La hijastra
Primero redes y abajo mis impresiones:
Caroline Blackwood no
escribe para entretener, sino para hacer una autopsia de la infelicidad. La
hijastra, un libro breve, apenas 112 páginas, una novela con mucha
profundidad, os lo aseguro. Lo que la hace fascinante es que nos obliga a
habitar la mente de… ¿una villana? J es una víctima, pero de quién. Al sentirse
abandonada por Arnold, proyecta todo ese dolor…, frustración convertida en ira,
en los seres que tiene más cerca, sobre todo en los que relaciona directamente
con Arnald. Esta novela abrió un doble debate, es cierto que está muy sesgado,
solo contamos con las cartas que nunca manda J, donde habla de ella y su visión
de la realidad, parece sincera, pero ¿cómo saberlo? Os dejo las conclusiones de los dos grupos.
Primer grupo, Caroline
Blackwood nos encierra en un apartamento donde el aire está viciado por la ira.
La protagonista, incapaz de escupirle a la cara a su exmarido el dolor de su
abandono, decide envenenar la vida de quienes dependen de ella. Es una cadena
de infelicidad: Arnold abandona a “J”, "J" proyecta y las chicas absorben
el impacto. No es solo una novela sobre una mujer difícil; es una lección sobre
cómo el silencio frente al opresor se convierte en crueldad frente al inocente.
"J" no es libre, es la carcelera de una prisión que Arnold le compró
con vistas a Central Park.
Segundo grupo, un giro de
tuerca fundamental que cambia por completo la perspectiva de la novela y nos
obliga a mirar a Arnold con otros ojos. El análisis anterior estaba demasiado
sesgado por la visión de "J", y ahí es donde reside la maestría de Caroline
Blackwood, como lectores, al igual que en la vida real, no nos podemos quedar con
lo que nos cuentan, hay que contrastar. La narradora nos manipula para que
veamos a Arnold como el villano, cuando los hechos dicen otra cosa. Si Arnold
no es el padre biológico de Renata y aun así la mantiene, le ha comprado un
piso de lujo a su exmujer y se asegura de que no les falte de nada
económicamente, el cuadro psicológico cambia radicalmente. Como ella no puede
soportar su propia incapacidad para ser feliz, necesita convertir a Arnold en
un monstruo. Si Arnold es "malo", ella tiene permiso para ser cruel
con Renata y Monique. Es una forma de autojustificación: «Soy mala porque Arnold
me obliga a serlo». Pero la realidad es que ella elige la amargura.
¡Feliz lectura!
Voy con la frases y
reflexiones.
«… muchas veces
lamentaba no ser una de esas personas que saben disfrutar de la vida a pesar de
tener ventanas que dan todas al mismo patio opresivo de ladrillo amarillo. Y le
decía a Arnold que para mí era importante la ilusión de estar por encima de las
cosas. Arnold es un hombre inteligente. Como la mayor parte de los hombres
inteligentes, a veces puede ser también muy cruel. Y ¿acaso hay algo más cruel
que tomarse al pie de la letra lo que te dicen los demás?», varios puntos
interesantes, el primero, nuestra protagonista no sabe disfrutar de la vida,
prefiere vivir en sus ensoñaciones a que le muestren la realidad, pide cosas
que en realidad no desea, porque cuando el hombre que la ama se las concede, le
recrimina no sabe realmente lo que ella quiere de la vida. Retorcido. Un
minuto. Ese ladrilla amarillento, ese muro que aborrece y luego añora, no
genera la atmosfera claustrofóbica en la que nos adentramos. Caroline Blackwood,
que fue esposa de Lucian Freud y de Robert Lowell, era una maestra en retratar
la crueldad doméstica y la decadencia emocional.
Si leéis a esta autora, deteneos en los espacios, una
extensión de su angustia, de su depresión. Arnold de alguna forma puede estar diciendo,
¡aquí tienes lo que querías, ahora cállate! ¿Cómo es nuestra narradora? ¿Inconformista?
¿Por qué se pediría lo que no se quiere? ¿Por qué arremetes contra quien te da
lo que pides?
