Tokio Redux
Traducción Ignacio Gómez Calvo
Edita Hoja de Lata
Sinopsis
El 5 de julio de 1949 la Ocupación tenía resaca. El Japón ocupado militarmente por los Estados Unidos se despierta de los festejos del Cuatro de Julio con una preocupante noticia: Sadanori Shimoyama, el presidente de la Empresa Nacional de Ferrocarriles, el hombre que adora los trenes, ha desaparecido. Sobre él pesan amenazas de muerte tras anunciar cien mil despidos. Shimoyama es pieza clave para que todo siga funcionando bajo la Ocupación, para que el país ame a sus nuevos amos, para que no estalle la tercera guerra mundial. El general Willoughby, mano derecha del comandante supremo MacArthur, su fascista favorito, encarga al detective Harry Sweeney que centre todos los recursos disponibles en encontrar a Shimoyama.En 1964, mientras el país prepara los Juegos Olímpicos, al expolicía Hideki Murota, le encargan averiguar qué ha sido de Roman Kuroda, escritor obsesionado con el misterio Shimoyama. Su editor le ha dado un cuantioso anticipo para que escriba el gran libro sobre el caso y el plazo del contrato está a punto de expirar.Y en el otoño de 1988, mientras el emperador Hirohito agoniza, Donald Reichenbach, el prestigioso traductor estadounidense afincado en Japón, recibe la visita de una joven compatriota. Viene a exigirle información sobre los lejanos días en los que el joven Reichenbach trabajaba para el contraespionaje americano en el país del sol naciente.Tokio Redux es la historia de tres hombres atrapados en la locura que envuelve el caso Shimoyama, una espectacular novela negra de corte clásico a la que David Peace ha dedicado diez años y que pone broche de oro a su Trilogía de Tokio.
Empezamos:
Lo digo en plural por si te has animado al ver mi publicación en las redes. Llevo poco, 15%, pero voy con detalles interesantes.
David Peace, lo primero que leo de él, la prosa como compulsión, ¡madre mía lo que repite! ¿ Qué valor tiene? Pues vamos allá.
"Se quito el reloj. Lo dejó caer al suelo. Desabrochó el imperdible que sujetaba la venda de la muñeca izquierda. Desenrolló la venda de la muñeca izquierda. Puso imperdible entre los grifos de la pila. Lanzó el pedazo de venda encima de la camisa tirada en el colchón. Desabrochó el imperdible...". No está escribiendo esa escena para “contarte” que un hombre se lava las heridas; está construyendo una experiencia de lectura donde el gesto se vuelve mecánico, casi ritual. Cada acción aparece descompuesta en microacciones: quitar, dejar, desabrochar, poner, desenrollar, lanzar, abrir, esperar, llenar, cerrar. El efecto no es informativo, es psicológico. El personaje parece incapaz de actuar de forma natural; todo está fragmentado, vigilado, repetido, como si incluso moverse exigiera un esfuerzo excesivo. Eso suele ocurrir en personajes traumatizados, obsesivos o vaciados emocionalmente.
Otra técnico muy importante: la anadiplosis, cuando una palabra final reaparece al inicio de la frase siguiente (“la lluvia en la ventana otra vez, el ruido de la lluvia en la noche otra vez”). Ese encadenamiento genera sensación de bucle mental. No avanzamos; giramos. Peace lo usa para que la narración respire como una mente atrapada. La escena entonces deja de ser “se cura unas heridas” y pasa a ser “un hombre encerrado en sí mismo intenta recomponerse”. ¿Se hace pesado? Sí, porque esta escritura va contra la economía narrativa clásica, mi lema es, ahorra en palabras 🤣🤣🤣Un narrador convencional, arriba, diría: “se quitó las vendas, limpió los cristales y se lavó las heridas”. Peace tarda veinte líneas porque quiere que sientas el peso del tiempo, la repetición y el cansancio. Así que, leed sin prisa que no es un maratón.
Las repeticiones de “sí, señor”, ¿la cultura japonesa es servicial? O, aquí, más bien refleja, jerarquía extrema bajo ocupación militar, sumisión institucional tras la derrota, lenguaje como mecanismo de obediencia. Personas que ya no hablan libremente, sino dentro de una cadena de mando.
