El mundo como ensayo
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El mundo como ensayo de Juan Malpartida
Edita Acantilado
Sinopsis
Consciente de que a veces hay que elegir el camino menos acostumbrado para llegar a casa, el poeta y ensayista Juan Malpartida se enfrenta en este libro—digresivo, personal, pero siempre extraordinario—a la tan humana aspiración de atrapar el infinito del mundo en la concreción del lenguaje, a la necesidad filosófica de dar cuenta de la realidad sin dejar de lado la poesía. Y es que este particular diccionario existencial no busca alcanzar conclusiones, sino ofrecer apasionadas tentativas, pues su singular poética supone «rizomas, cantos a capela, cuentos de las mil y una noches […], salidas arriesgadas del surco, fatalidad y juego en un retrato del mundo desde una esquina apenas visible de un yo que escribe su biografía», y por tanto invita a ser leído de principio a fin como un relato tan subjetivo como sutil.
Como lector que lleva más
de treinta años refugiándose en las letras (especialmente en los momentos de
pérdida, donde la literatura fue mi único cable a tierra), este libro me ha
interpelado profundamente. No busca convencer —el propio Malpartida admite que
intentar convencer es irritante—, sino mostrar un proceso de pensamiento.
Es un libro para leer
despacio, de principio a fin, dejándose llevar por ese ritmo ágil de quien
escribe permitiendo que aflore el inconsciente creativo. Una biografía
intelectual que acaba siendo, también, un espejo para el lector.
Valoración: ⭐⭐⭐⭐⭐
Ideal para: Amantes del ensayo literario, filósofos de lo cotidiano y
buscadores.
Impresiones:
Gracias al proyecto de Masa
Crítica de @babelio, qué maravilla de hallazgo. Es de esos ensayos que no
buscan cerrarte la puerta con una conclusión, sino abrirte ventanas a través de
"pequeñas iluminaciones". Ojo, solo amantes de los ensayos y la
filosofía.
Malpartida nos regala un
"diccionario existencial" donde la etimología convive con la
filosofía más vitalista. Dos detallitos que me han fascinado nada más empezar:
Los diccionarios árabes medievales organizados por la rima final para ayudar a
los poetas. El origen del "alfabeto": ese paso del Alfa y Beta griego
al latín que estructura nuestro mundo.
Pero lo que más me ha
tocado es su visión de la libertad y el autoconocimiento. Citando a Goethe:
«¿Cómo puede uno conocerse a sí mismo? No por la contemplación, sino por la
acción». Nos revelamos en lo que hacemos, en nuestro compromiso con el otro. Es
una lectura exigente, densa y sin concesiones comerciales. Para quienes amamos
la FILOSOFÍA con mayúsculas y entendemos la lectura como un refugio, a
mí las letras me salvaron hasta en los momentos más oscuros, es mi cable a
tierra, entenderéis esto si leéis la obra.
¿Sabíais que Darwin leía
novela romántica? Este libro está lleno de esos contrastes que te reconcilian
con la curiosidad humana. Si buscas una lectura que te haga pensar, subrayar y,
sobre todo, sentir que la escritura es un equilibrio entre control y abandono,
este es tu libro.
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Empiezo lectura nueva:
Este libro me tocó en el proyecto de Masa crítica de Babelio, ejemplar de cortesía de la editorial Acantilado.
Qué bien ese tipo de hallazgos en las primeras páginas: suelen ser una señal de que el ensayo va a estar lleno de pequeñas iluminaciones intelectuales. Acantilado, una editorial que suele apostar precisamente por ese tipo de ensayo exigente, muy documentado y lleno de referencias culturales. Vamos con dos “perlas” nada más empezar, que son muy representativas del tipo de curiosidad que aparece en muchos buenos ensayos:
1. Diccionarios árabes organizados por la última letra, algunos diccionarios medievales del mundo árabe estaban organizados por la última raíz o sílaba. Esto tenía sentido dentro de la tradición de la poesía árabe, donde la rima final es fundamental. Si un poeta quería encontrar palabras que rimaran, ese sistema resultaba muy útil.
2. El origen de la palabra “alfabeto”. Aquí Malpartida recoge una etimología clásica, “Alfa” (Α), “Beta” (Β). Las dos primeras letras del alfabeto griego. Ese término pasó al latín como alphabetum y de ahí a muchas lenguas europeas.
Y tiene toda la pinta de que Malpartida está usando el ensayo como una forma de pensar el mundo a partir de pequeñas observaciones lingüísticas, históricas y literarias.
Encaja en el tipo de lectura que suelo buscar: reflexiva, con densidad intelectual y sin concesiones a lo comercial.
Es una idea que recuerda mucho a un principio que atraviesa gran parte de la filosofía moderna: mi libertad solo tiene sentido si reconozco al otro como igualmente libre. De hecho, este razonamiento aparece, con distintos matices, en pensadores como Immanuel Kant o Jean-Paul Sartre, aunque Malpartida lo formula de una forma más ensayística y literaria. Lo bonito del fragmento es que introduce algo muy importante: la libertad no es solo un derecho individual, sino un reconocimiento mutuo de humanidad. "Pero, habría que añadir, libertad no es solo algo que experimentamos, sino una idea, un concepto, algo que solo podemos elaborar con palabras ".
