El mundo
El mundo de Juan José Millas
Premio Planeta 2007 y Nacional de Narrativa 2008
El padre de Juan José Millás tenía un taller de aparatos de electromedicina. Al recordar un momento en qué su padre estaba probando un bisturí eléctrico sobre un filete, comprendió que la escritura, al igual que el bisturí, cicatriza las heridas en el mismo instante de abrirlas. De esta revelación nació El mundo, para cicatrizar una herida que se abrió cuando su familia emigró de Valencia a Madrid. Ese día, nació una obra maestra.
Este es el ejemplar de mis padres, el del pueblo, cuando vengo siempre releo algo que recuerdo con agrado, a veces ese encanto se pierde y otras la lectura se enriquece. Os contaré. Más obras leídas del autor Pulsa aquí
Notas
La infanciame gusta más. La escena del billete tiene una lógica infantil muy reconocible: el niño sabe que ha hecho algo malo, pero todavía no tiene una capacidad adulta para reparar la situación. Devolver el dinero significaría reconocer el robo y enfrentarse al castigo; entonces aparece una solución absurda pero coherente desde esa mentalidad: si nadie puede encontrar el billete, el problema desaparece. Primero aparece el deseo de poseerlo y después, cuando aparece el miedo a ser descubierto, surge el impulso de hacerlo desaparecer. Nueve hermanos no es moco de pavo, cuando una familia es tan numerosa, la crianza se descentraliza. Los hermanos mayores empiezan a funcionar como figuras de autoridad y cuidado, y los pequeños adquieren una autonomía que no tendrían en una familia más reducida.
La infancia parece tener una verdad propia, mientras que algunas de las escenas adultas —la fiesta, la huida por la ventana, el piso del vecino, el muerto, el bigote, el cerdo, el cadáver en el cuarto de baño…— se me empieza a presentar como una sucesión de situaciones absurdas.
«El otro lado, como en el infierno, no era un lugar, sino una condición»
La idea es muy buena, no pertenecer no depende de dónde estés ni de lo que tengas, sino de cómo te relacionas con el mundo. Y después lo desarrolla todavía mejor cuando dice que daba igual estar dentro o fuera del armario, delante o detrás del espejo, acompañado o solo, el problema era que existía una especie de opacidad entre él y el mundo. Lo que más me está interesando es la infancia, porque ahí Millás consigue convertir experiencias infantiles muy concretas —la pobreza, los hermanos, el frío, los juegos, el colegio, el miedo— en reflexiones bastante profundas sobre la identidad y sobre sentirse extraño en el mundo.
El mundo es una novela de corte autobiográfico, aunque no debe leerse como una autobiografía documental. El propio Millás explicó que había mucho material personal y que incluso dudó en publicarlo por el pudor que le producía. La madre, en el texto Millás se pregunta si podía haber tenido «algo de esa patología maníaco-depresiva» y especula con que quizá sus cambios de estado pudieran explicarse de esa manera. Es decir, es una hipótesis del narrador, no un diagnóstico confirmado. Millás adulto intenta reinterpretar a su madre con las categorías que tiene disponibles, después de haber vivido de niño una figura materna que describe como una auténtica «fuerza de la naturaleza». No sabemos si aquella mujer habría recibido un diagnóstico de trastorno bipolar; sería anacrónico afirmarlo. Lo que sí sabemos es que el propio narrador percibe en ella estados que asocia con lo maníaco y lo depresivo.
«La vida sin miedo resultaba inconcebible. Los días de paz nunca fueron días de paz, sino de tregua»
Ahí hay una idea psicológica muy fuerte. Cuando el miedo se convierte en el estado habitual, la ausencia de miedo deja de reconocerse como seguridad. La calma no se vive como calma, sino como una interrupción provisional de algo que sabemos que volverá. La imagen del náufrago me gusta, tomar aire no significa estar a salvo; significa que, durante unos segundos, puedes volver a respirar. El miedo no aparece como un episodio concreto, sino como el clima emocional de su infancia. Esto enlaza con la otra frase que he señalado antes, la del «otro lado» como condición. No pertenecer, vivir en un mundo opaco y estar familiarizado con el miedo parecen formar parte de la misma experiencia infantil.
