Yo, Elena Garro

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Yo, Elena Garro de Carlos Landeros 

Edita Lumen




Sinopsis 

Yo, Elena Garro, de Carlos Landeros, es un libro de entrevistas revelador y apasionante. Landeros es, al decir de Emmanuel Carballo, un entrevistador nato y así lo demuestra en esta obra: llega hasta el fondo de la esencia deElena Garro. Su estrategia es la de jugar con la frivolidad y la vanidad de ambos, pero nunca cae en lo superficial. Al final de sus entrevistas casi siempre logra lo que se propone: hacer un retrato fiel de Elena y sumergirnos en su mundo.

Este libro nos entrega, con riqueza de recursos literarios, las excepcionales entrevistas que el autor realizó a lo largo de una amistad que cultivó durante más de treinta años con Garro, una de las más cautivadoras y polémicas escritoras del siglo XX. Aquí encontraremos, a través de una galería de espejos, intimidades provocadoras y un retrato insospechado de la escritora de Los recuerdos del porvenir. Cierran este libro dos importantes entrevistas con Emmanuel Carballo y Archibaldo Burns, grandes conocedores de su obra y su vida.





Reseña 


Elena Garro era mucho más compleja de lo que parecía al principio de la lectura.

Landeros recoge el testimonio de una mujer que habla desde el desamparo, el resentimiento y la sensación de haber sido silenciada, en su relación con Octavio Paz. Hay episodios dolorosos, como el abandono de sus estudios, la casi destrucción de sus manuscritos o las dificultades que atravesó junto a su hija.

Pero las últimas entrevistas introducen otra perspectiva. Garro no fue una mujer arrastrada por las circunstancias, fue impulsiva, contradictoria, apasionada y capaz de tomar decisiones arriesgadas. Su frase «me sentía intocable, pero resultó que era muy tocable» termina adquiriendo un significado especial.

No he leído todavía a Elena Garro, pero después de este libro tengo claro que quiero hacerlo. Es la mejor forma de acercarse a ella, dejar por un momento el personaje construido alrededor de su vida y escuchar a la escritora.

Una lectura que no ofrece respuestas sencillas y que, por eso, resulta tan interesante.

¡Feliz lectura! 


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Notas 


"Elena Garro y su hija Helena Paz fueron culpadas por el complot para derrocarlo; fue también cuando se ganaron el desprecio de la gran mayoría de intelectuales mexicanos, quienes las acusaron de traidoras..."

No he leído nada de ella, no lo recuerdo, pero leeré algo solo por esto, "A mí no me interesa que exploten a la mujer, además no creo que la exploten. Tampoco soy feminista, soy casi antifeminista".

"No se puede destruir lo que no existe, y eso  es lo que han tratado de hacer todos esos escritores que imitan un gesto que en Iberoamérica resulta tan absurdo como pelearse con el aire"

"... no soy yo la que me debo tomar en serio, sino ustedes, mis millones de lectores ", esa fue la respuesta  ante esta pregunta, ¿por qué no te tomas en serio cómo escritora?

"Además, me metí en tantos jaleos porque me sentía intocable, pero resultó ser que era muy tocable"

Se le acuso de comunistas, taruguiste, fascista y ultraderechista..., "Cuando lanzas una calumnia a rodar, la cree hasta la abuela". "... cuando se ha perdido el honor, la persona ya es matable". 

Después de once años todo sigue igual, "Hijita, todo es personal", ¿tenía tanto poder Octavio Paz? "Octavio Paz fue un incidente en mi vida, un incidente muy desdichado,  con unas consecuencias incalculables"

"La política puede llegar hasta la mesa de operaciones".

Impresionada con el tema de la nacionalidad y el pasaporte, no me creo tal poder, sé que existe, lo sé, pero es terrible. "Yo nunca estuve en Cuba".


Creo que voy por la mitad, primera conclusión. 

