A propósito de nada
Hi
A propósito de nada de Woody Allen
Traducción Eduardo Hojman
Edita Alianza Editorial
"A propósito de
nada" es la autobiografía de Woody Allen en la que se ofrece un repaso
completo de su vida, tanto personal como profesional, y se describe su labor en
películas, teatro, televisión, clubs nocturnos y obra impresa, tantos libros
como prensa.
Vamos con las redes
sociales:
Retrato de un "Inocente".
Hay libros que se leen con la guardia alta, y A propósito de nada es,
sin duda, uno de ellos. No me acerqué a esta autobiografía como una fan —de
hecho, el cine de Allen me genera una distancia insalvable—, sino con la
curiosidad de quien analiza un expediente de psicología forense.
Lo primero que salta a la vista
en el relato de Allen es una estructura defensiva perfectamente diseñada. Desde
las primeras páginas, el director se apresura a enterrar al
"intelectual" que el público ha creado para presentarnos a un tipo
que se autodefine como superficial, misántropo y, sobre todo, ignorante. Es una
maniobra astuta: parapetarse tras la supuesta falta de luces para eludir la
responsabilidad de lo que ocurre a su alrededor.
El "No saber" como
estrategia de supervivencia. A lo largo del texto, el patrón se repite con una
frecuencia clínica. Allen "no sabía nada" de la bipolaridad de su
segunda esposa, "no sabía nada" de la bulimia de Diane Keaton y, por
supuesto, "no sabía nada" de las señales de alarma que precedieron al
tsunami con Mia Farrow. Es fascinante cómo un hombre capaz de escribir guiones con
tanta precisión sobre la condición humana, afirma ser un observador ciego en su
propia casa. ¿Despiste real o una estudiada disociación?
La construcción del neurótico
rentable. Allen confiesa que su neurosis nació en la adolescencia, justo cuando
tomó conciencia de la finitud. «Nunca acepté ser finito», admite. Sin embargo,
tras leer su paso por décadas de psicoanálisis —donde reconoce con ironía haber
"logrado no avanzar en nada"—, uno sospecha que su caos interno es su
zona de confort. Es un ecosistema que ha sabido explotar:
Vende su vulnerabilidad para que
bajemos la guardia. Usa el humor como una pantalla de humo tras una confesión
incómoda. Se compara con Brando para recordarnos que el "personaje"
no es él, aunque lleve toda la vida alimentando la confusión. Así también
destaca, entre el victimismo y la soberbia. Hay una tensión constante en su
narrativa. Por un lado, el desprecio por la opinión ajena («no leo reseñas»,
«no valgo el esfuerzo de los fans»); por otro, una necesidad imperiosa de
remarcar que, donde otros fallaron ante productores exigentes, él triunfó. Es
el perfil de alguien que solo otorga valor a quienes están por encima en la
jerarquía de su interés personal.
Veredicto: ¿Es sincero
Woody Allen? Creo que es el narrador de la historia que se ha contado a sí
mismo tantas veces que ha terminado por creerla. Es un ejercicio de sesgo de
confirmación en primera persona. Como buen guionista, sabe que, si controlas el
relato, controlas la verdad... o al menos, la ensucia de tal manera que la duda
siempre juega a su favor.
Impresiones:
Lo primero, no conozco a
Woody Allen, la polémica con Mia Farrot me sobresalto entre poco y nada, porque
cuando el mundo decidió despellejar al señor Allen, a mí me costó confesar que
Mia Farrow me ponía los pelos de punta, había algo en esa cara de inocencia que…,
ojo, tampoco conozco a la actriz, pero tras leer los antecedentes familiares
que relata Woody Allen, da para unos minutos de reflexión, ¿cómo va a salir indemne
de una familia como esa?, se lo preguntó él. Dicho esto, lo que viene a continuación tras leer la
autobiografía estará sujeto a lo que se conoce como sesgo de confirmación, porque
nunca me ha gustado las sensaciones que me han trasmitido las imágenes del
director y actor americano. Solo una de sus películas la he visto más de dos
veces, Misterioso asesinato en Manhattan, el resto no las he terminado,
lo cual tampoco dice mucho porque no soy muy fan del cine, sí del teatro.
