Marisabidillas, frívolas y peligrosas

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Marisabidillas, frívolas y peligrosas por ROCIO GONZALEZ NARANJO 

El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936)

Edita Hoja de Lata 


El Lyceum Club Femenino de Madrid fue la institución pionera del feminismo en España. En 1926 las abogadas y políticas Clara Campoamor y Victoria Kent, las escritoras Zenobia Camprubí, Concha Méndez o Elena Fortún, la pedagoga María de Maeztu o las activistas María Lejárraga e Isabel Oyarzábal, entre muchas otras, se unieron con la firme determinación de crear un espacio en el que las mujeres pudieran desarrollar un proyecto de emancipación propio.

Hace ahora cien años estas figuras imprescindibles en nuestra historia cultural, política y social iniciaron su insólita aventura en la suntuosa Casa de las Siete Chimeneas. Durante una década desarrollaron una intensa actividad cultural, política y social, con la que rompieron moldes y se granjearon enemigos a diestra y siniestra. «Marisabidillas, frívolas y peligrosas», «fumadoras de cigarrillos egipcios» o ««burguesas, aburridas y jugadoras de bridge y mahjong», fueron algunas descalificaciones que recibieron, mientras creaban el primer servicio laico y gratuito de cuidado de niños, organizaban conferencias de las principales figuras intelectuales del momento o lograban dinamizar un espacio en el que, por primera vez, eran ellas las protagonistas y los hombres se limitaban a ser «los maridos de sus maridas».


Reseña 


Tenía ganas de leer este libro desde que lo vi en la Feria del Libro de Madrid. Como la lotería sigue sin dar señales, hice lo que se me da bastante bien: priorizar y tirar de biblioteca pública. Y ha merecido la pena.

Rocío González Naranjo recupera la historia del Lyceum Club Femenino de Madrid, creado en 1926 por mujeres como Clara Campoamor, Victoria Kent, María de Maeztu, Zenobia Camprubí, Elena Fortún o María Lejárraga. Mujeres que quisieron crear un espacio propio para leer, debatir, aprender, organizarse y, poco a poco, intervenir en una sociedad que no estaba preparada para que ellas hicieran demasiadas cosas por sí mismas. 

Aquellas primeras feministas eran, en su mayoría, mujeres burguesas y acomodadas. Necesitaban ser respetables, solventes y ajustarse a determinadas normas sociales para que su proyecto pudiera prosperar. Algunas de las mujeres que se apartaban de ese modelo quedaron fuera. La emancipación, por tanto, no fue un camino limpio ni sencillo: hubo límites, renuncias, estrategias y decisiones difíciles.

En un momento dejaron de parecer inofensivas, porque no solo se reunían; crearon proyectos para mujeres y niños, organizaron conferencias, trabajaron por la educación, ayudaron a prostitutas, se preocuparon por las personas ciegas y llegaron a poner en marcha iniciativas que demostraban algo mucho más peligroso para el orden establecido, que las mujeres podían organizarse, gestionar recursos y decidir por sí mismas.

Me he detenido en esas pequeñas historias que el ensayo rescata y que permiten comprender toda una época: Consuelo Bastos y el proyecto profesional que la maternidad interrumpió; Victoria Kent y su controvertida posición sobre el voto femenino; Clara Campoamor y su lucha contra las disposiciones del Código Penal que protegían el supuesto «honor» masculino; o esas frases bienintencionadas que esconden una condescendencia que hoy seguimos reconociendo con demasiada facilidad.

El miedo no estaba tanto en lo que aquellas mujeres eran como en lo que podían llegar a ser. Una mujer que leía, pensaba, debatía, se organizaba, decidía y participaba en la vida pública ya no era una mujer «educada», ya no era el buen acompañamiento de un hombre de posición, era una mujer difícil de controlar.

Marisabidillas, frívolas y peligrosas es un ensayo histórico, pero también una invitación a mirar el feminismo sin convertirlo en una historia perfecta de heroínas que siempre pensaron igual, porqueno fue así. Hay clase social, contradicciones, enfrentamientos, estrategias, avances y retrocesos. 

Una lectura muy recomendable para conocer la historia del Lyceum y, sobre todo, para recordar que cada espacio conquistado tuvo detrás a mujeres que tuvieron que luchar incluso para que se les permitiera ocuparlo.

Un ensayo impresionante. 

¡Feliz lectura! 


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Notas

Tenía ganas de leer esta obra desde que la vi en la Feria del Libro de Madrid, cuando me toque la lotería, habrá señales, no digo más, mientras tanto, priorizo y tiro de biblioteca pública. 

Tània Balló.  El complejo mundo de la recuperación histórica. Las Sinsombrero.

"No hay que engañarse; nuestras primeras feministas eran burguesas, le pese a quién le pese", se puede decir más alto,  pero no más claro, que había mujeres humildes y progresistas sacrificadas para dar estudios a sus hijas, pero, el resto, de clase media   acomodada y tradicional. 

