Mi cuerpo genealógico

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Mi cuerpo genealógico. Cómo influye la historia familiar en nuestra salud, nuestro ADN y cómo recuperar la armonía interior de Élisabeth Horowitz

Sinopsis.

Insomnio, ansiedad, depresión, trastornos digestivos, cardíacos o respiratorios… Muchas de estas dolencias no nacen en nosotros, sino que son herencias invisibles que nos llegan desde nuestra historia familiar. A menudo se transmiten en silencio, como ecos de un trauma. Son fragmentos de la historia afectiva de nuestros padres, abuelos y antepasados; vivencias que, sin que lo sepamos, dejan una huella profunda en nuestra salud física y en nuestro equilibrio interior. A veces esos síntomas no aparecen por azar; surgen en fechas significativas o en edades que repiten los ciclos del árbol familiar, guiados por el pulso oculto de nuestro reloj genealógico.

Tras veinticinco años de investigación, Élisabeth Horowitz demuestra que los hechos íntimos y los secretos familiares atraviesan las generaciones y modelan nuestro cuerpo —y su metabolismo— desde el instante mismo de la concepción. Algunas configuraciones genealógicas, marcadas por repeticiones y semejanzas, pueden incluso modificar nuestro ADN.

Parece imposible y, sin embargo, ¿de dónde podrían surgir tales transformaciones si no del entramado familiar que nos sostiene? Esta revelación transforma por completo nuestra idea de la herencia.

Horowitz nos invita a explorar ese legado y a iniciar un camino de liberación: reconocer quién habita simbólicamente en nuestro cuerpo, detectar las heridas familiares que aún se manifiestan en nosotros y, con la ayuda de las herramientas concretas que ofrece este libro apasionante, recuperar la armonía y abrirnos a una sanación profunda.




Para redes sociales:

¿Es nuestro cuerpo solo nuestro o es el eco de quienes vinieron antes?

Acabo de terminar Mi cuerpo genealógico de Élisabeth Horowitz y me he quedado pensando en cuántas de nuestras dolencias —ese insomnio rebelde, la ansiedad o incluso problemas digestivos— no son más que "herencias invisibles". He devorado la lectura. 

La autora sostiene que el árbol familiar tiene un reloj oculto y que los secretos de nuestros antepasados se graban en nuestro ADN. Aunque el libro tiene puntos muy polémicos (especialmente sobre los secretos de familia y la adopción), me quedo con esta idea: aquello que no se resuelve, tiende a repetirse. Sanar no es solo cuidarse uno mismo, es también reconocer quién "habita" simbólicamente en nuestro cuerpo. Una lectura que te hace mirar tus raíces de una forma totalmente distinta. 📖🙌

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Impresiones

«Hoy sabemos que la memoria celular puede transmitirse de la madre al feto»

«Cuando la verdad permanece silenciosa, un malestar persiste…»

«Se sabe que, durante el embarazo los nutrientes presentes en la sangre de la madre alimentan al feto a través de la pared de la placenta. Pero también llegan a él hormonas y señales que reflejan las emociones que ella experimenta»

«Influye en el embarazo los factores socioeconómicos, epigenéticos…, no solo afectan en el peso al nacer, podrá sufrir hipertensión, diabetes o enfermedades cardiovasculares»

«Desde la perspectiva de la psique, el tiempo no sigue una línea recta…»

Niño o niña, el desapego (29). Hijo de reemplazo (34).

Repetir el nombre no es recomendable. «Porque a través del nombre, los padres proyectan sentimientos…»

«… tu madre pudo haber repetido, sin saberlo, aquello que conoció…», repetimos muchos patrones sin ser consciente de ello, incluso detalles que no nos gustaron de ellos, los podemos llegar a reproducir.

«… una madre encarna la vida misma, con todas sus posibilidades, con toda su abundancia»




«… aquello que no se resolvió en la infancia tiende a repetirse una y otra vez»

«Las adicciones, al final, son una forma de esconder la vulnerabilidad, de tapar la impotencia o la rabia»

Pág. 65, me acordé de Comerás flores, «En una hija, suele dar lugar al deseo de vincularse con un hombre más maduro, un protector, un salvador, que con el tiempo puede volverse posesivo o controlador. Justo lo que el padre no fue.», el duelo, una solución ilusoria que conviene evitar. La perdida, el duelo, hay que transitar por él sin quedar atrapado, no hay que compensar la pérdida, cuando no se compensa, pierde fuerza.

Hay muchos casos que si no los lees y lo haces por primera vez en una novela piensas: vaya sandeces, la realidad supera la ficción, se dice y es así. Leed, pág. 79, el caso de Chris Watls, es increíble, ¿sí o no?




