Los sabores secretos de la taberna Kamogawa
Los sabores secretos de la taberna Kamogawa de Hisashi Kashiwai
Traductor: Víctor Illera Kanaya
Editorial: Salamandra
Sinopsis
Cerca del templo Higashi Hongan-ji, entre callejones silenciosos y el rumor del viento sobre los tejados de Kioto, permanece abierto un restaurante sin letrero donde el tiempo parece detenerse. En sus fogones, el chef Nagare Kamogawa y su hija Koishi preparan deliciosos platos que son también fragmentos de vida. Allí, bajo la luz tenue de los faroles y el aroma del caldo recién hecho, se cruzan desconocidos que buscan algo más que un sabor secreto: un gesto que sane, una palabra que reconcilie, una emoción que devuelva sentido a las experiencias vividas. Ahora, una sopa de miso despierta la imagen de una infancia lejana; un onigiri guarda el eco de una despedida; un cerdo salteado al jengibre rescata la dulzura de un amor imposible; unos fideos fríos revelan un vínculo familiar; un pollo frito revive la generosidad de un maestro; y unos macarrones gratinados ofrecen la posibilidad del perdón. En cada receta late una historia, y en cada historia, una nueva vida, porque en la taberna Kamogawa los recuerdos se cocinan a fuego lento hasta transformarse en ternura, y cada encuentro encierra la promesa de un sentimiento recuperado.
Con su inconfundible mezcla de misterio, emoción y sabiduría japonesa, Hisashi Kashiwai nos ofrece en Los sabores secretos de la taberna Kamogawa una lectura cálida y reconfortante que invita a redescubrir el tiempo, la memoria y el amor.
Conclusión
Los sabores secretos de la taberna Kamogawa confirma que Hisashi Kashiwai ha encontrado una fórmula tan sencilla como eficaz, convertir la comida en un puente hacia la memoria. Cada plato es mucho más que una receta; es la llave que abre recuerdos, despedidas, amores, culpas o reconciliaciones que permanecían atrapados en el tiempo.
Lejos de buscar grandes giros, el autor apuesta por relatos íntimos que invitan a detenerse y reflexionar sobre nuestras raíces, la familia y el poder de los pequeños gestos. La gastronomía no ocupa aquí un papel decorativo, sino que se convierte en un auténtico lenguaje emocional, capaz de despertar aquello que creíamos perdido.
Es una lectura cálida, pausada y humana, ideal para quienes disfrutan de las novelas japonesas de ritmo sereno y de las historias donde la nostalgia no pesa, sino que ayuda a comprender quiénes somos. Además, deja una pregunta que permanece mucho después de cerrar el libro: ¿cuánto de nuestra identidad habita en los sabores que recordamos?
Muy recomendable, incluso sin haber leído las entregas anteriores de la serie.
¡Feliz lectura!
#LosSaboresSecretosDeLaTabernaKamogawa #HisashiKashiwai #SalamandraEditorial
#Memoria #Psicología #Emociones #Nostalgia #Audiolibros #GemmaEntreLecturas
Notas
Audiolibro actual que combino con El juicio de Luis Zueco.
¡Qué rico!
Mi hijo disfrutaría comiendo cada plato descrito, es increíble lo que logra el autor con estas primeras páginas, degustas cada comida. Disfrutas con calma. Cada plato y cada aroma abre esa caja de recuerdos.
Una sopa de miso que le preparaba su madre cada mañana antes de irse al campo a trabajar, pero quiere una sopa de miso en concreto. La cocina crea lazos imborrables.
Me entristece escuchar que se fue con 18 años para estudiar y no ha regresado porque no quiere quedar como fracasado ante los ojos del pueblo. ☹ "Ahora podrá tomar una decisión".
¡Madre mía mi ignorancia!, el sake es como el vino, hay con cuerpo y carácter y de varios tipos.
"Aquel día ya había pasado y no se recuperaría..."
Creo que busca, onigiri..., como es audiolibro no lo tengo muy claro, pero entiendo eso. Me pongo os audiolibros cuando conduzco o en las tareas de casa o mientras camino con mi galga. En esta historia, a la chica, su novio de dos años y aprendiz a cocinero se lo hizo, la dejaba y le pidió que le esperase cuatro años hasta que él concluyera sus historias.
