Más allá del Polo Norte




Más allá del Polo Norte de Erling Kagge 
Traducción Lotte Katrine Tollefsen
Edita taurus






Sinopsis:


Pocos lugares en la Tierra han despertado tanta fascinación como el Polo Norte. Un lugar inhóspito, impregnado de una belleza extraordinaria que se sumerge en la oscuridad total durante seis meses, mientras que el resto del año permanece soleado. Un territorio inabarcable que parece impedir cualquier tentativa humana de recorrerlo. Y, sin embargo, en ocasiones, alguien se adentra en sus misterios y regresa cargado de historias y visiones. Así lo hizo el filósofo y aventurero Erling Kagge en 1990 cuando se convirtió en la primera persona en aventurarse en el Polo Norte con la única ayuda de unos esquís. Lo hizo avanzando durante sesenta días, un pie detrás del otro, ante un horizonte infinitamente blanco.

Pero esta no solo es la crónica de aquella hazaña excitante y pionera: es un relato apasionante sobre el interés humano por conquistar los confines del planeta y una poderosa reflexión sobre nuestra relación con él. En este relato fascinante, Kagge nos regala una nueva historia del mundo que abarca miles de años, desde Heródoto, pionero en imaginar cómo sería el punto más septentrional de la Tierra, hasta la legendaria "carrera" de Fridtjof Nansen contra Robert Peary para alcanzar el Ártico, pasando por los cartógrafos que trazaron los primeros mapas del mundo con los que llegar a este lugar que parecía inalcanzable.

Más allá del Polo Norte es una aventura y es la historia de una obsesión, un libro sobre la realización de sueños ocultos, sobre padres difíciles e hijos difíciles, y un registro psicológico de lo que significa seguir adelante ante la adversidad.


Conclusión:


Más allá del Polo Norte es mucho más que un libro sobre exploradores. Erling Kagge utiliza la historia de la conquista del Ártico para adentrarse en la mente humana: la curiosidad, la obsesión, la resiliencia, el ego, el miedo al fracaso, la presión social y el precio que pagamos por perseguir un sueño.

Lo que más me está sorprendiendo es su capacidad para combinar el rigor histórico con pequeñas curiosidades y reflexiones psicológicas que obligan a detener la lectura. No idealiza a los exploradores; muestra también sus contradicciones, sus renuncias y el coste personal de sus decisiones. A través de expediciones exitosas y fracasadas, el libro plantea preguntas que siguen siendo actuales: ¿cómo juzgamos el éxito?, ¿hasta dónde puede llevarnos una obsesión?, ¿qué sucede con nuestros valores cuando la supervivencia está en juego?, ¿qué sacrificamos por alcanzar una meta?

Es un ensayo que invita a pensar tanto sobre el Polo Norte como sobre nosotros mismos. Porque, al final, el territorio más difícil de explorar no siempre es el que está cubierto de hielo, sino el que llevamos dentro.

¡Feliz lectura! 


Substack:


El Polo Norte era la excusa; el verdadero viaje ocurre dentro de nosotros 


«Hay una gran diferencia entre conocimiento y comprensión»

Pocas frases resumen tan bien el espíritu de Más allá del Polo Norte de Erling Kagge. Porque este no es un libro sobre el Ártico ni sobre la obsesión de alcanzar un punto del mapa. Es un ensayo sobre la psicología humana.

A medida que avanzaba la lectura, dejé de interesarme por las expediciones y empecé a fijarme en quienes las protagonizaron. ¿Qué impulsa a una persona a caminar durante semanas sabiendo que el hielo puede arrastrarla hacia atrás a la misma velocidad a la que avanza? ¿Qué lleva a alguien a sacrificar años de su vida, a alejarse de su familia y a aceptar que quizá nunca regrese?


Kagge no ofrece respuestas cerradas. Plantea preguntas.

Habla de curiosidad, de esa que nace en la infancia y que puede cambiar una vida. En su caso comenzó con un globo terráqueo y con dos palabras que le fascinaron cuando era un niño: explorador polar. También habla de esa curiosidad que presta atención a los detalles insignificantes, como un estudio sobre la orientación de los perros al hacer sus necesidades o una pregunta inesperada: ¿por qué las ratas no sufren escorbuto? Son esas pequeñas observaciones las que convierten el conocimiento en comprensión.