«Cuando la abuela sufrió un aborto, el nieto puede venir a ocupar, de forma inconsciente el lugar del ausente…», he conocido alguna relación como esta, no me atrevo a ser tan contundente, pero lo apunté en su día. Puede que su estudio todavía no cuente con una base científica sólida, pero da que pensar, no todo lo sabemos, es más lo que no conocemos. Su interés se centra en las coincidencias, a mí tampoco me gustan y me sorprenden muchísimo, hay algo que no conocemos, algo que no sabemos a ciencia cierta, pero ella sentencia cosas que pongo en duda. Por ejemplo, pág. 128, no veo lógica lo que se le aconseja a una paciente, escribir anónimos y enviarlos aquí y allá, no lo veo y lo desaconsejo, ¿ayuda? Pág. 151, hay fragmentos que podrían ser si el causante los hubiese confesado, pero sin esa confesión, son solo interpretaciones de la autora. O. J. Simpson.

«… dos personas no pueden sostener una misma identidad sin generar sin generar consecuencias, no solo para ellas, sino también para su entorno familiar», cuando muere alguien llamar al niño que acaba por nacer como al abuelo, al padre…, cada vez que le nombremos, ¿a quién nombramos? ¿Qué proyectamos sobre esa criatura?

«El origen del abuso rara vez reside en la excitación sexual…»

«La historia familiar puede quedar marcada por tragedias…», el cuerpo somatiza el dolor, no me cabe ninguna duda. «Cuando más graves y numerosas son las agresiones al cuerpo, más intensas suelen ser las repercusiones», comprendo lo que intenta hacer la autora, buscar simbolismos, es controlar la realidad, esto sucede por esto y por aquello, lo que sucede que a veces me resulta muy forzada la relación, evidentemente que un padre muera destrozado en las vías den tren puede causar una enfermedad mental en la hija, pero que una madre adopte un segundo hijo, ¿puede afectar la infertilidad del hijo biológico? Pero sigamos con la lectura.

«La identidad, bien conocida en psicología, es el proceso mediante el cual una persona asimila un rasgo, una característica o un padecimiento de una figura significativa, en este caso, un miembro familiar».




«¿Es cierto todo lo que acaban de contarme?» Muy interesante lo de Jack Nicholson. Yo conocí en mis años de instituto un caso como el de él y me preguntaba ya entonces, ¿qué diría aquel niño cuando supiera que su hermana, era su verdadera madre? Pág. 175, aquí viene mi maravillosa discrepancia con la autora, que lejos de disgustarme, esto me enriquece, disfruto cuando compañeras y amigas tenemos puntos de vista diferentes, al lío, «A veces, una madre utiliza el secreto como una forma de poder absoluto sobre su hijo», suena duro y tajante, que una madre no le diga a su hijo quién es su verdadero padre no podemos verla como una manipulación o fuerza de poder, me da igual que sea el hijo el paciente, la pregunta que yo le formularía sería, ¿por qué no te lo ha contado tu madre? ¿Qué razones tuvo? ¿Por qué una madre prefiere guardar ese secreto? Para proteger su reputación, se podría decir, pero esto es demasiado simplista, ¿por qué lo hizo? Por presión social, si puede, pero voy con un ejemplo, sufrió una violación, se quedó embarazada, supo que estaba embarazada y no responsabilizo a su hijo ni quiso que él cargara con ese peso, ¿cambia la idea? Pudo violarla un desconocido, un amigo, un familiar..., ¿se protege a ella o a su hijo? Y ahora a la otra sandez, pero evidentemente, otro punto de vista, el padre adoptivo otro cruel sujeto que no le revela que él no es su verdadero padre, ¿por qué revelar lo que la madre no quiere confesar? Escribe la autora que un paciente le dijo: «… no sé quién es mi padre, podría acostarme con mi propia hermana», soy yo o esto me parece de un egoísmo aplastante y reduccionista, solo se reduce al sexo, ¿por qué te lo ocultaron? Es tan complicado comprender que no todo gira en torno a ti, que tu madre y tu padre adoptivo, que reconoces que te ha querido como nadie, tienen heridas abierta que quizás sigan sangrando. Chanclazo. Pág. 189, sentencia demasiado y no me mola, «Oculta a un niño la identidad de su verdadero padre supone infligirle una herida profunda, capaz de desorganizar su vida entera».




Pág. 180, evidentemente, una línea de reflexión como la que tiene la autora será bastante interesante conocer su opinión sobre las adopciones de niños de cualquier país diferente al de los adoptantes, sin desperdicio, pero hay muchas personas que piensan así. «¿Es realmente posible apropiarse de forma definitiva y sin consecuencias, del hijo de otra familia?», evidentemente, NO, pero no en el tono que lo dice ella, llegarán las preguntas, llegará la búsqueda de esas raíces…, pero nadie se APROPIA. Sobre esto de la adopción ojito que vienen curvas, ¿por qué Patrick Swayze no tuvo hijos biológicos? Porque su madre adoptó a Bimba cuando él era un adolescente, toma ya, ¿no pudo ser que la madre sufriera en el parto de su hijo, no sé él qué y se quedara estéril, no pudo ser que el milagro de su primer hijo no se repitiera y ella quisiera ser madre más veces, no pudo ser que fuera algo genético que heredó Patrick y fuera estéril? Y sentencia la autora, «La adopción es, por tanto, una decisión de alto riesgo…».

