La marca en la pared
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La marca en la pared y otros relatos de Virginia Woolf
Traducción Magdalena Palmer, Ainize Salaberri y Colectivo Woolf Bdl.
Edita Nórdica Libros
ISBN: 9791387922764
Idioma: Castellano
Número de páginas: 112
Fecha de lanzamiento: 02/03/2026
Sinopsis
«A Virginia Woolf le gustaba fumar puros, jugar a los bolos y escribir a máquina. Era feminista y era pacifista, y una vez que le ofrecieron un doctorado honoris causa lo rechazó con tajante elegancia. Comparaba la felicidad de escribir impulsada por el entusiasmo de la inspiración y la perseverancia del trabajo con el ronquido de un Rolls Royce lanzado a cien kilómetros por hora; con la fuerza de las hélices de un avión». Así comienza el texto de Antonio Muñoz Molina que prologa esta edición en la que reunimos parte de la narrativa breve de Virginia Woolf a lo largo de treinta y dos años, desde sus primeros escritos hasta los textos que darían lugar a su célebre novela La señora Dalloway. En estos preciosos textos, personajes y acciones quedan supeditados a imágenes poéticas, alejadas de las banalidades de la vida.
Conclusión
Lo que más me ha sorprendido de La marca en la pared es descubrir una Virginia Woolf que, al menos en algunos de estos relatos, sabe ser divertida. No es el humor que uno espera de Woolf, siempre asociada a esa escritura introspectiva, delicada y consciente del paso del tiempo, de la soledad y de la vida interior. Aquí aparece también una autora irónica, mordaz y capaz de construir situaciones absurdas sin perder por ello su mirada crítica.
El primer relato, el de la granja, he sonreído más de una vez. Ese hombre que pretende convertirse en granjero, que compra un perro callejero convencido de haber adquirido un magnífico ejemplar, que se pone a ordeñar una vaca con el cubo del revés y acaba derramando dos tazas de leche sobre la hierba, resulta tan inútil como cómico. Y cuando llega el dinero, todo cambia. Harriet se transforma, la casa se convierte en la residencia de un gran señor, aparece una criada y el protagonista reconoce, con una sinceridad bastante desagradable, que el dinero había convertido a su mujer «en un ser aceptable para mí». Una frase que dice muchísimo más del marido que de ella. Después llega el hijo y, con él, otro desplazamiento del equilibrio familiar. «Hace un mes mi mujer tuvo un hijo» y el hombre descubre, con auténtico disgusto, que ahora tiene que competir por la atención de Harriet. Se siente destronado por ese bebé que exige caballos humanos, cariño constante y toda la atención de su madre. La escena del niño convertido en pequeño tirano doméstico tiene un humor magnífico, cuando Harriet habla con esa voz afectuosa de «mi queridito cariño mío». Woolf vuelve a desmontar cualquier solemnidad cuando el padre termina atando al bebé a un árbol para poder salir a pasear con tranquilidad y, de paso, se seca.
El dinero, la maternidad y las convenciones sociales aparecen así tratados desde el absurdo, pero debajo de la comicidad hay algo bastante más incómodo, personajes que mienten, que se engañan, que representan papeles y que necesitan mantener una determinada imagen ante los demás. Incluso Harriet y su marido terminan descubriendo que los dos han sido «pillados en falta» y deciden no decir nada más al respecto.
Esa mirada sobre la impostura aparece también en otros relatos. Woolf escribe: «como la mayoría de las personas de su condición sentía una franca fascinación por cualquier excentricidad que indicase un cerebro trastornado, sobre todo en los pudientes». La observación es una crítica social muy precisa; la locura del rico puede contemplarse como excentricidad; la del pobre carece de ese privilegio.
Hay frases que concentran la sensibilidad de Woolf. «Era trágico, ojalá fuera capaz de sentir compasión de verdad en vez de limitarse a fingirla». También esa otra idea tan demoledora: «se daban todas las condiciones para la felicidad y entonces no ocurría nada». Ahí está una de las constantes de estos relatos, la distancia entre tener todo lo que, en teoría, debería hacernos felices y ser felices.
«Una no era feliz, todo era monótono, solo monótono y eso era todo». Qué extraordinaria manera de describir una existencia vacía sin necesidad de convertirla en una tragedia. Después aparecen la madre inquieta y débil, la esposa indecisa, esa mujer que «flotaba en una especie de existencia crepuscular», personajes que parecen vivir a medio camino entre lo que son, lo que esperan de ellos y lo que los demás han decidido que deben ser.
No todos los relatos me han llegado de la misma manera. Eso me ocurre con Virginia Woolf, hay textos en los que siento esa profundidad tan particular suya y otros que me dejan fría, como si hubiera admirado la escritura sin llegar a entrar en ella. Pero incluso en esos relatos que no terminan de convencerme aparece algo reconocible, una inteligencia atenta a las pequeñas grietas de la vida cotidiana.
¡Feliz lectura!
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Otras lecturas:
Clarissa Dalloway y su invitada
En esta recopilación tenemos un relato de la autora Perros
Virginia Woolf (1882-1941) se esconde detrás de algunas de las novelas más emblemáticas e innovadoras del siglo xx; títulos que revolucionaron las estructuras narrativas de la época y las condujeron hacia delante, por un camino de no retorno. Pero la autora de La señora Dalloway (1925), Orlando (1928) o Las olas (1931) no solo escribió ficción, también ensayos fundamentales como Una habitación propia (1929) y el presente Tres guineas (1938); entretanto, narró su vida en sus diarios, cuya edición póstuma, en cinco volúmenes, está considerada uno de los mayores acontecimientos y logros literarios de nuestros tiempos y de los venideros. La colección, íntegra e inexpurgada, de El diario de Virginia Woolf, vols. I-V está publicada en Tres Hermanas (2017-2022).






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