La literatura intuyó lo que la psicología luego intentó medir.

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¿Es la psicología la que explica la literatura o fue la literatura la que inspiró a la psicología?

Vamos a desmantelar esa falsa frontera que a veces levantamos entre las ciencias y las letras. Me queda clarísimo que se nutren mutuamente, saboreo la psicología desde la experiencia viva, la empatía y, por supuesto, el puro placer de la lectura, intento enseñar en mis grupos lo valiosa que es la literatura para entendernos a nosotros mismos y al resto de los que nos acompañan.

            Los novelistas siempre han sido los exploradores de vanguardia que cartografiaban el alma humana a oscuras, con la única luz de su intuición, su experiencia o las circunstancias más cercanas. La psicología, años después, llegó a ponerle nombres científicos, estadísticas y teorías a esos mismos territorios que Dostoievski, Shakespeare o Woolf ya habían colonizado con tinta, como tantos otros que no he mencionado. ¿Cuántos trastornos tienen nombre de novela o personaje de ellas?

Este es el principio de muchas publicaciones que intentaré desarrollar con el tiempo.

              Los grandes manuales de historia nos demuestran que los creadores de la ciencia de la mente no buscaban sus respuestas solo en laboratorios, sino en las páginas de las novelas de su tiempo. A través de un recorrido cronológico, descubrimos cómo la ficción literaria esculpió la mente de los psicólogos más brillantes de la historia. 

Historia de la Psicología de la UNED (Lafuente et al.), Pierre Janet es el autor cuya vocación se vio influida por la disociación mental y las ideas obsesivas de Crimen y castigo. Asimismo, el texto destaca cómo Sigmund Freud utilizó el remordimiento del protagonista para ilustrar el funcionamiento del inconsciente y el autocastigo en la neurosis. ¿Quién ha leído Crimen y castigo sin quedar fascinado por sus personajes? Fue la primera novela rusa que leí, lectura obligatoria de mis tiempos de instituto, no podía soltar sus páginas.

Crimen y castigo de Dostoievski (1866), sabemos desde el principio quién es el asesino, pero eso no impide que quedemos atrapados por la historia, por qué, qué le llevó a tan desesperado acto. Rodion Raskólnikov no mata por dinero o maldad, sino por su ideología, principios, incluso valores. Uno son los que obedecen sin más reflexión. Los otros, los que mandan y controlan a los primeros, modifican las leyes y cambian el discurrir de sus miserables vidas. La idea obsesiva se apodera de nuestro protagonista y toma el control de su personalidad. Pero ¿realmente quiere cometer tal acto que va en contra de sus ideas? Es algo chapucero, en el fondo su inconsciente le susurra que no lo haga, desea ser atrapado, castigado para aliviar su culpa ¿sí o no? La culpa. El verdadero castigo viene de dentro, el mayor torturador es uno mismo. El protagonista no es una mala persona, es generoso y empático, pero también muestra una mente fría y calculadora, luces y sombras. No podemos descartar el resto de personajes que circulan por el libro enriqueciendo cada página con sus historias.

Dostoyevski no escribía ficción, hacía autopsias del alma humana. En Crimen y castigo, la atmósfera claustrofóbica de San Petersburgo se funde con el delirio de un joven estudiante que intenta justificar un asesinato a través de la razón. Al final, la razón pierde y la psique se quiebra. Esta radiografía perfecta del remordimiento y el desdoblamiento de la personalidad tendió un puente entre el arte y la ciencia. Desde el psicoanálisis hasta el conductismo, se inspiraron en el dolor, la fragmentación y el poder de las palabras de esta inigualable obra. 

           Meyerson es un psicólogo menos convencionalista, para mí, aquí como en todo hay diversidad de opiniones, afirmaba que las obras de arte y los libros son, en sí mismos, la psicología en acción, estudió a Marcel Proust, James Joyce y Virginia Wood, escribió, «sus personajes más que un artífice literario, son una verdad psicológica esencial». El tema que le obsesionó fue la persona, manejaba un concepto de la persona más fragmentada y oscilante, entre la dispersión y el intento de compensarla (Historia de la psicología. UNED). Como explicó a través de sus textos, la psique humana está en constante cambio. Las funciones mentales como la memoria, la percepción, la identidad, evolucionan a lo largo de la historia a través de las obras que creamos. No se aprende del ser humano observándolo en un laboratorio por medio de experimentos controlados, sino estudiando su cultura, ¿hay mayor reflejo del alma humana? El lenguaje, sí, pero las novelas también.

            Autores como Marcel Proust (En busca del tiempo perdido), James Joyce (Ulises) o Virginia Woolf (Al faro) rompen la narrativa lineal. Introducen el monólogo interior y el flujo de conciencia. No son personajes planos, como he mencionada en las lecturas de cada uno de ellos, buscan la compensación constante de su malestar, de esa disonancia cognitiva tan nuestra, tan persistente en la vida cotidiana. Y la memoria se va reflejando en cada página de sus escritos. La pluma en lugar de la introspección de laboratorio.