«Nada me preocupa»,
esto decía su padre, del que habla poco, pero lo suficiente, una bala perdida,
diría mi abuela, «Es que eres demasiado estúpido para preocuparte», esto
dice la madre que se sacrificó trabajando para mantener a la familia. En esto
es sincero, en lo demás, creo que es la historia que se contado una y otra vez
y se la ha terminado creyendo, pero no adelantemos. «… a pesar de que a la
hora de criar hijos mi madre era mucho mejor que mi padre…, yo quería a mi
padre». «Era ella quien impedía que la familia se hundiera». «Tuve dos padres
cariñosos y terminé siendo un neurótico», cuenta que todo comenzó en la
adolescencia, y es cierto, es una etapa peligrosa pero no somos del todo conscientes
de ello, pero tras leerle, y lo iré resaltando, es más listo de lo que pretende
hacernos creer, dentro de ese caos se siente cómodo, quizás no al principio,
pero luego supo sacar tajada. «Yo siempre veía el ataúd medio lleno…», cuenta
que era un niño sano y deportista, pero acabó siendo un adolescente con los
nervios destrozados, con la compostura pendiente de un hilo, misántropo,
claustrofóbico, aislado, amargado, cargado de pesimismo, su madre decía, «…
de un niño amable, dulce y alegre, me volví un chaval avinagrado, desagradable,
rencoroso y malo». Empezó el peregrinaje de psicólogos y psiquiatras, creo,
todo esto es un creer, porque como decía House, todos los pacientes mienten, al
principio se sintió mal dentro de ese cuerpo extraño, con el tiempo fue una
excusa, pero no adelantemos. El punto de inflexión en su vida, en su carácter fue
que tomó conciencia de la mortalidad del ser humano, con diez años alguien le
contó algo y ahí se acabó toda su vitalidad, «Nunca acepté ser finito».
«Arrancar risas al público
es un gran colocón»
«Mis avances con los
temas profundos ha sido complejamente inexistente: sigo teniendo los mismos
temores, conflictos y debilidades con los que cargaba…», estoy de acuerdo,
pero los ha sabido explotar, fijémonos en los papeles que “representa” en la
pantalla. «No era feliz, era un tipo melancólico, temeroso y establa lleno
de furia, y no me preguntéis por qué…», la adolescencia es terrible,
recordemos que dura hasta los veinticinco años ese proceso de formación del
cerebro, así que…
«Terminó aconsejándome que
fuera a ver a un psicoanalista cuatro veces por semana…, lo hice durante ocho
años y gracias a mi astucia logré no avanzar en nada», algo de lo que me he
dado cuenta, o eso creo, es que, tras una confesión profunda y sincera, de esas
que escuecen, suelta la chorrada. Se conoce mejor de lo que nos hace creer y
veréis como esa piel que se viste, le hace estar cómodo y escudarse, o quizás sea
demasiado crítica. «… no me gustó nada evitar que me curara. Luego pasé a
una dama con la que estuve quince años…», habla de su psiquiatra, «De
modo que he hecho muchos años de tratamiento y mi conclusión es que sí, me ha
servido, pero no tanto como esperaba ni de la forma que me imaginaba», y
estoy de acuerdo.
«… como sea, Harlene y
yo hacíamos de todo, así que un día levantaos la mirada y decidimos casarnos…»,
no es un tipo que tome decisiones a lo loco, no va con su carácter, cada cosa
está meditada hasta el extremo más exagerado. Esta fue su primera esposa.
«Nunca hagas decir al
personaje nada que no sea perfectamente natural… a no escribir ninguna escena
fuera de la secuencia, a no escribir nunca cuando no te sientas bien, porque el
resultado reflejara la falta de energía o de salud», estoy muy, muy de
acuerdo.
