Una voz escondida

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Una voz escondida de Parinoush Sánchez

Traducción Carlos Mayor

Edita Alianza



Sinopsis 


Basándose en el caso real de un niño que no habló hasta cumplir los siete años, Parinoush Saniee aborda las aciagas secuelas de la insensibilidad y la ignorancia y toma el pulso a la sociedad de su país, Irán, con una historia en la que el silencio cobra la fuerza de un grito de protesta.

A Shahab le encanta mirar cómo brilla la luna en el cielo nocturno, silenciosa, como él, que nunca ha pronunciado una palabra. No se trata de una enfermedad, no es mudo, sencillamente ha decidido que el momento de hablar aún no ha llegado. Cómo es natural, todo el mundo lo considera un niño problemático, incluso menos espabilado que los demás chicos de su edad, y cuando la burla y la animadversión hacen acto de presencia, su padre, Naser, no encuentra ni el tiempo ni las ganas de defender a su hijo ni de entender su mutismo. Así pues, Shahab se encierra en un universo propio del que intentará rescatarlo su madre, Mariam, la única que cree en él, una mujer culta y educada que conoce de primera mano los daños que la incomprensión y la indiferencia pueden infligir a una persona.

Día tras día, Shahab irá descubriendo que a veces el camino que lleva al corazón de la gente es largo y tortuoso, pero que, a la postre, la verdad siempre encuentra una forma de quitarse la mordaza y hacer oír su voz.



Reseña


La novela de Parinoush Saniee no es solo la historia de un niño que decide no hablar, es una exploración profunda de cómo se construye —y se fractura— la identidad cuando el entorno falla. A través de Shahab, asistimos a un proceso silencioso pero devastador: el paso de un niño sensible y conectado a un mundo interno cada vez más aislado, donde el lenguaje deja de ser un puente para convertirse en un territorio peligroso. La autora retrata con precisión clínica cómo las etiquetas, la incoherencia adulta y la falta de validación emocional no solo hieren, sino que moldean la percepción que el niño tiene de sí mismo.

El silencio de Shahab no es ausencia, sino resistencia. Es una respuesta adaptativa a un entorno donde la palabra ha perdido su función protectora y se ha transformado en arma. En paralelo, la figura de Mariam encarna el desgaste de quienes sostienen sin ser sostenidos: una mujer que ve, comprende y ama, pero que también se quiebra bajo el peso de la renuncia y la invisibilidad. Frente a ella, Naser no es un villano, sino el resultado de una herencia emocional rígida donde el afecto no se nombra y el valor se mide en términos de éxito y apariencia.

La novela funciona así como un espejo incómodo: nos obliga a preguntarnos cuántas veces la incoherencia, el juicio o el silencio adulto han contribuido a que un niño dude de su propio criterio. Porque el verdadero punto de quiebre no es el mutismo, sino el momento en que el niño deja de confiar para adaptarse a un mundo que no logra comprender.

Una historia dura, profundamente humana, que nos recuerda que la identidad no se construye solo con lo que se dice, sino con lo que se valida, se escucha y se nombra. Magnífica. ⭐⭐⭐⭐⭐⭐

¡Feliz lectura!

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Nota. Recordad que puede ser spoiler. 




Empecemos...

"El día que descubrí que era tonto me volví especialmente sensible a esa palabra. Cuando me llamaban 'tonto' me ponía furioso, chillaba, rompía algo o pegaba a alguien, y siempre montaba una buena"

"No sabía que la gente pudiera reírse por otro motivo que no fuera estar contento. En fin, ¿qué iba a hacer, si era tonto?"

"No digas cosas como esas sin pensarlas. Mi hijo no es deficiente ni muchísimo menos,  que lo sé yo. A mí me habla con los ojos", esta grieta de la familia es lo peor y más triste.

