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Reencuentro y Un alma valerosa de Fred Uhlman
Traducción José Manuel de Prada Samper, Goligo
Editorial:Tusquets Editores S.A.
Sinopsis de REENCUENTRO Y UN ALMA VALEROSA
Una obra maestra sobre la amistad.
Reencuentro, un clásico contemporáneo de Tusquets Editores que pronto se convirtió en best-seller, narra la intensa amistad, en la Alemania de 1932, que surge entre dos jóvenes de dieciséis años –Hans Schwarz, nacido en una familia judía, y Konradin von Hohenfels, rico aristócrata, miembro de una de las más antiguas familias europeas– cuando coinciden en una selecta escuela de Stuttgart. Sin embargo, al cabo de apenas un año, todo empezará a torcerse: con el ascenso de Hitler al poder, Konradin entra a formar parte de las juventudes hitlerianas mientras Hans huye al exilio. Tan sólo mucho tiempo después, Hans, instalado en Estados Unidos, «reencontrará», de un modo sorprendente y emotivo, a su viejo amigo.
Un alma valerosa narra esa amistad vivida por Konradin, el rico nazi, y en circunstancias dramáticas. Desde la prisión, aterrado, mientras espera a que lo ajusticien por haber participado en el intento de asesinato de Hitler en julio de 1944, escribe una carta a Hans para contarle cómo vivió aquellos años de adolescencia.
Notas
Empiezo. Cada uno puedo ir tomando notas y luego comentando por mensajes, contestaré, o por privado eligiendo Instagram o X, Facebook no. Entre esta tarde y mañana haré una breve introducción a unas ideas recogidas en las páginas 48, números abstractos refiriéndose a los muertos, parecen menos muertos que los tres niños vecinos; página 50, aquí hay varias ideas interesantes, Dios impotente y despiadado, y otra, el mal imprescindible para comprender y valorar el bien. Aquí tuve una breve momento de identificación con la novela La cruz torcida Reseña completa cuando habla de esa casa quemada, no sé por qué. Página 59, Ese era mi mundo..., frágil mundo, nadie nos advierte que el hogar es un refugio tan vulnerable como nuestro mundo. Página 60, A mí... sionismo... Jerusalén. Reclamar Palestina "Esto es una enfermedad...". Página 72, la caída del pedestal de un padre, humillarse ante un muchacho con su hijo. Konradin.
"Sabía que un millón de soldados había muerto en Verdún. Mas todo eso eran simples abstracciones: números, estadísticas, datos informativos. Era imposible sufrir por un millón de personas. En cambio, conocía a estas tres criaturas...". Quieren respuestas, por qué Dios permitiría que tres inocentes murieran de una forma tan atroz, acuden a la fuente. "¿Para que nos sirve, a ti y a mí, un Dios impotente y despiadado?" Y el pastor responde, "Hablaba mucho acerca del mal, y decía que este era indispensable para apreciar el bien...".
"Ese era mi mundo, un mundo que yo creía absolutamente seguro e indudablemente eterno"
"A su juicio, era tan absurdo reclamar Palestina después de dos mil años como habría sido que los italianos reclamaran Alemania..."
"¡Y la forma de cuadrarse! ¡ En homenaje a un adolescente! ", su padre transformado e una caricatura. Siempre había admirado a su padre..., y ahora había destruido ese motivo y tenía motivos para avergonzarse de él, dice.
Mis primeras cien páginas dejan ver algo que hace muy bien Fred Uhlman: convertir las grandes tragedias históricas en una experiencia íntima, concreta y casi doméstica. No le interesa explicar el nazismo desde la política o la guerra, rehuye escudándose detrás de que son adolescentes, narra la fractura emocional de un adolescente que descubre que el mundo adulto, el hogar y hasta Dios pueden derrumbarse.
La idea que señala de los “números abstractos” frente a los tres niños vecinos es uno de los núcleos morales más potentes de la novela. Un millón de muertos es incomprensible; tres niños concretos sí duelen. Ahí Uhlman desmonta la abstracción histórica y devuelve humanidad a la tragedia. El horror sólo se vuelve real cuando tiene rostro, cercanía, memoria. Y eso conecta muchísimo con cómo solemos procesar las catástrofes.
También es muy interesante cómo aparece la cuestión de Dios. La respuesta del pastor —el mal como condición para apreciar el bien— resulta insuficiente porque Hans no está planteando un problema filosófico abstracto, sino una indignación moral concreta. No pregunta “qué es el mal”, sino por qué un inocente debe sufrir. Y la novela no parece querer resolverlo, sino mostrar la decepción de quien esperaba que la religión protegiera del absurdo. La cruz torcida, me viene a la cabeza, una y otra vez, esa sensación de espacio destruido, de hogar incendiado.
La frase “Ese era mi mundo…” resume muy bien la pérdida de inocencia. No sólo cae Alemania; cae la idea juvenil de estabilidad. El hogar deja de ser refugio y se convierte en algo precario. Esa fragilidad es más devastadora incluso que la dimensión política porque Hans descubre que lo que consideraba eterno dependía en realidad de consensos sociales muy frágiles.
El pasaje sobre el sionismo me parece valioso porque evita simplificaciones retrospectivas. Hoy leemos el tema desde después del Holocausto y la creación de Israel, pero Uhlman sitúa a personajes judíos europeos, que sienten Alemania como patria cultural y emocional. Esa idea de “reclamar Palestina” como algo absurdo refleja la mentalidad de muchos judíos alemanes integrados antes de la persecución sistemática. Y eso vuelve más trágico lo que viene después: creían pertenecer a ese mundo que luego los expulsará.
"¿Acaso toda la escuela no está al tanto de nuestra amistad?" La madre de Konradin odia a los judíos, los teme, y Hans está cambiando la fe de su hijo. "Ambos sabíamos que ya nada sería como antes y que ese era el comienzo del fin...".
El Reencuentro de estos dos adolescentes, es terrible...
Fred Uhlman (Stuttgart, 1901-Londres, 1985), de origen judío, abandonó Alemania en marzo de 1933, poco después de que Hitler fuera nombrado canciller. Residió un tiempo en París y posteriormente en España (en Tossa de Mar), de donde también escapó al estallar la guerra civil para, tras regresar unos meses a París, llegar a Londres; allí fundó el Artist’s Refugee Comittee y la Free German League of Culture, entre cuyos miembros se contaban Oskar Kokoschka y Stefan Zweig. En 1971 publicó Reencuentro, y en 1985 su «réplica», Un alma valerosa.
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