Carlos Landeros recoge el testimonio de una mujer que mira retrospectivamente su vida y su relación con Octavio Paz desde un lugar de profundo desamparo. Garro se pregunta cuáles son sus derechos humanos, o incluso si se la considera humana, y compara el aislamiento, la falta de trabajo y la imposibilidad de comunicarse que sufrió con la situación de un disidente soviético. Para ella, nada de lo ocurrido fue casual, estaba convencida de que detrás de muchas de aquellas desgracias se encontraba su exmarido.

Es doloroso el relato de su hija. Recuerda su estancia en Ávila, viviendo en unas condiciones precarias, con una gotera en el techo, mientras padecía un cáncer de matriz y ni siquiera podían hacer frente a los gastos de la operación. Garro cuenta que llegaron a deber incluso el hospital. Más allá de las circunstancias concretas y de las razones que pudieran existir detrás de aquella falta de ayuda, el episodio deja una imagen devastadora, una madre contemplando la enfermedad de su hija y sintiendo que, incluso en ese momento, estaba sola.

No sé dónde termina el dolor, dónde comienza la percepción de una mujer herida y cuánto de aquella tragedia puede atribuirse a quienes ella señala. Pero sí percibo con claridad la experiencia de una mujer que se sintió silenciada, desprotegida y expulsada de su propia vida.

Rechazo inmediato, indignaciónal leer el recuerdo de su hija. Hay una diferencia enorme entre una pareja que no celebra el talento del otro y pedirle que lo destruya, pero será... Es doloroso crecer viendo cómo la escritura de su madre podía convertirse en motivo de conflicto dentro de casa, la imagen del manuscrito de Los recuerdos del porvenir rescatado de las llamas es casi brutal como símbolo, una obra que estuvo a punto de desaparecer para satisfacer el deseo de alguien que no soportaba verla existir. Pero ojito..., recordad, solo estamos escuchando una perspectiva, pero según esto, Garro habría llegado incluso a interiorizar la necesidad de sacrificar su propia voz para no eclipsar la de él. No he leído a Elena Garro, me apunto Los recuerdos del porvenir

«Era una estudiante muy brillante. Me casé porque él quiso y desde entonces nunca me dejó volver a la universidad»

Tenía 17 años, estaba en una relación con un hombre mayor y abandonó sus estudios en un momento en que su vida estaba empezando a definirse. Siendo adulta, tomó todas las decisiones que determinaron su trayectoria. Garro no se identifica con el feminismo y no parece interpretar su experiencia mediante el lenguaje de la explotación de las mujeres.

¿Garro no quería verse a sí misma como víctima de una estructura patriarcal? O quería hablar de algo mucho más personal, «Esto me lo hizo este hombre concreto». De hecho, insiste en una frase todo es «personal», no quería demonizar al varón, sino señalar a Octavio Paz. No convierte su experiencia en una denuncia colectiva contra los hombres o contra el sistema; la convierte en una acusación contra Octavio Paz.

Freud y El complejo de Edipo, levanta pasiones. Y aquí habla de Emma y de una frase "vivir su vida", las mujeres viven su vida, ¿? ¿Vivió ella su vida? ¿Por qué tenía que quemar sus manuscritos? No reconoce su experiencia desde la opresión. Elena Garro no parece querer encajar en el papel que los demás le asignan, ni siquiera en el de víctima. Puede denunciar que Paz la controló, que no pudo continuar sus estudios y que su escritura fue incómoda para él, pero rechaza las etiquetas que podrían explicar eso. Elena Garro era peculiar y compleja.

No tenía nada, pero tampoco quería que nadie le dijera que no podía tenerlo.

Tampoco he acabado Cien años de soledad. 

