Obstinada

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Obstinada de Edith Ayrton Zangwill 

Edita Jus y MalpasoyCía



Sinopsis 

En la Inglaterra de comienzos del siglo XX, cuando la ciencia y la pol¡tica parec¡an mundos reservados a los hombres, Ursula toma una decisión que cambiará su vida: abandonar su prometedora carrera como investigadora en qu¡mica para unirse al movimiento sufragista. Publicada originalmente en 1924 y olvidada durante casi un siglo, ``Obstinada``, de Edith Ayrton Zangwill, es una novela sorprendentemente actual, tan lúcida como cautivadora. Inspirada en la figura real de la cient¡fica Hertha Ayrton, la autora retrata con extraordinario detalle la vida de una mujer dividida entre la pasión por el conocimiento, las exigencias del hogar y la urgencia de la lucha pol¡tica. Entre la ciencia, el amor, el compromiso y la rebeld¡a, ``Obstinada`` es el redescubrimiento de una obra adelantada a su tiempo, una historia poderosa sobre la voz de las mujeres y el precio y la fuerza de decidir por una misma.

Conclusión 

He leído Obstinada despacio, quizá más despacio de lo habitual. No porque la novela sea difícil, sino porque obliga a detenerse. Edith Ayrton Zangwill no escribe sobre el sufragismo, lo hace sobre el miedo, el poder, la dependencia, la desigualdad, la culpa, la fragilidad de las relaciones y el precio de pensar por una misma. Lo hace sin convertir a sus personajes en símbolos, son personas complejas, llenas de contradicciones.

La autora destaca las diferencias cómo algunas leyes y costumbres podían castigar la pobreza, el sufrimiento o la libertad femenina con una dureza que hoy nos parece incomprensible. Publicada en 1924, interpela sobre la justicia, la igualdad y la dignidad humana con fuerza y originalidad.

¡Feliz lectura! 




Notas 

Lectura en vivo...

Avanza despacio. Pág. 40.

Úrsula, hija de la señora Hibbert. Científica. 

Andrew Winfield, padre de Úrsula. Siempre enfadado con su madre porque no tenía cualidades. Murió.

"... si no hubiera sido por as sufragistas, nunca se me habría ocurrido plantear la cuestión. ...vamos a tener suscriptoras muerjes. No podrán votar, pero tendrán todos los demás privilegios... y por un importe inferior".

"... tiene sus compensaciones tener una hija encerrada todo el día en el desván. ¡Al menos no me fugaré con el cochero!"

¿Qué se esperaba de una mujer? Bueno, pág.35, una mujer debe de ser hermosa, entretenida sin ser vulgar, tonta, pero sin serlo del todo. 

¿Hablar mal de alguien a quién define? ¿Del que se habla o del que habla? "Qué mujer tan espantosa y carente de educación... , olvidó que también podía ser bastante espantoso y claramente mal educado que un hombre hablará así de su esposa". Y la preguntas claves, quién dice qué, a quién y por qué. 

Pag. 65. El problema de las mujeres de antes y de ahora, os lo digo en dos frases, "... los hombres son como bebés..." y "Es justo tener que soportar algunas cosas desagradables por un marido comoes".Así nos va si no ponemos los puntos sobre las "i". 

En las primeras cien páginas de Obstinada, Edith Ayrton Zangwill retrata con gran lucidez el conflicto entre la identidad personal y las expectativas sociales. Úrsula, una joven científica, vive atrapada entre su vocación y el papel que la sociedad considera adecuado para una mujer. La presión no siempre adopta la forma de una prohibición explícita; con frecuencia aparece disfrazada de comentarios cotidianos, bromas o supuestas verdades sobre cómo «debe ser» una mujer: hermosa, agradable, inteligente, pero no demasiado.

