A Oriente por el norte de Anne Morrow Lindbergh

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#AnneMorrowLindbergh

Traducción BlancaGago

Edita #NórdicaLibros

 

 


Sinopsis

 

En 1931, el coronel Charles y Anne Morrow Lindbergh emprendieron un vuelo a Oriente por la ruta del gran círculo, del que nació este maravilloso libro, donde Anne Morrow cuenta, con precisión y belleza, sus experiencias como radioperadora novata y copiloto. En su periplo conocerá a los orgullosos y tímidos inuits de la isla del Rey Guillermo o a los eufóricos tramperos rusos de Kamchatka, llegando hasta el fascinante Japón. Un clásico de la literatura de viajes. «Uno de los libros más bellos y conmovedores que se han escrito» Sinclair Lewis

 

 


Impresiones

 

He tirado de Google para ver el mapa de vuelo e imágenes de Anne Morrow y su marido Charles Lindbergh. Un testimonio que me ha abierto el deseo de conocer un poco más del aeroplano y la radio que usó, así que en breve os contaré dónde me lleva esta lectura, por ahora callo.

                Lo que esperaban era estudiar durante el viaje a Oriente una serie de rutas aéreas por el Ártico y las condiciones que acompañaban. Contaban con la dureza del viaje y conocían por los exploradores isabelinos las dificultades inesperadas que podían encontrarse, pero eso no les detuvo.

                Una ruta nueva, aires jamás recorridos y en condiciones que se ignoraban. He mencionado los exploradores que intentaron a pie esa misma ruta, una pregunta que le surgió a ella y no supe dar respuesta, ¿fueron ellos también exploradores? Con sinceridad, entre nosotros, esto es lo que menos relevancia tiene, que se les considere, o no, exploradores, para mí la pregunta que me hice durante la lectura, me hago, es ¿cómo se surca un cielo sin indicaciones?




                Es una lectura que se lee deprisa, lo sé, pero si os limitáis a la superficie os perderéis, lo que no dice, pero si se deja ver. La programación del viaje es fascinante, todo depende del peso y la supervivencia, programar las paradas, el repostaje, pero también los aterrizajes forzosos, la ropa de abrigo, las mantas, las comida, y el agua, sobre todo, el agua. Pero ojito, ojito con el límite de peso, ¿qué es más necesario y en que circunstancias puede salvar la vida? Complicado.

                Pero vamos a leer con detenimiento, ¿os parece un texto emotivo? Yo diría que está muy encorsetada a nivela emocional. Oculta sus emociones, se va de viaje, deja a su bebé, del cual hace cuatro menciones a lo largo del texto, por ejemplo, sin conocer mucho de ella, no diría que viaja con su marido y padre de su hijo, ¿por qué? ¿Es un texto científico? No, ella misma lo dice varias veces, no entiende, ¿por qué ese menosprecio a su labor y aportación en el viaje? «Ay, no, pensé, este no es un lugar para mí. ¿Cómo justificar mi existencia?». ¿Por qué ese constante descrédito? ¿Quién maneja la radio? Es radioperadora y copiloto.




