Ser de fuera
Ser de fuera de Raquel Delgado
Editorial Sextopiso
Carmen no puede dejar de pensar que la vida no tiene sentido desde que se metió esa idea en la cabeza una tarde de Navidad, mientras veía la televisión con sus padres. Aurora y su madre se ven obligadas a compartir coche y horas en compañía cuando viajan al pueblo para asistir a una ceremonia en memoria del abuelo. La despedida de soltera de Alicia con sus amigas de infancia saca a la luz algunas de las heridas que han marcado su relación... Las protagonistas de los relatos de Ser de fuera son mujeres que se sienten desplazadas, fuera de lugar, distanciadas de las que un día fueron sus coordenadas de partida, ya sea el entorno en el que nacieron, las personas junto a las que crecieron o el sistema de valores que heredaron. Hace tiempo que entendieron que no son el centro del universo, pero aún les resta averiguar qué lugar han de ocupar en el mundo.
En su primer libro, Raquel Delgado indaga en nuestros vínculos más esenciales –la familia, el amor romántico, la maternidad, el empleo, la amistad– y los sitúa en el centro de unos relatos sin trampa ni cartón: historias cotidianas y aparentemente sencillas que, descubrirá el lector, están llenas de verdad. Con un estilo pulcro y delicado y una mirada implacable que sin embargo no renuncia a la compasión, Ser de fuera reflexiona sobre aquellas cosas que dejamos atrás y cambian hasta volverse irreconocibles y, a fin de cuentas, sobre lo extrañamente común que resulta sentirse un intruso en la vida propia.
Conclusión
Ser de fuera de Raquel Delgado he disfrutado dialogando con los personajes. Cuando una historia está escrita en primera persona, me resulta imposible no responderle. Los relatos giran en torno a mujeres que sienten que ya no pertenecen del todo a los lugares, las familias o las vidas que un día fueron suyas. La familia, la amistad, la maternidad, el amor, el trabajo o el pueblo aparecen como escenarios donde se ponen a prueba la identidad y el sentimiento de pertenencia.
Uno de los aspectos que más me interesó fue la relación entre padres e hijos. Hay una pregunta que resume muy bien ese conflicto, ¿entender el contexto en el que una persona se ha construido significa justificar su forma de actuar? Comprender las causas de una conducta no implica eximirla de responsabilidad, y esa tensión atraviesa algunos de los mejores momentos del libro.
Encontré escenas que me resultaron muy reconocibles: los silencios familiares, las normas no escritas durante las comidas, las críticas que se disfrazan de preocupación, la adolescencia como territorio de desencuentro o la forma en que las familias compiten, a veces sin quererlo, por el afecto y el protagonismo. Son situaciones cotidianas descritas con una escritura delicada y una mirada muy observadora.
Sin embargo, conforme avanzaba la lectura, tuve la sensación de que los relatos despertaban preguntas muy interesantes, pero rara vez iban un paso más allá. La autora consigue generar expectación, introduce conflictos con potencial emocional y psicológico, pero en muchos casos las historias concluyen de una forma demasiado discreta para mi gusto. Me quedé esperando una reflexión, una revelación o una profundidad mayor que terminara de justificar el recorrido. Raquel Delgado escribe con elegancia y sensibilidad. Tiene una prosa limpia, precisa y muy agradable de leer. No obstante, eché de menos que esas escenas cotidianas trascendieran lo reconocible y ofrecieran una mirada que permaneciera conmigo después de cerrar el libro.
Ser de fuera es un debut prometedor, con una escritura cuidada y personajes verosímiles, que reflexiona sobre la identidad, la familia y el desarraigo. A mí, sin embargo, me dejó con la sensación de que había mucho más que contar detrás de esas vidas y de que, justo cuando parecía que iba a llegar ese momento, el relato se detenía.
¡Feliz lectura!
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Notas:
Los hombres y el pan.