Mis impresiones se están alargando demasiado, pero leed, pág. 183 «… violencia psíquica inaudita», ¿violencia?

Pág. 187, toda persona que guarda un secreto…, somatiza…, más o menos eso viene a decir, vuelvo a lo mismo, es interesante su hilo, conjetura, pensamientos o creencias, pero discrepo y como no está demostrado, discrepo.

 

Conclusión:

En su obra Mi cuerpo genealógico, la psicoterapeuta Élisabeth Horowitz plantea una premisa fascinante: nuestro cuerpo no es solo un organismo biológico individual, sino un mapa de nuestra historia familiar. Tras veinticinco años de investigación en psicogenealogía, Horowitz sostiene que dolencias como el insomnio, la ansiedad o trastornos digestivos son a menudo "ecos de un trauma" que no nos pertenece, sino que ha sido transmitido de generación en generación.

El peso de la herencia invisible

La autora defiende que los sucesos íntimos y los secretos familiares modelan nuestro metabolismo desde la concepción. A través de la epigenética, explica cómo factores socioeconómicos y emocionales vividos por la madre durante el embarazo —señales hormonales que reflejan su estado psíquico— influyen en la salud futura del feto, pudiendo derivar en hipertensión o diabetes.

Uno de los conceptos más potentes del libro es el reloj genealógico: la idea de que los síntomas no aparecen al azar, sino que suelen manifestarse en fechas significativas o edades que replican ciclos de los antepasados. Horowitz explora figuras como el "hijo de reemplazo" o las consecuencias de repetir nombres en la familia, sugiriendo que estas proyecciones impiden que el individuo desarrolle una identidad propia.

Luces y sombras de la interpretación transgeneracional. A pesar de la riqueza de sus reflexiones sobre la memoria celular y la importancia de transitar los duelos sin buscar soluciones ilusorias —como el deseo de una hija de buscar un "salvador" que compense la ausencia paterna—, el texto suscita discrepancias profundas cuando la autora se adentra en el terreno de las sentencias sin base científica sólida. Si bien es indiscutible que el cuerpo somatiza el dolor y que la identidad se construye asimilando rasgos de figuras significativas, Horowitz llega a conclusiones que pueden resultar forzadas o reduccionistas.

La interpretación de los secretos: La autora sostiene que ocultar la identidad de un progenitor es una forma de "poder absoluto" o manipulación. Sin embargo, cabe preguntarse por las razones de la madre: ¿Es manipulación o es protección ante traumas como una violación o la presión social? Reducir el silencio al egoísmo parece ignorar la complejidad de las heridas que aún sangran.

La visión sobre la adopción: Horowitz llega a calificar la adopción como una "decisión de alto riesgo", sugiriendo incluso que la adopción de un hermano pudo influir en la infertilidad biológica de figuras como Patrick Swayze. Esta visión resulta, para muchos, una forma de "violencia psíquica" que estigmatiza un acto de amor y construcción familiar.

La validez de las soluciones: Recomendaciones como el envío de anónimos (pág. 128) para liberar tensiones familiares resultan cuestionables y éticamente dudosas.

Una herramienta para pensar, no un dogma. Mi cuerpo genealógico es, sin duda, un libro que enriquece el debate. Aunque muchas de sus interpretaciones sobre casos famosos (como Jack Nicholson u O.J. Simpson) puedan parecer más cercanas a la ficción que a la ciencia, su valor reside en la invitación a detectar las heridas familiares. Como lectores, el reto es tomar las herramientas de Horowitz para recuperar la armonía interior sin aceptar ciegamente sus sentencias. La realidad, a menudo, supera la ficción, pero la búsqueda de simbolismos no debe anular la comprensión de las circunstancias humanas, a veces dolorosas e inexplicables, que llevan a nuestros antepasados a guardar silencio.

Nota final: Lo que no se resuelve en la infancia tiende a repetirse, y las adicciones pueden ser solo una máscara para la rabia o la impotencia. La clave reside en reconocer quién "habita" en nuestro cuerpo para, finalmente, permitirnos ser nosotros mismos.

¡Feliz lectura!

 

Élizabeth Horowitz, psicoterapeuta especializada en psicogenealogía y análisis transgeneracional, es la autora de diversas obras sobre el tema, entre los que cabe destacar Se libérer du destin familial, Les Fantônmes du passé, Les Nouveaux Secrets de famille y L’Action qui libère.

 

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