"Algo hervía en mi interior: estallaba sin darme cuenta y, como la mayoría de las veces no podía hacerle nada a quien me insultaba, me daba por romper cosas, partirlos por la mitad, hacerlas añicos. No dependía de mí. No tenía más remedio que desfogarse de una forma u otra, sacar ese sentimiento nocivo; si no, habría acabado conmigo"

"Aquel fue mi primer acto vandálico. La venganza tenía un sabor dulce"

"No lo recuerdo bien pero me parece que fue aquella noche cuando descubrí la presencia de Asi y Babi, que desde siempre habían estado escondidos en un rincón. Les conté todas las cosas malas que habían pasado aquel día y me consolaron...", apoyo emocional, la soledad y el vacío no es buena en un niño de cuatro años que no comprende por qué le rechazan.

"No me quieren. No soy su hijo", repito las ideas que asaltan una y otra vez a Shahab porque es importante entender la fractura emocional que se está produciendo porque los adultos no saben gestionar las diferencias y la ignorancia, las viejas costumbres o detalles que iremos descubriendo, hacen que los niños sean sensibles al rechazo. 

"Si Husein dijo algo, fue por vuestro bien. No era nada malo. solo Insinuó que deberíais llevar al niño al médico", ¡ay, las suegras, qué divino tesoro! Y las cuñadas..., la familia política una bendición, que en lugar de mirar de puertas a dentro, prefieren señalar los defectos de los otros para que no se vean sus carencia, eso sí, en mascarado de buena voluntad. "Te habría ido mejor si te hubieras casado con tu prima, al menos hubiéramos sabido quién era. No te habrías visto obligado a dejarte la piel trabajando de esa forma", tarde o temprano la verdad asoma, suele ser en los momentos más complicados, aprovechando para hacer del árbol caído leña, eso sí, enmascarado con buenas intenciones y preocupación máxima. Pero nuestra madre, no calla ni debajo del agua, por eso no la tragan la familia política, "No te preocupes, yo nunca veo a nadie, no soy de las que se tiran una hora al teléfono para pasar informe a su suegra y a su cuñada", en todas las casa se cuecen habas, en la mía calderadas. 

"Que maravilla tener una madre que miente. Por eso la quiero tanto", y aquí viene el segundo error, encubrir las maldades por evitar daños mayores o enfrentarnos a nuestros mayores temores. 

"No sabía si debía castigarlo, si de verdad era retrasado, si habíamos cometido errores en su educación. Y, sin embargo, había dedicado toda mi vida a la familia, me había dejado la piel de la mañana a la noche como una sirvienta...", la madre de Shahab, una mujer con futuro, una mujer inteligente que lo dejó todo por amor y para formar una familia, ahora que las cosas se tuerce, se cuestiona cada decisión tomada, aquí es cuando se llega a la consulta del psicólogo, cuando por lo que has luchado se vuelve contra ti, cuando la renuncia no tiene compensación. "Era aquello lo que yo, la única hija de Ajmad Ali Jan, la de las mil pretensiones, esperaba de la vida? Yo, que quería demostrar que no tenía nada que envidiar a los hombres; yo, asqueada por la vida de mi madre, que tenía que servir sin descanso a un marido y a cinco hijos varones que no dejaban de gritar; yo, que había estudiado más que ninguno de mis hermanos, que en la oficina rendía más que los demás, algo que todo el mundo reconocía...¿Cómo había acabado por convertirme en una vulgar ama de casa?", aquí nos hace un perfil perfecto de cómo es la madre de Shahab, una mujer que lo da todo hasta la extenuación y busca el reconocimiento como sustento, pero ¿lo tiene en la familia? Es curioso, lo que aborrecía, esa madre servil, es lo que ella es, dice un dicho: el camino que tomamos para evitar nuestro destino nos lleva a él. Ella seguro pensó que nunca sería como su madre porque era inteligente, tenía estudios y todo el mundo le reconoció lo duro que trabajó en esa oficina.

"Esas palabras son poderosas por sí solas. si las dices bien y en el momento oportuno, pueden herir de muerte y ya no hay necesidad de recurrir a actos vandálicos. es como si los insultos se hubieran inventado para los pequeños y débiles",  cuanto podría decirse de una frase tan pequeña, los insultos en los discursos de algunas personas dice más de él mismo que de lo que habla, cuánta gente grita e insulta como si eso les cargara de razón. Y es cierto, por desgracia, el poder de las palabras, fijaos que es de lo que habla la novela constantemente, le llamaron Tonto, y desde que tomó conciencia de su significado, (porque somos nosotros los que damos el valor, no cojamos la pelota negra que tienden si nos nos interesa, gran enseñanza también), fijaos lo que ha sucedido, y otra cosa, ¿cómo habría cambiado la situación de la madre de Shahab con una palabra de apoyo y gratitud?




