La Babilonia, 1580 de Susana Martín Gijón
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Sinopsis
Año del Señor de 1580. Sevilla
vive su momento de máximo esplendor como capital del comercio entre el Nuevo y
el Viejo Mundo.
La Flota de Indias de Su Majestad está a punto de zarpar cuando la piel
arrancada del rostro de una mujer y su cabellera pelirroja aparecen ajustadas
como un disfraz macabro al mascarón de proa de la Soberbia, el buque de guerra
que abre el convoy. Próxima al barrio portuario del Arenal, en una zona cercada
por altos muros, se encuentra La Babilonia, el prostíbulo más cotizado de la Mancebía
y donde ejerce Damiana. A pocos metros de allí está el convento de las
carmelitas descalzas, donde vive en clausura sor Catalina. Ambas fueron amigas
en la infancia y se verán unidas de nuevo a fin de averiguar quién cometió tan
brutal asesinato y por qué. Para hacerlo pondrán en peligro sus propias vidas,
pero también el secreto mejor guardado de la Corona.
Opinión
«a caballo regalado no le mira ni si le queda algún
diente»
Una novela que se bebe, empiezas y te engancha, ya no quieres parar. Hay muchas curiosidades de la navegación, por ejemplo, ¿de dónde viene la expresión “vete al carajo”?; una descripción rigurosa de Sevilla en el sigloXVI, sociopolítica y económica, pero si me quedo con algo es con la historia de las mancebías.
La
importancia que tenía la prostitución en ese siglo, no solo a nivel económico,
también social, los hombres necesitaban desfogarse, triste pero cierto, un
puerto con miles de barcos, marineros que estaban durante meses en alta mar sin
ninguna compañía femenina, ¿qué hubiese sucedido sin esa mancebía? ¿Dónde
acudirían tantos marineros a desahogar esas energías? Pecaminoso pero necesario,
no lo digo yo, lo dicen los escritos de la época, parecen bestias y no hombres,
pero... La prostitución ilegal en el puerto, la reconocida legalmente pegada a
un convento, pared con pared, en determinados barrios y extramuros. La política
tolerante, las mancebías eran como una institución municipal con sus normas y restricciones,
se alquilaban las habitaciones, por cierto, se conocían como boticas,
interesante. Conoceremos al padre de León, que después investigué consiguió cerrar
las mancebías los domingos y los festivos, un personaje real, porque no sabes cuales con de ficción y cuales de carne y hueso, y eso dice mucho de la autora.
Se dice que
dentro de estos recintos se contabilizaban unas doscientas rameras, fuera hasta
tres mil, cifra escalofriante y quizá exagerada. Pero da igual la cantidad de
mujeres que se dedicaran a esta tarea, me niego a llamarla profesión, lo triste
de esta historia es que no tenían otro camino, simples objetos de usar y tirar.
Susana Martín no da puntada sin hilo, hilvana las vidas de cada mujer, nos
cuenta que si no trabajaban no cobraban, que no podían acumular deudas, que no
podían quedarse preñadas ni tener hijos…, que acaban el día exhaustas. Sobrecoge.
Muy, muy
recomendable.
PD: si decidís adentraros en su lectura, apuntad los diferentes nombres que reciben, os doy algunos de los que la escritora menciona: rabiza, ramera, furcia, puta, meretriz, buscona, tusona, pecatriz… ¿Cómo se llama a los hombres que acuden? Clientes.










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