"Mostraban un empoderamiento femenino inédito en aquella época, pero a la vez eran obedientes en el dictado de aquellos estúpidos códigos sociales..."

"Las mujeres fueron mayoritarias, lo cual demostraba que eran las que más ávidas de conocimiento estaban"

Pusieron su foco en la infancia y la mujer. Acabar con las enfermedades venéreas y ayudar a las prostitutas.  

Me paró, con una de esas ideas que obligan a detenerse, para que un proyecto feminista pudiera prosperar, sus propias fundadoras tuvieron que negociar con las normas sociales que pretendían transformar. NORMAL. La selección de las socias del Club no era casual. Mujeres casadas, honorables y solventes podían contribuir a proteger al movimiento de los sectores más conservadores y a demostrar que ser feminista no estaba reñido con ocupar el lugar que la sociedad esperaba de una mujer, sí,  lo sé, parece una contradicción, ¿hasta dónde puede defenderse la libertad cuando todavía es necesario ajustarse a determinadas normas para poder ser escuchadas? El rechazo de mujeres cuya vida se apartaba de ese modelo, como Margarita Ferreras, resulta significativo. No porque sus ideas fueran incompatibles con el feminismo, sino porque su libertad podía convertirse, en aquel momento, en un arma contra quienes estaban intentando abrirse camino.

La historia del feminismo está llena de contradicciones, estrategias, renuncias y mujeres que tuvieron que avanzar dentro de unos límites que todavía no podían romper. 

Primero se les permite reunirse porque se supone que no van a hacer nada demasiado importante. Cuando demuestran que sí pueden hacer algo importante, dejan de resultar inofensivas.

Doble rasero: las restricciones que en un club masculino se daban por normales —incluida la exclusión de las mujeres— podían presentarse en el Lyceum como extravagantes, elitistas o «frívolas». Es decir, una norma parecía natural cuando la aplicaban los hombres y sospechosa cuando la aplicaban las mujeres 🤣🤣🤣 Y otra cuestión, las mujeres también habían interiorizado las normas que las limitaban. La vigilancia social no tenía que proceder de los hombres; podía ejercerse entre las propias mujeres, me refiero al artículo de Josefina Carabias.

El problema dejó de ser que las mujeres se reunieran y empezó a ser que estaban adquiriendo capacidad de intervención social. Lo de la casa para niños de madres trabajadoras es significativo, punto de inflexión. Mientras la beneficencia y el cuidado de los necesitados permanecieran dentro del ámbito de las órdenes religiosas, formaban parte de un orden conocido, la mujer podía ser caritativa, pero dentro de una estructura dirigida y legitimada por la Iglesia. Que un grupo de mujeres laicas dijera nosotras también podemos organizarnos, gestionar recursos y resolver un problema social, esto cambiaba las reglas. No solo estaban ayudando a otras mujeres; estaban demostrando que podían hacerlo sin tutela religiosa. Ahí la cuestión deja de ser feminista y pasa a ser también una cuestión de poder 😅 Con la Iglesia hemos topado.  

El ensayo muestra que el control social, tutela, beneficencia, moral religiosa y poder institucional estaban entrelazados. Eso hace que el análisis sea más interesante y más sólido. Y me viene a la cabeza las tribunales religiosos, la mujer que necesitaba ayuda acudía a una estructura que, en muchas ocasiones, no cuestionaba el orden que había producido su situación, sino que podía terminar devolviéndola a él, mevrefiero a cuando acudían por violencia de género. 



Una mujer que leía demasiado, o que leía aquello que no debía, podía encontrarse con ideas capaces de cuestionar el lugar que la sociedad había reservado para ella. Leer significaba pensar; pensar significaba hacerse preguntas; y hacerse preguntas podía conducir a la libertad. Las críticas llegaban desde todos los frentes. Conservadores, sectores religiosos y también otras mujeres contribuyeron a mantenerlas bajo una vigilancia constante. Hasta tal punto que las propias socias terminaron acostumbrándose a vivir en el ojo del huracán, cuando una persona recibe ataques durante demasiado tiempo, puede terminar incorporándolos como parte natural de su existencia.

El miedo no parecía estar provocado tanto por lo que aquellas mujeres eran como por lo que podían llegar a ser. Una mujer reunida con otras mujeres podía resultar anecdótica. Una mujer que lee, piensa, debate, se organiza, decide y participa políticamente ya es otra cosa.

Victoria Kent, cuya posición sobre el voto femenino introduce una contradicción que merece ser mirada con cuidado. Se la ha presentado muchas veces como una mujer que traicionó a su propio sexo, pero quizá sea más interesante preguntarse qué había detrás de aquella postura: su temor a que muchas mujeres, sin independencia económica ni educativa, no votaran libremente, sino condicionadas por sus maridos. Podemos no compartir su conclusión, pero eso no significa que debamos dejar de comprender el razonamiento que la sostenía.