«Sí, amaba a Harlene,
pero no tenía idea de lo que el amor significaba…», cuesta mucho el compromiso,
aquí, lo iremos viendo, hay rasgos de su padre, un tipo al que también el
compromiso irritaba. Una familia es para todos los días.
«Miedo a llegar el
primero, a entrar… Miedo a hablar en público, al escenario…», se conoce al
dedillo, le dice a todo el mundo cuales son sus miedos, a Woody no le invites
no le gustan los aforos saturados, no le gustan las presentaciones, no les
gustan las entrevistas, ni recoger premios, ni…, veis lo que os digo, solo hago
lo que me apetece, el resto me refugio tras los miedos, que son muchos.
«Para cualquier simplón,
aquella habitación había sido una señal…», su segunda esposa, Louise sufría
de bipolaridad. El no vilo señales, era algo excéntrica, desordenada, pero
vamos…, no vi nada de nada, ¿veis lo que hace? Soy un tipo simplón, no el intelectual
que vosotros decís, soy más bien corto, no superdotado ni nada parecido. Lo de
su CI, lo remarca muchísimo al principio del libro, que no es tan listo como se
predica y que no ha leído nada de nada, parapetarse detrás de la ignorancia,
¿eso disculpa?
«Me daban ganas de
decirles: eh, relajaos, disfrutad del postre, en serio, yo no valgo ese
esfuerzo», este tipo de frases que se repiten una y otra vez son curiosas,
yo leo esto e interpreto: dejadme en paz, dejadme comer tranquilo, dejadme de
hace fotos de una vez…, noto irritación por la expectación que despierta, pero…,
lo dejaremos aquí, pero…
«Muchos autores
intentaban complacerlo, pero era muy exigente… Max quedó fascinado con mi ide y
conmigo», interesante si comparamos con el fragmento de arriba, está claro,
nos interesa y prestamos más interés a las personas de las que dependen
nuestros resultados, el valor del público, le resbala, el de alguien como Max,
hay que resaltarlo, donde otros fallaron, Woody triunfó.
«Liebman era un
productor muy importante… Liebman estaba encantado conmigo… Terminé escribiendo
un solo episodio de media hora… Un crítico comentó que Buddy Hackett podría
haber hecho algo más divertido…Yo recorté la reseña y la guardé con imperiosa
osadía, totalmente seguro de que años más tarde sería irónica».
«Cuando me enteré que la
madre de Kaufman se llamaba Nettie…», esto me hizo mucha gracia, está escrita
la biografía antes que la película Batman vs. Superman, hay una escena
donde se están dando de leches porque se odian, que no sé muy bien por qué si
ambos son superhéroes contra el mal, y de repente se dice, mi madre se llama
Laura, como la mía, ya somos colegas…, pues lo mismo pasó a Woody con Kaufman.
Interesante la opinión sobre
Hefner, «A mí aquello me tenía sin cuidado, puesto que los sueños de los demás
nunca significaron nada para mí…», aquí hay dos cosas, los demás que no le
afectan para sus intereses, le importan poco o nada, y si la polémica le salta,
sobre determinado personaje, yo no vi nada, yo no observé nada, yo soy
despistado, yo miro para otro lado. Ya dije que no sería muy imparcial,
suspendo seguro.
«Yo, que no sabía nada
sobre…», esto lo veremos una y otra vez, yo no sabía nada… No sabía nada de
la enfermedad mental de su segunda mujer, ni de los trastornos alimenticios de
Keaton, era bulímica, se enteró cuando lo leyó en sus memorias. Jamás se peleó
con Keaton, salió con todas sus hermanas. Otra de las cosas que también señala
una y otra vez, lo hermosas que eran las mujeres, luego alguna otra cualidad,
como la elegancia al andar, y lo inteligente que eran al representar un papel.
