Un lugar en el mundo

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Traductor: Eva Liébana

Editorial: Nórdica Libros





Sinopsis

Cuatro autores daneses imprescindibles dialogan con la pintura de Vilhelm Hammershøi. Exposición en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza




El pintor danés Vilhelm Hammershøi es conocido por sus interiores, retratos y paisajes, especialmente sus escenas domésticas y enigmáticas llenas de luz y melancolía. Su obra se clasifica dentro del simbolismo y se caracteriza por una paleta de colores apagados y una atmósfera introspectiva. Su obra ha sido revalorizada en el siglo XX, destacando su dominio de la luz y su estilo único.




Este volumen excepcional reúne algunas de sus pinturas, procedentes del Statens Museum for Kunst, de Den Hirschsprungske Samling y de Ordrupgaard, junto a cuatro relatos imprescindibles de escritores daneses que nos muestran escenas de la vida en Dinamarca a lo largo del siglo XX.



Relatos de: Henrik Pontoppidan, Hans Kirk, Suzanne Brøgger, Peter Høeg. Traducción de Eva Liébana.


Conclusión

¡Qué maravilla de lectura!

Voy a trasformar mi reseña literaria, en mi blog, en una experiencia lectora, conectando el silencio de la pintura danesa con los mecanismos del inconsciente. Hammershøi y Pontoppidan será una lectura muy diferente.

Leer Un lugar en el mundo (Nórdica Libros) ha sido una experiencia lectora que no me esperaba.

El viaje comienza antes de las palabras. Al observar detenidamente los cuadros de Vilhelm Hammershøi —sus grises, sus estancias vacías sin ruido infantil— me invadió una calma extraña: la de la indefensión aprendida. Esos rostros resignados y tristes prepararon mi mente para recibir El vuelo del águila de Henrik Pontoppidan. El bajón anímico posterior no fue casualidad; la estética del pintor actuó como un estímulo previo que amplificó la tristeza del relato. Una prueba viviente de que el arte nos hackea antes de que la razón se dé cuenta. Como lectora busco eso, sentir, experimentar, no cerrar y decir, a por otro.

El libro me ha regalado dos grandes descubrimientos:

Suzanne Brøgger: Una voz indomable, incómoda y dolorosamente honesta. Su relato destila la vulnerabilidad del deseo, el miedo a lo que sentimos ante la atracción y cómo el encierro altera la percepción. Una autora de la que “exijo” (espero que Nórdica me escuche) más traducciones.

Peter Høeg: Su cuento sobre la imagen y los espejos es una delicia para cualquier amante de la psicología. Su frase "Percibo con ligera indiferencia el hecho de que viva en un mundo que habla tan rápido que tiene que respirar por el culo" es brillante, pero su reflexión sobre cómo nos saboteamos para evitar el abandono (buscando el camino que nos lleva directo a él) es magistral.

Una antología imprescindible para quienes no solo buscan una buena historia, sino entender por qué nos conmueve lo que nos conmueve.

¡Feliz lectura!


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Vamos con las notas de mi lectura Un lugar en el mundo.

Con cada una de ellas una experiencia diferente, la más curiosa y sensacional la primera, casi un experimento psicológico. Empecé observando con detenimiento cada cuadro del pinto Vilhelm Hammershoi, su autoretrato, el cuadro de su madre, con la mirada perdida y triste, no así el de Thora Bendix con los parpados somnolientos pero una expresión resignación. Rostros “tristes”, trasmiten calma, pero la que da la indefensión aprendida ante la vida, nada se puede hacer más que sobrellevarla. Esperan, ante un silencio inmenso de habitaciones vacías. No observo cuadro de niños, un hogar sin hijos en un tiempo donde eso no era normal, así que, los cuadros trasmiten ese orden que da el hogar sin hijos, el vacío de juegos y alboroto infantil.

