Cuaderno inglés

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Cuaderno inglés de Daniel Morales

Edita Alfaguara

 


Sinopsis

«Incluso la vida más ordinaria se vuelve extraordinaria al escribir sobre ella».

Buscando elevar el pulso de sus días, la rutina del trabajo como cuidador de ancianos, la humedad londinense y la aparición de unas moscas inmensas en su casa, Carlos escribe. Lo hace con una lucidez que suele rozar la crueldad y un humor que lo salva. Lo que empieza como un desahogo se convierte en un laboratorio moral: qué significa cuidar, resistir el tiempo, dejarse acompañar. Cuaderno inglés, Premio Clarín-Alfaguara 2025, es el retrato de un hombre solitario, aunque dispuesto a asombrarse y atento a la belleza: los bosques al anochecer, correr descalzo, desayunar mientras lee, las bibliotecas y la música country. Con una mezcla tierna de ironía y compasión, Daniel Morales desmonta la épica del exilio y la falsa nobleza del sufrimiento para mirar de frente la vida común, sus epifanías secretas, los destellos cómicos, ciertos recovecos por momentos sórdidos, tantas veces luminosos.




Notas:

Lectura en vivo.

«Un libro es un filtro más amable que internet entre el sueño y la vigilia, pero no vale cualquier… Me gusta empezar el día en compañía de alguien sabio y agradable…». El libro es ese "filtro amable", una membrana protectora que suaviza el choque entre el mundo interior y la realidad exterior, a veces demasiado cruda o demasiado mediada por lo digital.

Me da en la narpia que Daniel Morales es, ante todo, un lector que escribe. Antes de que esto se acabe de Diana Athill. Un libro de memoria sobre la vejez, honesto y hermoso. Apuntado. Leer a Katherine Duncan-Jones. John William Reseña completa  

«No sé qué habría pensado el muchacho que fui hace veintitantos años si, al comenzar a estudiar biblioteconomía le hubieran dicho que terminaría ganándose la vida cambiando pañales», yo le diría que es un hombre que ha encontrado el equilibrio entre la vanidad y la humildad del cuidador, entendiendo que la belleza no está en lo que hacemos para ganar dinero, sino en la mirada que le dedicamos a lo que nos rodea. Creo que esos veinteañeros que soñaban con comerse el mundo, me incluyo, se verían como fracasados, el mundo nos devoró. Yo tampoco sabía qué hacer, maduramos tarde y decidimos a destiempo.

… la vanidad, todos tenemos algo de vanidosos, «… aceptaba sin rechistar que la interpretación más desagradable de los hechos era la única verdadera», una adolescencia con una visión negativa. «La lectura es una actividad solitaria», leer en una biblioteca no es una persona que le guste la soledad, «No se me da bien tratar con otras personas, pero me reconforta sentirlas cerca, en silencio». Lo comparto.

¿Qué empresa pagaría por leer? Yo me apunto. Yo también pensaba que los bibliotecarios leían sin parar, pero en mi biblioteca nunca las he visto leer. Se me cayó un mito. «En el país de las maravillas, a lo mejor encontráis un trabajo donde os paguen por leer. En España, no».

Primer contacto con el autor, veamos una conclusión rápida o notas para que no se me olviden ciertos detalles. Revela una estructura de resiliencia melancólica. No es la tristeza que paraliza, sino la que observa. Hay una aceptación de que el mundo "nos devoró". Psicológicamente, esto marca el paso de un narcisismo juvenil a una aceptación radical de la contingencia humana. El narrador con rasgos de introversión social saludable, define una necesidad de pertenencia sin la demanda de interacción.

