El libro del diablo

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El libro del diablo de Asta Olivia Nordenhof. 

Edita Sexto Piso 



Durante un viaje de Copenhague a Vejle, Olivia conoce a un hombre. Él la invita a visitarlo en Londres y ella acepta. Cuando el gobierno británico decreta una cuarentena obligatoria por la COVID, Olivia debe pasar dos semanas encerrada en el apartamento de ese desconocido. Él se va a trabajar, ella se queda sola y decide que es el momento de escribir su historia.

Años atrás, en un intento desesperado por conseguir dinero, Olivia aceptó la propuesta de un hombre llamado T: una maleta llena de billetes y regalos lujosos a cambio de que él fuera el dueño de su cuerpo. En la cama, entre ambos, siempre había un gran cuchillo de cocina, símbolo de un juego mortal del que ella logró escapar en el último momento. Ahora, en Londres, en ese encierro forzado, se enfrenta de nuevo a las fuerzas que la condujeron a ese juego de autodestrucción en el pasado. La escritura se convierte en una forma de recuperar el control de su cuerpo y preguntarse si todavía es posible creer en el amor.

Sincera, íntima y ágil, El libro del diablo es una novela sobre el deseo, el poder, el dinero y las consecuencias de sobrevivir a cualquier precio.



Impresión 

A veces uno termina una novela con la sensación de haber asistido a una historia; otras, con la impresión de haber atravesado un largo monólogo desordenado. Eso es lo que me ha ocurrido con El libro del diablo de Asta Olivia Nordenhof.

La novela parece avanzar sin una verdadera arquitectura narrativa: escenas, recuerdos e ideas aparecen como fragmentos sueltos, sin una cronología clara ni una construcción psicológica sólida. A ello se suma una acumulación constante de temas muy reconocibles en la narrativa contemporánea —patriarcado, capitalismo, abuso, enfermedad mental, relaciones destructivas— que, más que profundizar en la experiencia de la protagonista, terminan funcionando como un telón de fondo reiterativo.

También el lenguaje apuesta con frecuencia por la provocación directa, con expresiones groseras o escatológicas que parecen buscar el impacto inmediato. Sin embargo, esa insistencia en el shock acaba diluyendo el efecto y deja la sensación de que muchas escenas se apoyan más en el gesto provocador que en una verdadera necesidad literaria.

Entre todo ese ruido aparecen, de vez en cuando, intuiciones interesantes —como la idea de una identidad que se desdibuja cuando las relaciones humanas se convierten en una transacción—, pero esas intuiciones nunca terminan de desarrollarse con la profundidad que prometían.

En conjunto, la lectura me ha resultado confusa y errática. Aun así, la puntuaría con un uno o un dos: algo hay en el libro que todavía me obliga a dejar un pequeño margen, aunque quizá aún no tenga del todo claro qué es exactamente.

¡Feliz lectura! 


Notas



Hay frases que intentan ser transgresoras o brutales, pero que acaban resultando simplemente groseras o gratuitas. Expresiones escatológicas o sexuales aparecen sin una verdadera necesidad narrativa, como si la provocación verbal fuera en sí misma una estrategia para llamar la atención. Al final, la impresión es que el texto busca constantemente el shock: escenas extremas, símbolos dramáticos, confesiones brutales y un lenguaje deliberadamente provocador. Pero cuando la provocación se convierte en el recurso principal, pierde fuerza muy rápido.




Hay ideas que podrían haber sido interesantes —por ejemplo, la pérdida de identidad que la narradora dice sentir tras dedicarse a la prostitución—, pero incluso esas intuiciones quedan debilitadas por las contradicciones del propio relato. La narración avanza de forma errática, sin una verdadera estructura ni una cronología clara. Más que una novela, da la impresión de ser una sucesión de fragmentos escritos según el impulso del momento. Escenas, recuerdos y reflexiones aparecen y desaparecen sin una construcción narrativa que les dé coherencia.




El resultado es una novela que intenta ser provocadora y confesional, pero que termina pareciendo una acumulación de temas diseñados para llamar la atención del lector contemporáneo: violencia, sexo, trauma, poder. Mucho ruido simbólico —cuchillos, diablos, juegos peligrosos— y, sin embargo, muy poca verdadera profundidad narrativa.

El resultado es una novela que quiere ser íntima, confesional y provocadora, pero que acaba resultando errática. Más que una exploración del deseo, del poder o del dinero, da la impresión de ser una acumulación de ideas y fragmentos sin una verdadera dirección narrativa.


Asta Olivia Nordenhof. Nació en Copenhague en 1988. Con su primera novela, Dinero en el bolsillo, inaugura el proyecto de una septología titulada Scandinavian Star, que girará alrededor del escándalo del incendio provocado en un ferry de pasajeros en 1990, en el que 159 personas perdieron la vida. Dinero en el bolsillo fue distinguida con el Premio PO Enquist, el Premio de la Crítica en Dinamarca y el Premio de Literatura de la Unión Europea, y fue nominada para el Premio de Literatura del Consejo Nórdico.



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