La tortuga y la liebre
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La tortuga y la liebre de Elizabeth Jenkins
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Editorial Alba
Páginas: 352
SINOPSIS
Imogen Gresham tiene
treinta y siete años y es una mujer guapa, diligente, sensible a la naturaleza
y consagrada a velar por el bienestar de su exigente marido. Este, un abogado
muy prestigioso, le lleva quince años, está acostumbrado a ser admirado, detesta
todo lo que no sea útil y solo espera de su mujer un buen orden doméstico.
Viven en una gran casa en un pueblo de Berkshire y tienen un hijo de once años,
que llama a su madre «tonta de remate» y añade: «No hace nada, solo sufre».
Este sufrimiento tiene cada día más que ver con la presencia creciente en la
vida de su marido de una vecina, Blanche Silcox, una mujer soltera de cincuenta
años, rica, pilar de la comunidad, a la que le gusta cazar y montar y que se
expresa con modales bruscos y toscos en un tono insólitamente autoritario.
Imogen ve con horror y desesperación cómo Blanche ofrece descaradamente a su
marido todo lo que ella parece que no es capaz de ofrecer. Cada pequeño indicio
de esta relación adúltera es como una tortura y va minando su amor propio y
anulando una personalidad que ya no recuerda haber tenido. La tortuga y la
liebre (1954), una de las novelas más reconocidas de Elizabeth Jenkins,
gira en torno a algunas de las más dudosas virtudes la mujer británica: la
contención, la abstención, el «aguante». La novela es un análisis profundo,
sutil e hiriente sobre las premisas sobre las que se construye un matrimonio
convencional y también sobre las circunstancias y el tejido emocional que lo
deshacen.
IMPRESIONES
En La tortuga y la
liebre, la agresión no es un estallido, sino un goteo constante que
erosiona la identidad de Imogen. No es una novela de adulterio, eso es quedarse
en nada, la autora nos habla de la autoanulación de una mujer que se ha
convertido en una función doméstica, como una tostadora, una aspiradora...,
para satisfacer las necesidades de un hombre, para compensarle los sinsabores
de su vida profesional. Imogen cree que si todo está en su sitio y la merienda
es perfecta en el jardín, el carácter de Everlyn será clemente con esas minusvalías
que ella posee en comparación con otras mujeres. Nada, nada garantiza que su
buen comportamiento la recompense con el amor de Everlyn. ¿Qué me decís del
lenguaje calculado de la autora? Es aterrador cómo el lenguaje legitima la
opresión. Al llamar a su ira "justa", Imogen le otorga a él las
riendas..., ¿justa ira? ¿Qué es lo
contrario a justo? ¿Por qué si él es justo? Ella es… Una disección hiriente
sobre el matrimonio convencional. Jenkins nos recuerda que nadie nos va a dar
las riendas de nuestra vida o las tomamos nosotras o acabaremos como Imogen:
perfectas, diligentes y absolutamente solas. ¿Esta novela es una venganza
literaria de la autora a su amante? Te dejo en el blog algunas ideas, saca tus
propias conclusiones.
Lectura en vivo, en
directo, poniendo frases con sus reflexiones o los hilos que surjan.
Repito autora, Seis
mujeres criminales Empecemos.
«Imogen no podía comprar
nada con sus propios recursos, porque estaba en una etapa de retenciones
económicas. Incluso mientras él le daba la espalda, sin apartar la vista de la
calle, la intención que se ejercía sobre ella era más poderosa que sus ganas de
ayudar al anticuario, bien vestido pero viejo y cascado, que, con una sonrisa
desesperanzada, propiciaba e inmutable manifestaba ser consciente de la ruina
que se cernía sobre él como una sombra sigilosa».
Carencia, no solo de
material sino también moral y afectiva. Toda gira alrededor de una tensión muy
humana: querer ayudar y no poder, y convivir con esa impotencia. “No le podía
comprar nada”, ¿habla solo de dinero‽ Habla de una vida organizada en torno a
la restricción, a un cálculo constante de recursos que no deja espacio para el
gesto generoso. Las “retenciones económicas” ¿sugieren una existencia vigilada,
intervenida, dependiente? "Bien vestido pero viejo y cascado” funciona
como símbolo: dignidad sin brillo, decencia gastada. No hay miseria exhibida,
sino una pobreza consciente de sí misma, que incluso sonríe, pero lo hace desde
la desesperanza.
