Summerhills
Hi
Summerhills de D. E. Stevenson
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Sinopsis
Summerhills (1956)
empieza unos años después del final de Amberwell. Roger, aún militarizado,
regresa al término de la guerra a la mansión familiar, donde encuentra a su
madre bastante senil y a su hermana Nell al cargo de la casa y del pequeño
Stephen, que ya tiene ocho años. Roger ha heredado bastante dinero de su fallecida
mujer y, sintiéndose culpable por no carecer de él en los duros tiempos de
posguerra en los que tanta gente se ha arruinado, decide destinarlo a una causa
noble y útil a la comunidad. Se le ocurre la idea de fundar un colegio infantil
y con ese objeto compra la enorme casa de Stark Place, donde vive su amiga de
la infancia, Mary Findlater, con sus padres. Las reformas de la casa y los
preparativos para el colegio requieren la asistencia de arquitectos y
profesores, una nueva galería de personajes que D. E. Stevenson suma con su
peculiar habilidad a los ya conocidos de la familia Ayrton. Como en la novela
predecesora, la autora contempla aquí las vicisitudes de una pequeña comunidad
con buen humor y simpatía, y una fe inquebrantable en la renovación de la vida.
Conclusión
Es una de esas lecturas que
funcionan como un bálsamo, en tiempos donde la literatura parece obsesionada
con el trauma y la oscuridad, ella se centra en detalles cotidianos, ideal para
leer entre lecturas sexudas. Stevenson tenía el don de escribir sobre la
bondad sin resultar exagerada, y sobre los problemas cotidianos sin perder la
elegancia ni ahondar en dramas.
Tras la guerra, Roger
regresa con una fortuna que le genera malestar en un entorno empobrecido. Su
decisión de fundar un colegio no es solo filantropía, es un mecanismo de compensar
todo ese mal sufrido. Canaliza el dolor de la pérdida de su esposa, y de la
guerra, hacia un proyecto que cura a la comunidad y, de paso, a sí mismo.
El regreso al hogar nos
muestra una realidad muy humana: el deterioro de la madre (senilidad) y el peso
del cuidado sobre los hombros de Nell. Stevenson retrata con mucha finura el
estrés del cuidador y cómo la estructura familiar debe reorganizarse cuando el
pilar central se desmorona.
Al igual que pasaba con la
casa en Amberwell, aquí Stark Place y la posterior escuela
funcionan como un nuevo resurgir o algo muy curativo desde dentro. Para el niño
de ocho años, Stephen, y para los nuevos personajes, el entorno físico moldeado
con afecto es el catalizador de la estabilidad emocional.
Creo que es una autora que
no sobreexcita al lector, ya lo vi en la anterior novela de la que os dejo reseña Amberwell,
por si os pica la curiosidad. Los personajes se comunican, no hay esa tensión excesiva
de los silencios prolongados o los secretos espantosos. Teje relaciones humanas.
No hay grandes giros, el interés nace de los cotidiano.
Una familia que sobrevive a
los tiempos.
¡Feliz lectura!
D. E. (Dorothy Emily)
Stevenson nació en Edimburgo en 1892, hija de un ingeniero y constructor de
faros, primo de Robert Luis Stevenson, y siempre vivió en Escocia. Fue educada
en casa con institutrices y perteneció al equipo de golf femenino Scottish
Ladies. En 1916 contrajo matrimonio con el comandante James Peploe. Después de
la Primera Guerra Mundial, el matrimonio se instaló en Bearsden, cerca de
Glasgow. Dorothy escribió su primer libro, Peter West, en 1923, al que
siguió Mrs. Tim of the Regiment (1932), en el que daba cuenta de sus
experiencias como esposa de un militar. En 1934 publicó El libro de la
señorita Buncle (Rara Avis núm. 4), que tuvo un inmenso éxito, el
cual se explicaba diciendo: «Escribo sobre personas que a todos nos gustaría
conocer». A partir de entonces escribiría una novela al año, de las que
vendería millones de ejemplares en Gran Bretaña y Estados Unidos; entre ellas
se encuentran las dos continuaciones de El libro de la señorita Buncle (El
matrimonio de la señorita Buncle en 1936 –Rara Avis núm. 10– y Las
dos señoras Abbott en 1943 –Rara Avis núm. 15–), An Empty World (1936), Music
in the Hills (1950) y Gerald and Elizabeth (1969). La escritora
escocesa Aline Templeton ha caracterizado así su obra: «Cuando a la señorita
Prims de Oscar Wilde le preguntaron por la novela en tres tomos que había
perdido, dijo: “Los buenos acababan bien y los malos, mal. Eso es ficción”, y
tal vez el atractivo de las novelas de D. E. Stevenson consista en que, para
alivio general, cumplen esa regla». Murió en Moffat en 1973.





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