La novela muestra también un mecanismo psicológico que sigue vigente, la normalización de la desigualdad. Frases como «los hombres son como bebés» o la idea de que «es justo soportar algunas cosas desagradables por un marido» reflejan cómo determinadas creencias terminan justificando relaciones desequilibradas y convirtiendo el sacrificio femenino en una virtud.

La relación entre Charlotte y su marido ocupa un lugar central porque condensa muchos de los conflictos que atraviesan la novela. Charlotte vive con el temor de no tener hijos, los cinco nacieron y murieron, al mismo tiempo, percibe que su marido está cambiando. Ese miedo no se limita a la maternidad; es también el miedo a dejar de ser necesaria o valiosa dentro del matrimonio, una preocupación frecuente en una sociedad que vinculaba la identidad femenina al hogar y a la familia, mujeres domésticas.

El episodio del ramo de rosas y la decisión de no viajar a Suiza muestran cómo los gestos cotidianos adquieren un enorme significado cuando la confianza empieza a resquebrajarse. La autora no ofrece respuestas cerradas, sino que deja al lector interpretar si esos detalles son muestras de afecto, de culpa o de distancia emocional.¿Quién eligió a quién, él por su dinero o ella por el prestigio? 

Edith Ayrton Zangwill explora la fragilidad de la confianza, pero también, la vulnerabilidadde la mujer, ¿quéle sucede a una mujer sin hombre? Cuando aparecen las dudas, la mente busca explicaciones para cada gesto, y la incertidumbre termina siendo tan importante como los hechos. En esa ambigüedad se mueve la relación entre Charlotte y su marido.

Voy despacio, lo sé, ya explicaré al final, avanza despacito, se nos enamoró la protagonista de un muchacho que pensaba que la mejor mujer era la que no tenía intelecto 🤣😂🤣😂, pero ahora todas sus teorías se han ido al traste.

"...una joven en una posada... ¡Maldita sea, no es respetable!" Cuando leo estas cosas no puedo evitar pensar, ¿quién pondría tales normas morales?

Edith Ayrton Zangwill utiliza pequeños episodios para retratar la mentalidad de una época. El intento de suicidio de una mujer mayor. Ursula quiere ayudarla, pero aparece una realidad que hoy resulta difícil de comprender, el intento de suicidio era considerado un delito grave y podía castigarse con la pena capital. La incredulidad de Úrsula refleja también la mía. ¿Qué sentido tiene salvar la vida de una persona para después condenarla a morir? La contradicción es tan evidente que obliga a preguntarse cómo entendía entonces la sociedad el sufrimiento humano. Más que interesarse por las razones que llevaron a esa mujer a querer morir, la ley se centraba en castigar el acto, su origen, muy religioso. El sufrimiento era interpretado como una falta moral o legal, no como una situación que requería comprensión y ayuda. Hoy, al menos en gran parte del mundo, el enfoque ha cambiado, sabemos que una conducta suicida suele estar relacionada con un intenso dolor psicológico y que la respuesta debe ser la escucha, el tratamiento y el apoyo, no el castigo.

Muy revelador los juicios,  que salgan las mujeres, y se quedan solo los hombres con la niña... "Niñas caídas". Úrsula asiste y descubre una justicia que parece medir los delitos con una escala difícil de comprender. Un hombre que explota sexualmente a niñas y vive de la prostitución recibe una condena de apenas seis meses de prisión. En cambio, otro hombre que roba unas botas, movido por la necesidad, es castigado con doce meses de trabajos forzados. La sorpresa de Úrsula no nace solo de la diferencia entre las penas, sino de la lógica que las sostiene. «El magistrado también debía de estar loco». 

En la manifestación, tiene orden de no arrestar a nadie, por eso les están golpeando. "Luego siguió un arresto misericordioso". La militancia ya no era una táctica, era un martirio. 

"Los hombres nacen tontos, pero por eso, nosotras, las mujeres, tenemos que defendernos unas a otras", pues para nacer tontos manejan muy bien los hilos. 

Alimentación forzada y sed. La guerra...