Primeras conclusiones psicológicas:

La palabra como arma y estigma.

Shahab se vuelve sensible a la palabra "tonto" solo cuando entiende su valor social. Es la Teoría del Etiquetado de Howard Becker, psicología social, si el mundo te define como deficiente, tu cerebro busca formas de sobrevivir a ese estigma, ya sea mediante la agresividad (actos vandálicos) o la creación de amigos imaginarios (Asi y Babi) para no morir de soledad.

El sacrificio de Mariam, madre de Shahab, su monólogo interior es el de tantas mujeres que, huyendo del destino de sus madres a través de la educación, acaban cayendo en la misma trampa de servidumbre. El psicólogo clínico ve aquí una depresión por agotamiento del rol. Ella es la única que "ve" a Shahab con los ojos porque ella también se siente invisible.

La "Venganza Dulce" y el Empoderamiento. Cuando Shahab descubre que las palabras pueden herir más que las piedras, empieza su verdadera maduración. El silencio deja de ser una debilidad para convertirse en una mordaza elegida. Él tiene el poder de no darles lo que quieren (su voz) hasta que ellos no le den lo que él necesita (respeto).




Estoy disfrutando muchísimo de esta lectura. Sigamos:  

Quiero aclarar lo de la voz infantil, por qué aquí sí y en Sociópata, no. Esa diferencia que percibo es el abismo que separa la integración emocional de la validación académica. En la novela de Saniee, la lucidez de la voz infantil no es una impostura, sino el resultado de una narrativa retrospectiva donde el protagonista, ya a salvo, actúa como ese paciente que tras años de proceso terapéutico por fin logra unir los puntos de su trauma y explicar su metamorfosis con una claridad conmovedora; es la verdad humana de quien ha habitado el silencio y ahora posee las palabras para darle sentido. En cambio, lo que te resultó chirriante en Sociópata fue el intento de la autora de vestir su testimonio personal con el uniforme de la autoridad científica, atribuyéndose logros de experta que no le corresponden y utilizando su experiencia clínica no para iluminar una historia, sino para proyectar una imagen de éxito profesional que se siente artificial. Mientras Shahab te ofrece la belleza de una conciencia que se recupera a sí misma, el otro texto intentaba venderte una superioridad técnica que desvirtuaba el valor del relato, recordándonos que la lucidez literaria es honestidad, mientras que la lucidez impostada es solo otra forma de control. Espero que sirva la aclaración. Sigo marcando frases e ideas.

Algo muy humano y que resuena en todas las familias y terapeas, "Siempre decía este o el crio, como si no tuviera nombre.¡Cuánto me molestaba que se refiriera a mí de aquella forma!", ¿os suena? O esta otra, "Janum, ven a recoger a tu hijo", no es un poco como decir, ese es hijo tuyo, no mío. Cuando son éxitos, se parece al padre, cuando son errores, la madre. Hasta las suegras meten cizaña. Cuando un padre utiliza demostrativos en lugar del nombre, está ejerciendo una anulación simbólica. El nombre es el primer anclaje de la identidad; al quitarlo, el padre deja de ver a un hijo para ver un "problema" o un "objeto". Esta desconexión es el caldo de cultivo del resentimiento: si no soy nadie para ti, no te debo respeto ni obediencia. ¿Por qué hace esto el padre? La atribución de rasgos según el éxito o el fracaso. Es un mecanismo de defensa parental para proteger el propio ego. Las suegras y la familia política actúan aquí como amplificadores de la invalidez emocional, Shahab no puede tener nuestra sangre, no es de los nuestros, es un retrasado, es un mudo..., esto viene del lado de la madre, qué no sabemos ni de dónde es, no como la famosa prima. Y convirtiendo una dificultad del desarrollo (el mutismo) en un campo de batalla de lealtades y reproches, que pone más difíciles las cosas. El niño, que lo absorbe todo, entiende que su valor es relativo a la satisfacción de los adultos. ¿Pero cuál es el detonante? 

