El peón en el tablero
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El peón en el tablero de Irène Némirovsky
#Elpeóneneltablero
#IrèneNémirovsky
Traducción #JoséAntonioSorianoMarco
Edita #Salamandra
Sinopsis
Escrita en 1934 y ambientada en
un París inmerso en la desoladora crisis económica de aquella década, El
peón en el tablero es una pequeña obra maestra sobre el dinero, la
deshonra y el dolor de existir en la que Irène Némirovsky retrata con su
característica lucidez la desesperación de un hombre marcado por las adversas
circunstancias de la época.
Como muchas
personas de su generación, Christophe Bohun carece de ambiciones y esperanzas,
e incluso de nostalgia. Es un humilde trabajador de una empresa que su padre,
James Bohun, un antiguo magnate del acero y del petróleo, se vio obligado a
abandonar en manos de su socio tras un sonado fracaso financiero. Es el esposo
de Geneviève, irritantemente perfecta, el amante secreto de una prima que ha
estado enamorada de él desde la infancia y, también, el asalariado que
sacrifica su tiempo, su salud, su vida y su alma a cambio de un modesto sueldo.
No obstante, al morir su padre, Christophe encuentra en un cajón un sobre
lacrado dirigido a él y, en su interior, una lista con los nombres de
parlamentarios, periodistas y banqueros a los que el viejo Bohun había salvado
del desastre entregándoles grandes sumas poco antes de la Gran Guerra. ¿Podrá
este legado ardiente, esta arma que parece guiar a la redención a través del
chantaje, sacar a Christophe de su oscuro letargo?
Intensa y
vibrante, esta novela de inusitada modernidad es una nueva muestra del talento
narrativo de Irène Némirovsky y una valiente exploración del complejo vínculo
entre un padre sin escrúpulos y un hijo sin aspiraciones, un simple peón en el
tablero de la vida.
Impresiones
«La nueva generación ha
elevado la pereza en la categoría de religión»
Apuntada la frase que soltaré
cuando hablemos de las generaciones futuras y sus pocas ganas de pensar, está
claro que no vamos a descubrir la pólvora, aunque lo creamos, generación tras
generación vemos la falta de entusiasmo en la posterior. Una novela que
describe la decadencia de una familia «Un día que se va… Un día menos de
vida…».
Retrata las luces y las sombras del París de 1934, dicen algunos lectores, no lo sé, retrata de forma magistral a una familiar que no se comunica, «Es una pena que no tenga la suficiente confianza con él para pedirle que me cuente su vida». Christophe nos describe a su padre desde su mirada, distante y frío, nada violento, un hombre “hecho así mismo”, lo entrecomillo porque todos somos el resultado de nosotros mismo, pero a esta frase siempre se le otorga un tono de éxito personal, que ni el hijo, Christophe, y aún menos el nieto, Philippe, lograrán. Ese miedo que tenía a decepcionar a su padre, a no estar a la altura que el viejo James Bohun esperaba, le llevó a no crecer, a hacer lo ordenado sin más ambición, a no resistirse ni cambiar de rumbo una vez trazado, en unas pocas palabras, dejarse llevar, lo que le conduce a una insatisfacción monumental. La novela refleja una cierta apatía y resignación en Christophe, que puede verse como una crítica a una generación que se ha dejado llevar por las circunstancias sin luchar por sus sueños. Aceptar lo que la vida ofrece sin más, fuera responsabilidad y fuera compromiso. Importante, la figura del padre, la relación entre Christophe y él es uno de los ejes centrales de la novela. El padre siempre está presente e influye en la personalidad y las decisiones de Christophe, y cómo este último se ve atrapado en una dinámica de dependencia y sumisión. Por eso vemos ese desapego, no se aferra a las personas, en un momento de la lectura dice a su prima. «… no puedo ofrecerte más que esto… una noche, de tanto en tanto, cuando sienta deseo…», la puede amar más o menos que a su mujer, pero separarse de Geneviève es nadar contracorriente y se puede ahogar. Por eso le va mal, no es FELIZ, dejarse llevar es un arte y pocos logran vivir así, nuestro protagonista malvive. «… es la propia vida la que te guía en el manejo de los asuntos humanos…».
Y cuando se va dando cuenta, que el tiempo de
vivir se ha malgastado, reconocer que la culpa de tal desperdicio es suya, pesa
mucho, así que tira balones fuera «El chico tiene razón… ¡La culpa no es
nuestra, sino del dinero, instrumento de poder, del dinero, instrumento de odio
y dominación!», si continuaran siendo ricos, ¿pensarían igual? No supo reaccionar
a tiempo, no se interesó por los chanchullos del padre y de Beryl, no preguntó,
no indagó, y ahora, qué, es tarde. El problema de nuestro protagonista, es el
mismo que ve en su hijo, porque ve mejor la paja en el ojo ajeno, como decía,
el problema de este hombre, son dos cositas, no tiene practica para decidir,
siempre hizo lo que su padre le pidió, dos, no toma conciencia de lo que le rodea,
miedo o pereza, da igual. Se deja llevar porque no piensa, hasta que su padre
se muere. Cuando no reaccionamos a tiempo, por lo general, se hace por
impulsos. Tal hilo cuadra perfectamente con mi lectura, no dejes en manos del
azar tu vida, reacciona, para ello, uno, practica el ejercicio de tomar
decisiones y cargar con los resultados y dos, se consciente de lo que te rodea,
piensa.
La crítica social de esta novela
es lo que me seduce de ella y por la que la recomiendo. La novela no solo es un
retrato psicológico de un personaje. A través
de la historia de Christophe, Némirovsky reflexiona sobre el poder del dinero,
la corrupción y la alienación del individuo en una sociedad materialista.
¡Feliz lectura!
Autora
Irène Némirovsky nació en Kiev en 1903. Hija de un banquero judío ucraniano
y criada con amor por la cultura francesa, tenía dieciséis años cuando ella y
su familia se establecieron en París. Diez años más tarde, su novela
"David Golder" la llevó a la vanguardia de la escena literaria
francesa. La docena de libros y cuentos que escribió a lo largo de la década
siguiente le granjearon admiración y también provocaron controversia, por su
violenta lucidez y sus crueles descripciones de un mundo destinado a desaparecer.
La ocupación y las leyes antisemitas del régimen de Vichy pusieron fin a su
brillante carrera. A Irène se le prohibió publicar y se vio obligada a vender
sus escritos bajo un seudónimo a los periódicos que todavía la publicarían. Se
retiró al pueblo de Issy-l'Evêque, en Borgoña, con su marido, Michael Epstein,
y sus dos hijas, Denise y Élisabeth. Para ayudar a llenar el vacío creado por
el exilio, Irene inició un proyecto extraordinario. Ella contaría la historia
de la guerra tal como se desarrollaba en cinco volúmenes tomados directamente
de los acontecimientos actuales.
Nacieron dos novelas, escritas con su letra apretada en un cuaderno
encuadernado en cuero, “Tormenta en junio” (Tepête en juin) y “Dolce”, bajo el
título de serie “Suite française”. Ese precipitado período creativo se detuvo
cuando fue arrestada por la policía francesa el 13 de julio de 1942. Fue
enviada a Auschwitz y murió allí, se cree que, de tifus, un mes después.




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