Amada Carlota
Amada Carlota de Marta Robles
Edita España
Con el suspense de un thriller, la elegancia de la buena literatura y una verdad que estremece, Marta Robles firma su obra más poderosa.
Marta Robles construye una historia que se mueve entre el pasado y el presente, en la que el carismático detective Tony Roures, curtido en guerras y desengaños, debe enfrentarse al misterio más íntimo: el que afecta al corazón de la mujer que ama.
La historia arranca en 1985, cuando una adolescente alumbra a una niña en una clínica clandestina, de la que le separan inmediatamente después del parto, por decisión de su padre, un poderoso médico vinculado a las élites del franquismo. Carlota Aguado, jueza de fuerte carácter y pasado enigmático, contrata los servicios del detective Roures, con quien le une una intensa relación sentimental, para que investigue su propio caso: la separación forzada de un bebé que alumbró muchos años atrás. La investigación de Roures pondrá sobre la mesa una verdad estremecedora.
Alternando tiempos, la novela reconstruye la vida de Magdalena, una joven asturiana, obligada por su entorno a un matrimonio un amor. Su testimonio, recogido en un diario íntimo, que su hija leerá muchos años después, iluminará las raíces de una historia marcada por el abuso de poder, la hipocresía moral y el dolor heredado.
De forma paralela, Roures investiga un caso de abusos sexuales en el ámbito universitario, lo que permite establecer un paralelismo inquietante entre diferentes formas de violencia y manipulación ejercidas por hombres con poder sobre mujeres vulnerables.
Amada Carlota es mucho más que una novela negra. Es una exploración de las heridas que se infligen a las mujeres a lo largo de generaciones. Marta Robles maneja con destreza un amplio abanico de personajes, épocas y escenarios para articular un relato cargado de denuncia, emoción y tensión narrativa que llevará al lector a cuestionarse los límites del perdón, la verdad y la identidad.
Para redes sociales.
Lo primero y más importante, no era la lectura que estaba buscando, dicho esto, al lío.
Amada Carlota, de Marta Robles, parte de un material narrativo potente, dolor heredado, abuso de poder, memoria histórica, pero en mi caso la experiencia de lectura se ha visto lastrada por una sensación persistente de saturación. La reiteración de ciertos ejes, abusos sexuales, figuras masculinas dominantes, el franquismo, lejos de intensificar el resentimiento o el odio, me saturan, me saturan ciertos diálogos y escenas. No por falta de relevancia, sino por una acumulación que busca la reacción emocional del lector. Es como si la novela no confiara del todo en la fuerza de su propia historia y necesitara subrayarla una y otra vez.
A esto se suma la inclusión de “píldoras” históricas o culturales, como el mesmerismo y otras referencias, que, aun siendo interesantes de forma aislada, se integran de manera algo forzada en la narración. En lugar de enriquecer el tejido narrativo, acaban generando una leve sensación de artificio, como si interrumpieran más que acompañaran el desarrollo emocional de los personajes.
Desde un punto de vista psicológico, la lectura se vuelve exigente en un sentido poco fértil: no me engancha tanto como me agota. La constante exposición a abusos y desigualdad, puede generar una especie de desconexión, en mí, ojo, en mí..., ya lo he leído de otra forma, pero casi igual, ya conozco este y aquel personaje. Cuando todo es grave, todo pierde gradación.
Sin embargo, sí encuentro aciertos, los inicios de capítulo tienen una cadencia cuidada, casi evocadora, que invita a entrar en la historia con una cierta expectativa. Son, quizá, los momentos donde la novela respira con más naturalidad. Esto me lleva a una reflexión inevitable como lectora: ¿en qué punto una narrativa de denuncia deja de conmover para empezar a saturar? ¿Dónde está el equilibrio entre mostrar la herida y permitir que el lector la descubra por sí mismo?
En mi caso, la novela no termina de sostener ese equilibrio, y eso hace que, pese a reconocer sus intenciones y algunos destellos de interés, la experiencia de lectura se me haya vuelto más pesada que reveladora.
Notas.
"A veces miento por no hacer daño, o por contar una verdad, porque hay muchas verdades que solo se pueden contar mintiendo. Gloria Fuertes "
Lo primero, abusos sexuales de profesores, médicos, lo siguiente, Franco y todo lo que rodea al dictador, como en este caso su hermano Nicolás Franco. Patriarcado. Esto me agota como lectora, se abusa mucho de esto. Me gustan los comienzos de cada capítulo.
