Instagram, quebradero de cabeza...
Hi
1- Existen cuentas que no interactúan con los comentarios que reciben en su perfil, ni siquiera mediante un “me gusta”, pero que solicitan colaboración y apoyo. Asimismo, hay casos en los que, tras años de apoyo constante, solo se produce una interacción puntual cuando dejas de seguir la cuenta. La colaboración y el apoyo en redes deberían basarse en la reciprocidad. ¿Te suena?
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| Este sería el mío 🤩 |
2- «A veces me pregunto hacia dónde viajan mis palabras cuando cierro un libro. Llevo tiempo compartiendo impresiones, que no reseñas; porque no busco el análisis sesudo, sino capturar el rastro emocional que deja una lectura. Mi intención siempre ha sido invitar a otros a descubrir mundos, pero en el eco de las redes sociales, a veces la respuesta es el silencio.
En un entorno donde a menudo importa más la etiqueta, la visibilidad o
quién integra el grupo, yo sigo reivindicando el libro como el centro de todo.
Mis lecturas no nacen de colaboraciones ni de estrategias de marketing.
Quizás mis impresiones no busquen la masa, sino ese lector silencioso
que, como yo, huye del ruido y busca la verdad en la página. Escribo para esos pocos
que entienden que un libro no es un accesorio, sino una huella. Si estas
palabras llegan a una sola persona y le despiertan la curiosidad, el viaje
habrá valido la pena».
Instagram premia la interacción rápida (likes, comentarios cortos…). Las
interacciones que yo reclamo requieren tiempo de lectura, algo que escasea en
las redes. Los escritores lo saben, las editoriales también, a mí me costó un poco
más comprenderlo.
Muchos perfiles de Bookstagram se centran en la estética (la foto
perfecta, el café, el libro nuevo y un comentario breve, pero impactante). Al
leer centrándome en el texto y en mis sensaciones y emociones, rompo la
dinámica de consumo y eso confunde a quienes solo buscan lo visual.
Objetivo del 2026, si logro que alguien se detenga 3 segundos, quizás
se quede el minuto entero que requiere mi reflexión. Quizás mi eslogan sea algo
como:
«Lectora de biblioteca
pública. Aquí no hay marketing, solo el rastro que dejan los libros»
Eche cuentas y creo que
solo me quedan tres editoriales a las que mi forma de trabajar les gusta, poco
más, ya veremos si el 2026 me trae alguna alegría en este campo.
3- Para entender qué vínculos eran reales y cuáles no, lancé una pregunta abierta en mi perfil, ¿Por qué quieres que te siga? Respondieron pocos, pero suficientes. A ellos, y a quienes he conocido de forma natural o con quienes ha existido alguna interacción auténtica, es a quienes sigo. El criterio es simple: presencia y reciprocidad.
4- ¿Por qué incomodan tanto mis comentarios en historia?
No es tanto lo que digo, sino lo que activo:
Rompo la ficción
Muchas cuentas viven cómodas en la idea de comunidad, apoyo y afinidad. Cuando alguien señala —con calma— que no todo es orgánico, esa narrativa se resquebraja. Y eso incomoda.
Obligo a posicionarse
Una pregunta directa exige presencia. Quien no quiere mostrarse, interactuar o explicitar su lugar, opta por desaparecer.
No señalo a nadie, no acuso, no ironizo. Precisamente por eso es más incómodo: cada cual se reconoce (o no) en lo que digo.
Para más consejos sobre cómo perder seguidores con educación, sígueme por Instagram.
5- Vamos con otro grande de Instagram. Recibo enlaces a libros de perfiles que no me siguen, no interactúan y no apoyan mi trabajo. Apoyar implica tiempo, dinero y lectura. La visibilidad no se exige: se construye. A partir de ahora, elijo con más cuidado dónde pongo mi atención.
