Los muertos de James Joyce

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#JamesJoyce

Ilustración #SandrRilova

Edita #Catedral



 


Sinopsis

 

Una auténtica obra maestra de la narrativa corta contemporánea. La velada navideña en casa de las señoritas Morkan es el acontecimiento anual por excelencia. El hogar se llena de risas, música y baile para gran disfrute de los invitados y sus anfitrionas. Pero también del quedo silencio de los que ya no están. La memoria de los que nos dejaron llevará a los personajes a recorrer caminos largo tiempo olvidados. El lector, de la mano de Gabriel Conroy, perdido en el reflejo de la noche blanca dublinesa, asistirá a una epifanía, ya inmortal en los anales de la literatura, que anticipa las técnicas renovadoras que empleó Joyce en Retrato del artista adolescente y Ulises.

 

Impresiones

 


Tras leer la biografía de Nora Joyce, Reseña completa  , me lancé a recuperar la obra de James Joyce. Primero pensé en Ulises, la recuerdo del instituto y no del todo con buen sabor de boca, tengo que releerla, creo que he madurado, creo, y quizá entienda mejor aquello que se me escapaba en esos años de hormonas trastornadas, quizá. Si habéis leído la biografía escrita por Brenda Maddox, ella hace mucho hincapié en dos obras, Los muertos y Dublineses, Reseña completa ,  la segunda la encontré en la biblioteca, muy densa para acompañar un ensayo que estoy leyendo, una obra filosófica y otra biografía que tengo entre manos, opté por Los muertos. Al lío.

 


Uno de sus mejores cuentos, sino el mejor, dicho esto os recomiendo, si nunca habéis leído al autor, que os decidáis por este para conectar con su estilo, que por otro lado os digo, Ulises y Dublineses no es una lectura tan sencilla como nos han hecho creer.

 

En el tono del cuento, alrededor de esa mesa de Navidad, hay cierto carácter nostálgico, creo recordar, bueno, lo he comprobado, que fue escrito en el exilio. Su relación con su tierra natal es de amor-odio, recordad que se fue porque no había trabajo y por la ausencia de libertad. La primera parte del cuento es la descripción de esa celebración, familia, amigos, risas, baile, chascarrillos, beber y beber, trinchar un pavo y tirarse pullas, como buena comida navideña. La atmósfera que describe crea un ambiente de tensión y expectativa. La celebración se convierte en un microcosmos de la sociedad dublinesa, con sus conflictos y sus contradicciones. Es curioso, quizá por nuestra propia experiencia en estas reuniones, desde su inicio espero que suceda algo, que se enzarcen. Y tenemos esos encontronazos, son sutiles, pero muy relevantes. El primero con Lily.

Lily un personaje secundario, pero con una fuerte presencia, se dice, se rumorea que era el gesto y la voz de su esposa Nora, qué piensa Lily del matrimonio, lo mismo que Nora. En la biografía de Nora Joyce se cuenta lo del mito de la camarera analfabeta, cómo se forjó el mito, recordad que muchos amigos y familiares de la pareja verían en Lily rasgos muy señalados de Nora, nada es gratuito (sé que soy algo misteriosa, pero quiero que lleguéis a vuestras propias conclusiones,  por privado soy más clara):

 

«—Dime una cosa, Lily, ¿todavía vas a la escuela?

—Ay, no, señor. Ya he acabado de estudiar este año, y para siempre»

 

                El segundo encontronazo de Gabriel, que no es muy avispado, es con Molly Ivors, que le reprocha cierta autoría en un periódico opresor. Aquí ese amor-odio hacia Irlanda. Con este segundo encontronazo nos damos cuenta que Gabriel tiene mucha cultura, pero no sabe resolver conflictos embarazosos. Y el tercer y último encontronazo es con su mujer, una escena que parece se va resolver de una manera y se resuelve sin más, pero nos mantuvo en vilo.  

 


 

                Los muertos, más que interesante el título, ¿quién son los muertos? No he llegado muy bien a entender la anécdota del caballo que cuenta Gabriel, y me dejó bastante intrigada, nadie prestaba interés en esa velada, salvo yo que siempre digo que cuando alguien cuenta algo por qué lo hará, ¿por qué cuenta la anécdota del abuelo y el caballo? Yo ya lo sé, es muy, muy turbia, va con una fábrica y una grasa, investiga.

 

Hay una constante en la obra a la que James Joyce da mucha importancia, la diferencia cultural e intelectual de los personajes, la pedantería que se calzan Gabriel creyéndose superior al resto, que su discurso resulte demasiado elocuente para un público tan bajo de entendederas, «Pensarían que estaba alardeando de su educación superior»Esa diferencia de clase se marca también en cuanto al origen, lo más grande, lo más relevante, lo inglés, la escena Enrico Caruso vs Parkinson, el mejor tenor italiano de todos los tiempos que no necesita tarjeta de presentación, contra un espléndido tenor inglés, delicado, dulce y puro que no he encontrado en Google, no osaría decir que no existe.

 

Ya para acabar, esa excitación sexual que asalta a Gabriel, creo que esto es lo más vivo que hay de él en toda la obra; quiero destacar, la novela se centra en Gabriel, pero la vida la dan los personajes femeninos, aportan diferentes perspectivas y enriquecen la complejidad de la historia. ¿Quién son los muertos? Buena pregunta. ¿Gabriel es Joyce? Podría.

Temas, la identidad nacional, la clase social y la búsqueda de un sentido de pertenencia. No puedo dejar de mencionar las ilustraciones de Sandra Rilova, para mí una de las escenas magistrales, esa escalera, ese momento donde Gabriel descubre lo que sea qué se imagina, donde le asalta esa excitación. 

 

 

¡Feliz lectura!


