Relatos clínicos

 Relatos clínicos de Sigmund Freud 



Sorprendentes relatos rescatados de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud que, como destaca en su prólogo Juan José Millás, «poseen una eficacia narrativa que había permanecido oculta hasta la presente edición».

Freud no solo fue uno de los más grandes exploradores de la mente humana, sino también un excelente prosista con una amplísima cultura humanística. En ninguna parte quedan mejor reflejadas estas dos facetas como en sus legendarios casos clínicos, cuya estructura, según el novelista John Updike, «tiene una elegancia arquitectónica que iguala a la de los mejores escritores de su tiempo».

Este libro, al cuidado de la psicoanalista Isabel Menéndez, presenta desde un punto de vista literario veinte de esos casos, narraciones extraordinarias que reflejan los temas más importantes en la búsqueda freudiana. La primera parte reúne breves y deslumbrantes historias sobre casos de sugestión e hipnosis, entresacadas de sus grandes trabajos técnicos, que alumbran el conocimiento del inconsciente. La segunda, textos inmersos en los trabajos que le llevaron a elaborar las teorías sobre la neuropsicosis de defensa y las obsesiones y fobias. Y finalmente, tres grandes relatos sobre paranoia y homosexualidad que culminan con una verdadera obra maestra: Una neurosis demoniaca en el siglo XVII.



Notas

Hay algo interesante en esta edición, los casos clínicos aparecen como relatos. Y eso permite leerlos también desde la literatura. Freud observa, selecciona, reconstruye, interpreta y cuenta. En ocasiones, incluso, la forma narrativa resulta tan importante como aquello que pretende demostrar.

¿Dónde termina el caso clínico y dónde empieza la construcción narrativa de Freud?

Porque sabemos que muchas de sus explicaciones no se sostienen desde el conocimiento científico y psicológico actual. Algunas de sus técnicas terapéuticas tampoco tendrían hoy validez clínica, pero eso no significa que no resulte fascinante regresar al momento en que determinadas ideas empezaron a formularse. Además, Freud no estaba trabajando con las herramientas metodológicas que tenemos hoy. Estaba intentando construir un lenguaje para hablar de aquello que hasta entonces resultaba difícil de nombrar: el inconsciente, los conflictos internos, los síntomas, los deseos, las obsesiones, las fobias... , eso hace que esta lectura pueda ser muy interesante incluso desde una posición crítica.

Durante la lectura podemos ir señalando, ¿qué plantea Freud? ¿Qué nos resulta actual? ¿Qué sabemos hoy que no funciona? ¿Qué consiguió cambiar Freud en nuestra manera de mirar al ser humano?

Y me parece interesante empezar por aquí, ojito, leerlo sin idolatrarlo y sin demonizarlo. Conociendo sus enormes limitaciones, pero también su importancia histórica.




No vamos a leer a Freud como si estuviéramos ante un manual clínico actual, sino como quien entra en el origen de una manera de pensar la mente humana que cambió para siempre la psicología y la cultura.

Catalina es un buen ejemplo para empezar a poner esa lupa. Freud presenta una reconstrucción causal cerrada, ¿qué es causal? Causa-Efecto. Ocurre un acontecimiento y queda reprimido, luego aparece un recuerdo asociado y ese recuerdo explica el síntoma, entonces al hacerlo consciente, el síntoma desaparece. Para el conocimiento clínico actual, esa seguridad resulta problemática. No podemos establecer de esa manera una relación causal entre un síntoma y un supuesto recuerdo reprimido, y mucho menos asumir que una interpretación del terapeuta constituye por sí misma la explicación verdadera.

Freud nos presenta lo que Catalina cuenta como una historia después de haberla interpretado, parece «imaginación total». El texto tiene una estructura narrativa casi perfecta porque el enigma se plantea y Freud encuentra la pieza que encaja. Eso funciona de maravilla como ejemplo ilustrativo. En psicología clínica no es tan sencillo. La idea de que después de descubrir el supuesto origen del conflicto todo queda «solucionado» resulta simplificadora. Comprender el origen de un sufrimiento no equivale a elaborarlo  ni a modificar los patrones que se han construido alrededor de él.

Hay que hablar y hablar, e ir sacando preguntas, e ir hacia atrás en la historia. La historia personal es mucho más compleja: intervienen experiencias, vínculos, aprendizaje, temperamento, contexto, formas de interpretar lo ocurrido, mecanismos de afrontamiento... Esta lectura puede ser muy bonita, podemos leer a Freud como pionero, como hombre de su época y como narrador, abrió una puerta enorme, pero no es tan sencillo.

Puede que estos relatos tuvieran, además de una finalidad teórica, una intención mucho más divulgativa. Freud podía acercar a cualquier lector, sin necesidad de conocimientos médicos, una idea que en aquel momento resultaba novedosa: que aquello que vemos en una persona adulta —un síntoma, una fobia, una reacción inexplicable— podía tener raíces mucho más profundas, vinculadas a experiencias y recuerdos que ni siquiera eran conscientes. La famosa imagen del iceberg: lo que vemos está en la superficie, pero debajo existe una parte mucho mayor que permanece oculta. Freud intentaba llevar al lector hacia esa parte sumergida de la mente y mostrarle, a través de historias sencillas, cómo establecía él esas conexiones.

Y quizá hubiera también una segunda finalidad: acercar a las personas y, sobre todo, a las mujeres de su época, a la posibilidad de hablar de aquello que les ocurría. Contar sus experiencias, poner palabras al malestar, explorar su historia personal y buscar ayuda.

Hoy sabemos que muchas de las interpretaciones de Freud son discutibles y que no podemos explicar los trastornos psicológicos recurriendo solo a recuerdos reprimidos ni, mucho menos, reducirlos todos a conflictos sexuales. La psicología actual entiende el sufrimiento psicológico desde una perspectiva mucho más amplia, en la que intervienen factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales y ambientales.

Pero quizá ahí esté una de las aportaciones más interesantes de estos relatos: hacer imaginable que detrás de un síntoma hay una historia y que hablar de esa historia puede formar parte del camino hacia la comprensión del sufrimiento.

Y eso, leído más de un siglo después, sigue resultando reconocible, aunque hoy entendamos el proceso de una manera mucho más compleja.




Miss Lucy R.





Sigismund Schlomo Freud (Príbor, 6 de mayo de 1856 - Londres, 23 de septiembre de 1939) fue un neurólogo austriaco conocido por ser el padre del psicoanálisis. 

Freud es considerado uno de los científicos más brillantes de todos los tiempos y uno de los pensadores mas influyentes del siglo XX.

De origen judío, fue el mayor de seis hermanos y creció en una familia con graves dificultades económicas. A pesar de la mala situación financiera de sus padres, gracias al esfuerzo de ambos pudo estudiar Medicina en la Universidad de Viena, a la que accedió bajo el nombre abreviado de Sigmund Freud, que decidió utilizar a raíz del ambiente de antisemitismo que descubrió. Allí demostró su inteligencia y, gracias a sus brillantes resultados, fue ayudante del profesor y médico alemán E. Brücke en el Instituto de Fisiología de Viena. En esta época también conoció al que se convertiría en su mentor, el fisiólogo y psicólogo checo Joseph Breurer...

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