Yo que nunca supe de los hombres de Jacqueline Harpman
Hi
Traducción #AliciaMartorrel
Edita #AlianzaEditorial
Sinopsis
En un futuro cercano, en un planeta irreconocible, cuarenta mujeres son
mantenidas en una jaula custodiada por silenciosos hombres uniformados. La más
joven de ellas, la única que no recuerda cómo era el mundo antes de la
catástrofe, narra este relato inquietante y se pregunta sobre lo que nos hace
humanos. Mientras, va descubriendo las emociones esenciales: la nostalgia, el
amor, la amistad y la muerte. Los años pasan en esa cárcel subterránea hasta
que un día los guardias desaparecen, y las mujeres consiguen salir al exterior.
Entonces comenzará una errancia en busca de sentido por una tierra baldía, en
un mundo sin pasado ni futuro.
Substack
Cuando la metáfora no basta: las grietas de Yo que nunca supe de los hombres
¿Puede una novela hablar de la naturaleza humana mientras ignora lo que sabemos sobre ella?
¡Hola a todos!
Hay una especie de inmunidad crítica que rodea a ciertas novelas. Si son simbólicas, alegóricas o filosóficas, parece que señalar sus contradicciones biológicas o psicológicas es un pecado contra la literatura. Como si el simbolismo fuese una licencia para prescindir de la realidad.
Yo que nunca supe de los hombres, de Jacqueline Harpman, es uno de esos libros.
Aclamado, recomendado hasta la saciedad y convertido en fenómeno lector, plantea una pregunta fascinante: ¿qué queda de nosotros cuando se nos arrebata el mundo? Sin embargo, a medida que avanzaba en sus páginas, otra pregunta empezó a imponerse sobre las demás: ¿Puede una novela explorar la condición humana ignorando cómo funcionan los seres humanos?
No hablo de exigir precisión científica a una fábula. Hablo de coherencia. La narradora crece aislada, privada de afecto, con un lenguaje mínimo y escasa interacción social. Y, sin embargo, posee una voz refinada, una capacidad de introspección extraordinaria y un repertorio conceptual impropio de alguien que jamás ha vivido en sociedad. No sabe lo que es una mesa, pero comprende conceptos complejos. Desconoce objetos cotidianos, pero reconoce constelaciones. Ignora el sexo, no parece haber experimentado impulsos o conductas autoexploratorias propias del desarrollo.
Las mujeres sobreviven décadas encerradas, pero apenas aparecen las consecuencias físicas esperables: atrofia muscular, deterioro óseo, problemas visuales, adaptación a la luz, debilidad derivada de posibles carencias nutricionales... Y entonces surge la cuestión incómoda. ¿Debe la literatura rendir cuentas a la realidad?
Muchos responderán que no, viendo las reseñas. Que la novela es una alegoría. Que habla del Holocausto, de la condición femenina, de la dependencia, del sentido de la existencia. De la adaptación del ser humano al fin del mundo. Perfecto. Pero una alegoría no está exenta de verosimilitud. Kafka convirtió a Gregor Samsa en un insecto, pero las reacciones psicológicas de su familia son humanas. Orwell inventó Oceanía, pero el miedo y la manipulación obedecen a mecanismos reconocibles. Saramago cegó al mundo entero, pero el comportamiento de sus personajes resulta creíble porque conoce la naturaleza humana.
Las metáforas, en los casos de arriba, funcionan porque está anclada en algo real. Cuando ese anclaje desaparece, me pregunto «¿qué significa esto?» para empezar a preguntarme «¿por qué nadie habla de esto?». Y cuando el mecanismo de la novela obliga a ignorar detalles esenciales, para mí, la reflexión filosófica pierde fuerza.
El argumento más curioso contra la crítica. Existe una respuesta recurrente: «No hay que leerla literalmente». Pero ¿por qué? ¿Por qué una obra sobre el aislamiento puede ignorar décadas de estudios sobre el aislamiento? ¿Acaso la profundidad filosófica aumenta cuanto menos importa la realidad?
Quizá el problema no sea la novela. Quizá el problema sea yo. Quizá hemos convertido determinadas obras en territorios sagrados donde señalar una incoherencia equivale a no haber entendido nada. Confieso que entonces no entendí nada. Y quizá el verdadero elogio hacia la literatura no consiste en aceptarlo todo, sino en discutirlo todo.
Porque una gran novela no es la que impide las preguntas. Es la que sobrevive a ellas. Y esta para mí no sobrevive.
Nos leemos, Gemma entre lecturas
Impresiones
Voy a empezar por la aclaración. Me costó horrores esta novela, me planté al llegar al 81%, muy recomendada, muy alta calificación en las redes sociales, pero me desconcertó sobremanera. He leído su biografía, leo que fue psicoanalista..., no voy a meterme con lo que no encuentro, psicología, me parece un relato incoherente, hablaré de cuatro puntos insignificantes para muchos, pero relevantes para mí. No descarto leer esta obra en otro momento, hoy por hoy, abandonada.
Lo primero que me rompe los esquemas, está escrita en primera persona, como no la terminé puede ser que esto no tenga ningún sentido, quizá al final de la obra fue rescatada y se educó, pero hasta donde yo leí, hablaba poco con el resto de mujeres, que la dejaban de lado y creció carente de contacto físico y afecto, narra la historia con un estilo depurado y una cultura que para mí quisiera, enfermedades mentales y diagnósticos médicos, con palabrejas complejas, impresionante. «No volví a intentar que las mujeres me dijeran sus secretos, yo ya tenía uno».