Y tras este imaginar una vida de la que no sé nada, pasé al primer relato de cuya lectura, por su final, me replegué en pensamientos tristes, me invadió una tristeza infinita. Henrik Pontoppidan, El vuelo del águila. ¿Por qué me había puesto tan triste? El relato lo es, pero no más que otras lecturas, entonces pensé en experimentos de mis años de estudio basado en los psicólogos del priming. El efecto priming (o primado) estudia cómo un estímulo previo influye de manera inconsciente en la respuesta a un estímulo posterior. Os dejo al final algunos de los muchos, pero os animo a explorar el de John Barg, el poder de las palabras.

Suzanne Brogge, un descubrimiento, aunque no creo que pesé mi petición en Nórdica Libros, quiero más de ella, no han traducido sus novelas más importantes, y me parece una mujer muy interesante. «El amor entre mujeres es siempre doblemente narcisista…». En este breve relato se ve a una mujer exigiendo su libertad, indomable para la época, habla sin tapujos de temas tabú. «Yo nunca había sentido especial interés por las mujeres desde un punto de vista sexual, pero por otra parte tampoco había sentido especial desinterés. Había estado interesada, sin más». Confiesa amor por ella, pero se aleja de Dorotea, la insulta y la maldice, ¿por qué? Por especular, porque no le gusta lo que siente ante ese deseo o interés, vulnerabilidad. «… cuerpos desnudos con el culo hacia arriba y la cara escondida. Pensándolo bien, no creo que fuera Elsa». ¿Era solo atracción sexual por el encierro? Puede, pero pienso que no se fijaría tanto en los detalles, en lo minucioso, los rituales de Dorotea en la cama. Quiero más de esta autora que tras leer su biografía por encima, me atrae más dos de sus obras publicadas.

Peter Hoef, me quedo con una frase, empezaré con ella mi reseña en las redes, curioso autor. «Percibo con ligera indiferencia el hecho de que viva en un mundo que habla tan rápido que tiene que respirar por el culo». Fascinante la reflexión del cuento sobe la imagen, los espejos y cómo vemos la realidad, algo de lo que la psicología a estudiado muchísimo y sigue estudiando, la interpretación que hacemos de la realidad, cada cual la nuestra, no hay dos iguales. «Sabemos que en un espejo nunca nos vemos como somos». «Sabía que lo peor de todo es que te abandonen… Por eso estaba practicando la separación a diario», el camino que tomas para evitar tu destino es el que te lleva a él, se preparaba para la separación no para el refuerzo de la vida en pareja. «Yo siempre supe que, si tenía que crear un espejo que reflejase la realidad, ese espejo tendría que estar vivo, ser organismo que registrara los sentimientos del que se miraba y mostrara una imagen corregida de estos sentimientos», más alto puede, más claro imposible.  

 

Substack

 

El día que un libro me hizo un efecto "priming" (Hammershøi, Brøgger y el espejo de Høeg)


¡Hola a todos!

Hoy os traigo unas conclusiones de lectura que son, en realidad, las notas de un experimento psicológico involuntario. El culpable es la antología Un lugar en el mundo, editada por Nórdica Libros.

El experimento Hammershøi-Pontoppidan: Así nos hackea el arte. Mi lectura comenzó con una mirada atenta a las ilustraciones del volumen: los cuadros de Vilhelm Hammershøi. Su autorretrato, el rostro de su madre con la mirada perdida, los párpados somnolientos de Thora Bendix. Rostros que transmiten la calma de la "indefensión aprendida": esa sensación de que ante la vida nada se puede hacer más que sobrellevarla. El orden pulcro de un hogar sin el alboroto de los niños.

Después, pasé al primer relato: El vuelo del águila, de Henrik Pontoppidan. Al cerrarlo, me invadió una tristeza infinita. ¿Por qué me había golpeado tanto si he leído cosas más trágicas? La respuesta no estaba en el texto, sino en mis años de estudio de psicología: el efecto priming (o primado). Mi cerebro ya había sido preactivado por los grises y el silencio de Hammershøi. Como demostraron Murphy y Zajonc (1993) en su clásico experimento, nuestro inconsciente procesa las emociones mucho más rápido que la razón. En su estudio, bastaban 4 milisegundos de una cara triste subliminal para que los participantes juzgaran ideogramas neutros de forma negativa. A esto se le suma la teoría de la transferencia de excitación de Dolf Zillmann: al exponerme prolongadamente a la melancolía visual del pintor, esa pesadez física se quedó en mi cuerpo. Cuando llegó el relato de Pontoppidan, mi mente lo interpretó desde la tristeza acumulada, amplificando el malestar. Hammershøi no solo pintó cuadros; programó mi supervivencia emocional.