Substack 


¿Qué ocurre cuando una novela de 1924 sigue haciéndonos preguntas incómodas?

Obstinada, de Edith Ayrton Zangwill, se lee despacio. No porque su lectura sea compleja, sino porque cada capítulo invita a reflexionar.

Publicada en 1924 y recuperada ahora por Jus y Malpaso&Cía, la novela está inspirada en la figura de la científica Hertha Ayrton y nos sitúa en una Inglaterra donde la ciencia, la política y la universidad seguían siendo territorios masculinos. Su protagonista, Ursula, decide abandonar una prometedora carrera científica para implicarse en el movimiento sufragista. Sin embargo, reducir la novela a una historia sobre el derecho al voto sería quedarse en la superficie.

Lo que Edith Ayrton Zangwill construye es un retrato preciso de la mentalidad de una época. Desde las primeras páginas aparecen frases que hoy resultan desconcertantes. Una mujer debía ser hermosa, agradable, inteligente..., pero no demasiado. El sacrificio femenino se presentaba como una virtud y soportar determinadas conductas masculinas parecía formar parte del matrimonio. Lo inquietante es comprobar que muchas de estas ideas no se imponían mediante las leyes, sino que terminaban siendo aceptadas como algo natural.

Uno de los aspectos que más me ha interesado es ese proceso de normalización. La autora muestra cómo las creencias sociales moldean la identidad hasta el punto de que muchas mujeres llegan a cuestionarse a sí mismas antes que al sistema que las limita. La relación entre Charlotte y su marido ilustra muy bien esa realidad. Charlotte arrastra el dolor de haber perdido a sus cinco hijos y vive pendiente de unos pequeños cambios en el comportamiento de su esposo. Un ramo de rosas, un viaje que no llega a realizarse o una mirada distinta bastan para que aparezcan la incertidumbre y el miedo. Zangwill no ofrece respuestas fáciles. Prefiere explorar cómo funciona una mente cuando la confianza comienza a resquebrajarse y cuando el valor social de una mujer depende de su matrimonio y de la maternidad.

Los momentos más impactantes de la novela son aquellos que muestran el funcionamiento de la justicia. Ursula presencia el caso de una mujer que intenta suicidarse y descubre que el intento de suicidio puede castigarse con la pena capital. La contradicción resulta insoportable, primero se salva una vida y después se condena a quien quiso quitársela. La ley no se pregunta qué sufrimiento llevó a esa mujer hasta ese extremo, castiga el acto. Es imposible leer estas páginas sin pensar en cuánto ha cambiado nuestra comprensión del dolor.

Un hombre que explota sexualmente a niñas recibe una condena leve, mientras que otro, que roba unas botas por necesidad, es castigado con trabajos forzados. La indignación de Ursula nace y la empuja.

A medida que avanza la historia, el sufragismo deja de ser una simple reivindicación política para convertirse en una forma de resistencia. Las manifestaciones, la violencia policial, los encarcelamientos y la alimentación forzada muestran el coste real que tuvo reclamar derechos que hoy muchas veces damos por descontados.

Lejos de ser una novela envejecida, Obstinada sigue formulando preguntas que permanecen abiertas, ¿cómo interiorizamos las normas sociales?, ¿cuánto condiciona una época nuestra forma de amar, de juzgar o de entender la justicia?, ¿cuánto hemos cambiado?

Os leo en comentarios.




Edith Ayrton Zangwill, (1874_1945). Nació en Japón, donde trabajaban sus padres británicos. Hija de ingeniero eléctrico William E. Ayrton y de la médica Matilda Chaplin, creció bajo la influencia de su madrastra, la científica Hertha Marks Ayrton. Ayudó a fundar la Liga Judía por el Sufragio Femenino. En 1903 se casó con el escritor Israel Zangwill, quien apoyó públicamente el sufragio femenino y la animó a dedicarse a la escritura. 


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