María o los errores de la mujer de Mary Wollstonecarft

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#Maríaoloserroresdelamujer

#MaryWollstonecarft

Traducción #ManuelManzano

 

Sinopsis

 

María vive en un mundo injusto: el poder es para los hombres, el sometimiento para las mujeres. Harta de soportar la condena de un matrimonio desgraciado y humillante, decide marcharse de casa. El marido no se hace esperar: emprende una persecución virulenta contra ella y la hija del matrimonio. Las mujeres que se va encontrando en el camino de lucha y denuncia la ayudan con todo lo que pueden, solidarias, hasta que le embiste la firme mano de la ley. Esta obra es un alegato a la necesidad de ser amada, un grito a la solidaridad entre los desfavorecidos y una novela que trata el deseo femenino con una simpleza y naturalidad
impresionante para su época.

 


La radiografía de una mente encadenada


​Más allá de la denuncia social, el gran valor de esta novela inacabada de Mary Wollstonecraft reside en su brutal análisis psicológico de la opresión. La autora no se limita a describir las injusticias visibles, sino que disecciona cómo el sistema del siglo XVIII buscaba anular por completo la psique femenina.


​Por un lado, el libro nos sumerge en el horror de los manicomios colonizados por el interés económico, retratándolos como auténticas máquinas de deshumanización diseñadas para «torturar el alma». Lo perverso de este engranaje es cómo la sociedad patologizaba la inteligencia y el deseo de las mujeres. En una época donde pensar o cuestionar el matrimonio se consideraba un síntoma de locura, la reclusión en estas instituciones era el castigo directo para aquellas con una «imaginación ardiente». Al despojarlas de sus libros bajo el pretexto de proteger sus "mentes frágiles", las privaban de la única herramienta que les permitía entender la diferencia entre existir y vivir.


​Finalmente, la obra deja al descubierto una herida psicológica profunda y hereditaria: el miedo visceral a la maternidad y el trauma de «la infancia desprotegida». Al retratar a las hijas como una carga o un simple negocio económico, Wollstonecraft plasma una angustia existencial que, trágicamente, conectaría su propia vida con la de su hija, Mary Shelley. En definitiva, María o los errores de la mujer funciona como un dardo directo al lector; un retrato psicológico tan sobrecogedor como magnífico que, al quedar inacabado, nos invita a procesar y cerrar la historia desde nuestra propia perspectiva.

¡Feliz lectura! 


Opinión

 


Hay tres grandes focos relacionados, por supuesto. La novela que está inacabada es una denuncia sobre la situación de la mujer, la discriminación que sufría y el desamparo que padecía, sobrecoge cada relato, cada breve historias, patrón de la vida de muchas mujeres, sin importar la clase social, podemos pensar que las muchachas de clase alta tenían más posibilidades, María no tuvo ninguna. El segundo foco, que cubre las primeras páginas son los manicomios, yo creo que este es el tema que quería tratar. Era un negocio despreciable, donde se encerraba a cuerdos y locos, solo tenían que cerrar el trato y pagar el importe. «… torturaban el alma». En los manicomios se privaba a los seres humanos de su humanidad, encadenados como bestias, azotados y exhibidos como animales de zoo (tengo que buscar una lectura que trate sobre los manicomios).

                Leer novelas románticas, por ejemplo, ser una mujer inteligente, leer cualquier cosa era motivo para encerrar a una mujer, ¿por qué? Por el exceso de imaginación, las famosas expectativas hacían poner a los hombres en el punto de mira. Creo que la autora conocía más de un caso, señoritas de alta sociedad, ilustradas, que se platearon dudas sobre el matrimonio, la maternidad o las herencias, temas que trata ella a lo largo de su novela; fueron recluidas. Mujeres que vieron dilapidar su herencia en manos de sus hermanos necios, maridos, padrastros o tutores, eran molestas, se las ingresa en un manicomio. Razón, la lectura influenciaba sus frágiles mentes, querían que la ficción se pareciera a la realidad, locas de remate. ¿Qué me hace pensar que esa fue la razón? No tenía libros a su alcance, ¿por qué Henry Darnford tiene libros y ella no? Porque el tratamiento empezaba quitándole lo que le produjo el mal. Habla de la imaginación constantemente, hay una expresión que repite, «imaginación ardiente», leed despacio la página 40, «…pero si esto ensueños se acarician, como ocurre con demasiada frecuencia en las mujeres, cuando las experiencias deberían haberles enseñado en qué consiste la felicidad humana...», la experiencia diaria se lo debería haber enseñado, pero leen libro que abren la mente, que plantean otras posibilidades…, ellas no son felices, eso no es vivir, es existir.  Esa es la razón que encuentra su marido para encerrarla y hacer uso de la herencia. «He leído en las novelas los encantos de la seducción…».




                Y no podía cerrar sin mencionar el miedo, la gran obsesión de la autora y luego de su hija, la maternidad, el parto y la ausencia de una madre, «la desdicha de la infancia desprotegida», mal que bien un varón saldrá adelante, los padres ven en ellos un sucesor, en las hijas, un negocio económico, pero hasta que llega ese momento es una carga.