Para Meyerson, no éramos seres lineales y predecibles, por mucho experimento de laboratorio con ratas blancas, nuestra conducta no era predecible porque decenas de factores influyen, por ejemplo, las ratas privadas de comida priorizan la alimentación, nosotros, ¿qué pensáis? Las ratas dejan de comer cuando están saciadas, ¿nosotros?

Al leer a los grandes renovadores de la literatura, Meyerson comprendió que nuestra mente opera como sus novelas, en un constante flujo de conciencia caótico, fragmentado y oscilante.  




Vamos con Marcel Proust y el tiempo. En En busca del tiempo perdido, Proust su personaje principal no es una personalidad fijo e inamovible, son retazos de su pasado que modulan su presente. El ser humano está disperso, intenta compensar esa fragmentación a través de la memoria, ¿por qué soy así? ¿Por qué me siento así? Cambiamos tanto a lo largo de los años que somos, literamente, una sucesión de personas distintas habitando el mismo cuerpo. Leed, si lo tenéis, vuestro diario o cartas o notas para libros que nunca fueron escritos, ¿os reconocéis?

En novelas como Al faro o La señora Dalloway, Woolf renunció a los narradores tradicionales para meterse de lleno en la cabeza de sus personajes, he hablado con algún grupo sobre ello. Retrató con precisión clínica cómo nuestra atención oscila entre el mundo exterior (los ruidos de la calle, las conversaciones) y el abismo interior (los traumas, los miedos, los deseos reprimidos). La persona es un ente frágil que lucha segundo a segundo por no desintegrarse ante la rumiación que sostenemos.

Vygotski, literatura y arte, lenguaje, la herramienta cultural más importante. Enfermo de tuberculosis sabía que la muerte le rondaba y se fascinó por autores como Dostoyesvski o Shakespeare, muy en consonancia con su estado anímico, la literatura de trágica. Psicología del arte.

Ampliar la figura de Lev Vygotski permite conectar el drama de su propia vida, murió con 37 años, con el núcleo de sus teorías psicológicas. Para él, la literatura y el arte eran imprescindibles para entender la conducta humana, la herencia, los genes, el ambiente…, está en las expresiones artísticas, las obras de arte, muestran la esencia del ser humano, se abren sin miedo, exploran, sin miedo, trasformar el dolor en texto, en lienzo, en barro…

Las palabras eran la herramienta para expresarnos y ordenar ese caos interior. Puede que surgiera esta idea de su propia necesidad de expresar el dolor y el miedo que lo embargaban, la tuberculosis había sembrado un profundo vacío en su vida, y a los diecinueve años se la diagnosticaron, tenía “fecha de caducidad”, como dijo mi padre cuando supo de su cáncer. Sufrió constantes recaídas.

Encontró en la literatura trágica de William Shakespeare y Fiódor Dostoyevski un espejo de su propio estado anímico, el mismo espejo del que nos habló en su relato Peter Hoeg. Su tesis doctoral y primera gran obra, Psicología del arte (1925), se construyó sobre un minucioso análisis de Hamlet. Vygotski se angustió con el príncipe y su obsesión, así como su final. «Ser o no ser, esa es la cuestión». Y dentro de esa lectura, a través de su personaje, Vygotski encontró sentido a su propia existencia. ¿No hacemos lo mismo muchos de nosotros con las obras que leemos? Vygotski escribió que una obra de arte o una novela estaba compuesta por personajes que sufrían de sentimientos opuestos hacia una misma persona, amor y odio, respeto y desprecio. Volvemos a la fabulosa disonancia cognitiva. ¿Y qué sucede a los lectores? Que sentimos tal cual lo padecen los personajes, y todo gracias, o a través, de las palabras, eso es puro poder, culpa, ira, odio, venganza, orgullo… No me podéis negar que Dostoievski y Shakespeare no crearon tragedias para deprimirnos, para removernos por dentro; hemos odiado a los villanos y ensalzado a los héroes, hemos sufrido desengaños, duelos, traiciones y desamores.


Relectura en breve


Skinner se licencio en Legua y Literatura Inglesa con la intención de convertirse en escritor, pero dos años fueron suficientes para cambiar el rumbo de su vida. Se matriculó en Psicología, y menos mal, gracias a él sabemos algo más de la conducta, aunque no abandonó del todo su sueño, publicó dos novelas de las cuales leí en su día una y volveré a leerla en breve.

¿Qué habríamos perdido si B.F. Skinner hubiera tenido éxito en su sueño de juventud? No me puedo creer que el más mencionado y estudiado en la carrera de psicología por sus numerosos experimentos en laboratorio, por su famosa caja de Skinner y su palanca, hubiese sido escritor, no me lo imagino. Cuando leí su biografía en Historia de la Psicología, lectura obligada en primero de carrera del año taitantos, me quedé flipada. El máximo exponente del conductismo radical del siglo XX no empezó su carrera en un laboratorio rodeado de palomas y palancas, sino devorando libros de literatura. Quería ser novelista.

