Amberwell
Hi
Amberwell de D. E. Stevens
Traducción Concha Cordeñosos Sáenz de Miera
Edita Alba
En Amberwell, una casa familiar en Escocia en la que los Ayrton han vivido durante generaciones, es tradición que cada generación añada un toque recreativo a la propiedad. En el período de entreguerras, la actual señora Ayrton construye en el jardín una fuente con una estatua de una sirena que ha diseñado ella misma y para cuya inauguración da una gran fiesta. Este es el comienzo de una trama que se prolongará años, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, y en la que un nutrido elenco de cinco hermanastros y hermanas se enfrentará a todo tipo de complicaciones, grandes y pequeñas, desde matrimonios inesperados y no autorizados hasta terribles calamidades bélicas. Algunos miembros de la familia se caracterizan por la docilidad, pero otros por el entusiasmo o la rebelión. Amberwell (1956) es una novela coral, pero sobre todo es una novela sobre una casa y su historia, que D. E. Stevenson recrea con el sentimentalismo justo, un excelente manejo de un gran número de personajes, y el toque de humor imprescindible.
Empecé
Antes de empezar con Summerhills recordaré la primera parte. Y me voy directa a esa escena de la señora Ayrton y su marido, la decisión del estanque de nenúfares. Lo que a primera vista podría interpretarse como manipulación por parte de la señora Ayrton revela en realidad algo más profundo: una forma de influencia nacida de la falta de poder directo. En un entorno donde la decisión final pertenece al marido y la voz femenina es descartada, ella no impone, sino que sugiere, rodea, insinúa… hasta lograr que la idea parezca surgir de él. No es tanto una estrategia caprichosa como una adaptación inteligente a un sistema desigual; ojito, no es el origen, sino la consecuencia.
El marido ostenta el poder formal (decide, posee, valida o invalida). La mujer no puede imponer su deseo, pero sí puede influir. Cuando una persona no tiene acceso al poder explícito, recurre al poder implícito. Esto no es exclusivo de las mujeres: lo hace cualquiera en posición subordinada (en una familia, en el trabajo, incluso en grupos sociales). El marido es tremendo, orgulloso, necesidad de originalidad y rechazo a la autoridad femenina. Así que, llamar manipulación a lo que hace la señora Ayrton es quedarse en la superficie. Lo que vemos en Amberwell es algo mucho más interesante: cómo, en un contexto donde la mujer no tiene poder directo, desarrolla una forma sutil de influencia. Una adaptación a un sistema en el que su voz, de otro modo, no sería escuchada. Y lo veremos en varias ocasiones, en diferentes escenas.
Cuando haré una Lectura en vivo de:
D. E. (Dorothy Emily) Stevenson nació en Edimburgo en 1892, hija de un ingeniero y constructor de faros, primo de Robert Luis Stevenson, y siempre vivió en Escocia. Fue educada en casa con institutrices y perteneció al equipo de golf femenino Scottish Ladies. En 1916 contrajo matrimonio con el comandante James Peploe. Después de la Primera Guerra Mundial, el matrimonio se instaló en Bearsden, cerca de Glasgow. Dorothy escribió su primer libro, Peter West, en 1923, al que siguió Mrs. Tim of the Regiment (1932), en el que daba cuenta de sus experiencias como esposa de un militar. En 1934 publicó El libro de la señorita Buncle (Rara Avis núm. 4), que tuvo un inmenso éxito, el cual se explicaba diciendo: «Escribo sobre personas que a todos nos gustaría conocer». A partir de entonces escribiría una novela al año, de las que vendería millones de ejemplares en Gran Bretaña y Estados Unidos; entre ellas se encuentran las dos continuaciones de El libro de la señorita Buncle (El matrimonio de la señorita Buncle en 1936 –Rara Avis núm. 10– y Las dos señoras Abbott en 1943 –Rara Avis núm. 15–), An Empty World (1936), Music in the Hills (1950) y Gerald and Elizabeth (1969). La escritora escocesa Aline Templeton ha caracterizado así su obra: «Cuando a la señorita Prims de Oscar Wilde le preguntaron por la novela en tres tomos que había perdido, dijo: “Los buenos acababan bien y los malos, mal. Eso es ficción”, y tal vez el atractivo de las novelas de D. E. Stevenson consista en que, para alivio general, cumplen esa regla». Murió en Moffat en 1973.







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