No es una lectura de
grandes gestos, sino de pequeñas derrotas silenciosas, de decisiones que no se
toman porque no se pueden tomar. Y ahí está su fuerza: en mostrar que, a veces,
la tragedia no es caer, sino seguir de pie con lo justo, sabiendo exactamente
lo que no se podrá hacer.
«Además, aunque a ella
tampoco le gustaba Zenobia, le inspiraba esa curiosidad inquieta y sin interés
profundo que pueden sentir las mujeres por aquellas que a los hombres les
resulta irresistiblemente atractivas».
Por un lado, está esa
curiosidad femenina fingida, casi sociológica: no nace del interés real por la
otra mujer, sino del hecho de que a un hombre le resulte atractiva. No es
deseo, ni admiración, ni siquiera rivalidad clara; es más bien una observación distante,
un mirar sin implicarse. Ahí ya hay una primera conducta agresiva suave: mirar al otro
sin concederle profundidad, como si fuera un objeto. Eso crea una atmósfera muy cerrada, casi
claustrofóbica. Las relaciones están predispuestas,
contaminadas de antemano. No hay espacio para el encuentro, solo para confirmar
prejuicios. Y ¿por qué Evelyn rechaza con tanto fervor a Zenobia?
«Evelyn, a quien Imogen
le contó con detalle la visita, a duras penas pudo dominar su justa ira».
¿Su justa ira?
Llamarla justa no significa que Evelyn tenga razón en un sentido
moral absoluto, sino que la narración legitima su enfado desde su propio punto
de vista. No es que la situación haya despertado una ira excepcional, sino que
ha encontrado una nueva coartada para manifestar un rasgo que ya estaba ahí. La
ira es justa porque encaja con el relato que él mismo se cuenta: el
del marido ofendido, el del hombre al que se le ha cruzado una línea. Lo
relevante no es tanto el motivo concreto de su enfado como el hecho de que
apenas pueda dominarlo. Eso señala falta de contención, y la contención —en
estos personajes— es siempre un valor moral. Quien no se contiene no solo se
enfada: se delata. ¿De qué se delata?
Quiero ir apuntando
palabras que definen a Evelyn: justa ira, autocontrol, férrea dosis de
paciencia, no era hombre de dotes histriónicas...
Jenkins condensa varias
capas psicológicas muy finas. Lo que se describe no es solo “querer compensar”
el trabajo de Everly, como dice Imogen en la página 50, sino una
internalización del malestar ajeno y una autoexigencia defensiva, ¿por qué
Imogen debe compensar los sinsabores profesionales de su marido? Imogen deja de
pensar en ella, ¿quién compensa esa sobrecarga? Y pasa a pensarse como
función, crear un clima doméstico que no provoque, que no incomode, que no
altere.
Ansiedad anticipatoria y
vigilancia constante, así vive Imogen, vive en un estado de hiperatención: cada
detalle doméstico se convierte en potencial fuente de disgusto. No responde a
un enfado real, sino al temor anticipado de fallar. Esto es clave: su ansiedad
no nace de un Everly explosivo, sino de la expectativa de su posible
desaprobación, y luego de las que tiene; sufre antes, durante y después. Responsabilización
emocional. Ella se siente responsable de “reparar” la dureza de la vida
profesional de su marido. Esto conecta con lo que hoy llamaríamos carga
emocional: Imogen se adjudica la tarea de regular el mundo interno de Everly a
través del orden, la calma y la perfección doméstica. Idealización moral
del carácter de Everly. Los adjetivos que menciona —justa ira, autocontrol,
paciencia férrea— son muy importantes. No describen a un tirano, sino a un
hombre moralmente legitimado. Su enfado es “justo”, su dureza es razonable. Eso
hace que cualquier malestar de Imogen no pueda dirigirse hacia él sin culpa: si
él es justo y paciente, entonces el problema debe ser ella. Autoanulación
silenciosa. Imogen no se rebela, no estalla, no se queja; se vuelve más
eficiente, más controlada, más invisible. Jenkins es muy sutil porque no
presenta a Everly como un villano evidente, sino como una figura cuya
corrección moral oprime sin necesidad de violencia.
