Cómete el mundo y dime a qué sabe de Jessica Gómez
Hi
Sinopsis
¿Has visto a la absurda esa que
se pinta los morros para ir a comprar chorizos?
¿Y qué me dices de la que calza
unos tacones imposibles para ir a trabajar al bar de la esquina?
¿Y la niña del tercero? ¿Todo el
día mirándose al espejo, como si fuera una diva?
¿Y la de las tetas enormes, que
anda por ahí sin sujetador?
Ya, ya. Qué me vas a contar. Qué ridículo todo, ¿eh?
Pues no.
Porque ¿y si te dijera que todas
esas cosas tan «absurdas», tan «típicamente femeninas», tienen mucho que
contar?
En este edificio inventado viven
veinte mujeres reales y tengo para ti veinte historias que no conoces, pero que
te sonarán tan familiares que puede que hasta te asustes un poco. Quién sabe:
tal vez alguna de estas historias sea la tuya, porque yo me las sé todas.
¿Y que por qué me las sé todas?
Cariño, porque yo también soy un
cliché andante.
Yo soy la portera.
Opinión
Yo os aconsejaría no leer nada de
esta obra y adentraros en su lectura a ciegas, desgranar cada impresión y sacar
conclusiones. Os diré que mi abuela se pintaba los labios de un rojo intenso y
las uñas con una laca de color rojo que amarilleó sus uñas, que mi madre tiene
una caja de galletas repletas de hilos y que mi cepillo de dientes eléctrico viaja
por los rincones de la casa solo.
Por
no repetirme, ya que os hablé en mi vídeo de esta obra y los dos segundos que
empleamos para hacernos una imagen de alguien y obrar en consecuencia, ahora
una pregunta. ¿Los juicios que hacemos son malos? Categóricamente NO, pero
desarrollaré la respuesta.
Necesitamos
en pocos segundos determinar si una persona o situación es peligrosa, nuestro cerebro
siempre está alerta, un mecanismo de defensa maravilloso. Cuando un vecino nuevo llega a la comunidad, tomando como
ejemplo nuestra historia de hoy, le observaremos con discreción, sacando la máxima
información posible y emitiremos un juicio sobre este. Si es buen padre o
madre, si la pareja se lleva bien, mal o regular, si él tiene pinta de quinqui
y ella de buscavidas y un largo etcétera. Esto lo hacemos porque el ser humano
se siente seguro si mantiene el control y un desconocido dentro de una
comunidad puede alterar el bienestar al que estamos acostumbrados. Estos juicios
siempre están sujetos a nuestras experiencias, principios y valores, y por
supuesto, emociones, somos una pura emoción andante. El “pero” está cuando
estos juicios los convertimos en sentencia, los cacareamos sin contrastar y
obramos en consecuencia con una fe ciega en nuestros poderes de clarividencia. A mí por ejemplo, me tachan de seria y borde, lo que soy es cauta. A vosotros ¿de qué os tachan?
Y
aquí entra en juego la lectura de esta novela, de una portera con un saber
estar increíble y una sensibilidad extrema.
Gracias
Pepa Locura de Libros por la recomendación.



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