«Él era el pensador, un intelectual
genuino. Yo un comediante convertido a cineasta», pero… tras el elogio el
hachazo, «hay una gran brecha entre fracasar en la letra impresa y fracasar
en el escenario. Fracasar en la letra impresa es un asunto privado…», evidentemente,
por el placer de llevar la contraria, no estoy de acuerdo, uno se expone y el
otro también, a algunos escritores no se les ha perdonado ciertas obras. Pero
claro, Woody Allen no lee nada en absoluto, qué sabe de la presión del escritor
de novelas, él escribe guiones.
«Pero yo no me llevo bien
con la adversidad y no tardé mucho tiempo en darme por vencido…» ¿Se podría
aplicar a todos las facetas de su vida o solo al tema del cine?
«Las reseñas fueron
positivas, aunque sería la última vez que leería una reseña o cualquier cosa
sobre mí… Ciento de reseñas de todas partes, tan diferentes, tan opuestas entre
sí… La obsesión con uno mismo esa traicionera pérdida de tiempo», esto
es muy inteligente, protege su autoconcepto, hablamos de esto hace
relativamente poco.
«Muchos estudios se
niegan a trabajar conmigo a causa de mi control y de mis condiciones… Si hubieran
apostado por mí desde el principio…, todavía tendrían un saldo positivo. No
mucho, pero bastante para comprarse una caña de pescar», ahí te la tiro, no
creo que haga falta que añada nada más.
«… la gente cometió el
mismo error conmigo del que se quejó Marlon Brando, este dijo en una
entrevista, “La gente me confunde con los papeles que interpreto”», sencillamente
me deja perpleja, interpreta el papel que más conoce, porque es un papel. Nos gusta
la misma película de este actor, Un tranvía llamado deseo, no sé las
veces que la he visto…
«Tal vez una persona más
perceptiva no se lo habría tomado solo como señal de algo poco habitual…», tampoco
vio llegar lo de Mia. «Mirando hacia atrás, sí que había señales de alarma…»,
una vez, puede, dos, mala suerte, tres, miro a otro lado hasta que me
salpica, sin más.
«Yo sabía que la verdad
estaba de mi lado…», yo esto también lo aprendí por las malas, por mucha
verdad que tengas como él otro mienta mejor o camine por la línea de lo legal,
te dan por saco. «Poco sabía yo que una vez que te han ensuciado, quedas
vulnerable para siempre», me gusta la elección de palabra, muy estudiada.
«Soy un buen padre, esto
lo repite en exceso, ella lo maneja todo (Soon-Yi) con eficacia
prusiana. Yo, básicamente, los abrazos, les paso dinero constantemente y solo
me preocupa que algún día nos asesinen…», aquí lo dejo.
«… yo no soy nada
interesante, soy extremadamente superficial y desilusiono a los que llegan a
conocerme», una y otra vez el mismo patrón.
«Nunca me preguntaron mi
opinión ni me preguntaron al respecto, simplemente levantaron una estatua en mi
honor», en Oviedo.
¡Feliz lectura!
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¿Sobre la paternidad?, me preguntáis, pues leyendo lo
que he leído.
En sus memorias, Woody
Allen se autodefine como un padre excelente. Sin embargo, su descripción es
inquietante para cualquier analista: se reduce a abrazos, paso de dinero
constante y una preocupación casi paranoica por la seguridad física, sí, puede ser puro humor.
Delegar la educación y el orden en la "eficacia prusiana" de
su pareja mientras él se mantiene en una superficie amable, pero desconectada,
abre un debate fascinante: ¿Es la paternidad un acto de presencia emocional o
simplemente de provisión y afecto no disruptivo?
Qué le afectó lo sucedido con Mia y sus otros hijos, por supuesto,
sobre esto no quiero pronunciarme mucho, porque me faltan datos, que luchó por
sus hijos, sí, lo dice, que durante un año lo intentó, sí, pero luego… No lo
sé, esto es más complicado.






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