La bendición de la tierra
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La bendición de la tierra
de Knut Hamsun
Traducción de Kirsti
Baggethun y Asunción Lorenzo
Edita Nórdica Libros
Sinopsis
La bendición de la tierra es una de las grandes obras de Knut
Hamsun y por ella recibió en 1920 el Premo Nobel de Literatura.
Aclamado por Isaac Bashevis Singer como «el padre de la literatura
moderna», Knut Hamsun inspiró, de hecho, a autores de la talla de Thomas Mann,
Maksim Gorki, Franz Kafka y Hermann Hesse, y se hizo merecedor del Premio Nobel
de Literatura en 1920 por La bendición de la tierra, «una obra monumental»
en palabras de la Academia Sueca. Esta novela, de una insuperable precisión
expresiva, narra la historia de Isak, un hombre de campo, grande y fuerte, y de
su mujer, Inger. Ambos, con su trabajo y fuerza de voluntad, se abren camino en
una tierra que, en principio, les es hostil. Trabajan de sol a sol, cuidan de
sus hijos y tratan de hacer lo correcto. Hamsun, en este canto a la vida rural
y a esos primeros colonos que, con su esfuerzo, poblaron Noruega, critica el
progreso, a la vez que idealiza la vida en contacto con la naturaleza y con esa
tierra que, para él, es la base de la fuerza del hombre.
Para redes:
La bendición de la tierra, de Knut Hamsun, es una novela que comienza como un canto al esfuerzo y a la vida en contacto con la naturaleza, pero pronto revela algo mucho más incómodo: ni siquiera en la soledad del bosque el ser humano escapa de sus propias sombras. A través de Isak e Inger, Hamsun construye una historia sobre trabajo, ambición, culpa y progreso, donde la tierra parece prometer libertad, pero también exige un precio. Bajo su aparente calma rural late una tensión constante: la llegada de la ley, de los vecinos, del dinero y de ese progreso que termina contaminándolo todo. Una lectura poderosa, inquietante y profundamente ambigua.
Impresiones:
¡Madre mía, qué montaña
rusa de indignación! Leer a Hamsun es una punzada en el estómago. Es un maestro
de la tensión pasivo-agresiva; nos vende la postal del pionero heroico, pero
nos llena la casa de parásitos y miedos legales. Y si vas a leer la novela, no
sigas porque no podré evitar un gran espóiler. Isak es un personaje trágico
porque su mayor virtud es también su mayor debilidad: su incapacidad para ver
la maldad o enfrentarse a ella. Él sigue creyendo que, si trabaja duro, todo irá bien, mientras a su
alrededor…
La bendición de la
tierra (1917), Premio Nobel en 1920. A nivel literario, la obra es el
manifiesto del retorno a la naturaleza. Isak es un personaje inquietante, un trabajador
innato con las ideas muy claras. Sin embargo, detrás de esa "precisión
expresiva" que tanto alaba la crítica, se esconde una trampa emocional. La
novela empieza como un poema al esfuerzo, pero pronto se convierte en un
recordatorio de que el ser humano, por muy lejos que se esconda en el bosque,
lleva consigo sus vicios, sus envidias y esa política mezquina que todo lo
devora. Las dos veces que la he leído, las dos veces me ha tensionado, creo que
más esta que la vez primera, tensión; Hamsun tiene la habilidad de envolverte
en una supuesta "paz bucólica" mientras, por debajo, se gesta una
tormenta de ambición y bajeza humana. Al principio, uno admira a Isak e Inger.
Es esa fantasía, "dejarlo todo e irse al campo", cuántos después de
la pandemia no soñaron con esto, también el autor. Pero nos da un golpe de
realidad: la tierra no regala nada, se lo cobra en sudor y aislamiento. Vivo en
tensión su lectura, hay algo que me genera desconfianza al leer. No es solo el
trabajo duro; es la sensación de que, en cuanto aparece un segundo vecino o una
nueva ley, la "bendición" empieza a oler a corrupción. ¿Isak es libre?
No depende de nadie, pero es esclavo de su tierra, y lo dejo aquí. Esa
ambigüedad es lo que hace que quieras "sacudir" a los personajes: su
terquedad es su fuerza, pero también su ceguera ante lo que pasa a su alrededor,
¡dios, le daba hasta en el cielo del paladar!
Quiero agradecer el interés
que mostráis por mis lecturas y el apoyo a mi blog, ahora al lío, voy con las
frases y algún análisis, reflexión o pensamiento. ¿Inger es víctima de sus
circunstancias o la primera ficha en caer en este juego de sombras? Isak ¿es el
protector o el que trae el veneno del progreso y la especulación minera a la
montaña? Y, por último, pero no menos importante, ¿la comunidad juzga y
manipula mientras Isak solo quiere que lo dejen cavar en paz o es todo
consecuencia del progreso?
«El enamoramiento hacia
sabio al tonto»
«¿Crees que tendremos
suficiente forraje para ella? Isak empezó a creer lo que quería creer y
contestó: —¡No le faltará!»
«Isak ya no era insignificante
ni tímido, sino que se comportaba como si hubiera pagado como un caballero por
Cuerno de Oro: ¡Toma!...»
«¿Qué era para ella un
niño más? Nada, es decir, solo cosas buenas…»
«Pero, por otro lado,
surgieron nuevos asuntos que le preocupaban. ¿Qué fue lo que en el verano le
había dicho a Inger aquel lapón? ¿Que él, no había comprado las tierras? ¿Y por
qué iba a comprarlas? El campo estaba ahí el bosque también, él llegó, cultivo la
tierra y construyó un hogar en medio de la naturaleza virgen…», de los párrafos
que peor me pusieron, pensé, cualquiera llega y se la puede apropiar, no es suya,
no es de nadie, y ha trabajado como un desgraciado en convertirla en lo que es.