El conductismo operante es su gran hazaña. Hoy entendemos cómo el entorno moldea nuestras acciones a través de los refuerzos y los castigos, una herramienta que revolucionó la educación infantil y las terapias para fobias y trastornos del comportamiento. Pero como os he contado arriba, años más tarde, consagrado como científico, cerró el círculo utilizando la literatura como un laboratorio social. Publicó de Walden dos, (1948), un ensayo novelado donde plasmó cómo se vería una sociedad utópica construida sobre los principios del conductismo, ya os digo que sobre el papel muy bien, pero que en la práctica nos queda mucho por saber del ser humano y su compleja esencia. Volveré a leer esta novela en breve, esta vez buscaré los hilos científicos detrás de su narrativa que, en primero de carrera, no tuve tiempo, aquellos textos en eran para aprobar, ahora puro placer y algo más. Skinner, de escritor “fracasado”, a un eminente científico que pasó a la historia por sus descubrimientos.


Relectura en breve 


Tenemos a otro grande de la psicología, sobre todo, en aprendizaje infantil y trabajos sobre la infancia que traeré el curso que viene. Me estaba acordando de que también escribió una novela, sí, hoy conocemos al suizo Jean Piaget como psicólogo evolucionista y el estudio del desarrollo infantil. Lo que muy pocos saben, yo lo supe entonces y no leí su novela, no la encontré en castellano, es que antes de observar a niños jugando o a sus propios hijos, basó gran parte de sus revolucionarias teorías observando el crecimiento de sus tres propios hijos: Jacqueline, Lucienne y Laurent. Intentó resolver los misterios del conocimiento y la crisis de la sociedad europea a través de la ficción. A los veintidós años, Piaget publicó una novela filosófica y autobiográfica titulada Recherche (1918). Influida por la atmósfera gris de la Primera Guerra Mundial, narra la crisis existencial de un joven llamado Sebastian. A través del personaje, cuenta su conflicto entre la fe religiosa y el materialismo científico. En esta obra están los cimientos de su trabajo científico. Abandonó la ficción, se volcó en el laboratorio y fundó la epistemología genética.

A lo largo de los años ha cambiado mi forma de escribir mis impresiones, pero también mi manera de leer. Han variado mis intereses, aquello que busco en los libros y, en cierto modo, la mirada con la que me acerco a ellos. Os dejo mis lecturas:





Virginia Woolf




James Joyce





Dostoievski 




Marcel Proust



Cuando las páginas inventaron la mente





La historia de la psicología demuestra que las grandes teorías de la mente no nacieron aisladas en laboratorios, sino inspiradas por la literatura.

El Inconsciente (Freud y Janet). Encontraron en el tormento y las ideas obsesivas de Raskólnikov en Crimen y castigo la evidencia clínica para explicar la culpa, la neurosis y el automatismo mental.

La Identidad Fragmentada (Meyerson). Descubrió en las vanguardias de Proust, Joyce y Woolf que el ser humano moderno no es lineal, sino una mente fragmentada que oscila entre el caos y el recuerdo.

El Refugio Trágico (Vygotski). Devorado por la tuberculosis, se apoyó en Shakespeare y Dostoievski para formular su Psicología del arte, demostrando que la literatura es la herramienta cultural definitiva para procesar el sufrimiento.

De la Ficción a la Realidad (Piaget y Skinner). Ambos comenzaron escribiendo novelas de juventud. Piaget abandonó la ficción para convertirse en el cronista real del desarrollo de sus propios hijos, mientras que Skinner utilizó su posterior ciencia conductista para diseñar sociedades utópicas en su célebre Walden dos.

La literatura intuye, narra y siente lo que la psicología, años más tarde, intenta medir y explicar. Dos disciplinas unidas para descifrar la complejidad humana.


¡Feliz lectura!


Relectura próximamente 



Substack:


Antes de Freud, ya estaba Dostoievski


Mucho antes de Freud, Piaget o Vygotski, los novelistas ya exploraban la culpa, la identidad, la memoria y el sufrimiento. La literatura no solo inspiró a la psicología: la precedió.



¡Hola a todos!

¿Es la psicología la que explica la literatura o fue la literatura la que inspiró a la psicología? Durante siglos, los escritores cartografiaron las profundidades del alma humana guiados por la intuición. Después llegaron Freud, Janet, Vygotski, Piaget o Skinner para poner nombres y teorías a esos mismos territorios. De Dostoievski a Virginia Woolf, este recorrido muestra cómo las novelas moldearon las grandes ideas de la ciencia de la mente y por qué, quizá, seguimos entendiéndonos mejor a través de las historias.

Nos leemos, Gemma entre lecturas.

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