El ensayo no presenta el feminismo como una historia lineal de mujeres que siempre estuvieron de acuerdo, sino como una historia llena de contradicciones, estrategias, enfrentamientos y decisiones difíciles.


Hay personajes que aparecen en un ensayo casi de pasada y que, sin embargo, terminan adquiriendo una fuerza enorme. Ese es, por ahora, el caso de Consuelo Bastos. Su historia me parece significativa porque reúne en una sola mujer muchas de las contradicciones que atraviesan esta lectura. Estaba casada con un médico y quería convertirse en enfermera. Tenía un proyecto profesional propio, una vocación y el deseo de formarse. Pero se quedó embarazada y, como tantas mujeres de aquella época, su vida quedó encauzada hacia otro destino: cuidar. El embarazo parecía marcar una frontera. Hasta entonces podía estudiar y prepararse para ejercer una profesión; después, su obligación era ser madre. Consuelo no desapareció del espacio público. Durante los diez años de existencia del Lyceum presidió su sección social y desarrolló una actividad enorme. Es decir, una mujer a la que se negó la posibilidad de realizar su propio proyecto profesional encontró otros caminos para ejercer su capacidad, su compromiso y su inteligencia.

Ellas "soltetonas", ellos "solteros de hora", las etiquetas. Célebres divorciadas antes de que el divorcio fuera legal. Las mujeres divorciadas eran percibidas como culpables de su soledad, insoportables, exigentes o malas esposas, ellos, ¿cómo eran percibidos? Leed cómo describía Carmen Baroja a Georgina Porrúa, entre muchas lindezas, dice, era muy fea, vieja, gorda y desagradable...

Casa del Niño situada en la calle Bravo Murillo n°32 Cuatro Caminos. Investigar. Fue víctima de su éxito, 60 niños y 600 peticiones. Aprendieron a estar en una biblioteca y el respeto hacia ellos. Sobre los niños y su abandono, "en muchos casos es preferible el abandono completo a la ficticia protección de los organismos oficiales ", Jiménez Quesada.

Esto no lo sabía,  El comité del Libro para el Ciego, 200 de los libros de la Biblioteca Nacional son labor de ellas. "Ser mujer implica sufrir el olvido". Su objetivo,  una biblioteca ambulante en sistema braille. El Centro Protector de Ciegos en 33 años realizó 500 volúmenes. 

Clara Campoamor. La mujer en el código penal   agárrate que vienen curvas, "El honor del hombre ya no era un derecho inalienable que permitiera cometer feminicidios". Antonio Dusbois. Inocencia Jiménez también rechaza art. 57 y lo hace con un mandamiento,  "No matarás", el artículo legalizada la venganza y la muerte por ese supuesto honor. 

Los lobos vestidos de ovejas. Discursos. Maeztu, la mujer administra los bienes que le da el marido, eso es u  privilegio para ella, ¿podrá decidir lo que es o no es un privilegio? Otro esposo, Manuel Bastos, las dietas, ya me fastidia leer sobre la medicina femenina de aquellos tiempos donde se pone, la mujer está preparada para ello, por ende, no es tanto como dicen, refiriéndose a dolores y malestares, pero no, este médico iba más a esto "la mujer, sí es esclava de la moda, es por tener menos personalidad que el hombre, y sólo aspira a destacar su personalidad femenina", cortos de miras. Miguel Gómez Cano, hermano de dos socias, exigía derechos para la mujer, pero "sin que ello signifique el predominio sobre el hombre", ahí lo dejo. Siempre he ODIADO la condescendencia, y he marcado un límite abismal con la persona que la usa. Aquí hay mucha condescendencia co  el sexo femenino   otros buscaban ridiculizarlas, pero el cambio se realizó, se va realizando. 

Sobre Jacinto Benavente, a tontas y locas, solo significa una cosa, no puede dar un discurso de cualquier forma. Alberti, ay madre mía. 





Voy por el 56,9 % y ya tengo una primera conclusión: el Lyceum me está interesando mucho más por sus contradicciones que por cualquier relato idealizado del feminismo. Aquellas mujeres tuvieron que abrirse camino dentro de unas normas sociales que querían transformar. Necesitaban ser respetables, casadas, solventes, cultas y, en cierta medida, demostrar que podían ser feministas sin dejar de ocupar el lugar que la sociedad esperaba de ella, para poder avanzar tuvieron que negociar con los mismos códigos que las limitaban. Pero llegó un momento en que dejaron de parecer inofensivas. Ya no eran mujeres que se reunían para hablar de literatura; leían, debatían, se organizaban, intervenían en la sociedad, defendían a mujeres y niños, creaban proyectos y reclamaban derechos. Entonces empezaron a resultar peligrosas.

El ensayo no presenta el feminismo como un camino recto ni como una historia de mujeres que siempre pensaron igual. Hay clase social, contradicciones, renuncias, estrategias, enfrentamientos y también condescendencia. Mucha. Porque una cosa es permitir que una mujer ocupe un espacio y otra muy distinta aceptar que pueda decidir qué hacer con él.








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