El libro retrata algunos de los mecanismos psicológicos que siguen gobernándonos hoy. Está la necesidad de proteger la autoestima cuando fracasamos. Los exploradores atribuían muchas veces el fracaso al tiempo, al hielo o a la mala suerte, rara vez a ellos mismos. Está el ego de quienes financiaban expediciones para inmortalizar su nombre sin asumir el riesgo. Está la presión social de una opinión pública que primero convierte a alguien en héroe y después lo llama cobarde por regresar con vida sin haber alcanzado la meta.


Quizá uno de los aspectos que más me hizo pensar fue el coste personal de esas aventuras. Kagge recuerda que existe un motivo del que apenas se habla para emprender largas expediciones: alejarse durante un tiempo de la vida familiar. Obliga a preguntarse qué ocurre mientras uno persigue un sueño. Los cumpleaños suceden. Los hijos crecen. La vida continúa. Hay momentos que nunca vuelven. Eso convierte el libro en algo más que una historia de exploración. Nos enfrenta a un dilema universal: perseguir una gran ambición siempre implica renunciar a algo.


No habla de hielo, mapas o aventuras. Habla de curiosidad, resiliencia, obsesión, identidad, reconocimiento y sacrificio. En definitiva, habla de nosotros. Porque, al final, el Polo Norte no parece ser el destino. Es solo el escenario donde la naturaleza humana queda al descubierto.

Nos leemos en comentarios,  Gemma entre lecturas. 




Lectura en vivo:

Otras lecturas del autor El silencio en la era del ruido y Caminar

Hay una gran diferencia entre conocimiento y comprensión. Esa frase, por sí sola, ya justifica detener la lectura.

En las primeras páginas se percibe con claridad el perfil psicológico de Erling Kagge: el de un explorador movido por una curiosidad insaciable. De niño quedó fascinado por el Polo Norte al contemplar un globo terráqueo que le regaló su madre. Pero esa curiosidad no se limita a las grandes expediciones; también se fija en los detalles más inesperados. Cita, por ejemplo, un estudio de 2014 según el cual los perros, cuando el campo magnético terrestre es estable, tienden a hacer sus necesidades alineados con el eje norte-sur. El dato —basado en miles de observaciones— es tan peculiar como revelador. Es esa capacidad para encontrar significado en lo anecdótico lo que convierte sus ensayos en una lectura tan sugerente.



Hay pasajes que transmiten muy bien la dureza psicológica de una expedición polar. Uno de ellos describe la desesperación de caminar hacia el norte mientras las placas de hielo, desplazándose hacia el sur, arrastraban a los exploradores a la misma velocidad que avanzaban. La sensación debía de ser devastadora: esforzarse sin cesar y comprobar que el paisaje anulaba cada paso.

También aparecen algunas de las lecturas que marcaron a Erling Kagge. Entre ellas está Papillon, una novela que le impresionó e inspiró. Cuenta que desde los siete años quedó fascinado por la expresión «explorador polar» y que nunca dejó de soñar con serlo. «Siempre fui un soñador», escribe. Un dato que desconocía, convivía con la dislexia.

El libro está lleno de curiosidades históricas que invitan a detenerse. Datos que ya conocía, por qué el océano recibió el nombre de Pacífico tras el viaje de Magallanes y otro que desconocía, el hambre obligó incluso a comer ratas, ¿por qué las ratas no sufren escorbuto? 

Las autoridades canadienses con los inuit y cómo impulsaron un proceso de «civilización» al considerarlos salvajes. Kagge señala que ese proceso tuvo consecuencias profundas sobre la conservación de sus propios orígenes. Hasta ahora la lectura me está resultando muy estimulante, aunque encuentro un pequeño inconveniente. En general el autor contextualiza bien los hechos y aporta numerosas fechas, pero en algunos personajes concretos omite referencias cronológicas básicas. Esa ausencia obliga a interrumpir la lectura para buscar información y rompe el ritmo de un ensayo que se apoya en la historia y en la contextualización de los acontecimientos.



Las ilustraciones del libro me parecen magníficas. No solo acompañan el texto, sino que ayudan a imaginar la dureza de aquellas expediciones y aportan un valioso contexto visual. Tremendo el caso de Hall, y ese juicio social, por no mantener relaciones con mujeres inuit fue catalogado como homosexual. Vaya interpretación simplista. La ausencia de relaciones puede responder a innumerables razones —personales, culturales, circunstanciales o incluso desconocidas— y reducirla a una única explicación resulta, buscaré una buena palabra. En cuestiones históricas, cuando las evidencias son limitadas, conviene distinguir entre los hechos documentados y las hipótesis. Esa cautela fortalece el análisis y evita convertir una conjetura en una aparente certeza, muy de acuerdo con el autor. 