“Estadounidenses que juegan a póker en un rincón, estadounidenses que juegan a tenis de mesa en otro, estadounidenses que cantaban Roll…”. Esta insistencia convierte la presencia americana en algo, omnipresente, invasivo, monocorde, imposible de ignorar... No dice simplemente “había muchos americanos”; te hace sentir que todo el espacio mental está ocupado por ellos. Muy, muy bueno este autor.
Os entiendo, puede ocurrir una de dos, entras en el ritmo hipnótico y la repetición deja de molestarte. O, te expulsa y cada tic estilístico pesa más, 🤣🤣🤣, yo por ahora me sujeto a su historia. Esta repetición coincide con Harry Sweeney, así que, el autor da importancia al estado emocional de él.
Me acabo de enterar, por uno de vosotros, que es la tercera parte, da igual, no parece relevante, quizás para saber la trayectoria de Harry eso me sucede por no leer Sinopsis, pero por ahora no me supone un escollo infranqueable.
"¡El brutal asesinato de ese hombre inocente demuestra a todo Japón y al mundo entero que el nihilismo y el terrorismo comunista no conocen la piedad, que no se detendrán ante nada para provocar su violenta revolución!"
Hay pinceladas muy interesantes sobre la diferencia cultural. Occidente (Individualismo): Se valora la autenticidad, la independencia y el destacar. El éxito se mide por los logros personales. "Pienso, luego existo". Japón (Colectivismo): Se valora la armonía (Wa), la interdependencia y la discreción. El éxito se mide por la contribución al bienestar del grupo. "Existo porque pertenezco".
"Pues entonces ha echado a perder un par de zapatos nuevos, detectives, porque por mucho que diga que ha estado haciendo su trabajo...", me gusta la escena de Harry Sweeney y el detective Hattori. También que el chofer espere durante horas, sin razonar si era o no normal, no me parece, curioso que en la cafetería no sepan, pero hablen a los medios. No sé si estas escenas, la Harry Sweeney y el detective Hattori, sean el choque cultural en estado puro: el individualismo rudo y cínico frente a la impasibilidad del deber japonés. Para una mente occidental, que un chófer espere horas sin cuestionar si es "normal" parece absurdo o sospechoso. Sin embargo, en el Japón más tradicional, eso es el Giri (deber) llevado al extremo. La lógica japonesa: "Mi función es esperar. Cuestionar el tiempo de espera es cuestionar la autoridad de mi superior, lo cual rompe la armonía (Wa)". Esa "obediencia" es el escondite perfecto 😂😂😂. ¿Es lealtad sistémica o complicidad silenciosa?
La historia avanza muy despacio. El diálogo no busca siempre avanzar la trama, sino establecer la jerarquía y el ambiente, pero como lo hace tantas veces, me desespera. Se pierde mucho tiempo en formalismos y rodeos, pero lo entiendo, en la cultura japonesa, lo que no se dice, o no se llega a decir, es a veces más importante que las palabras.
Dato curioso que se estudia en psicología: En Occidente,
si hay un silencio en una reunión de negocios de más de 5 segundos, nos ponemos
nerviosos. En Japón, un silencio de 30 segundos es señal de que se está
procesando la información con respeto. Esa lentitud que percibimos puede ser un
intento del autor por desesperar al lector occidental, poniéndonos en los
zapatos de Sweeney.
No voy a desmenuzaros la escena del entierro de Sadanori Shimoyama, despacito, despacito, despacito... Todos afligidos, familia desconsolada oculta tras las flores y el retrato. Dolientes. Trasmite una lentitud desquiciante y una sensación de masa, de grupo compacto, todos sufren, todos dolientes, todos lloran... El entierro japonés como un acto de reafirmación del grupo, más que como una despedida individual. La lentitud desquiciante, es una autor impresionante, te mete de lleno en la escena, me agobia, es el peso de la tradición, lenta, pesada y uniforme. entiendo que en el contexto de la muerte de Sadanori Shimoyama, esa escena es doblemente cargada. No es solo un funeral; es el funeral de un símbolo del Estado en un momento de caos absoluto.
¿Por qué esa lentitud os desquicia?, veo que es la pregunta más frecuente que me hacéis los que la estáis leyendo y los que la habéis leído. Creo, por dar mi opinión, que nuestra cultura occidental está obsesionada con la resolución y rapidez. Queremos que el muerto sea enterrado para poder pasar al siguiente capítulo, para encontrar al culpable. En cambio, esa lentitud japonesa en la narrativa el autor viene a subrayar que, en aquel entierro, en todo aquel crimen, el individuo no fue relevante. Esa sensación de que "todos son uno" en el entierro hace que cualquier disonancia, como un detective que hace preguntas incómodas o un testigo que miente, resalte.