 

Hay mucho más en esta novela inacabada, aunque, al dejarla tan abierta me gusta más, cada lector que la cierre como desee.

 

Muy, muy recomendable la única novela de esta autora. Pienso que la dejó porque se dio cuenta que en la novela el mensaje quedaba distorsionado por la ficción, el mensaje debía de llegar como un dardo. Magnifica.

 





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Mary Wollstonecraft y la patologización del deseo: ¿Por qué pensar te convertía en «loca»?

Gemma entre lecturas · Jul 25, 2024

«Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho». La cita de Amos Bronson Alcott me acompaña hoy más que nunca al cerrar las páginas de una obra que, a pesar de estar inacabada, golpea con la fuerza de un dardo directo: María o los errores de la mujer, de Mary Wollstonecraft.

Se lee con la razón se sufre en las entrañas. La única novela de la célebre filósofa inglesa —madre de Mary Shelley— pertenece, a esas lecturas que no deja indiferente. Dejarla incompleta, lejos de restarle valor, la convierte en un espacio abierto donde cada lector debe poner su propio punto final. Y el panorama psicológico que dibuja es, como mínimo, sobrecogedor.

El manicomio como cárcel del alma

El primer gran foco que nos sacude al abrir la novela es el retrato de los manicomios del siglo XVIII. Lejos de ser centros de cuidado, Wollstonecraft los denuncia como un negocio despreciable, lugares donde se encerraba a cuerdos y locos por igual a cambio de un simple pago. Eran espacios diseñados para «torturar el alma» y despojar a los seres humanos de su humanidad, encadenándolos como bestias.

Pero ¿quiénes terminaban allí? María, nuestra protagonista, es el ejemplo perfecto de un patrón que sufrieron incontables mujeres de la época, sin importar su clase social. Si pensábamos que las jóvenes de alta sociedad tenían más escapatoria, la realidad nos demuestra que no tenían ninguna.

La «imaginación ardiente» o el delito de querer vivir

Lo fascinante —y terrorífico— desde un punto de vista psicológico es cómo el sistema patologizaba la lucidez femenina. ¿Ser una mujer inteligente? Locura. ¿Leer novelas románticas o cualquier tipo de literatura? Locura. ¿Plantearse dudas sobre el matrimonio, la maternidad o la gestión de las herencias? Locura de remate.

La sociedad diagnosticaba cualquier atisbo de disidencia como un «exceso de imaginación». Wollstonecraft repite una expresión que se clava en la mente: la «imaginación ardiente». El argumento de los hombres de la época (hermanos necios, maridos crueles o tutores codiciosos) era sibilino: la lectura influenciaba las frágiles mentes femeninas, haciéndolas desear que la ficción se pareciera a la realidad. Por eso, el "tratamiento" que sufre María empieza arrebatándole los libros. Le quitan lo que produce el mal. Al apagar sus lecturas, buscaban apagar su mente, forzándola a olvidar que existían otras posibilidades. Querían obligarla a existir en lugar de vivir, la excusa perfecta para que su marido pudiera dilapidar su herencia con total impunidad.

La herida hereditaria: El miedo a la maternidad

No se puede analizar esta obra sin tropezar con la gran obsesión psicológica que marcó tanto a la autora como a su propia hija: el miedo al parto y «la desdicha de la infancia desprotegida». Wollstonecraft plasma con crudeza la angustia existencial de la línea materna. Mientras que los varones eran vistos como sucesores, las hijas eran percibidas como una carga o, en el mejor de los casos, como un mero negocio económico. Esta falta de protección emocional y económica generaba un trauma profundo, una vulnerabilidad que la autora conocía de primera mano y que se volvió profética: moriría a los 38 años por complicaciones en el parto de Mary Shelley.

Un dardo que aún escuece

María o los errores de la mujer es un magnífico y descarnado alegato a la necesidad de ser amada, a la solidaridad entre los desfavorecidos y al deseo femenino tratado con una naturalidad asombrosa para su época.

Quizás Wollstonecraft la dejó inacabada porque sintió que la ficción distorsionaba el mensaje, que la realidad requería un dardo más directo. Sea como sea, la herida psicológica que retrata sigue abierta para que nosotros, los lectores, la cerremos.

Nos leemos en comentarios,  Gemma entre lecturas. 

PD

Otra editorial publica esta novela 




Autora

 

Escritora y filósofa inglesa, escribió novelas, cuentos, ensayos, tratados, un relato de viajes y un libro infantil. Como mujer delsiglo XVIII, fue capaz de establecerse como escritora profesional e independiente en Londres, algo inusual para la época. En su obra Vindicación de los derechos de la mujer (1792)
estableció las bases del feminismo liberal y la convirtió en una de las mujeres más populares de Europa. Se casó con el filósofo William Godwin, con el que tuvo una hija, Mary Shelley, autora de Frankenstein. Wollstonecraft murió a los treinta y ocho años de edad debido a complicaciones derivadas del nacimiento de su hija, dejando varios manuscritos inacabados.

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