Partamos de que fue encerrada, no sabemos
muy bien el motivo, cuando era una niña, estuvo encogida en un rincón durante mucho
tiempo, nadie podía alimentarla ni tocarla, parece que tampoco consolarla. Empieza
el despertar sexual, algo innato, instinto básico, todos los niños se tocan, se
exploran, aquí no, pasan los años y cuando sale le pregunta a Théa y tiene curiosidad por la masturbación. He dicho no
hablaría de temas psicológicos, es cierto, cada ser humano es un mundo. No sabe
lo que es una silla, ni una mesa, ni muchos objetos que luego verá, pero sabe
de pájaros y constelaciones, lo básico no, lo rebuscado sí. Es inteligente, sin
ninguna duda, y mucho, observadora y despierta, por supuesto. Pero por muy
inteligente que sea, lo que no se conoce no se teme, es de lógica. En un
momento dado dicen que, para protegerla, optaron por no hablarla del pasado para
que no añorase una vida que nunca podría ser, vuelvo a las constelaciones, pájaros…
Ella normalizaría el encierro, las otras enloquecerían, pero ella no.
«Los hombres eran la vida»
Esta frase me descolocó
sobremanera, muy ambigua, hablamos de cuarenta mujeres encerradas bajo tierra,
con lo mínimo para mantenerse vivas, tres carceleros masculinos que no hablan solo
chasquean un látigo, si no fuera porque a lo largo de nuestra terrible historia
se ha documentado secuestros de mujeres, y estudiado el comportamiento de cada
una de ellas, esa frase no tendría ninguna repercusión. Los hombres eran los demonios,
no la vida, a no ser que sin ellos como se demostró al salir, en otros sótanos como no abrieron
la celda, otras mujeres murieron de inanición, por lo tanto sí, los hombres eran la vida. No es una novela de la maldad
del patriarcado, porque hay sótanos como este donde encontraron los cadáveres de
cuarenta hombres, no lo dice, pero quizá ahí las carceleras fueran féminas. Sí,
supongo que intenta explorar la psicología de las mujeres encerradas, pero, por
desgracia, hay cientos de estudios de casos reales y no se ajustan mucho a este
relato, cierto, el ser humano es un mundo.
Tres
cosas más, las uñas se les partían porque no tenían tijeras y les crecían y crecían,
bueno, me pareció tan absurdo, los dientes, clave de toda existencia, dientes pero choca con lo del pelo, solo
dos de ellas tenían el pelo largo, el resto corto, ahí lo dejo, los cuchillos
sin filo y nada de tijeras, nos lo relata ella, no lo digo yo por incordiar. Siguiente
punto interesante, qué sucede con la musculatura que no se ejercita, no pueden
correr, caminan de un lado a otro de la celda, no son muchos metros, pero ojo,
suben cien escaleras como si nada, ¿hubiera subido nuestra narradora tan fácilmente?
Puede tener 17 años, pero a nivel muscular le falta mucho, este hecho está
documentado de secuestros, no voy a mencionar cuales. ¿Y qué sucede con el sol?
¿Con la vista a largas distancias? Ahí lo dejo.
El
lector es sensible a ciertos detalles, quizá no cae en ellos, pero me he
encontrado con lectores que me han dicho, no sé qué, pero algo me chirría, pues
eso, me chirría. Espero que comprendáis mi desconcierto, las expectativas eran
altas, he intentado señalar los puntos que me resultaron problemáticos, que
reflejan un poco el tipo de lectura que hago, reflexiono, quizá en exceso y
solo sea cuestión de dejarse llevar, pero no sé, deformación profesional, y sí, soy crítica, pero abierta a explicaciones
que me hagan comprender lo que se me escapa. La voz es un aspecto muy
desconcertante y he descubierto que muchos lectores estamos de acuerdo, no es
creíble ese diálogo culto que mantiene con nosotros ni su alta capacidad de reflexión, no olvidemos su aislamiento severo ni la deshumanización que padece. Su
despertar sexual me dejó alucinada, la falta de información y la ausencia de
contacto, no es lo que esperaba. Como psicoanalista que es trata sobre la
complejidad de las relaciones humanas, pero temas como la higiene, la
musculatura y la adaptación a la luz, están extensamente exploradas en
psiquiatría, neurociencia y psicología, por no mencionar más. Lo siento, es muy importante para mí la verosimilitud.
¡Feliz lectura!
Es cierto que pueden existir muchos motivos para la ausencia de menstruación, pero que un grupo de 40 mujeres carezca de ella puede ser señal de mala nutrición, falta de hierro, por lo tanto ira asociado con cansancio, vuelvo a los 100 escalones.
- Pérdida severa de peso y atrofia muscular: Las víctimas sufrían desnutrición y pérdida de masa muscular debido a la falta de movimiento y mala alimentación.
- Problemas dermatológicos y palidez extrema: La falta de luz solar y la humedad constante provocaban una palidez intensa (casi blanquecina), problemas en la piel y debilitamiento general.
- Debilitamiento óseo y articular: La imposibilidad de caminar con amplitud causaba descalcificación y pérdida de reflejos.
- Trastornos del sueño y respiratorios: La deficiente ventilación provocaba dificultades respiratorias, mientras que la falta de noción del tiempo derivaba en insomnio severo o alteraciones graves del ciclo del sueño
Autora
Jacqueline Harpman (1929-2012)
fue una novelista y psicoanalista belga de origen judío, cuya obra fue
galardonada con el Premio Médicis y traducida a varios idiomas. Parte de su
familia fue asesinada en Auschwitz, y la experiencia del antisemitismo que sufrió
en carne propia inspiró el escenario postapocalíptico de esta novela inusual,
que indaga sobre la dignidad y la dificultad de permanecer humanos frente al
sufrimiento, en un relato conmovedor, fantástico y terrible.












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