Os recomiendo para entender mejor a este autor Las cartas de James Joyce

 

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Los muertos, de James Joyce: cuando comprendemos que el pasado nunca termina de morir


Después de leer la magnífica biografía de Nora Joyce, escrita por Brenda Maddox, sentí la necesidad de regresar a Joyce. Mi primer impulso fue enfrentarme de nuevo a Ulises, una novela que recuerdo de mis años de instituto con más desconcierto que admiración. Quizá entonces me faltaban herramientas, experiencia o tiempo vivido para comprender aquello que se me escapaba entre páginas.

Elegí Los muertos. Si alguien nunca ha leído a Joyce, esta sea la mejor obra  para empezar. Aquí ya están presentes muchas de las obsesiones que desarrollará más tarde, pero con una claridad y una emoción que hacen del relato una auténtica obra maestra.

Una cena de Navidad donde todos esperan que ocurra algo

La historia transcurre durante una reunión navideña organizada por las hermanas Morkan. Música, baile, conversaciones, brindis, un pavo recién servido y esa mezcla de afecto y tensión que suele acompañar a las reuniones familiares.

Joyce convierte una celebración cotidiana en un pequeño laboratorio psicológico. Casi desde las primeras páginas esperamos que suceda algo. Quizá porque conocemos esa sensación, una comida familiar donde bajo la cordialidad se esconden viejos reproches, diferencias sociales, heridas nunca cerradas y silencios mantenidos, ¿sí o no? Yo, sí.

La fiesta acaba convirtiéndose en un retrato de la sociedad dublinesa. Gabriel Conroy, nos viene a decir, la inteligencia no siempre protege. 

Gabriel Conroy es un personaje fascinante por sus contradicciones. Es culto, refinado, educado, pero inseguro. Cada conversación importante lo descoloca. Primero aparece Lily, la criada. Una simple pregunta sobre el matrimonio basta para que ella responda con una ironía que deja a Gabriel fuera de lugar.

Brenda Maddox señala en la biografía de Nora Joyce que muchos contemporáneos reconocieron en Lily gestos y opiniones muy cercanos a Nora. Joyce rara vez escribía al azar. Más tarde llega Molly Ivors, que cuestiona el distanciamiento de Gabriel respecto a Irlanda y su colaboración con un periódico considerado demasiado próximo a Inglaterra. Aquí aparece una de las grandes tensiones de Joyce, la relación de amor y rechazo hacia su país. Él mismo escribió buena parte de su obra desde el exilio, incapaz de vivir en una Irlanda que sentía asfixiante y, al mismo tiempo, incapaz de dejar de escribir sobre ella.

Gabriel sabe hablar de literatura, de cultura europea y de viajes, pero fracasa cuando debe enfrentarse a un conflicto humano. La inteligencia intelectual no siempre va acompañada de inteligencia emocional. ¿Nos querrá decir el autor que él podía ser muy inteligente pero su esposa le daba mil vueltas?

Uno de los aspectos más interesantes del relato es la necesidad constante de Gabriel de sentirse superior a nivel intelectual. Antes incluso de pronunciar su discurso, teme que los asistentes no sean capaces de comprenderlo. No le preocupa hablar bien. Le preocupa ser demasiado brillante para quienes lo escuchan. La superioridad funciona aquí como un mecanismo defensivo. Quien necesita demostrar cuánto sabe suele esconder una enorme vulnerabilidad. Brenda Maddox destaca en su biografía como Nora Joyce le decía a su marido que escribiese sencillo, Ulises era muy compleja. 

Joyce retrata con enorme precisión esa inseguridad disfrazada de erudición.

Aunque toda la narración gira alrededor de Gabriel, la vida del relato pertenece a las mujeres. Lily, las hermanas Morkan, Molly Ivors y, sobre todo, Gretta. Cada una representa una forma distinta de mirar el mundo y de cuestionar al protagonista. No son personajes secundarios, son quienes obligan a Gabriel a enfrentarse a sí mismo.

¿Quiénes son "los muertos"? Me interesó tanto su título, parece sencillo, pero encierra la gran pregunta del relato. ¿Quiénes son los muertos? ¿Las personas que ya no están? ¿Los recuerdos que seguimos alimentando? ¿O quienes continúan vivos, pero desconectados de su propia existencia?

Durante la cena, Gabriel cuenta una extraña anécdota relacionada con su abuelo y un caballo. Muchos lectores pasan por ella casi sin detenerse. Yo no pude. Joyce nunca coloca una historia porque sí. Esa escena tiene detrás una explicación relacionada con un antiguo episodio de una fábrica y un molino de grasas, una referencia histórica que añade una nota de humor oscuro y que demuestra hasta qué punto el autor disfrutaba sembrando pequeñas claves para el lector atento. 

Las ilustraciones de Sandra Rilova, delicadas y atmosféricas. Hay una que resume toda la novela, la escalera donde Gabriel observa a Gretta detenida mientras escucha una canción. Es un instante suspendido en el tiempo. Todavía no sabe que está a punto de descubrir una verdad que cambiará para siempre la forma en que entiende su matrimonio y, quizá, toda su vida.

Un relato que nunca termina

Los muertos habla de esas personas que siguen viviendo sin haberse preguntado nunca quiénes son. Los muertos no siempre son quienes descansan bajo la nieve. A veces también son quienes han dejado de sentir mucho antes de que llegue el final.

¡Feliz lectura!

 

 

 

Autor

 

James Joyce (Dublín, 1882 - Zúrich, 1941), autor de obras inmortales como Ulises, Finnegan's Wake, Retrato del artista adolescente o Dublineses es uno de los grandes gigantes de la literatura de todos los tiempos y uno de los mayores renovadores de la narrativa del siglo XX, que rompería con la hegemonía de la novela realista del siglo anterior.




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