El vestido de novia, la misma escena, diferentes interpretaciones, ¿cómo interpreta las lágrimas de su madre? "¡Cuánto la hacían llorar!" No ve su responsabilidad... Es un niño cuatro años, cinco casi, "Nos hemos quedado dormidos encima, ya está". Como nuestro protagonista a aprendido a calpara esa rabia con daño, y no puede pensar que la causa de esas lágrimas sean él, porque el no ha hecho nada malo, solo dormir, pero no puede vengarse de esas personas, proyecta su rabia en el vestido... ¿Y? "Dios mío... ¿Qué desastre es este? ¡Eres un desgraciado, hijo mío!". Su madre es su gran cable a tierra, si ella faltase, nuestro protagonista podría... ¿podría convertirse en un sociópata? No, es empático hasta la médula, tiene una gran capacidad de amar, pero sí podría construir altas fronteras para protegerse de esa gente cruel que le daña. Otro punto importante, cuando su madre revela a todo el mundo que ha dicho una palabra. Se ve sometido a un escrutinio que no le gusta, que le incomoda y las personas que le rodean no piensan en él. Lo explica como se lo hubiese explicado una terapeuta, "Mamá, mi único refugio y esperanza, me había traicionado. Había revelado un secreto que tenía que quedar entre nosotros". Para un niño con mutismo selectivo, su palabra es su tesoro más sagrado y su único espacio de poder, se la da a quién el quiere, no a quien se lo pide o exige. Cuando la madre lo revela, rompe la alianza. Su madre es el cable a tierra que todo el mundo necesita en la vida, y qué sucede cuando lo siente lejano, extraño o perdido, "... no tenía ganas de hacer nada y no conseguía dibujar más que garabatos furiosos y sin sentido. Cada día que pasaba me sentía más unido a mis amigos imaginarios". 

Esta novela de Parinoush Saniee es un manual clínico sobre el apego, la validación y la identidad en formación. ¿Por qué un niño bueno puede empezar a agrietarse hasta volverse irreconocible cuando su entorno falla? La primera señal, el cambio de conducta, de ese niños dulce y cariñoso, a un niño vengativo y furiosos. Los dibujos negros, emborronados y sin sentido, ¿realmente no tienen sentido? Cualquier expresión artística revela parte de nuestros inconsciente. Los "garabatos furiosos" son la expresión plástica de un mundo interno que se ha desordenado. Estos dibujos son la puerta a su interior, importantísimos, "En una ocasión, me encontró con una de aquellas hojas en la mano y me la arrebató y la rasgó con violencia. Entonces me di cuenta de que era algo que no tendría que haber visto", pues sí, y ese gesto de rasgas la hoja, otra señal. Cuando el cable a tierra (la madre) falla, el niño se desconecta de la realidad y se refugia en lo imaginario (Asi y Babi) porque allí, al menos, tiene el control. Sigamos, espero que os tenga tan enganchada como a mí.

Comienzan los paseos con su prima, la cual tiene interese más oscuros que ayudar a su pobre primo mudo, pero él dice, "Era como si me hubiera escapado de una jaula", su hogar no es un refugio. Fereshteh, la prima.   