 "Escribir un libro, volcar en él lo mejor de ti y luego ofrecérselo al mundo te sitúa en una posición de vulnerabilidad extrema y si uno es de por sí vulnerable,  tal vez lo sensato sea evitarse a sí mismo el mal trago"

Me identifico con la novela y me reconozco. Hay libros que uno admira y hay libros donde uno se encuentra. No leo al protagonista desde fuera, sino desde una experiencia emocional muy cercana. Esa frase sobre no querer escribir para preservar la estabilidad emocional es durísima. Hay personas para las que exponerse mediante palabras no resulta liberador, sino peligroso. Y creo que entiendo esa sensación: cuanto más auténtico es lo que compartes —una lectura que te ha tocado, una reflexión honesta— más vulnerable te vuelves frente a la indiferencia o el rechazo. Cuando un libro te importa de verdad, no lo recomiendas “desde fuera”; lo entregas un poco como parte de ti. Por eso duele tanto cuando no encuentra eco. No es solo “a la gente no le gustó el libro”; se siente también como “no lograron ver eso que yo vi”. Ahí aparece esa desproporción emocional que menciona el autor: un rechazo pesa más que diez afectos porque el rechazo toca justo la parte insegura desde la que uno se expuso.

Esa dificultad para socializar por timidez o vulnerabilidad. Mucha gente que vive intensamente la lectura experimenta algo parecido. Los libros ofrecen una forma de intimidad muy controlada: puedes conectar con una voz sin el riesgo inmediato de la interacción social. En cambio, cuando uno intenta trasladar esa sensibilidad al mundo real —redes, conversaciones, recomendaciones— aparece el miedo a no ser entendido, a parecer excesivo, raro o demasiado emocional.

Deja la universidady trabajos precarios se repiten, igual querelaciones esporádicas, el problema nunca es el lugar, porque él sigue arrastrándose a sí mismo. Cambia el escenario, no la herida. Ahora trabaja cuidando personas mayores y ahí aparecen algunos de los momentos más humanos de la novela. Su relación con Harriet, resulta significativa, "... y a míme da queen ello reside el secreto de su juventudeterna". Él confía en que disfrute de sus visitas porque puede hablar con ella de libros, algo que ya comparte con muy pocos. Incluso en esos momentos aparece su inseguridad, esa necesidad constante de rebajarse a sí mismo, de pensar que “no da para mucho”.

También me parece muy reveladora la conciencia que tiene sobre sí mismo cuando admite que quizá lo único que ha hecho en sus páginas es victimizarse y presumir de ser buena persona. Esa frase introduce una mirada autocrítica, evita convertirse en un personaje complaciente. El narrador parece debatirse entre la necesidad de ser comprendido y el miedo a estar construyendo una imagen demasiado...

Me encanta Sarah y su humor, su boquita es de cuidado. 

 "¿Por qué será que las vidas ajenas (y las propias) son más hermosas en la distancia? ". Qué frase tan triste y tan cierta. La distancia suaviza las asperezas, convierte el dolor en algo narrable, casi soportable. De cerca, en cambio, la vida suele ser mucho más torpe, más precaria y más solitaria de lo que imaginamos cuando observamos a otros.

Kung Fu, triste. "... y debe ser aterrador mirar al futuro y no ver más que unos años marcados por la soledad y los achaques", me acaba de venir a la cabeza una novela Los kodokusha de Milena Michiko Reseña completa . Una novela atravesada por esa soledad silenciosa que acompaña a tantas personas invisibles. Ambas obras parecen conectar en esa mirada melancólica hacia quienes viven al margen, aislados, intentando encontrar un mínimo vínculo humano en medio de vidas muy pequeñas y rutinarias.

Lo interesante de Cuaderno inglés es que no dramatiza en exceso esa tristeza. Está ahí, constante, filtrándose en pensamientos simples, en trabajos precarios, en conversaciones con ancianos, en esa sensación de no terminar nunca de encontrar un lugar en el mundo o sí.



 

 

Daniel Morales estudió Filosofía en Málaga. Vivió en Santiago de Compostela, Salamanca, París, Granada. Ha publicado las novelas Habrá valido la pena (2017) y Donde estén mis amigos (2021), ambas obtuvieron reconocimientos literarios. Tradujo dos libros de cuentos de Frank O'Connor. Lleva siete años viviendo en Inglaterra, y los últimos cuatro los ha dedicado a hacer house-sitting, que complementa con un empleo de un día a la semana, como camarero en una residencia de ancianos.

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