La idea de Goethe que cita es muy potente:
“¿Cómo puede uno conocerse a sí mismo? No por la contemplación, sino por la acción.”
Normalmente asociamos el autoconocimiento con mirarse hacia dentro, con la introspección. Goethe propone casi lo contrario: nos conocemos haciendo, actuando en el mundo. Se nos conoce por nuestras acciones, no por nuestras palabras. Las otras frases completan ese razonamiento: “Procura cumplir con tu deber y sabrás lo que llevas dentro.”. La acción, especialmente la responsabilidad, revela el carácter. Es una filosofía muy vitalista y activa, que también está muy presente en Fausto, donde el personaje busca el sentido de la vida no solo en el pensamiento, sino en la experiencia y la acción.
Admiración. Plantea una idea muy lúcida: admirar una obra no implica admirar necesariamente a su autor. La obra puede tener vida propia y superar incluso a quien la creó; de hecho, no es raro encontrar artistas admirables por su trabajo pero difíciles o incluso insoportables como personas. Frente al puritanismo que rechaza la obra por la imperfección del autor, y frente al mitómano que idealiza al creador, Malpartida propone una mirada más libre: reconocer la grandeza de la obra sin necesidad de convertir al autor en un modelo humano.
Confiesa que comenzó su vida de lector con una admiración casi idolátrica por los autores que le fascinaban. Con el paso de los años esa admiración se vuelve más matizada, más consciente, pero no desaparece: sigue sintiendo un verdadero placer cuando descubre una obra capaz de despertar de nuevo ese sentimiento. En el fondo describe algo muy reconocible para muchos lectores: empezamos devorando autores con entusiasmo absoluto —como me ocurrió con Ken Follett o Larry Collins— y con el tiempo la mirada se vuelve más crítica, pero la capacidad de admirar sigue siendo una de las mayores alegrías de la lectura.
Lanza una provocación, “los libros de ayuda son para débiles mentales”, para cuestionar la dependencia acrítica de ciertas lecturas, pero enseguida matiza la idea: desde siempre buscamos textos que nos orienten, como le ocurre a Robinson Crusoe, cuya Biblia funciona como guía de autoayuda. La reflexión de fondo es más profunda: nunca estamos terminados, seguimos formándonos toda la vida y lo hacemos, en gran medida, a través de lo que recibimos y transmitimos. En resumen, critica la ingenuidad de ciertos discursos de autoayuda, pero reconoce que necesitamos referentes para construirnos continuamente.
"¿Somos un libro que se lee a sí mismo?"
"Lo que no tiene corazón es la línea recta"
"Pero la vida no puede estafarnos nada. Solo nosotros somos ladrones de vida, sobre todo de la propia si no llegamos a cambiar la pregunta [...] 'cambiar el mundo', una de las expresiones más delirantes que hemos blandido".
"El intento de convencer a alguien suele ser penoso y, no pocas veces, irritante", en esto de dar mi opinión sobre mis lecturas en Instagram siempre digo lo mismo, yo no estoy para convencer, si quieres lo lees, sino, pues a otra cosa.
"... y no recuerdo alguna vez dejara de leer", no recuerdo un recuerdo de mi vida donde no tuviera un libro entre manos, cada libro de mi librería guarda un pedazo de mi memoria, he leído de casi todo, ¿qué valor tiene más allá del personal? Ninguno, un día en Instagram alguien me dijo, has leído mucho, ¿no? Sí, llevo treinta y pico años leyendo. La depresión, tras la muerte de mi padre, me quitó los colores y las notas musicales, no las letras, fueron mi refugio, mi cable a tierra.
¿Sabíais que Darwin leía novela romántica?, este ensayo es una pasada, si te gusta la FILOSOFÍA con mayúsculas, esta es tu lectura.
Describe la escritura como un equilibrio entre control y abandono, cuando escribe “bien”, lo hace con un ritmo ágil que le permite no someter el pensamiento a la vigilancia constante de la conciencia, dejando que aflore una especie de inconsciente creativo. Así, la escritura se convierte en una experiencia casi extraña, donde uno se reconoce y a la vez se sorprende, como si el texto lo hubiera escrito otro. En el fondo, está señalando que lo más vivo y verdadero de la creación surge cuando la voluntad cede espacio a algo más profundo e incontrolable. "El error que puedo cometer es adaptar y someter el yo intelectual inconsciente a este otro de la superficie...".
Juan Malpartida (Marbella, 1956), escritor y crítico literario, dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos hasta 2022. Autor de numerosos libros, ha cultivado tanto la poesía y la novela como el ensayo, y ha recibido los premios Anthropos y Fray Luis de León de poesía—por Espiral (1990) y A un mar futuro (2012), respectivamente—, el Bartolomé March de crítica literaria, el ABC y Ámbito Cultural, y el Ciudad de Barbastro de novela por Camino de casa (2015). De su obra como ensayista cabe destacar Los rostros del tiempo (2006), Margen interno (2017) y Antonio Machado. Vida y pensamiento de un poeta (2018).






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