Nos cuesta entender que el daño que nos infringen nuestros padres, muchas veces es inconsciente, el padre de Shahab no es un hombre afectuoso, Naser es un buen hombre, honrado, trabajador, no le falta nada a sus hijos, pero le faltaba algo, no sabía expresar amor, ¿cómo le educaron? Las demostraciones de afecto eran bobadas, el afecto se demuestra dando los necesario a la familia, no con abrazos, besos o palabras cálidas. Y si nos vamos remontando hacia atrás en el tiempo, observaríamos como así fue educado varón tras varón en esa familia. Si tu madre no es cariñosa, observa a tu abuela con ella, ¿qué ves? Naser lo quiere todo perfecto, no perdona los errores, ¿qué es su hijo? Un error. ¿Y el otro hijo? Pues tendrá la carga de cumplir todos los sueños del padre, que no es menos peligroso, educación estricta, cumplir con las expectativas de un padre exigente..., pueden llevar a la frustración y también a la agresividad, pero veremos por dónde va la autora. "Arash hacía todo lo posible por satisfacer sus deseos, hasta el punto que terminó convirtiéndose en un perfeccionista casi obsesivo", las comparaciones del padre entre hijos, "¡Ella es más pequeña, y mira cómo habla!", un craso error, esto aumenta la distancia entre Shahab y su padre, también, es evidente, el roce con sus hermanos, el enfrentamiento entre ellos, que puede durar y convertirse en un gran obstáculo para el entendimiento de hermanos. Presumir exageradamente de un hijo, "Pasado mañana, mi hijo participa en las Olimpiadas de Matemáticas", me sucedió algo muy parecido con la madre de un futbolista, pero eso es otra historia. Y dice esas voces que están en su cabeza, "Ese no es nuestro padre, sino el de Arash y Shadi". La madre es la voz de la sabiduría psicológica, lástima que el padre no la escuche más, "Para ti no tiene ninguna importancia que el chico acaba hundiéndose por el peso de esa responsabilidad", un ocho es poca nota. 

¿Pero dónde está el punto de detonación? ¿Cómo un niño dulce y normal, decide no hablar, decide ser invisible? Lo cuenta, cuando nació Shadi, su hermana, no se trata de príncipe destronado, que sí, pero hay algo más, ya, ya, no le cogió en brazos, sí, pero no. Los que somos padres de dos hijos sabemos que el segundo viene a alterar la paz, pero no de una forma tan grave, ¿qué sucedió? Sí, ese detalle, ese insignificante detalle, que no lo es. Le pisó. 

Concluyamos por hoy con breves apuntes. La dinámica familiar que describe Parinoush Saniee es un estudio de campo sobre el trauma relacional y la herencia transgeneracional de la rigidez afectiva. Shahab no habita un refugio, sino una jaula de expectativas donde el padre, Naser, encarna un modelo de masculinidad arcaica que confunde el proveer materialmente con el amar, perpetuando una cadena de frialdad donde el afecto se considera una debilidad y el hijo diferente es procesado como un "error". Esta presión se bifurca de forma destructiva:  Arash desarrolla un perfeccionismo obsesivo para validar su existencia ante un padre insaciable —cargando con la deuda emocional de los sueños frustrados del progenitor—, Shahab ignorado. El punto de detonación, ese "insignificante" pisotón tras el nacimiento de Shadi, actúa como el catalizador de una herida de abandono profunda; no es solo el dolor físico, sino la confirmación simbólica de que ha dejado de ser visto y protegido por el adulto, transformando su identidad a "invisible". Ante la ausencia de un vínculo de apego seguro con el padre y la sensación de que este pertenece solo a los hermanos exitosos, Shahab utiliza el silencio como un búnker para proteger su yo herido, demostrando que en las familias donde el éxito es la única moneda de cambio, el hijo que no puede o no quiere competir termina por desconectarse de la realidad para no ser destruido por ella.

Mañana más y mejor.

Una escena muy reveladora, "Malnacido, madrecafé", "Y, además, te mereces un bofetón por esas palabras que has dicho...", dijo Naser, sus primeras palabras silenciados con una regañina, y llega la confusión, seguida de la rabia, él se pasa el día diciendo "mamón" y "cabrón", cuando Shadi dice palabras malsonantes, se ríen, cuando la gente se insulta otros se ríen... El mundo de los adultos es incoherente para los niños sensibles y observadores. "El dolor por aquellos golpes, por el hecho de que fueran inmerecido, iba en aumento".

Lo que más me gusta de la novela es lo bien que refleja que habitando el mismo mundo, sufriendo las mismas situaciones, las interpretaciones de los adultos y los niños son muy diferentes. En el fondo, la novela funciona también como un espejo incómodo, si no entendemos del todo a Naser, es porque —afortunadamente— no hemos normalizado ese tipo de lógica. Pero al mismo tiempo, deja flotando la idea de que esa incoherencia no es excepcional, sino cotidiana.

