Hay historias que no se escriben cuando uno quiere.

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Algunas esperan. Esperan años. En mi caso, esperó Natalia Navarro, la doctora Navarro nació hace algunos años, cuando escribí El vestido de gala. Me encariñé con ellos, con aquellos personajes de papel y tinta, mucho más de lo que debería encariñarse un escritor con sus personajes, pero lo hice.

Después llegó la vida, una depresión, y gente que se aprovecho de mi ignorancia y sueño, y Natalia se quedó allí, en algún lugar de mi cabeza. Hasta ahora. Hace unos meses volví a encontrarme con algo que siempre me ha fascinado, la frontera entre psicología y literatura. Freud convirtió algunos de sus casos clínicos en auténticos relatos. Skinner imaginó en Walden Dos una sociedad construida a partir de una determinada concepción del comportamiento humano. Me volvió a picar el gusanillo. Quería volver a escribir. Así que Natalia Navarro ha regresado o regresará el primer lunes de septiembre. 

Pero esta vez es diferente, no es psiquiatra, es psicóloga. Tiene cincuenta y cuatro años, vive en Madrid, trabaja desde su propia casa y colabora ocasionalmente con la UCO. Es introvertida, necesita el aislamiento casi tanto como necesita comprender a los demás y sabe analizar a casi todo el mundo bastante mejor de lo que sabe analizar a sí misma.

Ahora ha vuelto a la casa de sus padres tras un incendio devastador en un pequeño pueblo de Ávila. Hay cenizas. Una casa destruida. Unos vecinos que parecen saber más de lo que cuentan. Y algo que no encaja.




Esta vez no quiero escribir sola. Quiero hacerlo con vosotros, por eso esta historia aparecerá aquí, capítulo a capítulo, como un diario. Natalia escribirá. Vosotros leeréis y, entre todos, descubriremos qué ocurrió realmente.

No sé hasta dónde llegará esta historia, no sé siquiera si terminará convirtiéndose en una novela, pero sí sé una cosa, tenía una espina clavada desde hace años y ha llegado el momento de sacarla.

Gracias a quienes estáis aquí desde el principio. Y gracias, a quienes habéis decidido quedaros.

Esta historia es para vosotros. Nos vemos en el pueblo. Natalia os espera.

Os leo.




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