Confunden visibilidad con obligación
Asumen que, porque yo reseño, debo apoyar. Sin seguirme, sin leerme, sin conocerme. Como si mi tiempo y mi dinero fueran un recurso ilimitado.
Lo peor.
Llegan con el enlace, no con una conversación. No buscan intercambio, buscan alcance. Eso no es comunidad, es uso.
Desprecian mi posición sin decirlo
Al no seguirme ni interactuar conmigo, están diciendo implícitamente, que mi trabajo no lo necesitan, pero mi altavoz sí. Y eso es una falta de respeto.
El límite que pongo es sano
Comprar libros, leerlos y reseñarlos sin ningún retorno, ni siquiera un gesto, porque tengo una larga lista de los que he comprado y luego ni se han pronunciado, no es generosidad, es desgaste.
Mi cuenta también necesita apoyo y visibilidad.
Para más consejos sobre cómo perder seguidores siendo honesta, sígueme.
6- No soy HATER. ¿Por qué me llaman hater? Porque decir lo que incomoda rompe varios pactos silenciosos, y en redes eso suele castigarse. Vamos con una lectura psicológica clara.
Confundimos crítica con ataque. Muchas personas no toleran la diferencia entre expresar una vivencia incómoda y agredir. Cuando alguien nombra algo que no encaja, se le coloca la etiqueta de hater para no tener que escuchar.
La incomodidad se externaliza. Lo que molesta no es el contenido, sino lo que activa. Llamar hater al otro es una forma rápida de devolverle el malestar y proteger la propia imagen.
Se penaliza. En redes se premia lo amable, lo ligero y lo que confirma. Quien introduce matices, límites o lectura crítica rompe la dinámica y pasa a ser problemático.
Nombrar es desvelar. Hablar de lo que sucede, sin insultar ni señalar, deja al descubierto dinámicas que muchos prefieren invisibles. Y eso se suele deslegitimar atacando al mensajero.
Llamar hater simplifica: convierte una reflexión en ruido. Así no hay que dialogar, solo descartar. Nombrar lo que incomoda no es atacar, es pensar.
7- Vamos con esos que me han llamado Hater.
— Te sigo por si algún día dices algo que me interese.
— Entiendo. Yo suelo quedarme donde el interés ya existe.
Yo también sigo perfiles en los que no siempre comento si no he leído el libro. Aun así, intento pronunciarme cuando algo me interesa, volver cuando ya lo he leído y participar con cierta coherencia. No siempre se llega a todo, pero la intención está. A veces el algoritmo decide por nosotros. Si este contenido te interesa, interactuar es la forma de hacerlo visible.
El algoritmo no entiende de interés silencioso. Responde a conducta, no a intención. Si este contenido te interesa, una mínima interacción es la forma de que podamos seguir viéndonos por Instagram.
8- Hay una gran "ingenuidad" alrededor de los llamados grupos de apoyo.
Grupos donde se intercambian likes, comentarios rápidos y elogios vacíos. Crecen los seguidores, pero cuando sales de ahí, desaparecen los likes, los comentarios y la presencia real. Es cierto que dentro del grupo se apoyan entre sí, se siguen unos a otros, entran y salen. Y se repite mucho la idea de que “las editoriales no se fijan en eso” o que “los escritores consolidados no miran los números”. Mentira. No es del todo cierto. Porque lo primero que entra por los ojos son los seguidores. Lo segundo, los likes. Y solo después, si hay tiempo o interés, se leen los comentarios.
El problema es que muchos de esos comentarios no dicen nada: emoticonos, frases automáticas, promesas de lectura que no llegan. Aplauso sin lectura, presencia sin implicación.
Desde la psicología, esto funciona como una ilusión de pertenencia: sentirse dentro de un grupo reduce la ansiedad y da la sensación de avance, aunque no haya impacto real. El refuerzo inmediato sustituye al criterio, y la validación externa acaba pesando más que la coherencia.