Shadi, tres años y medio, Shahab..., ni lo presenta. Qué pronto volvió Naser a la normalidad, incluso peor, porque lo del restaurante o lo del parque es una gran metedura de pata. "No sabes lo que dices. En el trabajo ya no puedo levantar la cabeza. ¿A ti te parece que un jefe que le limpia la mierda de los pantalones a su hijo delante de sus subordinados sigue teniendo dignidad?". A través  de Naser, la autora,  añade otra capa, introduce el peso de la mirada social. Su reacción en el parque no nace del niño, sino del juicio de los otros adultos, de la vergüenza y la jerarquía. Ahí la novela es bastante incisiva: el padre no actúa tanto como padre, sino como alguien que teme perder estatus. Y eso, visto desde el niño, resulta aún más incomprensible. Es una escena profundamente reveladora porque no muestra solo un castigo, sino el desconcierto moral de un niño ante la incoherencia de los adultos. Descubre que las reglas no son estables, que dependen de quién habla y en qué contexto, y esa arbitrariedad transforma el dolor físico en algo más hondo, en una sensación de injusticia difícil de procesar. En el mismo mundo, bajo las mismas situaciones, adultos y niños no solo sienten distinto, sino que interpretan la realidad desde códigos irreconciliables.

En el momento en que el niño empieza a dudar de su propio criterio porque el mundo adulto no es fiable. Ahí ya no hablamos solo de educación, sino de construcción de identidad. Vemos que la grieta cada vez es mayor y el desentendimiento infranqueable. Psicosis. Bibi, que abuela tan peculiar y sabia, no va mal encaminada. "No me siento mejor. Quiero romper cosas de tu padre". "¿Así cómo? Ese Así no existe". Unos padres ariscos tienen hijos ariscos, los hijos recogen lo que los padres sembramos. La abuela sabe guardar secretos, no hay escrutinio ni juicio, el miedo se disipa. "No traicionaba mi confianza". "No le demostráis ni amor ni afecto".  

No voy a poner ni una palabra de la conversación de Bibi y su hija, leed con detenimiento, magistral. 

¿Tienen los números colores? Y por qué no, no tienen los sonidos, sinestesia, buscad. Y seguimos sin aprender, suma y sigue, la bicicleta..., "Testarudo y rencoroso", la familia política ha calado en Naser..., todo suma y todo resta.

Shahab ya tiene 8 años y qué cuenta Naser, está dolido porque tampoco su esfuerzo tiene recompensa. No os he hablado de Arash, os dejo su análisis a vosotros, no difiere mucho... 

La familia política y el qué dirán, la suegra y su honestidad, la obediencia ciega a la matriarca..., así les va...

Magnífica. 6⭐

"Cuando me decido a hablar en público, a expresar mi opinión, el corazón me late tan fuerte que o cambio de idea al instante o me tiembla tanto la voz que nadie logra entender lo que quiero decir. En el fondo, aún me considero tonto", voy a contaros, sobre esto, mi experiencia. Cuando intento hablar en público o expresar una opinión, mi cuerpo reacciona antes que mi pensamiento: el corazón se acelera, la voz vacila y aparece un impulso casi automático de retirarme o corregirme. No es falta de ideas, sino la huella persistente de una experiencia temprana en la que la palabra propia fue cuestionada o ridiculizada. Haber sido etiquetado de forma despectiva antes de comprender la dislexia dejó una marca que no pertenece al presente, pero que se activa en contextos de exposición, especialmente con personas desconocidas. Aunque crecí en un entorno afectuoso, esa memoria emocional sigue operando como un filtro que anticipa juicio y desvaloriza mi expresión, generando una inseguridad que no define mi capacidad, pero sí condiciona momentáneamente mi forma de estar y de decir. Abrí un canal de YouTube para demostrarme que podía, también salí de mi zona de confort, me apunté a un club de lectura, un desastre; luego fui a eventos literarios, me tildado de seca, lo más fino...


Parinoush Saniee (Teherán, 1949) es socióloga, psicóloga, y la escritora persa, prohibida en su país natal, más traducida y vendida del mundo. Su última novela es un homenaje, cargado de humanidad y de esperanza, al pueblo iraní.

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