Aquí habla Imogen. "Su satisfacción personal sería completa si no supiera que él esperaba que sintiera algo más", él cuestiona su felicidad, la de ella, el vacío que observa en ella, esto es tremendo, ¿veis el alcance de esto? Sería algo como, veo que no eres feliz, te lo veo, lo siento, yo trabajo como un burro y llego a casa y tengo una mujer que no es feliz, lo parece, lo finge. Y ella entonces puede decir, ¿no soy feliz? ¿Será la razón de mi ansiedad? No soy feliz porque soy una ingrata, debo esforzarme más. Ahora que su relación ya no era romántica, esta certeza, el presentimiento de que se estaba perdiendo algo de sí misma, empezaba a ejercer un efecto lento pero fatídico sobre su felicidad. Me parece más cruel que lo anterior, tanto sacrificio, tanta sumisión, no produce el efecto deseado. Su satisfacción sería completa si no existiera una expectativa externa sobre su mundo interno. Ahí aparece una forma muy fina de agresión psicológica: no se le reprocha nada explícitamente, pero ella percibe —con “extraña sutileza”— que está siendo evaluada por lo que debería sentir.
Spoiler...
Desde las primeras páginas sabes
lo que pretende Elizaberth Jenkins con su historia, se detiene en muchos
detalles que desea que te queden claro, Imogen sacrifica TODO por el bienestar
de su marido. Zenobia es una amenaza, es joven y hermosa, pero Imogen es una
mujer muy hermosa, ¿en qué hace hincapié la autora una y otra vez? En su
dedicación sumisa, ¿qué es lo que admira Everlyn de las mujeres? ¿La belleza o el
carácter? Cuando habla de la amiga de Imogen, qué dice, una mujer que gana y
gasta.
Te dan ganas de sacudir el libro y gritar, ¡espabila de
una vez! Everlyn anula a su esposa sin necesidad de violencia, utiliza la indiferencia
y la humillación publica sutil, así se erosiona la confianza de Imogen, ¿a ella
no le gustan las carreras de caballos?, dice Everlyn. Vaya escena clara, clarísima.
Siento esa atmósfera angustiosa en la que vive nuestra
protagonista, siento su ansiedad porque este todo perfecto para que él no se
altere, es terrible como vas observado la parálisis que sufre y la ceguera que
padece. Como vemos no es un proceso rápido, es lento, pasito a pasito. Y al
final cuando llega el golpe de gracia y te da las razones por las que abandona
a Imogen te dan ganas de retorcerle el pescuezo porque ella se amoldó a sus
exigencias, a su mal carácter y sus salidas de tono, pero eso no era lo que él
buscaba en una mujer…, el tiempo dirá si repite patrones.
¿Y ahora qué? Pero realmente quién da el golpe de gracia,
quién hunde más a Imogen en ese pozo oscuro…, tremenda historia tan cruel como
real, y me acuerdo de un refrán, cría cuervos y te sacarán los ojos. Y al
llegar al final del libro la autora nos da la conclusión a la que toda mujer
llega cuando pasa por una situación parecida. No podemos dar las riendas de
nuestra vida a nadie, solo tenemos una vida y es nuestra.
Una autora de retratos
psicológicos magníficos, lo más curiosos es que nunca se casó, pero retrató la
vida matrimonial como pocos, una gran observadora. Dicen que tuvo una relación
amorosa larga y dolorosa con un hombre casado. En la La Tortuga y la
Liebre (1954), Jenkins retrata la desintegración de un matrimonio. El
personaje de Imogen es una mujer dócil y asustada, Everlyn, un
abogado frío y dominante. ¿Podría esta novela reflejar los deseos de Jenkins en
su relación con el Dr. Eardley Holland? Podría, pero se pone en el pellejo de la
mujer, no de la amante, ¿por qué? ¿Cómo sería el Dr. Eardley Holland? Pues no, os cuento..., he investigado un poquito, pero claro, no sé si es del todo cierto.