La escena del ascensor me gusta sobremanera, en Japón el número cuatro no da buena suerte, aquí sería el trece, "Tienes la lengua muy larga y mala actitud. Yo no tengo la culpa de que a tu país lo aplastaran, ni tengo la culpa de que trabajes en este ascensor. No es culpa mía, ni tampoco tuya".
Me fijo en escenas que socialmente me llaman la atención, me sucede en la
vida real, a veces es incómodo, siempre tengo que encontrar sentido a las cosas,
muy humano por otra parte. Esta escena refleja la herida abierta del Japón de
la posguerra. Es un momento de gran honestidad, molesta, porque rompe la regla
de oro japonesa: nadie dice la verdad incómoda en voz alta, ¿lo sabíais? Y el ascensorista
debe ser invisible, como el chofer. Lo que mencionas sobre el número cuatro es
el detalle perfecto para ambientar esa tensión. En japonés, una de las lecturas
del número cuatro es "shi", que suena exactamente igual que la
palabra "muerte" (死). Que la escena ocurra en un espacio cerrado,
asfixiante, y marcado por el número de la muerte, convierte al ascensor en un ataúd
donde dos mundos chocan.
Ojito, Harry no está siendo bueno quitando culpa al joven, dice, “no es
culpa tuya”, culpa no es lo mismo que honor, por supuesto, pero si hubiese
querido reconformar al joven hubiese dicho, algo sobre el honor o el
sacrificio. Lo sé, busca liberarle, pero que en el contexto japonés puede
resultar casi insultante. "No tengo la culpa de que a tu país lo
aplastaran". Aportación de Guillermo, historiador: «EEUU trajo consigo la
idea de que la historia es una serie de hechos y que la culpa es individual.
Para el japonés, la derrota no fue solo militar, fue una vergüenza colectiva
que manchó su identidad».
Voy con esta otra frase: "Ni tengo la culpa de que trabajes aquí".
Harry le está diciendo: "Tú eres dueño de tu destino". Pero para el
japonés de 1949, atrapado en una jerarquía rígida y un país en ruinas, el
destino no se elige; se acepta. En la mentalidad colectiva, si algo sale mal, todos
tienen una parte de la culpa. Al decir que nadie la tiene, el protagonista está
borrando la conexión moral entre ellos. Está diciendo que son dos extraños
flotando en el vacío, sin hilos que los unan. Para un occidental, eso es
libertad; para un japonés de esa época, es estar solo en el universo. Lo que da
de sí una sola frase.
David Peace nació en 1967 en Ossett, en el condado de Yorkshire. Estudió en la Politécnica de Mánchester y en 1991 se trasladó a Estambul para ejercer de profesor de inglés, oficio que continuaría ejerciendo en Tokio de 1994 a 2009. Durante sus años de formación, vivió de cerca los crímenes del Destripador de Yorkshire, que sirvieron de inspiración a su primer ciclo de cuatro novelas, titulado genéricamente "Red Riding" y compuesto por "1974" (1999), "1977" (2000), "1980" (2001) y "1983" (2002), todas ellas traducidas al castellano. En 2003, David Peace fue incluido en la lista de «los veinte mejores autores británicos» de la revista Granta. Su novela "GB84" (2005), ambientada en la huelga de mineros de 1984 en Gran Bretaña, ganó el prestigioso James Tait Black Memorial Prize. En 2006, publicó "Maldito United", que fue adaptada a la gran pantalla en 2009 con dirección de Tom Hooper y con Michael Sheen en el papel de Brian Clough. La traducción fue publicada por Contra en 2015 y cuenta ya con varias ediciones. En 2007, inició una trilogía ambientada en Tokio poco después de la Segunda Guerra Mundial —"Tokio, año cero", "Ciudad ocupada" y "Tokio Redux", las tres publicadas en castellano—. En 2013 publicó "Red or Dead", que relata el periplo como entrenador de Bill Shankly en el Liverpool FC desde 1959 hasta su inesperada dimisión en 1974, y en 2018, "Paciente X", novela inspirada en las narraciones, ensayos y cartas del escritor nipón Ryūnosuke Akutagawa. "Munichs" es su última novela hasta la fecha. Peace vive en Tokio con su mujer y dos hijos.







Comentarios
Publicar un comentario