Un bosque de álamos en Idaho

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Un bosque de álamos en Idaho de Elena Moreno Scheredre

Edita HarperCollins





Sinopsis de UN BOSQUE DE ÁLAMOS EN IDAHO


Elena Moreno Scheredre regresa con una gran novela sobre la emigración vasca a América. Un conmovedor e inolvidable relato sobre la nostalgia, el valor y el amor contra todo pronóstico.

Domingo Arsuaga, marinero en Lekeitio, emigra, sin palabras que pronunciar, al oeste americano que le convertirá en pastor. Pero la soledad y el aislamiento no son buenos compañeros. Aconsejado por un amigo, pide una mujer para casarse que proceda de su tierra. Valentina Alzola, una joven cocinera que sueña con un hogar propio, acepta cruzar los mares, sabiendo que las cartas que ha recibido no han sido escritas por su pastor. Con un arcón en el que guarda las sábanas remendadas de la princesa Zita de Borbón, embarca rumbo a Nueva York con el corazón esperanzado y el miedo a

encontrar al hombre que le ha jurado amor eterno. No sabe nada de América, ni se atreve a imaginar lo que le aguarda.

Miles de vascos viajaron procedentes de la costa vizcaína hasta el oeste americano desde mediados del xix hasta bien entrado el siglo xx. Huían de la pobreza, la guerra, la falta de oportunidades. Casi todos prosperaron trabajando, ellos como pastores de ovejas y ellas, las mujeres, olvidadas por la historia, regentando hostales, cuidando de la comunidad y siendo el vehículo de transmisión de la cultura, las raíces y el amor a la tierra. La historia levanta el acta de los hechos, pero la literatura nos hace sentir las emociones de los que las vivieron.





Notas:

No leo mucha novela romántica, muy pocas personas me entienden cuando digo que me tensionó más que con los thrillers más truculentos. A veces me pregunto si se debe a que durante cuatro largos años estuve escuchando las peores historias personales que empezaban con la misma frase, chica conoce chico, chica se enamora de chico…

Llevo la mitad del libro, descubrimiento, la migración de los vascos, siempre se habla de los gallegos o la de los cántabros, no sabía, por eso leer y que te descubran, es una maravilla.

«Hace más de dos años que la cocinera vive pata trabajar», esta frase la he apuntado por el vértigo que me ha producido, vive para trabajar.

A su hermana la robaron…, espero que no sea lo que me imagino, porque si es así…, ¡arderá Roma! (detalle, una estrella dibujada en el pie derecho)

«Ha percibido que el matrimonio permite al hombre tener un destino, algo por lo que luchar. Debe construir una casa pata cobijar a los hijos que vengan; necesita una mujer», para mí, aquí habla la soledad, un hombre solo no tiene un destino de vida, no tiene sentido, una mujer…, da igual cuál, si es bonita mejor, hacendosas y cariñosa, por supuesto, los hijos…, el futuro, la huella, porque las ovejas, esas montañas solitarias y los autóctonos de allí, no recordarán ni nombre ni apellido, es el vasco. «La soledad les empuja a entenderse», ojito esto es un arma de doble fijo, puede ser peligroso o salvador.

Orgullo y prejuicio, la novela del momento, sale mencionada en cientos de lecturas de este año.




La soledad, el gran tema de la novela, la solución para esa locura en la que muchos caen, una mujer y el matrimonio, «Cada vez que vuelve a la civilización se da cuenta que ha olvidado su propio aspecto», no se mira en el espejo que le proporcionaron, «El barbero sabe que sus clientes vuelven desorientados y les cuesta comunicarse». Conocí a un hombre que fure guarda forestal, E., se miraba en un espejo, y se aseaba, pero cuando volvía de meses aislado, le costaba entenderse con las personas, comprendía mejor a las aves, un experto, y la naturaleza en general, predecía el tiempo mejor que cualquier móvil…, hoy jubilado, vive en una casa aislado, se casó y adopto dos perros preciosos de tamaño considerable.

La madre de Valentina es de cuidado, pero la autora hace bien, si se va con Domingo sin mirar atrás, la tildaríamos de despiadada, «Tú naciste por casualidad. Yo no te quería…», ya puede hacer las maletas y salir por patas, los hijos no están obligados a cuidar de sus progenitores, si estos no tuvieron una miaja de respeto por ellos, ya no digo afecto. Valentina no solo huye de la pobreza, huye de la anulación afectiva. Repito, no hay obligación moral de cuidar a quien te ha negado la existencia; el viaje a América es su renacimiento.