Cuando una historia está escrita en primera persona y en cualquier persona 😂🤣, no puedo evitar dialogar con la obra, así que, cuando la protagonista, tras contar detalles de la vida de su padre se pregunta, "¿Por qué me resisto a aceptar tu carácter, a considerarlo como lo que es, la respuesta más lógica a los acontecimientos en las que crecieron?", pues eso me pregunto, por qué, entender las causas, el contexto en el que se moldea una identidad, ayuda a entender, pero eso no significa que estemos justificando...
"... eres de los que aguantan como un mulo"
Cómo no sé por dónde quiere ir, apunto:
"Hola, bonita", le decía su padre al entrar en casa. "Pero así como eras incapaz de darme un azote cuando me lo merecía, tampoco me permitían un contacto más estrecho con tu cuerpo " "Tu amor de padre se expresaba de manera encubierta...".
"... cogiste el hábito de andar y de llevarme contigo, todos los días, en cuanto salía de clase"
Y llega la tan temida adolescencia, que me lo digan a mí, que transito ese terreno con mis hijos. "Las lágrimas por menudencias eran algo que directamente no tolerabas..."
"... no se habla mientras se come", la frase de mi abuelo 😂🤣😂, y la misma perra con el pan, también mi suegro y mi padre, pero no tan marcado.
Pueblo
Una desesperación.
Son relatos independientes. Ok. Carmen cae en las preguntas existenciales sin respuesta, ¿de dónde venimos?, ¿qué hacemos aquí?
Carmen sabías qué... La cuenta a cero por un máster para esa carrera inútil. Presión, culpa... "La vida no tiene ningún sentido". La conclusión de Carmen, cuando esto pase, será como un objeto de segunda mano.
Pueblo
Campanadas
Paloma escrutinio a su hija no con disimulo, sino para que lo note, en busca de un fallo. "Paloma le repite que es una conductora torpe. A Aurora le irrita mucho esa crítica porque sabe que lo es", se calla el miedo que siente a conducir por la autopista.
No quiere que la negatividad de la madre se le pegue, y se esfuerza por desacreditar. Paloma piensa que su hija es muy susceptible.
¡Ay, Paloma, cómo quieres retener a tu hija a tu lado con reproches y comparaciones!
"... sin su abuelo hay un vacío, cierta incomodidad..."
Paloma y la última croqueta, uff.
Pueblo, familia, adolescencia, silencio, protagonismo, competición por afectos...
Despedida
"Nadie le había advertido que ninguna novia controla lo que va a pasar el año en el que se casa", 🤣😂🤣, doy fe de ellos.
Vaya amiga la tal Eva, Eva la psicóloga y la de las borracheras, la que saca la i formación y hace llorar. La adolescencia es un gran cambio, el alcohol modifica el comportamiento.
Bueno, puedo decir que escribe bonito, pero este breve relato, qué mensaje deja, qué relación hay entre la nota de una amiga y la camisa de boda 😕 No estoy en la cabeza de la autora.
Antes de casarme
"Me di cuenta de que ser muy amada o no serlo, de que llegar a casarse, dependía sobre todo de la belleza", pero la belleza depende de que los otros te confirmen como tal.
Bueno, bueno, idealizar el matrimonio, pues vale.
Ser de fuera
"Ya nunca más habrá foto multitudinaria de Navidad en la escalera, como cuando éramos niños y la familia era una sola, sin escisiones", y van conociendo las novedades del pueblo, los oscuros conflictos que se mantienen activos.
Así empezamos, uno aquí y otro allí.
Sobrinas
"Ellos me dicen que la vida es más divertida con niños, y yo les creo, claro que les creo"
Efectivamente, un relato corriente que nada cosas corrientes y no se sale de lo corriente 🤷 Bien narrado, poco más.
Dímelo a mí ...
Diario de secado...
Me falta algo en los relatos, escribe bien, mete el gusanillo, pero luego lo deja en algo trivial sin nada que aporta fuera de las escenas cotidianas que todos conocemos y hemos vivido.
