La enemiga

 


La enemiga de Irène Némirovsky 

Traductor: José Antonio Soriano Marco

Editorial Salamandra




Sinopsis 

Un retrato del París de los años veinte a través de los ojos de una madre y su hija. La novela más autobiográfica de la autora de Suite francesa.

En julio de 1928, la revista literaria francesa Les Oeuvres Libres publicó una novela breve de «Pierre Nérey»; se trataba de La enemiga, de una joven y aún desconocida Irène Némirovsky. El pseudónimo era un anagrama de su nombre (Nérey-Yrène), y la obra, un texto con un marcado fondo autobiográfico de una escritora que se haría conocida apenas un año después con David Golder y alcanzaría la gloria literaria póstumamente con Suite francesa.

La trama empieza en París, en 1919. Gabri, de once años, y su hermanita Michette, de seis, pasan la mayor parte del tiempo solas en el apartamento familiar. El padre, Léon Bragance, aún no ha vuelto de la guerra, y la madre, Francine, vanidosa y cruel, vive más pendiente de sus devaneos mundanos que del cuidado de sus hijas. A menudo incluso se olvida de ellas, hasta que un buen día la pequeña Michette sufre un terrible accidente. Gabri nunca perdonará a su madre, y el odio hacia ella la acompañará durante años, hasta bien entrada la adolescencia. ¿Serán capaces madre e hija de hablarse con franqueza? ¿Llegarán con el tiempo a quererse un poco? ¿Encontrará Gabri el amor?

Con el París de los locos años veinte como marco, La enemiga no es sólo una historia conmovedora sobre la ausencia de los padres y las vicisitudes de una niña enfrentada a la muerte y a la soledad a una edad muy temprana, sino también el retrato de una sociedad ejecutado por la ácida pluma de una escritora emblemática del período de entreguerras.




Conclusión 

La enemiga confirma una vez más la extraordinaria capacidad de Irène Némirovsky para  las heridas familiares y los sentimientos más incómodos del ser humano. En esta breve novela, autobiográfica, la autora retrata la relación entre Gabri y una madre incapaz de ofrecer el afecto y la protección que una hija necesita. El resentimiento que nace tras una infancia marcada por el abandono, la negligencia y la ausencia de reparación atraviesa toda la historia y plantea una pregunta incómoda, ¿está un hijo obligado a perdonar cuando nunca recibió el amor que necesitaba?

Con una prosa elegante y contenida, Némirovsky muestra cómo la culpa, el rencor, la soledad y el deseo de ser querido pueden acompañar durante toda una vida. También reflexiona sobre el refugio de la literatura, capaz de sustituir una realidad demasiado dolorosa, y sobre la distancia entre el amor imaginado en las novelas y el amor vivido.

Ambientada en el París de los años veinte, esta es una novela breve que se lee con avidez y que deja un poso amargo y humano. Una lectura muy recomendable para quienes disfrutan de la narrativa psicológica y de los retratos familiares complejos. Tras leer Suite francesa y El peón en el tablero, esta obra reafirma por qué Irène Némirovsky sigue siendo una de las grandes voces de la literatura del siglo XX.


¡Feliz lectura! 


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Otra obra leída de la autora que tengo reseñada en mi blog, El peón en el tablero La conocí con Suite francesa pero mucho antes de tener este blog, muy recomendable. 


Lectura en vivo, llevo 34 páginas, enganchadita.

"... Los odio... Sé que moriste por su culpa, por culpa de estos malvados,  de estos sucios egoístas... Jamás lo olvidaré, no te preocupes..."

"No, mi hija no saldrá sola hasta que se case". Normal que se acumule el 8dio con tales frases de madre perfecta,  doliente de una hija muerta, no ha pedido perdón por el abandono de tantos años, por la negligencia. Para Gabri suena a borrón y cuenta nueva, pero ella no puede pasar página, recuerda cada instante. 

Para Gabri, "Para ella los libros sustituían la vida real".

Se bebe el libro 💃💃💃

En la relación con Genia, escribe la autora "... En todas sus cartas había un poco de sinceridad,  pero  sobre todo, mucha literatura,  mucho artificio inconsciente",  ¿qué sabía ella del amor fuera de las novelas? Y eso que no era ciega ante él,  sabía de otras amantes, pero no tenía celos, solo se molestaba cuando faltaba a una cita.