«El cuadro que se te muestra es mínimo, muy pequeñito»

Elegimos con la información, las posibilidades y la conciencia que tenemos en ese momento. Después, desde el futuro, todas nuestras decisiones parecen mucho más evidentes de lo que fueron. ¿Escogió al hombre equivocado y decidió mal? Eligió, pero quizá no pudo saber qué estaba eligiendo. La joven brillante que se casa a los 17 no sabe que aquella decisión puede apartarla de la universidad, condicionar su escritura y colocarla durante años a la sombra de otro escritor. Cuando mira hacia atrás, puede sentir que toda esa vida posterior no le pertenece, aunque haya participado en las decisiones que la construyeron.

"Pues mira, me ha dejado esto, que he reflexionado sobre toda mi vida y solo acepto mi infancia. Todo lo demás lo rechazo. Pero tu vida, tú la escogiste. Sí. Yo no estoy diciendo que haya un tercero culpable. No. Lo que yo hice en la vida todo lo rechazo. Lo único que acepto es no más mi infancia. ¿Y por qué nada más tu infancia? ¿Porque no la escogiste tú? Pues sí, escoges o no escoges, pero es muy relativo..."

Emmanuel Carballo.

Rechazar la propia vida puede ser también una forma de no reconocerse en las decisiones de la mujer que una fue. «Solo acepto mi infancia. Todo lo demás lo rechazo» 

La carta que pretendía atacar a Octavio Paz terminó reforzando, en determinado contexto, su posición pública. Paz había renunciado a la embajada en protesta por la represión y esa postura contribuyó a su prestigio como intelectual independiente. Años después, en 1990, recibiría el Nobel. 

Elena Garro tenía una conciencia política, se posicionaba sobre estudiantes y campesinos, intervenía, opinaba, denunciaba, pero lo hacía de una manera emocional, no racional; que no era una política ni una gran agitadora. Garro no era una mujer apolítica, era una mujer incómoda.

"Como era tan loca quizá la envolvieron en un  complot; ella no sabía, por eso actuó como actuó".

DON Archibaldo Burns. "... Elena opacaba a todo el mundo". Elena corrigió los textos de Octavio Paz. 

"Una madrugada a las tres, para ser exactos, llamó, me llamó Juan de la Cabada para decirme que a Elena Garro le interesaba muchísimo hablar conmigo. Y dice que al llegar a su casa le ordenó 'llévate a esta gente'. Se trataba de una pareja de asesinos y de repente me vi involucrado en algo que ni siquiera sabía de qué se trataba..."

Estoy llegando al final, sentiremos cierta compasión por una mujer joven que se casa, abandona sus estudios, queda a la sombra de un hombre poderoso y siente que incluso su talento resulta incómodo, pero los dos últimos testimonios introducen otra perspectiva: Garro no era una mujer arrastrada por las circunstancias; también tuvo una personalidad impulsiva, contradictoria, caprichosa y, en ocasiones, capaz de meterse en situaciones de enorme riesgo. Y me viene a la cabeza la frase inicial —«yo me creía intocable»— cobra ahora muchísimo más sentido, esa fue su tragedia: sentirse intocable cuando en realidad era vulnerable.

Una pequeña aclaración que me ha quedado dando vueltas después de terminar.

Hay un detalle que me llamó la atención: cuando se relata el episodio en el que Elena Garro estuvo a punto de quemar el manuscrito de Los recuerdos del porvenir —escrito en 1953 y publicado en 1963—, su hija cuenta que fue ella, junto a su primo, quien intentó salvarlo de las llamas. Sin embargo, en uno de los testimonios finales, el episodio aparece protagonizado por una amiga o conocida de Elena.

Puede ser una diferencia de memoria o incluso una confusión mía. No me parece un detalle determinante, pero sí curioso, sobre todo porque estamos ante un libro construido a partir de recuerdos y testimonios. Lo dejo aquí por si alguien más llega a ese pasaje y puede aclararlo. 