Cuando se murió la mujer del famoso ginecólogo, Dr. Eardley Holland, nuestra autora pensó que se
casaría con ella, pero no, se casó con otra. Las malas lenguas dicen que era
más mayor que la autora y menos atractiva, pero tenía una considerable fortuna,
¿os suena de algo? Especulando, me da que el retrato de Everlyn se asemeja
bastante al doctor, recto, altivo, impaciente, irritable… ¿Será esta novela algún tipo de venganza? He hablado poco de
Gavin, ese hijo insufrible, los hijos en la literatura de Jenkins, a menudo, actúan como jueces implacables que han absorbido el desprecio del padre. El
niño no ve el sacrificio de su madre, normaliza esa sumisión, esa dedicación y
exige lo mismo, ve la pasividad, y la desprecia porque el mundo de Everlyn solo
valora la utilidad.
¡Feliz lectura!
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Elizabeth Jenkins nació en 1905 en Hitchin (Hertfordshire); su padre fundó la Cardicott School, cerca de Londres, aún hoy en funcionamiento. Estudió en Cambridge y fue profesora en la King Alfred School de Hamsptead. Se relacionó con el Grupo de Bloomsbury, aunque parece que no se llevaba muy bien con Virginia Woolf. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo un papel muy activo ayudando a refugiados judíos y a víctimas de los bombardeos de Londres. Fue una de las fundadoras de la Jane Austen Society. Escribió biografías de Jane Austen, lady Caroline Lamb, Henry Fielding e Isabel I de Inglaterra, entre otras, y algunas recopilaciones curiosas como Seis mujeres criminales (1949; Rara Avis núm. 67). Su primera novela fue Virginia Water (1929); la segunda, Harriet (Rara Avis núm. 12), recibió en 1934 el premio Femina Vie Heureuse (imponiéndose a Evelyn Waugh y Un puñado de polvo) y fue un gran éxito de ventas. Otras novelas suyas son Robert and Helen (1944), La Tortuga y la liebre (1954), Brightness (1964) y La historia del doctor Gully (1972; Rara Avis núm. 24). Cuando murió en Londres en 2010, a la edad de ciento cuatro años, el obituario de The Telegraph dijo: «El talento especial de Elizabeth Jenkins en sus novelas fue la descripción de la victimización de frágiles personajes que inspiran simpatía, a manos de gente que lo único que tiene de memorable es su crueldad. Como a Agatha Christie, le fascinaban los crímenes en las zonas residenciales».








No, no se puede dar las riendas de tu vida a nadie. La sumisión es como vender el alma al diablo... Parece una novela interesante de una autora que explora bien los temas. Leí Harriet y tomo nota de tus impresiones porque esta nocela me llama la atención.
ResponderEliminarNo he leído Harriet, y lo haré, hay mucho resentimiento, mucho dolor...
EliminarEs una pena que Instagram no permita estos análisis amplios y detallados de las lecturas. Tengo la impresión que la inmediatez de la red social hace que pasemos por alto demasiados dettales de cada obra y si hay tiempo para ello, es un gusto leer este tipo de impresiones más desarrollado.
ResponderEliminarInstagram, como X o Facebook es la inmediatez, foto, valoración y dos pinceladas, yo me enrollo mucho 😂🤣😂, Muchos dicen que espoileo, no lo creo por las reseñas que leo, pero bueno..., en mi blog me vuelvo loca. Muchas gracias por pasarte.
EliminarEn cualquier análisis amplio, concienzudo, es casi inevitable que se lean cosas que rocen el spoiler. Pienso que si lees estas publicaciones debes tenerlo en cuenta aunque siempre se agradece la precaución , el cuidado de hablar de una obra sin desvelar cosas básicas sin que desmerezcan la lectura. En cualquier caso, he leído reseñas cortas en instagram que me han arruinado la lectura...
EliminarYo no me considero reseñador ni nada por el estilo, pero tengo dificultades para hablar de un libro sin quedarme sin caracteres como en instagram. Se me queda corto
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