Maïmaï, el caracol de Tarô de Aki Shimazaki

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#Maïmaï, el caracol de Tarô

#Akishimazaki

Ilustración #SandraRilova

Traducción #ÍñigoJáuregui

Edita #NórdicaLibros

 


Sinopsis

 

Maïmaï, el caracol de Tarô, es la esperada quinta parte de la pentalogía La sombra del cardo, una de las series más exitosas de la literatura japonesa de las últimas décadas. La repentina muerte de la atractiva Mitsuko Tsuji sorprende a todos, incluidos los clientes de su librería, Kitô. Cuando llegan visitantes para presentar sus últimos respetos, Tarô, el hijo sordomudo de Mitsuko, está preocupado por ciertos detalles de su historia familiar. Pero esto pierde importancia cuando llega a darle el pésame una joven que despierta en él una profunda inquietud, algo como un amor incipiente, algo como un recuerdo precioso.

«Es hora de decir alto y claro la felicidad que conlleva cada publicación de un nuevo libro de Aki Shimazaki […]. Sus enigmáticas novelas ocupan menos de doscientas páginas y se guardan fácilmente cerca del corazón». Télérama

 

Impresiones

 

Un final impactante para esta pentalogía, La sombra del cardo, que me enganchó desde las primeras páginas, la guinda de un pastel más que recomendable. Al principio dudaba, ¿se puede leer desordenada la historia?, en un primer momento dije sí, ahora no estoy tan segura, Maïmaï, sin ninguna duda NO, debe ser la última para que cierre el capítulo y empiece otro.

 

«… odiaba a la gente que suscitaba la piedad a propósito y abusaba de la ingenuidad de los demás…»

 

                Regresamos a Tarô, aquel niños sordomudo y mestizo hijo de Mitsuko Tsuji, ahora es un hombre, modelo y pintor. La muerte repentina de su madre conlleva algo más que cerrar una librería exitosa, es conocer a una mujer discreta. Sencillamente fabulosa la lectura, devorada en pocas horas. Ahora queda releer la obra completa y ver que detalles me perdí, y que nueva lectura me ofrece. 

No sigas leyendo, todo lo que viene a continuación es un SPOILER. 



 





                A partir de aquí, puede ser un SPOILER. Hilas raro, me dijo en una ocasión una Bookstagrammers, pero lo que explicas tiene cierta lógica, aunque no lo comparto; por lo tanto, si vas a leer la obra, ¡Parad!

 

                Vamos con las impresiones. Habrá tantas lecturas como lectores. Aki Shimazaki deja tantas reflexiones como receptores tengamos abiertos, desde la titulitis «Es como un permiso de conducir. Si no sabes dónde ir con eso, no es más que un papel», hasta recuperar el machismo como voz sutil pero fuerte en sus textos. Un punto interesante, que es la clave de la historia, para mí, «… me parece perverso darle un regalo con la prohibición de abrirlo» (64). No es la prohibición lo perverso, es privar a alguien de una explicación y esperar una confianza ciega, y esto último tiene, como todo en la vida, sus matices, y es el juego al que nos somete en esta última entrega la autora. ¿Hay que dar explicaciones? ¿Hay que descubrir los secretos cuando lo interesados no quieren? ¿Hay que romper los silencios de los que no desean hablar? ¿Hay que abrir el regalo sin saber lo que encierra? Tarô recibió el mayor regalo que una persona puede dar, la vida, hablo de Mitsuko, pero no puede mirar dentro.

                Empecemos con el juego. Tarô descubre que su madre fue una chica de alterne, la primera pregunta que nos asalta, ¿cambiará el concepto que tiene de su madre? Hay muchos hijos que al descubrir errores del pasado de sus padres les han juzgado y condenado sin tener en cuenta las razones que les empujaron. ¿Se acostó con los clientes?, se pregunta, ¿realmente le preocupa esto?, o, como nos ha dicho la autora, ¿está sometido a la presión social que se representa por Mina? El pensamiento de Tarô no se modifica, la abuela, Bâchan, nos enseña el otro camino, el de no ser una chica de alterne. «Mitsuko era inteligente. Pero yo era pobre y no hice suficientes esfuerzos para que ella pudiera estudiar». Mitsuko era inteligente, tenía una herramienta valiosa, pero qué posibilidades hubiese tenido él, sordomudo y mestizo si ella no se hubiese sacrificado lo suficiente. ¿Podemos juzgar? ¿Un hijo puede juzgar? Sigamos.

                Interesante esta valiosa reflexión que nos ofrece la autora a través de Mina, ¿el pasado de nuestra familia condiciona nuestro presente? ¿Tener más incapacitados o una mancha en el expediente, como una madre chica de alterne o una abuela presidiaria, nos define? Hanako Sato representa la otra cara de la moneda, «Fue un error, y ella cumplió su pena. Además, es una historia pasada…» (84). Para los muy críticos, para aquellos que culpen a los padres de su presente por los errores que cometieron estos en el pasado, Aki Shimazaki deja un personaje que carga con los errores de su hijo, señora U, cuántos padres no sufren diariamente por ello, aquí siempre veo cierta benevolencia con los hijos y un, «algo harían mal en la educación sus padres».

                Nada en esta autora es gratuito, cada hilo que abre puede parecer que enreda la madeja de pensamientos, pero no es lo que pretende, es una invitación a la reflexión del conjunto. Y llega el golpe de efecto final. Si hasta ese momento ser una chica de alterne te pareció una macha irreparable, un estigma para el pobre Tarô, algo insalvable, ahora habla.

                Y ¿ahora qué? Decide tú y tu conciencia como deseas que acabe esta historia. ¿Vas a juzgar de nuevo?

 

¡Feliz lectura!

 

 


 PD:

La sociedad japonesa vuelve a retratarse. Es machista, lo sabemos, un hombre tiene más posibilidades que una mujer, a pesar de la inteligencia de Mitsuko, sus posibilidades como mujer y pobre, muy escasas, se convirtió en chica de alterne, no tuvo que acostarse porque esa inteligencia la sirvió no solo para conseguir clientes, sino para abrir una librería reconocida. Pero qué nos dice de Tarô, que siendo hombre, no sabemos si es o no inteligente, sí que es bello, reflexivo y artista, pero por qué no tendrá oportunidades, porque es incapacitado y mestizo.

 

Autora

 

Novelista y traductora canadiense de origen japonés. Se mudó a Canadá en 1981, y ha vivido en
Vancouver y Toronto. Actualmente vive en Montreal, donde enseña japonés. Escribe y publica sus novelas en francés desde 1991.

Su segunda novela, Hamaguri, ganó el Premio Ringuet en 2000. Su cuarto libro, Wasurenagusa, recibió el Premio Literario Canadá-Japón en 2002, y su quinta obra, Hotaru, el Premio Gobernador General 2005 de ficción en lengua francesa. Sus libros han sido traducidos al inglés, japonés, alemán, húngaro y ruso.




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