«… pero yo siempre me
pongo celosa y me las arreglo pata fastidiarla pidiéndole que baje a Sally Ann
a una de esas tétricas zonas infantiles llenas de cristales que tanto abundan
en Central Park», como podéis ve nuestra protagonista y narradora no tiene
desperdicio, odia Monique, la criada francesa que contrato y envió su marido
desde Francia. Solo la deja salir del piso con su hija Sally, le molesta que
tenga correspondencia, que escriba, que haya alguien que espera por Monique.
Sabe que es cruel, despiadada y despótica con ella, con su propia hija y con su
hijastra, Renata, que tiene trece años, pero no puede evitarlo. Se levanta con la
firme decisión de remediar su comportamiento, pero luego… No la saca porque
teme que disfrute más que ella, de la vida, de la gente, «… descubriría en
la gente una magia de la que yo ya me he cansado. La sacarían a bailar y yo
tendría que pasarme la noche sola, mirándola con envidia, como una carabina de
otros tiempos». Reconoce sin tapujos que no piensa permitir que la estancia
de Monique en Estados Unidos sea placentera.
¿Qué tienen en común su hija, Monique y Renata? Dependen
de ella. Pero ¿por qué ese odio contra Monique? Entendemos lo de Renata, la
odia porque su padre Arnold la ha abandonado, «La he convertido en el blanco
de la furia que debería dirigir contra su padre».
Recordad que es la versión de ella, pero incluso leyendo
su versión se ve la carencia del relato, ¿es sincera?, ¿o nos manipula?, ¿es consciente
de que nos manipula? Arnold es un mal hombre, pero ¿lo es? «Arnald nunca ha
sentido nada por Renata», si su padre no siente nada, ¿por qué va a
sentirlo ella? «Y la gran cláusula que se omite en todas las cartas de Arnold
es una en la que se advierte de que solo podré disfrutar de su infinita
generosidad mientras acepte tener a Renata bajo mi custodia y cuidado», ¿realmente
se omite? ¿O no son las intenciones de Arnold y por eso no lo escribe ni lo
dice? ¿Es demoledora la voz interior de nuestra protagonista? «Se lo está
pasando pipa a costa de la trampa diabólica que me ha tendido».
Esta insatisfacción que describe la autora, es tan vivida
que me hace pensar que sufrió algo muy parecido. Sus personajes se abren en
canal, si no la conocéis, animaos. Investigo un poquito, nacida en la alta
nobleza anglo-irlandesa, heredera de la fortuna Guinness, creció en una mansión.
Su infancia rodeada de lujos, pero un abandono emocional absoluto por dentro.
Como Renata. Su madre, Lady Maureen, era famosa por su belleza y por una
frialdad legendaria, curioso, tal y como nuestra misteriosa escritora de cartas
a Fulanita. La describen como una mujer encantadora, pero ojito, no la
pillases de cruz, porque podía ser cruel.
Escribe diseccionando esa parte que la gente pretende ocultar de cara a
la galería. En La hijastra, la
narradora nos muestra su lado más vulnerable, sus pensamientos más oscuros,
pero señala de todo eso a Arnold, parece anestesiada por el dolor y la maldad
de ese hombre egoísta. Caroline no creía en los finales felices, creía en la
supervivencia, a menudo a través del cinismo o el alcohol, ¿qué pasó con la
madre de Renata? Una ultima idea sobre la autora y su obra, al conocer la vida
de Blackwood, ese «no saber disfrutar de la vida» toma más relevancia, todo es herencia. Caroline era una
mujer que lo tenía todo, belleza, dinero, talento, maridos geniales, y, sin
embargo, siempre se sintió en la periferia de su propia felicidad.
«Pero Arnold siempre le ha espantado la fealdad en las mujeres jóvenes.
Para él es una violación de la naturaleza. Es superior a sus fuerzas, igual que
cuando ve una flor con los pétalos llenos de bichos. También le encanta
presumir de las mujeres que le rodean».
¿Cuándo dejó la protagonista de sentir ese cariño y devoción por su
hija Sally? «Ahora mismo, en cambio, me resulta imposible comprender de
dónde pude sacar el menos place empujando a mi hija en un columpio». Y
mientras Renata, cocina bollos para calmar esa ausencia afectiva, llenando su
vacío con bolos de sobre.
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