Cuentos de amor de locura y de muerte
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Cuentos de amor de locura y de muerte de Horacio Quiroga
Edita Edaf
Sinopsis.
Como ha dicho Roberto
Ibáñez, "para Quiroga escribir un cuento no era tarea específicamente
distinta a rozar un sembrado, arbolar su meseta, construir una canoa, destilar
naranjas, fabricar cerámica, abrirse camino en el monte con su machete, experimentarse
como pionero. Procedía en todo con la misma pasión directa. A estos principios
adaptó su lenguaje y su técnica de narrador".
En Cuentos de amor de locura y de muerte, encontramos al autor solitario que ha conocido personalmente estas mismas realidades. Se trata de una serie de cuentos escritos en plena selva, en la zona fronteriza de misiones, y distanciado igualmente de lo que aprendió leyendo a Mauupassant o a Chejov.
Algunos cuentos reunidos en el volumen de 1917 quizás nos parezcan desquiciados y morbosos, empero, no dejan de ser un tributo a la maestría de un género que es casi un patrimonio literario de América Latina. A pesar del horripilante episodio que encierra la Gallina degollada, por ejemplo, puede notarse la abrumadora frialdad de la narración, una lógica imperturbable y aniquiladora: los cuatro niños idiotas han aprendido en el corral cómo degollar a su propia hermana, la única normal de la casa. En El solitario un hombre obsesionado con su trabajo de orfebre asesina a su esposa clavándole un alfiler en el corazón…
Los cuentos de Quiroga, obsesivos y alucinantes, siguen siendo el modelo narrativo más preciado por las nuevas generaciones de cuentistas.
Conclusiones
Cuentos de amor de
locura y de muerte no es solo una colección de relatos de terror; es un
mapa clínico de la vulnerabilidad humana. Horacio Quiroga no necesitó inventar
monstruos de fantasía porque comprendió que los verdaderos catalizadores del
horror son psicológicos y cotidianos. Su genialidad radica en su capacidad para
operar en los extremos de la experiencia: el amor absoluto, la cordura que se
deshilacha y la muerte como una presencia física, casi tangible. Para Quiroga,
la mente humana es un territorio frágil donde el bienestar es siempre un estado
provisional.
Los personajes de La muerte de Isolda o Los ojos sombríos,
no existen las medias tintas. El amor no se apaga despacito; se enfría de golpe
tras el rechazo o se deforma bajo la culpa. El autor desnudaba con una crudeza
naturalista la psicología del deseo y del desapego: el amor se alimenta del
reto y la incertidumbre, y muere ante la certeza o la mediocridad. El "todo
o nada" emocional es lo que empuja a sus personajes hacia la locura,
convirtiendo sus pasiones en trampas mortales.
Por último, el magnetismo oscuro que te atrapó en El infierno
artificial, entre otros cuentos, es el hilo conductor de toda la obra, la
inminencia de la tragedia. Quiroga, cuya propia vida estuvo salpicada por el
suicidio y la fatalidad, escribe con la certeza de que la felicidad es pura
suerte. Sus cuentos son de una precisión psicológica que enganchan, porque
activan nuestras alertas evolutivas. Nos atrapan porque nos recuerdan que el
peligro no siempre viene de fuera, sino que a menudo se gesta en el silencio de
una casa demasiado grande, en el azar inestable de la suerte o en los rincones
más oscuros de nuestra propia mente.
No es un autor sombrío, o para mí no lo es, me explico, porque sé
que sus historias son muy, muy oscuras, desde esa oscuridad te dice, ama la
vida con todas tus fuerzas, sí, es cierto, amor, locura y muerte se entrelazan
en sus cuentos, sí muestra la deshumanización del ser humano, pero nos invita a
no cometer los mismos errores, por eso centra su relato en lo importante, no en detalles insignificantes que resten poder al mensaje. Son cuentos
muy góticos, pero no se regodea en la oscuridad. Para descubrir si lo que digo
es así o no, leed a Horacio Quiroga, indiferente no deja.
¡Feliz lectura!
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Impresiones
Puedo confirmar que soy fan de este autor, me gusta muchísimo. Mi primer
contacto con él fue en Vampiros de papel (os dejo reseña completa), y me enganché
a su estilo, a la presentación de sus personajes, al enredo y desenlace, sobre
todo, al desenlace.
No voy a destripara la obra, porque el grupo de lectura no la terminó,
pero os pongo algunas ideas para que os decidáis a descubrir a este genio del
amor complejo, del todo o nada, de la vida y la muerte, no hay termino medio,
un autor de extremos.
«Entonces salí desesperado, y pensando con rabiosa amargura que aquel imbécil,
al matarse, nos había muerto también a nosotros dos», esta frase pertenece al
cuento Los ojos sombríos, es loca, pero de una realidad tan plausible.
Otra cosa que me gusta es cómo describe a los personajes, con tacto,
con delicadeza, pero contundente, «La joven, de origen callejero, había
aspirado con su hermosura a un más alto enlace», cuanto dice en tan pocas
palabras, que proyección tan increíble nos hace.
Y vamos con otro de los fuertes de autor, la complejidad humana en dos
palabras y media, La muerte de Isolda, «…y desde ese instante, privado
de tensión, mi amor se enfrío», ¿sí o no? No hay nada como el rechazo para
incentivar el deseo y cuando ella cede, el amor se disipa, porque ya no es lo
mismo, falta el gusanillo, la incertidumbre de si lo logrará o no, el reto,
diría magnifico, pero seguro es lo que dirá cualquier IA si le preguntamos,
cómo es la escritura de Horacio Quiroga. Fin del tercer acto.
El infierno artificial se casó con una mujer «con fortuna, ... adorable» y tuvo tres hijos sanos, con fortuna, era perfectamente feliz, con
fortuna. ¿Por qué repito “con fortuna”? Porque la frase es «Con fortuna, una
mujer adorable y tres criaturas sanas, era perfectamente feliz. Sin embargo,
nuestra casa era demasiado grande para nosotros». ¿No me digáis que la frase no
tiene un oscuro magnetismo? Me alertó decenas de mecanismos en el cerebro,
incluso antes de acabar de leerla, se anticipa al abismo. “Con fortuna”, solo
fue la suerte, lo percibe como algo inestable y temporal. La fortuna cambia, la
suerte se acaba. Al usar esa fórmula, el narrador revela que siente que esa
felicidad no le pertenece por derecho, o que podría desvanecerse en cualquier
momento. Y el “Sin embargo” convierte a la casa (que debería ser el símbolo
máximo de refugio y seguridad para esa familia feliz) en el elemento hostil o
discordante. La seguridad se agrieta desde dentro del propio hogar.
¡Feliz lectura!
Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay; 31 de diciembre de 1878 - Buenos Aires, Argentina; 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue uno de los maestros del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos a menudo retratan a la naturaleza con rasgos temibles y horrorosos, como enemiga de las circunstancias del ser humano.







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