Substack
¿Dónde dejamos de sentirnos en casa? La psicología de Ser de fuera
Sus relatos no buscan el acontecimiento extraordinario, sino aquello que ocurre cada día: una conversación incómoda entre madre e hija, un viaje al pueblo, una despedida de soltera, una comida familiar, una fotografía antigua que ya no podrá repetirse.
Y, sin embargo, detrás de esa aparente normalidad, aparece una pregunta que nos hemos hecho alguna vez, ¿en qué momento dejamos de sentirnos en casa? No hablo de una casa física, sino de ese lugar simbólico donde uno siente que pertenece. Las protagonistas de estos relatos experimentan una forma de sentirse extraños. Extraños dentro de su propia vida. Regresan al pueblo donde crecieron y descubren que ya no encajan. Se reúnen con amigas de la infancia y comprenden que el tiempo ha modificado vínculos que parecían inquebrantables. Observan a sus padres y empiezan a entenderlos, pero ese conocimiento no siempre trae consigo reconciliación.
En el primer relato la narradora se pregunta por qué le cuesta aceptar el carácter de su padre si entiende las circunstancias que lo moldearon. Con frecuencia confundimos dos verbos: comprender y justificar. Comprender significa reconstruir la historia que hay detrás de una conducta. Preguntarse qué experiencias, qué pérdidas o qué educación llevaron a una persona a ser como es. Justificar, en cambio, supone considerar que ese comportamiento deja de tener consecuencias porque conocemos su origen. No son lo mismo. Comprender no elimina la responsabilidad.
Me gustan los relatos familiares. Los silencios durante la comida, las críticas que se presentan como preocupación, los padres que quieren a sus hijos pero nunca aprendieron a demostrarlo, las madres que retienen mediante el reproche porque temen quedarse solas.
Hay frases que muchos reconoceremos. «No se habla mientras se come»
Son pequeñas normas familiares que sobreviven durante generaciones. A veces las repetimos sin preguntarnos de dónde vienen. Otras veces descubrimos, años después, que seguimos reaccionando emocionalmente ante ellas.
También aparece la adolescencia en estos relatos, como el principiodel cambio, ese territorio donde padres e hijos parecen dejar de hablar el mismo idioma. Los adultos interpretan sensibilidad donde hay vulnerabilidad; los hijos perciben juicio donde quizá solo existe miedo.
La autora posee una escritura elegante, contenida y muy precisa. No necesita grandes artificios para construir escenas reconocibles. Basta una conversación en un coche o una última croqueta en la mesa para revelar jerarquías, afectos y rivalidades familiares o quizás ni eso, responde a ser buena anfitriona y mal interpretamos los gestos.
Sin embargo, terminé el libro con una sensación inesperada. Esperaba que esos conflictos cotidianos terminaran conduciendo a algún descubrimiento. Los relatos despiertan preguntas muy interesantes, pero con frecuencia se detienen justo antes de profundizar en ellas. Como lector, tuve la impresión de que abrían puertas que después preferían dejar entreabiertas.
No creo que todos los relatos tengan que ofrecer respuestas. La buena literatura sabe convivir con la incertidumbre. Pero sí espero que, cuando una historia plantea una tensión emocional, esa tensión transforme de alguna manera mi forma de mirar el mundo. Aquí esa transformación me resultó insuficiente.
Nos recuerda que el desarraigo no siempre consiste en marcharse lejos. A veces ocurre sin movernos de sitio. Basta con volver a la casa de la infancia y descubrir que ya no somos la persona que la habitó. Quizá acabamos siendo, en algún momento, seres de fuera. No porque el mundo nos expulse, sino porque el tiempo convierte incluso nuestros lugares más íntimos en territorios desconocidos.
Os leo en comentarios, Gemma entre lecturas
Raquel Delgado, nació en Valladolid en 1988. Es licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual y máster en Comunicación Política y Corporativa. Creció en Vitoria y actualmente reside en A Coruña. Ser de fuera es su primer libro.





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