenemos que cambiar esta normalización, así como los patrones que llevamos grabados a fuego en la mente. Escribe, "La veía ahí presumiendo de hijo delante de la tubab y moviendo los dedos en el internacional lenguaje corporal que se usa para pedir dinero", es lo que hacen todos al verle pasar, TODOS. "Acababa de ponerle una bandeja de comida para honrarle... ¡A buenas horas!", ¿dónde estaban los cuidados y la protección del padre? ¿Por qué se culpa a la mujer y a él se le etiqueta como un buen hombre? Tomémonos nuestro minuto de reflexión.
"Tú si deberías explicar la verdad a quienes te pregunten. No pueden tener idealizada la emigración", precisamente, no sé yo, si ese mensaje llegará viniendo de él.
Llevo el 76%, vamos con la primera valoración y puntos de debate para el grupo de lectura, esta lectura se sugirió tras los acontecimientos de Ceuta.
Hablemos del sesgo ideológico. Se señala una inclinación por atribuir la responsabilidad del fenómeno migratorio a los países de acogida o a posturas políticas concretas, omitiendo un análisis más riguroso sobre las deficiencias gubernamentales y sociales de los Estados de origen.
Tratamiento diferencial de los personajes. Existe una asimetría en la valoración moral formulada en la narración, mientras la figura paterna recibe un juicio indulgente a pesar del abandono, la primera esposa del padre es retratada bajo un prisma estigmatizante, obviando las dinámicas de poder y opresión que condicionan su conducta. Podéis estar o no de acuerdo.
Excepcionalidad vs. Generalización. Aunque el éxito de Cheikh constituye un caso de superación individual, la pretensión de erigir su trayectoria en una constante corre el riesgo de edulcorar una realidad donde la inmensa mayoría de los jóvenes migrantes no accede a tales oportunidades.
Una casa para mi madre destaca por el valor testimonial de su protagonista y su capacidad para visibilizar las duras condiciones de la infancia en determinados contextos de África Occidental. Sin embargo, la intervención autoral abre un debate paralelo sobre los límites entre la crónica testimonial pura y la instrumentalización del relato con fines ideológicos o melodramáticos. ¿Sí o no?
Sigo que me queda poquito.
Los niños siguen encadenados, terrorífico. "No puedo soportar más esto". E lugar que ocupa el narrador frente al sujeto de la historia no me gusta, tanto lloro, tanto me siento fatal, me pude desahogar... Cuando una autora actúa como mediadora de una vivencia tan extrema, convertir sus propias emociones en el centro del relato..., ¡Aaaa! No me gusta. El sufrimiento real, físico e institucional lo ha vivido Cheikh, la inanición, las cadenas, el trayecto en el cayuco, la venta ambulante. Cuando la narradora irrumpe con frases como "qué mal lo estoy pasando" o "me pude desahogar", desplaza el foco de atención. La tragedia deja de ser de quien la padece y pasa a ser de quien la escucha. Es lo que en teoría literaria y ética del periodismo se conoce como narcisismo de la empatía, eso dice mi amiga, el dolor ajeno utilizado como espejo para mostrar la propia sensibilidad.
Al colocarse en ese plano de vulnerabilidad autoinducida "voy a llorar", la narradora corre el riesgo de dramatizarla por encima del propio protagonista. Quien ha sobrevivido a situaciones tan extremas suele narrar su vida con una dignidad y una contención que no necesitan aderezos ni validación emocional externa. El papel del buen narrador o cronista en este tipo de obras es ser un canal transparente, estructurar la historia, dar contexto y permitir que la voz del protagonista resuene con su fuerza. Cuando el mediador no sabe guardar una distancia respetuosa y busca la catarsis personal en las páginas del libro, cae en el oportunismo emocional.
"Me encogían el corazón"
Estoy de acuerdo y me uno a esa reflexión, ¿por qué cuesta tanto adoptar? Y aquí tengo familia política que adoptó a dos niñas chinas, hace décadas, de las primeras familias.
"El pobre me ve apenada y no sabe ya qué hacer para levantarme el ánimo..."
Mbali, madre de Cheikh. "... todo mi respecto y admiración porque imagino lo difícil que ha de ser haber nacido mujer en África". Dice sobre el exito de su hijo, "Me dio mucho miedo que despertara el mal de ojo y que las envidias pudieran pararle su trabajo".
"Mi padre me ha confesado que ha querido a mi madre durante toda su vida"
Fin. El libro me interesa mucho más por el testimonio de Cheikh que por la intervención de María Albarral.







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