El lugar importa, el onigiri en un restaurante le hubiese producido incomodidad, Koishi y Nagare lo saben, reproducir las emociones, recuperar ese instante que tanta huella dejó en la chica es importante para ella, para viajar en el tiempo, ¿sí o no? "Tendría que habérselo dicho".
Ya puede tomar una decisión, pasar página o decir lo que nunca le dijo.
Estoy muy de acuerdo, quién cocina trasmite sentimiento, por eso no sabe igual la tortilla de la yaya, las lentejas de mamá... En la cocina, como en todo, si no hay amor, pasión, resulta plana. Me viene a la cabeza una novela leída hace décadas, Como agua para chocolate de Laura Esquivel. En esa historia, las emociones de Tita pasan a los platos que cocina. Cuando cocina mientras está triste, enamorada, furiosa o melancólica, quienes comen sus recetas experimentan esas mismas emociones: lloran sin consuelo, sienten un deseo irrefrenable, recuerdan su pasado o se contagian de su estado de ánimo. Es uno de los ejemplos más conocidos de cómo la cocina se convierte en un lenguaje emocional.
Interesante este nuevo relato, vivir sin propósito, Soraya de cerdo. Vivir para disfrutar sin trabajar, él no lo ve, y tiene un matrimonio muerto, su mujer cocina una y otra vez los mismos platos. Su mujer existe, no vive, pero ¿por qué? Recordad que él cuenta su versión de su realidad. Pero hace cinco años..., se reencontró con su ex novia y volvió de golpe a la adolescencia, le cocinó un plato. Un relato muy interesante, un hombre egoísta disfrazado de pobrecito, su mujer es tal y cual cosa, pero¿él? Engañó y mintió a ambas y se sintió decepcionado cuando creyó... Leed.
Nostalgia.
La joyera es mucha joyera 🤣😂🤣, juzga el regalo por el envoltorio. Hace 40 años comió, por última vez, un plato, que según su padre, era su plato preferido y lo hizo su abuela paterna, quería recuperar ese momento, ese instante.
Llevo el 70% y es muy, muy recomendable, una historia sencilla, pero profunda, trata sobre la nostalgia, las raíces, los recuerdos, la familia y los buenos momentos que surgen de las comidas con calma y cariño. No ofrece finales porque esas decisiones las deja para la paz de cada lector, pero regala mucho más, relatos muy psicológicos. También, a parte de los platos, resalta de cada lugar algo relevante, termas, sake, un lugar lleno de tiendas de té...
Pollo frito. "Olvídate de tus prejuicios...". Comer en familia. No comer lo que alguien nos cocina con cariño es triste, lo que le parecía egoísta, por parte del jefe, era una lección de amor y respeto hacia la madre que espera el regreso del hijo con la mesa puesta.
Por cierto, ¿sabéis de dónde viene la frase poner la mesa? Proviene de la Edad Media. En aquella época las casas eran pequeñas y las mesas no eran muebles fijos, sino que se armaban para comer colocando una tabla de madera sobre unos caballetes. Una vez terminada la comida, la tabla se retiraba y se guardaba para ahorrar espacio. Me lo explicaron en la Casa Museo de López de Vega.
Macarrones gratinados. "Se nota que te gusta beber" 😂🤣😂🤣, aquí esta frase ofende y mucho, Koishi bebe sake porque le gusta y hace frío y la frase en lugar de molestarla, le agrada.
Yo pediría los churros y la empanada de mi yaya. Por ahora, tengo la suerte de que mi madre está a mi lado, pero temo el día que añore su tortilla de patatas.
Parece que es el cuarto libro sobre esta taberna, no he leído los anteriores, me ha gustado mucho y entretenido. ¿Creéis que las grandes decisiones en la vida se deben tomar teniendo en cuenta nuestras raíces? Es interesante como nos gustan cosas, detalles, música sin saber su origen, como el color verde oliva o el punto de coser un kimono o la música de cierta cantante o un cuento...
Substack
Cuando un plato sabe a hogar: la psicología de los recuerdos en Los sabores secretos de la taberna Kamogawa
En la taberna Kamogawa no se cocina para alimentar, se cocina para recordar. Personas que llevan décadas persiguiendo un sabor regresan con una petición muy concreta: una sopa de miso idéntica a la que preparaba una madre, un onigiri compartido antes de una despedida, unos macarrones gratinados que nunca pudieron volver a probar. No buscan gastronomía de autor, buscan viajar en el tiempo.