Ziegler no deseaba ir en persona,  dejó en manos de otros conquistarlo en su nombre, pagó las expediciones, bautizar cada descubrimiento en su honor, bendito ego. "Las explicaciones de los aventureros que no alcanzan su meta suelen tratar del tiempo y de las aguas, no sobre ellos ", hay que proteger la autoestima,  atribuciones externas.



«Reconozco ese sentimiento. En los momentos en los que he estado más agotado, he sentido que mente y cuerpo se separan». Resulta llamativo cómo el agotamiento físico puede alterar también la vivencia psicológica, hasta el punto de percibirse como si ambas dimensiones dejaran de caminar juntas. A medida que avanza el libro aparecen numerosos intentos fallidos de alcanzar el Polo Norte. Sin embargo, uno de los episodios más impactantes no habla del hielo, sino del juicio de los demás. A pesar de que el escorbuto hacía estragos, las condiciones eran extremas, habían perdido compañeros y las fotografías mostraban un paisaje infranqueable, el regreso sin haber alcanzado el Polo Norte fue interpretado como una falta de valor. Los mismos periódicos que habían despedido a la expedición con entusiasmo cambiaron por completo su discurso y calificaron de cobardes a quienes habían logrado sobrevivir.

Es una reflexión incómoda sobre la psicología de las expectativas colectivas. Con demasiada frecuencia, la sociedad juzga los resultados sin comprender el coste humano que hay detrás. Cuando el éxito se convierte en la única medida del mérito, incluso la supervivencia puede ser interpretada como un fracaso.




¡Ay, la expedición estadounidense! Aunque no alcanzó el Polo Norte, fue recibida con satisfacción porque había logrado otros objetivos que, para sus protagonistas, también tenían un enorme valor: batir un récord y superar a los británicos en ese terreno de exploración. Es un buen recordatorio de que el éxito no siempre coincide con el objetivo final; a veces también consiste en avanzar más que quienes lo intentaron antes. Cuando acabaron los festejos comenzó a especularse sobre cómo habían logrado mantenerse con vida durante tanto tiempo sin apenas provisiones. Surgieron rumores de canibalismo, una hipótesis que el autor utiliza para reflexionar sobre los límites morales de la supervivencia. Es una de esas preguntas incómodas para las que no existen respuestas sencillas, ¿qué ocurre con nuestros principios cuando la alternativa es morir?

Hay también una reflexión que me parece interesante desde el punto de vista psicológico. Kagge escribe que uno de los motivos de emprender una expedición del que apenas se habla es el deseo de alejarse de la pareja y de la vida familiar. Añade que Nansen pensaba que, en ocasiones, es más fácil apreciar a la familia cuando uno está lejos de ella. Es una idea que invita a pensar. Muchas de aquellas expediciones duraban dieciocho meses, dos años o incluso más. Mientras los exploradores perseguían un sueño extraordinario, la vida cotidiana seguía su curso en casa. Se perdían cumpleaños, nacimientos, celebraciones y momentos irrepetibles. Quizá la distancia intensifique el afecto, pero también tiene un coste, el tiempo compartido nunca puede recuperarse. El libro no ofrece una respuesta; plantea un dilema que sigue siendo vigente. ¿Hasta dónde merece la pena sacrificar la vida personal por una gran ambición?




"Causaría mala impresión que el único americano no regresara con vida".

Nansen, "No debes ir contra la corriente, sino dejarte llevar por ella". Fue el primero que adoptó sus acciones a sus palabras, navegó por el hielo y se dejó atrapar de manera voluntaria. Muchas declaraciones que hacen o hicieron los exploradores, opinaban así o era para improvisar.

Andrée, fascinante, no digo más. "Creemos que bien podemos salir al encuentro de la muerte,  después de lo que hemos hecho".


Erling Kagge (Oslo, 1963) es escritor, explorador, abogado, coleccionista de arte y editor. Fue el primero en completar el «desafío de los tres polos» (Norte, Sur y cima del Everest). En 1996 fundó la editorial Kagge Forlag, hoy una de las más exitosas de Noruega. Es autor de cinco exitosos libros, y el último de ellos, El silencio en la era del ruido (Taurus, 2017), traducido a más de treinta lenguas, fue un best seller internacional.

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