Hay una especie de patrón en tu relectura, no me está interesando tanto el Millás que inventa situaciones extravagantes como el Millás que recuerda una experiencia y consigue convertirla en una reflexión.
Sí, este fragmento es muy interesante, porque aquí Millás no está hablando solamente de religión, sino de cómo se construye el mundo psicológico de un niño cuando lo religioso impregna absolutamente toda la vida cotidiana.
«Dios existía hora a hora, minuto a minuto». No era algo reservado para la iglesia o para determinados momentos; estaba presente en cada conducta. Rezabas, te santiguabas, besabas la mano del sacerdote, había que comportarse de determinada manera… y detrás de todo estaba la posibilidad del premio o del castigo. Ya no necesitas que alguien te vigile. El niño aprende que Dios está mirando, por tanto, cualquier acción cotidiana puede convertirse en algo peligroso.
«El infierno quedaba a la vuelta de la esquina»
Para un adulto puede resultar una creencia abstracta; para un niño, en cambio, el infierno puede ser casi un lugar físico, algo que está ahí mismo y al que puedes llegar por una equivocación. El miedo como atmósfera. Antes era el miedo familiar, ahora es el miedo religioso. En ambos casos el niño vive en un mundo donde existe una amenaza permanente, aunque no siempre se materialice.
Dice o escribe el autor, el adulto sueña con que se le aparezca en las novelas y el niño con que se le aparezca Dios. Ahí está haciendo una comparación entre dos formas de imaginación, la del niño, que busca una aparición divina, y la del adulto escritor, que busca la aparición de algo extraordinario dentro de la literatura.
Las cenizas de sus padres en bolsas de El Corte Inglés, bajo el arco de seguridad manteniendo la compostura, me parece chorra..., hace años esto no resonó incómodo, hoy sí, ¿me estoy amargando? "El guardia civil sospechaba de mí". "Matar dos pájaros de un tiro", esa es la expresión que usó ante la guardia civil.
Juan José Millás escritor y periodista español (Valencia, 1946). En su obra, traducida a más de veinte lenguas y ganadora de algunos de los principales premios, destacan las novelas Cerbero son las sombras (1975, Premio Sésamo), Visión del ahogado (1977), El jardín vacío (1981), Papel mojado (1983), Letra muerta (1984), El desorden de tu nombre (1987), La soledad era esto (1990, Premio Nadal), Volver a casa (1990), Tonto, muerto, bastardo e invisible (1995), El orden alfabético (1998), No mires debajo de la cama (1999), Dos mujeres en Praga (2002, Premio Primavera), Laura y Julio (2006), El mundo (2007, Premio Planeta y Premio Nacional de Narrativa), Lo que sé de los hombrecillos (2010), La mujer loca (2014), Desde la sombra (2016), Mi verdadera historia (2017), Que nadie duerma (2018), La vida a ratos (2019) y Solo humo (2023), además de libros de relatos y recopilaciones de artículos. También es autor de La vida contada por un sapiens a un neandertal (2020), La muerte contada por un sapiens a un neandertal (2022) y La conciencia contada por un sapiens a un neandertal (2024), las tres escritas junto con Juan Luis Arsuaga. Es colaborador habitual del diario El País, donde sus columnas y artículos destacan por la sutileza, la ironía y la originalidad para tratar los temas de actualidad, así como por su compromiso social, y del programa A vivir de la Cadena SER. Además de los mencionados, ha sido galardonado, por su labor como periodista, con los premios Mariano de Cavia, Miguel Delibes, Francisco Cerecedo, Vázquez Montalbán y Don Quijote, y con el Premi de les Lletres 2022 de la Generalitat Valenciana.





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