Me resulta imposible no pensar en el extraordinario poder que tienen los estímulos sensoriales sobre la memoria. Solemos creer que recordamos con la mente, pero nuestro cerebro también recuerda con el olfato, el gusto o la textura de un alimento. Un aroma puede transportarnos de inmediato a la infancia sin que hayamos hecho el menor esfuerzo consciente. Basta el primer sorbo de una sopa para que aparezca una cocina, una voz o una persona que ya no está. Esto explica por qué tantas personas aseguran que «ninguna tortilla sabe como la de mi madre» o que «nadie cocina las lentejas como mi abuela». No es una cuestión culinaria, lo que echamos de menos no es la receta, sino el contexto emocional que la acompañaba: la seguridad, el cariño, la rutina, la sensación de pertenecer a un hogar.
Los personajes no desean repetir un plato por nostalgia vacía, necesitan revivir una emoción para poder tomar una decisión en el presente. Algunos buscan cerrar una relación que nunca terminó; otros quieren reconciliarse con su pasado o comprender mejor a quienes amaron. La comida funciona como un puente entre quien fuimos y quien queremos ser.
Hay otro aspecto que me parece interesante. Kashiwai evita los grandes discursos y las soluciones fáciles. Los protagonistas no salen de la taberna con la vida resuelta. Salen con una nueva perspectiva. Y eso resulta mucho más realista. En terapia tampoco se puede cambiar el pasado, pero sí modificar el significado que ese pasado tiene para nosotros.
Mientras escuchaba el audiolibro, me acordé en Como agua para chocolate de Laura Esquivel. Allí las emociones viajan a través de la comida: quien prueba los platos experimenta la tristeza, la pasión o la rabia de quien los ha cocinado. Kashiwai aborda esa idea desde un lugar más cotidiano y delicado, pero el mensaje es muy parecido, cocinar nunca es un acto neutral. Quien cocina también transmite afecto, cuidado, dedicación e incluso su estado emocional. Por ejemplo, quién cocina siempre los mismos platos a su marido sin pasión, ¿qué trasmite‽ Os fijáis, el autor no da puntada sin hilo.
Quizá por eso muchas comidas industriales nos alimentan, pero pocas nos reconfortan, estoy de acuerdo con el autor. El ser humano no solo necesita nutrientes; necesita rituales, conversaciones alrededor de una mesa y personas con las que compartir el tiempo. Comer despacio, en compañía, también es una forma de cuidar la salud psicológica.
Al terminar el libro me hice una pregunta inevitable: si pudiera entrar en la taberna Kamogawa, ¿qué plato pediría que reprodujeran?
Creo que elegiría la empanada de mi yaya o sus churros. No porque fueran perfectos, sino porque en ellos sigue viviendo una parte de mi historia. Y quizá esa sea la mayor enseñanza de esta novela, los recuerdos más importantes no siempre están guardados en fotografías. A veces permanecen escondidos en un sabor que llevamos años intentando volver a encontrar.
Os leo en comentarios.
PD.
Los estudios de la psicóloga Rachel Herz ha demostrado que los olores pueden desencadenar recuerdos autobiográficos intensos y emocionales. Sus investigaciones muestran que un aroma familiar activa recuerdos con una sensación de "volver a estar allí", mucho más que otros estímulos sensoriales.
Hisashi Kashiwai (Kioto, 1952) estudió Odontología en la Universidad Dental de Osaka. Tras licenciarse, regresó a su ciudad natal para ejercer como dentista. Ha escrito todo tipo de libros sobre Kioto y colaborado en programas de televisión y revistas. Los misterios de la taberna Kamogawa, Las deliciosas historias de la taberna Kamogawa y Las recetas perdidas de la taberna Kamogawa, publicadas en español por Salamandra, son las tres primeras entregas de una serie que consta hasta ahora de once novelas y ha sido adaptada a la pantalla por la NHK TV. Auténtico fenómeno internacional, se halla en curso de traducción en todo el mundo.






Comentarios
Publicar un comentario