Lo que más me está interesando de la novela es esa psicología del aislamiento y la construcción de la identidad en condiciones extremas. A través de Domingo y Valentina, no solo vemos una historia de amor, sino un estudio sobre cómo la soledad erosiona el sentido del "Yo" y cómo el ser humano, por puro instinto de supervivencia, necesita del contacto humano.

Cuando la autora menciona que Domingo "olvida su propio aspecto" y que el barbero detecta esa desorientación, habla de un fenómeno clínico real, lo mismo que sucede en los secuestros, en las cárceles..., donde el contacto humano es mínimo. El ser humano se despersonaliza. Como el guarda forestal E., el individuo se mimetiza con el entorno natural para no volverse loco, pero al hacerlo, pierde las herramientas sociales. El matrimonio aquí no es un ideal romántico, sino un anclaje a la cordura. El propósito (la casa, los hijos, la mujer) actúa como un sistema de organización mental. Sin ese "para qué", la inmensidad de Idaho devora al pastor vasco.

De lo que llevo hasta ahora, que es la mitad de la novela, Un bosque de álamos en Idaho trasciende la narrativa migratoria para adentrarse en la soledad y la búsqueda de sentido en el aislamiento absoluto. La historia de Domingo y Valentina ilustra cómo el ser humano necesita del vínculo social y afectivo no solo para prosperar, sino para mantener la integridad de su propia conciencia; mientras él representa la desarticulación del lenguaje y la identidad que produce el silencio prolongado de las montañas, ella encarna la resiliencia de quien se desprende de un entorno materno tóxico para construir una identidad propia desde cero. El matrimonio se presenta aquí como un contrato de supervivencia donde el "otro" actúa como el espejo necesario para no extraviarse en la locura, demostrando que la verdadera frontera que cruzaron los pastores vascos no fue solo el océano, sino el abismo entre la deshumanización del aislamiento y la reconexión a través del amor y el propósito compartido.




¿Por qué le raya tanto que no sepa leer o escribir? Muchos emigrantes que prosperaban económicamente, tener dinero no es sinónimo de cultura. Leer, escribir, conversar… eso es vínculo, entiendo a Valentina, no que se plantee dudas. Le preocupa quizá casarse con alguien con quien no pueda construir mundo interior compartido.

Me sorprende esta frase, "¿Me compra?", no se conocen, no se han visto, se casan por poderes, qué se imagina. Esa frase revela ¿qué ella no entiende el mercado matrimonial? ¿Hay ingenuidad romántica‽ o ¿Hay...‽ Ella piensa: "Él me compra como esposa, ama de casa, madre futura". Pero ella compra un hombre, compra estabilidad, salida de la miseria, horizonte, otra vida. ¿Es un intercambio desigual‽ Para mí no es una  “mujer víctima pasiva”. No. Valentina negocia con las pocas cartas que tiene. En realidad ambos se compran una fantasía. Él compra hogar, ternura, continuidad. Ella compra dignidad, escape, posibilidad de ser alguien.

Domingo adquiere la casa de Agustín Zarandona, esto me dejó con un nudo..., muebles comprados con ilusión, un futuro de pertenencia y raíces que se fueron a pique. Domingo compra ladrillos, pero también los restos de un sueño ajeno, me da mala vibra. 

📖 Selma Lagerlöf

Tengo ganas de que se encuentren Domingo y Valentina, él sigue en las montañas y ella en Nueva York...



ELENA MORENO SCHEREDRE. Aunque nací en Bilbao, me he pasado los días buscando la orilla del mar. Quizá por ello me fui a estudiar Periodismo a Barcelona y me quedé algunos años disfrutando de la luz mediterránea, hasta que volví a casa. Siempre sorteando mi destino de contadora de historias, de poner piel a las palabras trabajé en radio (medio que adoro), televisión, agencias de comunicación y prensa. Escribí relatos, cuentos para mis hijos e impartí cursos de escritura desvelando los secretos de mi felicidad a los futuros novelistas. En 2014 recibí el premio de literatura Aixe Getxo!, un galardón muy especial para mí. Getxo es mi lugar en el mundo. Sigo colaborando en el periódico El Correo, con mis columnas y crónicas de vida. He publicado: El salón de la embajada italiana (2010), Dondequiera que estés (2013), Devuélveme la luna (2018), La frontera lleva su nombre (2022)…


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