Vampiros del papel
Hi
¡Qué delicia de librito! A
veces las antologías pequeñas son como cajas de bombones, no sé si decir dulces
o envenenados, tratándose de lo que se trata. Me gusta cómo la editorial ha conectado
con aquella noche en la Villa
Diodati; ese verano de 1816 es, sin duda, o fue el pistoletazo de salida de
la literatura de terror moderna. Polidori creó al aristócrata depredador, lejos
del monstruo folclórico y feo. Fue el primero en decirnos que el vampiro no
está en el cementerio, sino en el salón de baile, siendo el más guapo de la
fiesta. Nuestra doña Emilia Pardo Bazán aportando ese naturalismo incluso a lo
sobrenatural. Sus vampiros no siempre beben sangre; a veces beben la energía
vital, la juventud o la alegría de las mujeres. Qué maravilla encontrar a Rubén
Dario. Su terror es estético, decadente, lleno de esa melancolía que menciono
en mi blog, «No sabéis que he sufrido mucho». Es el dolor lo que pudre. Me
ha encantado Quiroga, y su lenguaje, no era cruel por maldad, sino por precisión.
Para él, la naturaleza y la mente humana eran fuerzas ciegas y brutales. Como os
cuento en donde me explayo sin miedo a parecer pedante o pesada, aquí, cuando usa
esos términos clínicos hoy obsoletos, lo hace con la frialdad de un cirujano
que opera sin anestesia. Un gran descubrimiento de autor, del que quiero mucho
más.
Impresiones:
Es un librito muy pequeño que reúne una serie de relatos que había leído por separado, son 144 páginas que he disfrutado. El primero el de John W. Polidori, médico sufrido del insoportable Byron del que hable en su biografía, gran biografía que os recomiendo encarecidamente y os dejo su reseña justo AQUÍ. Este librito recoge aquel relato de vampiros por el que su autoría se disputaron los dos anteriores mencionados y acabó en un trágico suicidio, ya sabéis de quién, El Vampiro.
La noche del 16 de junio de
1816 ha pasado a la historia de la literatura universal -al menos al imaginario
colectivo de los amantes de las casualidades propias de una buena ficción- como
aquella en la que, entre rayos y centellas, en la mejor de las fantasías
románticas, en la Villa Diodati se concitan todos los elementos de la
naturaleza para que unos genios pergeñen las primeras ideas y líneas de lo que
más tarde se ha venido en llamar literatura gótica. Además de El vampiro de
Polidori se recogen en este volumen las muestras iniciales escritas en español.
El segundo relato o cuento es de nuestra Emilia Pardo Bazán,
con el mismo título que el anterior, yo de ella leí, La cita y otros cuentos de terror, con unas ilustraciones bellísimas, os dejo el enlace AQUÍ.
De Rubén Darío he leído otro tipo de género, Thanatopia,
«No sabéis que he sufrido mucho, que sufro mucho, aun las amargas
torturas, a causa de vuestras risas…». Un autor que me gusta mucho.
Y un gran descubrimiento, me ha enganchado este autor,
Horacio Quiroga. Una sola palabra que describa al autor, pondría cruel, pero
con mis reservas, es un autor directo, no se anda por las ramas, una
observación, un lenguaje no se si definirlo puro o científico, cuando llama a
los pobres cuatro niños “idiotas”, no la hace despectivamente, históricamente,
el término se utilizaba en psicología para clasificar a personas con
discapacidades mentales profundas, CI 25, “imbécil” CI de 25-50, “debilidad
mental” CI 51-70… Hoy estos términos no solo están en desuso, sino que son
ofensivos. Hoy sería leve, moderada, grave y profundo, entre 20-70.
No haré análisis ni nada, ha
sido un descubrimiento de librito que lo recomiendo para los que no hayan leído
nada de estos autores tener un primer contacto.
¡Feliz lectura!
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