Suzanne Brøgger: El miedo a la vulnerabilidad. El segundo hito de la antología fue descubrir a Suzanne Brøgger. ¡Qué mujer tan fascinante e indomable para su época! Su escritura aborda temas tabúes sin tapujos. Cuando dice aquello de que «El amor entre mujeres es siempre doblemente narcisista…», abre un hilo complejísimo.

En su relato vemos una ambivalencia brutal: confiesa amor e interés por Dorotea, pero luego se aleja, la insulta y la maldice. ¿Por qué? Por pura especulación por mi parte, veo autodefensa. No le gusta verse vulnerable ante el deseo. ¿Era solo atracción provocada por el encierro? Puede ser, pero la minuciosidad con la que describe los rituales de Dorotea en la cama demuestra que había algo mucho más profundo que la mera urgencia sexual. Necesito que se traduzcan sus novelas principales YA.

Peter Høeg: El espejo vivo y las profecías autocumplidas. Termino con Peter Høeg, quien me regaló la frase con la que abriré mis redes esta semana: «Percibo con ligera indiferencia el hecho de que viva en un mundo que habla tan rápido que tiene que respirar por el culo».

Más allá del humor, Høeg clava una verdad psicológica universal: la interpretación que hacemos de la realidad (nunca hay dos iguales). «Sabemos que en un espejo nunca nos vemos como somos». Su personaje practicaba la separación a diario porque sabía que lo peor es que te abandonen. Al final, el camino que tomas para evitar tu destino es el que te lleva a él; se preparaba para la ruptura en lugar de reforzar la pareja.

La conclusión de Høeg es un cierre perfecto para este boletín: si existiera un espejo que reflejase la realidad, tendría que estar vivo, registrar los sentimientos del que se mira y mostrar una imagen corregida de ellos.

¿Y vosotros? ¿Os habéis descubierto alguna vez tristes por un libro porque el estímulo anterior os había condicionado? Os leo en los comentarios.

Y si os interesa explorar más sobre el poder invisible de las palabras, os animo a buscar los experimentos de John Bargh. ¡Cambia por completo cómo percibes tu día a día!

Nos leemos pronto, Gemma entre lecturas

 

 

 

 

 

 PD.

El experimento clásico: Murphy y Zajonc (1993). Zajonc quería demostrar que las emociones se procesan de forma mucho más rápida e inconsciente que los pensamientos racionales. Vilhelm Hammershoi pintó más que cuadros, dejó sus emociones en cada pincelada y su paleta de grises, sus contrastes de luces y sombras, su minimalismo y su ausencia de ruido, quizás conscientemente no lo captemos, pero nuestro inconsciente está programado para ser sensible ha esos detalles, reíros, pero de eso dependen de nuestra supervivencia.

El experimento. Mostraron a los participantes ideogramas chinos (símbolos neutrales que no sabían qué significaban) y les pidieron que adivinaran si representaban algo bueno o malo. Justo antes de ver cada símbolo, proyectaron de forma subliminal (durante apenas 4 milisegundos, imperceptible para el ojo consciente) una fotografía: unas veces era una cara sonriente y alegre, y otras una cara triste o enfadada.

No eran conscientes de haber visto las caras, pero las personas expuestas al priming de la cara triste juzgaron los símbolos chinos de manera muy negativa y reportaron un estado de ánimo más sombrío.

Dolf Zillmann. Demostró que si la exposición a las imágenes tristes es prolongada o consciente (como ver películas o fotos en redes sociales o noticias trágicas), la activación fisiológica de esa pena (un nudo en la garganta o pesadez) permanece en tu cuerpo durante minutos. Si inmediatamente después te ocurre algo neutro, interpretarás esa situación desde la tristeza acumulada, amplificando tu malestar.

 




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