                A lo largo del texto estas dos cositas llaman mi atención. La primera la ausencia de emoción, se distancia de la figura de su bebé, le menciona brevemente, el fragmento más significativo es cuando muestra su imagen, escribe, «Cuando nos despedimos, mi hijo me pareció más cercano…», ¿por qué aleja tanto su recuerdo? ¿Por qué en un diario tan íntimo no escribe más de él? ¿Por qué? No he leído más que esta obra de ella, pero ocultar las emociones puede ser un mecanismo de defensa ante el sufrimiento, bien por la ausencia del bebé o porque escribir sobre el dolor que siente ante la ausencia y el vacío de su hijo, terceras personas puedan ver en ella una debilidad y esa debilidad objeto de burla que perjudique la figura del héroe americano que fue el coronel Lindbergh. La segunda cosita que llama mi atención es ese constante menosprecio a su labor en el viaje, cierto que nada ayuda las entrevistas que quieren hacerle, «¡Ay, señora Lindbergh! Las mujeres de Estados Unidos arden en deseos de saber la ropa que se lleva», la segunda pregunta es mejor que la primera, ¿dónde colocó las tarteras? A quién no se les cae el alma a los pies con tales preguntas, mientras su marido, ella misma lo dice, responde las preguntas importantes, «Charles es el que responde todas las preguntas importantes sobre el viaje», interesante. A lo largo de la obra hay más frases como esta, donde su autoestima está por los suelos, no reconoce sus propios logros. «Después de todo no sea una mujer moderna. Lo cierto es que no tengo una respuesta moderna…», una mujer que emprende tal empresa, con tales riesgos, que deja a su bebé al cuidado de otros, ¿no es moderna? Esta idea la repite muchas veces de diferentes formas, así que algo picaba. Creo que era perfeccionista y autoexigente, más por su condición de mujer, por alguna razón que no alcanzo a entender, el ser mujer o demostrar esos rasgos femeninos, los rechazaba, para ella una mujer moderna sabía vestir a la última, ser el máximo exponente de femineidad y ella no lo era. Podría ser miedo a que la comparasen, fijaos en el detalle del examen de radioperador, aprobó, cuando no pensaba que lo lograra, pero inmediatamente antes de que podamos sentirnos orgullosa de ella, dice, Charles sacó mejor nota, ¿y?




                Reprime la nostalgia, normal, se asocia a la mujer más que al hombre, recordad el episodia de la caja de regalo, se le cuela la anécdota, Japón está íntimamente ligado a esa caja que le regalaron cuando era niña.

Cuando acabé brujuleé más de su vida, detalles que os dejó para cuando leáis la historia. Se casó con Charles Lindbergh en 1929. Era el hombre más famoso de Estados Unidos, quizás el más famoso del mundo por realizar un vuelo trasatlántico en solitario y sin escalas, el 20 de mayo de 1927. En 193o, Anne Morrow consiguió su licencia de piloto de primera clase para vuelos sin motor, la primera mujer en logarlo. Voló estando embarazada y aquí vine una cosa muy interesante que he leído, los gases del motor le daban nauseas, pero cuenta, «Eso mostraría que era una mujer débil», a que lo dicho arriba va cogiendo cuerpo. Cunado voló a Japón, batió un nuevo logro, os dejo que lo busquéis. Un hecho que llamó mi atención y me dejó devastada fue el secuestro y la muerte de su bebé de 20 meses. Aquí hay un cambio brusco en la pareja, con base, pero eso lo dejo para otra ocasión.

 

Esta obra la interpreto como una dualidad, por un lado, la exploración del viaje, de la geografía, de las costumbres y la evolución del comercio, que es fascinante, con momentos brutales, pero por otro, está la exploración interna de Anne, su lucha por encontrar su lugar como mujer en un mundo de hombres, un tema recurrente, ya lo veréis. Quiero que cuando leáis la obra valoréis los motivos de la autora para esa falta de emoción, esa represión, ¿por la ausencia del hijo, por la presión social o por ambas causas? No olvidéis el contexto de la época, este era un mundo de hombres, tuvo que lidiar con todas esas limitaciones, renunciando a parte de ella. Una mujer que rompió moldes.

 

¡Feliz lectura!

   

 

 


 

 

Autora

 

Anne Morrow Lindbergh (Englewood, 1906-Vermont, 2001). Nacida en Englewood, Nueva Jersey, en 1906, Anne Morrow se casó con el aviador Charles Lindbergh en 1929, dos años después de que este culminara el primer vuelo trasatlántico entre Europa y Estados Unidos sin escalas. Morrow escribió numerosos libros, entre ellos Regalo del mar o Listen! The Wind, así como cinco volúmenes de diarios y cartas, entre ellos Bring Me a Unicorn o Hour of Gold, Hour of Lead. Además de otras distinciones, recibió la medalla Hubbard de la National Geographic Society en reconocimiento a sus logros obtenidos en la exploración, el descubrimiento y la investigación.

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