«—Tendrías que haber venido a verme para comprar esta tierra —prosiguió el
comisario», este párrafo del comisario es terror puro, para alguien que no
se fía de la buena voluntad de los políticos. Isak cree que la tierra es de
quien la suda (una visión romántica y casi bíblica), pero el mundo moderno
llega con un papel y un sello a decirle que es un okupa en su propio esfuerzo. Sudores
fríos, ver a un hombre que ha levantado un imperio con sus manos temblar porque
no tiene un papel, es desesperante. Hamsun critica aquí cómo la burocracia
devora la autenticidad del trabajo, o eso quiero creer.
«En el transcurso de diez
minutos la niña había nacido y muerto violentamente…», aquí se me desploma
Inger, aunque ya antes me resultó…, «Ah, Dios, lo peor de todo, no hay
piedad, y encima es una niña», el momento del labio leporino es brutal.
Para Inger no es solo estética, es la marca de la maldición que ella misma
porta. Al matarla, intenta "borrar" su propio dolor, pero lo que hace
es condenar la paz de su hogar para siempre. ¡¡¡Aaaahhh!!!
«Ni una mala palabra
salió de su boca». Oline es el personaje que todos amamos odiar. Representa
el cotilleo, la mala fe y la manipulación. Lo peor es el silencio de Isak. Esa
frase no es bondad, es una pasividad que desesperá al lector., ya me lo diréis,
ella roba su trabajo, su sudor…, lo malgasta en holgazanes y maleantes. Isak permite
que el enemigo duerma bajo su techo y coma de su plato.
Me da hasta miedo cuando se
presenta el ingeniero y le dice que van a poner la línea del telégrafo, van a
pasar por sus tierras, tiene que hacerse cargo y repararlas, ¿cómoooo? «… es
probable que te ofrezcan vigilar ambos lados de la línea. Recibirás veinticinco
táleros al año», y quién trabaja su tierra, alimenta a su ganado y a su
familia, porque son muchos metros de cable…, en el invierno puede, pero en el
verano, no. Creo que el ingeniero es la gran ironía de Hamsun. Le ofrecen 25
táleros como si fuera un regalo, pero le imponen una carga que le roba tiempo
de lo que realmente importa: la supervivencia. El telégrafo es el símbolo de
que ya no están solos. El mundo exterior ha tirado un cable hasta su puerta
para vigilarlos, cobrarles y distraerlos, así lo veo, me tenso. Es el principio
del fin de su aislamiento sagrado, la gente puede pasar libremente por sus
tierras, ¡¡¡Aaahhh!!!
Ya no es la misma Inger, «…
tuvo la oportunidad de exhibir su abrigo, y ni la mujer del tendero, ni la del
herrero ni la del maestro renunciarían a conseguir un abrigo como ese», cuando
vuelve con el abrigo y los aires de ciudad, rompe el equilibrio. Le grito
"perfil bajo, perfil bajo", pero eso es justo lo que ella desprecia
ahora. Quiere ser "alguien" en un lugar donde solo importa
"hacer algo".
Y sí, estoy más a favor de
Isak que de Inger, no se trata de aquella niña que murió a los diez minutos de
nacer, se trata de que la única ayuda que tiene son sus hijos, en esa tierra
pedregosa y salvaje, y ella les aleja uno a uno, no deja de pedir una criada,
cuando cada día hay menos gente en la casa, la niña no aporta más que quejas y
exigencias. Si tuviese criada cosería más, trabajaría más…, cierto, pero si él
tuviese ayuda, trabajaría menos, lleva años trabajando como un mulo.
La historia de Isak e Inger no termina con una tragedia absoluta, pero sí con una transformación profunda de ambos y de su mundo. La novela, en realidad, cierra con una especie de equilibrio ambiguo entre la vida primitiva que Isak soñaba y el progreso que inevitablemente llega. Hamsun crea un mito rural… y al mismo tiempo lo destruye, ese mito soñado durante la pandemia, pero no se puede, la sociedad tal y como está creada, no puede.
¿Qué hay que hacer para ser millonaria? Cuando lo sea, tendréis señales, porque
hay libros que los quiero sí o sí. La primera vez que leí esta novela me la
prestó una gran traductora de literatura nórdica. Recuerdo que me tensé, pasados unos cuantos años,
repito y me tensó mucho más, qué ganas de sacudir a cada uno de los personajes,
veo confabulaciones, traiciones, manejos turbios y demás chanchullos políticos
por todas las páginas y aunque al protagonista no le va del todo mal, no deja
de trabajar como un esclavo, pero vamos por partes.
Knut Hamsun
(seudónimo de Knut Pedersen; Lomnel Gudbrandsdal, 1859 – Grimstad, 1952).
Seudónimo de Knut Pedersen. Novelista noruego. Ejerció las profesiones más
diversas: aprendiz de zapatero en Bodø, y luego, siempre en la Noruega
septentrional, carbonero, maestro de escuela, picapedrero, empleado comercial,
vendedor ambulante y escribiente de un puesto de policía. En 1882 emigró a
Estados Unidos y, a su vuelta, en 1888, publicó su primera novela, Hambre,
que le proporcionó una celebridad inmediata. Su admiración por la vida bucólica
y su rechazo a la gran ciudad lo llevarían a pasar grandes etapas de su vida en
una cómoda cabaña del bosque. Fruto de esta época son sus obras Pan y La
bendición de la tierra, por la que recibió en 1920 el Premio Nobel de
Literatura. En esta misma colección han aparecido Victoria y su
magnífica biografía Hamsun, Soñador y Conquistador.








Pendiente lo tengo desde hace demasiado tiempo
ResponderEliminarPues ya me dirás si te decides
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