Marta Robles mete píldoras muy interesantes, aunque con cierta manipulación para sus propósitos o para soltar un ¡¡¡oooohhhh!!!, la supuestas prácticas sanadores de Mesmer, mesmerismo o magnetismo animal, (si no sabéis lo que es, en nada os lo explica Roures), y la figura de Dicken como seguidor y practicante. "... invocando a un escritor inglés, que siempre escribía de lo mal que lo pasaban los niños pobres, abusa de sus alumnas...". A qué viene esto, sí lo sé, Dicken y el profesorde literatura, desea quitar los nervios a la alumna, por muy interesante que pueda resultar el esta información empieza a cansarme. "Es increíble que en pleno siglo xxi todavía queden abusadores encubiertos, dispuestos a buscar cualquier fórmula..."
"¿Quién podría juzgar que el hombre de la casa, al percatarse de que el adinerado poderoso médico, afecto al régimen de Franco, escrutaba con ardiente deseo a su hija adolescente no dudará en planteárselo en la mirilla del rifle, para sacar provecho?". Su madre, sin voz, como todas las mujeres de su tiempo, nos dice la autora, y más en los hogares regidos por la pobreza.
Otra píldora histórica, 1967, Nicolás Franco y Ramón de Rato, fue detenido por evasión de impuestos, retiró la denuncia al hermano del Generalísimo..., y esto viene para decir que el General Franco podía perdonar sus faltas económicas, pero no de moral.
Nombre que no son nombres, Cuca, Pocholo..., pero sí, Kichi. Tanto politiqueo me molesta.
Hay, además, algo que me distancia especialment, la incorporación de figuras históricas reales, como Nicolás Franco, dentro de una trama que no se presenta como novela histórica, sino como novela negra de suspense. Aunque los hechos en los que se inspira, como el drama de los niños robados durante el franquismo o la más conocida reputación de mujeriego del personaje, forman parte de una realidad documentada y profundamente dolorosa, su ficcionalización mediante personajes reales me genera cierta incomodidad. No tanto por el tema en sí, sino por la sensación de manipulación, la denuncia histórica está bien, aunque se haya tratado mucho en pocos años.
¿Hasta qué punto el uso de figuras reales en una ficción contemporánea enriquece el relato o, por el contrario, perjudica? En mi caso, pienso, constantemente, que la historia está llevándome hacia un camino de saturación.
Me planto... 15%
"No sólo los vivos son asesinados en la guerra. Isaac Asimov"
Novelas que se relacionan en mi mente:
Mala gente que camina de Benjamín Prado. Probablemente la más reconocida desde un enfoque literario. Indaga en las redes de apropiación de niños en el franquismo con un tono sobrio, sin caer en el efectismo.
Soles negros de Ignacio del Valle. Novela más cercana al noir, pero con una atmósfera densa y bien trabajada. Conecta memoria histórica y crimen sin simplificar demasiado.
Los pacientes del doctor García de Almudena Grandes. Aquí sí aparecen tramas vinculadas a redes ilegales y estructuras de poder heredadas del franquismo.
Confían en que el lector saque sus propias conclusiones, no le dice lo que debe pensar, ni lo lleva emocionalmente
Marta Robles es periodista, escritora y conferenciante. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado una sólida carrera en prensa escrita, radio y televisión. Ha dirigido y presentado programas informativos y culturales en los más importantes medios audiovisuales (TVE, Telecinco, Antena 3, La Ser, Onda Cero, etc.) y colaborado en todo tipo de publicaciones (Tiempo, Panorama, Man, Woman, Elle, XL Semanal, La gaceta de Salamanca, el Magazine de La Vanguardia, Archiletras, Classpaper o La Razón entre otras), que la han convertido en una relevante figura del periodismo cultural y social en España.
Como escritora, ha publicado más de una veintena de libros entre ensayo, biografía, divulgación y ficción. En el terreno de la narrativa, además de alzarse con el Premio Fernando Lara de Novela en 2013, con Luisa y los espejos, ha destacado especialmente, en el género negro, con títulos como A menos de cinco centímetros —finalista del Premio Memorial Silverio Cañada de la SN de Gijón—, La mala suerte —finalista del Premio de Novela Cartagena Negra y Premio Especial del Festival Aragón Negro— o La chica a la que no supiste amar —Premio de Narrativa Castellón Letras del Mediterráneo 2019 y Premio Nacional de Literatura Alicante Noir 2021—, al que suma la última entrega de la saga: Amada Carlota. Las cuatro están protagonizados por el carismático detective Roures y han recibido el aplauso unánime de crítica y público.
Ha escrito y codirigido junto a Tamara González un corto de su novela, La chica a la que no supiste amar, que ha obtenido ocho nominaciones en distintos festivales y el premio a la mejor dirección en el Festival de Cortometrajes contra la Violencia de Género de Jaén.
Además de sus innumerables premios periodísticos y literarios, cabe destacar los recibidos por su trayectoria en la literatura como el Ateneo de las Letras o el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid.




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