No he leído a Elena Garro,  sí a Octavio Paz





Conclusión 

Terminé Yo, Elena Garro con una sensación bastante distinta de la que tenía al comenzar. Al principio aparece ante nosotros una mujer joven, brillante, que se casa a los diecisiete años, abandona sus estudios y parece quedar a la sombra de Octavio Paz. Una mujer que habla desde el desamparo, desde la sensación de haber sido silenciada, apartada de su propia vida y de su propia escritura. La historia de su hija, el manuscrito de Los recuerdos del porvenir rescatado de las llamas y aquella frase de «solo acepto mi infancia. Todo lo demás lo rechazo» construyen una imagen dolorosa de alguien que siente que la vida que vivió dejó de pertenecerle.

Pero a medida que avanzan las entrevistas, esa imagen empieza a cambiar. Porque Elena Garro no aparece como víctima de las circunstancias ni como una mujer anulada por un hombre poderoso. Aparece también como una mujer compleja: apasionada, impulsiva, contradictoria, orgullosa, capaz de tomar decisiones arriesgadas y de meterse en situaciones que ni siquiera quienes la rodeaban terminaban de comprender. Una mujer que podía sentirse intocable y que, sin embargo, terminó descubriendo que lo era muy poco.

No resulta suficiente decir que Garro «escogió mal». Tenía diecisiete años cuando tomó algunas de las decisiones que terminarían condicionando buena parte de su vida. Elegimos siempre con la información, las posibilidades y la conciencia que tenemos en ese momento. Después, desde el futuro, nuestras decisiones parecen grandes errores. 

Ella misma se resiste a esa ser etiquetada como víctima. No se declara feminista, insiste en que «todo es personal» y parece querer señalar a personas concretas antes que a estructuras. Incluso cuando habla de su relación con Paz, no construye un discurso sencillo de mujer oprimida frente a hombre opresor. Su relato está atravesado por el resentimiento, pero también por el orgullo, la lucidez, la exageración, la contradicción y, en ocasiones, por una percepción de sí misma casi desmesurada.

La obra no termina de aclararme quién fue Elena Garro. Quizá no era esa la intención. Lo que consigue es mostrarme las distintas versiones de una mujer que pasó buena parte de su vida intentando explicar su propia historia.

Carlos Landeros tiene mucho mérito. Después de una amistad de décadas, no parece intentar idealizar su imagen. La deja hablar, la provoca, recoge sus contradicciones y permite que otros testimonios introduzcan dudas sobre el retrato que ella misma construye.

Me quedo con la contradicción que atraviesa el libro, una mujer que quería ser libre pero que tomó decisiones que limitaron su libertad; que rechazaba el feminismo pero hablaba de experiencias que hoy leeríamos desde esa perspectiva; que se consideraba excepcional y, al mismo tiempo, pasó años sintiéndose expulsada de su propia vida; que decía sentirse intocable y terminó descubriendo que era vulnerable. La complejidad del ser humano. 

¡Feliz lectura! 


Su mirada es triste



Carlos Landeros (Aguascalientes, 1935) estudió en la entonces Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. Fue becado por el Instituto de Cultura Hispánica para estudiar Ciencias y Técnicas de la Información en Madrid y posteriormente realizó un diplomado sobre Letras Inglesas en la Universidad de Cambridge. Se inició en el periodismo en El Día, Excélsior y la revista Siempre! Colaboró durante casi tres años como comentarista y entrevistador en el programa de Manola Saavedra y Guillermo Ochoa. Asimismo, produjo obras de teatro como Crímenes del corazón, de Beth Henley, la cual arrasó con todos los premios de la crítica en la Ciudad de México. En la embajada de México en Londres fungió como ministro consejero y, en Nueva York, como cónsul general. Ha publicado cuatro libros de entrevistas y reportajes: Los narcisos, Los que son y los que fueron, Entre violetas y nomeolvides y Los inolvidables. Es autor de una novela de juventud titulada El desamor. Fue, además, amigo de toda la vida de Elena Garro.




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