No pretendo llevar a nadie a ningún “lado oscuro”, ni arrastrar a nadie a nada. No he sacado estas reflexiones de mis historias, no las he compartido, no he etiquetado a nadie. Así que poco misterio y menos oscuridad.
Solo pensamiento en voz alta. Y a quien le incomoda, quizá no es por lo que digo, sino por lo que señala.
9- ¿Por qué quite los comentarios públicos? Seguiré sin comentarios públicos, me gustan más los privados, con el tiempo entendí que ciertos gestos, manos, símbolos o respuestas mínimas, no siempre dialogaban con lo que yo compartía. No es una crítica: simplemente descubrí que no encajaban del todo con el sentido que quiero dar a este espacio. Prefiero las conversaciones que nacen del contenido, aunque sean menos visibles, y que se toman el tiempo de leer antes de responder. En lo privado la conversación es más natural, y casi siempre gira en torno a la lectura. En lo público, a veces, el comentario se queda en gesto, en presencia. Cuando desaparecieron los comentarios, muchos perfiles dejaron de pronunciarse. Por eso, a partir de ahora, este espacio será más simple. Si una publicación te gusta, bastará con un corazón, guardar, compartir o comentar por privado 🙌 También decidí cerrar los comentarios por esto, durante mucho tiempo aparecían mensajes del tipo “no es para mí”, “no es de mi estilo”, “no lo leería”. Siempre digo en casa, se lo repito a mis hijos, que si lo que vamos a decir no aporta más que el silencio, quizá sea mejor guardarlo. Decir que algo no es para uno no aporta al resto de la comunidad dentro de mi perfil, ojo, en el tuyo puede que sí. Si no te interesa, no pasa nada. Hay muchísimo que leer.
Entiendo que comentar es dialogar, pero repetir públicamente “yo no lo leería” acaba funcionando como una desautorización gratuita. Y ahí prefiero marcar un límite. No es censura, tu puedes ponerlo en tu perfil en mayúsculas y en luminoso, puedes etiquetar al autor o editorial o a todo el mundo, no es censura. Yo cuido mi espacio.
Conclusión.
Con estas publicaciones han pasado varias cosas, perfiles que nunca se habían pasado lo hicieron por primera vez; perfiles a los que dejé de seguir por alguno de los puntos tratados notaron mi ausencia y perfiles que me dejaron de seguir hace meses volvieron a aparecer.
Es interesante. Y también un poco triste.
Confirma que muchas dinámicas funcionan por inercia más que por interés real. Los puntos tratados no nacen del conflicto, sino de la observación. Y de pensar un poco más allá. Los seguidores que bajan no son una pérdida aleatoria, son perfiles que estaban ahí por comodidad, inercia o utilidad, no por interés real. Podría parece un suicidio en redes, esto no es autoboicot, es diferenciación. Y la diferenciación siempre tiene un coste inicial: menos aprobación inmediata.
Decir lo que pienso tiene un precio. Yo elegí.
Si miras más allá del comportamiento, entiendes la dinámica. Cuando entiendes la dinámica, decides mejor. Y cuando decides mejor, marcas límites sin culpa. Para esto sirve la psicología.
Y para ese broche de intenciones de este 2026...
A mi perfil pasarán aquellos libros a los que quiero dar visibilidad. A historias irán todos, pero es cierto que, cuando no encuentro ninguna reciprocidad por parte de editores y autores, aquellos libros que no consiguen ir más allá de tres estrellas, no pasarán al perfil. Al final, editoriales y escritores también hacen su propia selección: miran perfiles, seguidores, afinidades. Es parte del juego. Yo simplemente he decidido hacer lo mismo desde mi lugar de lectora.
No es una norma rígida ni una medida de presión; es simplemente una forma de cuidar mi espacio, mi tiempo y el sentido de lo que comparto. Leer seguirá estando siempre; decidir qué permanece en el perfil es otra cosa.








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