"La hacía responsable de todo. La culpa era de ella"

"El cariño de aquellos a los que no queremos nos es indiferente..."

"Me recuperarás pronto, seré vieja, estaré sola, y ya no te tendré más a ti en el mundo...", esta frase resume la realidad de muchos hijos que nunca han tenido la cercanía de sus padres hasta que estos necesitaron que los cuidaran..., egoísmo puro y duro. A estos hijos, muchos sin conocer su historia,  la soledad de su infancia y adolescencia,  de aprender a valerse solos, los juzgan de ingratos. ¿Será Gabri mala hija si decide vivir su vida lejos de su madre?





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Cuando la infancia no encuentra un hogar 


Es una novela breve, publicada en 1928 bajo el pseudónimo Pierre Nérey —un anagrama de su propio nombre—, pero contiene muchas de las obsesiones que atravesaron la vida de su autora: la ausencia afectiva, la dificultad para amar, el resentimiento que nace en la infancia y la imposibilidad de regresar a un lugar que nunca fue un hogar.

La relación entre Gabri y su madre, Francine, constituye el corazón de la novela. Francine es una mujer absorbida por su imagen, por la vida social y por sí misma. Sus hijas crecen solas mientras el padre permanece ausente tras la guerra. Cuando un accidente cambia para siempre el destino de la familia, la culpa y el dolor quedan instalados entre madre e hija como un muro imposible de derribar.

Lo más interesante es que Némirovsky no construye personajes buenos o malos. Construye personas. Personas incapaces de reparar el daño que han causado. Porque pedir perdón no siempre devuelve lo perdido, y hay infancias que no pueden reescribirse.

Mientras leía la novela no podía dejar de pensar en una realidad que sigue repitiéndose hoy. Hay padres que solo buscan a sus hijos cuando envejecen, cuando la enfermedad o la soledad llaman a su puerta. Esperan cuidados, compañía y comprensión sin haber ofrecido antes presencia, seguridad o afecto. Y, cuando esos hijos ponen límites o deciden vivir lejos, con frecuencia son juzgados como ingratos.

Pero la historia rara vez empieza donde los demás creen.

La infancia deja una huella profunda. No es solo un recuerdo, es el lugar donde aprendemos si el mundo es seguro, si somos dignos de ser queridos y si podemos confiar en quienes deberían protegernos. Cuando ese vínculo falla, el resentimiento no nace del capricho, sino de una necesidad que nunca fue atendida.

«Me recuperarás pronto, seré vieja, estaré sola, y ya no te tendré más a ti en el mundo...»

Es una súplica que llega demasiado tarde. Para Gabri no existe el borrón y cuenta nueva. Nadie ha nombrado el abandono. Nadie ha pedido perdón. Solo se espera que el tiempo haga desaparecer el dolor.

los libros, como refugio. «Para ella los libros sustituían la vida real», escribe Némirovsky. La literatura aparece como un lugar seguro cuando la realidad resulta insoportable. También como una forma de aprender el amor... aunque, como señala la autora, el amor aprendido en las novelas pocas veces coincide con el de la vida.

Resulta imposible separar esta obra de la biografía de Irène Némirovsky. Nacida en Kiev en 1903, vivió una infancia marcada por el desarraigo y por una relación difícil con su propia madre, una mujer fría y distante que inspiró algunos de sus personajes femeninos más memorables. Tras huir de la Revolución Rusa, se instaló en Francia, donde desarrolló una brillante carrera literaria. Sin embargo, nunca obtuvo la nacionalidad francesa y, durante la ocupación nazi, fue detenida y deportada a Auschwitz, donde murió de tifus en 1942.

Su vida terminó de forma trágica, pero su literatura continúa interrogándonos con una lucidez extraordinaria.


Os leo en comentarios,  Gemma entre lecturas 




Irène Némirovsky (Kiev, 1903 - Auschwitz, 1942) pasó su infancia entre mudanzas y fronteras, marcada por el desarraigo. Huyó con su familia de la Revolución rusa y llegó a Francia en 1919, donde creció como escritora en un país que, sin embargo, le negó la nacionalidad en 1938 y la empujó al silencio bajo las leyes de Vichy. Detenida y deportada en 1942 al campo de Auschwitz, murió de tifus pocas semanas después. Su obra, interrumpida de forma abrupta, conserva una mirada sobria y lúcida sobre la fragilidad humana.

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